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FOTO DE PEDRO CAYUQUEO |
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Tiene 30 años, es mapuche y
cantante lírico. Cursa estudios en el prestigioso Conservatorio “L.
D'annunzio” de Pescara, Italia y se ha presentado con éxito en óperas de
Guisepe Verdi y Giacomo Puccini. Miguel Angel Pellao, el “Tenor
Pehuenche”, hoy se encuentra en Chile como parte del elenco del musical
“Corazón Mestizo”, basado en el poema épico de Alonso de Ercilla. Allí
interpreta al bravo de Caupolican y comparte escenario con Tito Beltrán,
Daniela Castillo, José Alfredo Fuentes, Guido Vecchiola, Mirella Tironi,
entre otros artistas nacionales. En exclusiva conversó con Azkintuwe.
- Miguel, cuéntame de tu origen, tu familia.
Soy mapuche-pehuenche y nací en Santa Bárbara, en la región del Biobio.
Mi familia es del sector de Callaquí, poco antes de llegar a Ralco. Mi
padre murió cuando tenía cuatro años y nos criamos con mi madre, en una
situación muy precaria, de mucha pobreza, nada de recursos. Mi infancia
no fue tanto en la comunidad sino en hogares estudiantiles para niños
indígenas, donde mi madre nos llevó con mi hermano Francisco. Allí
llegaban niños con problemas en sus familias, de alcoholismo, de
violencia intrafamiliar, de pobreza.
- Años duros.
Fueron años durísimos, a pesar que allí tenia comida, un techo, cosas
que no siempre había en la comunidad. Pasé 10 años en un hogar para
niños pehuenches de Santa Bárbara y puedo decir que fueron los años más
tristes y difíciles de mi vida. Tenía para comer, pero estaba
desarraigado de mi gente y de mi familia, de mi madre sobre todo. La
música de alguna manera fue una vía de escape a todo eso.
- En esos años te encuentras con la música.
La música eliminó la tristeza, la amargura, todo el desapego. Yo estaba
chiquitito y cantaba todo lo que estaba de moda en esos años, Mijares,
Luís Miguel, ese tipo de música. Pero era algo para mi, cantaba en la
mañana, en los recreos, tras el almuerzo, en los ratos libres, no lo
hacia digamos en público. Yo era súper tímido. Recuerdo que tiempo
después, cuando me pedían que cantara en la cena, yo me escondía bajo la
mesa, me tapaba con el mantel. ¡Me moría de vergüenza!
- ¿Y tú encuentro con la lírica?
Cuando tenía 7 años un día llegaron al hogar indígena unas personas que
iban a apoyarnos económicamente. Y uno de ellos me regaló un cassette
que decía; “Grandes Cantantes de la Lírica”. Yo no tenia ni siquiera
donde escucharlo, pero cada fin de semana iba a la comunidad y había un
abuelito que tenia una radio vieja con cassettera. Ahí escuché por
primera vez música clásica y me enamoré de la voz de José Carreras. Ese
cassette lo escuchaba todo el día, tenía aburrido al abuelo. Hasta que
se me cortó. Hubo un profesor que me incentivó mucho, el tocaba piano,
podía leer partituras y me comenzó a formar en esto. Luego me becaron
las autoridades y pude llegar a estudiar al Conservatorio Vivaldi de
Concepción.
- Hablabas de la pobreza de tu familia, ¿cómo llegaste a estudiar Canto
Lírico a la Universidad de Chile?
Gracias a otra beca, sino imposible, jamás. Igual la beca duró solo tres
años, luego me la quitaron, eran becas que daban los municipios y bueno,
duró lo que duró en el cargo quien me la había dado. Ahí tuve que
abandonar la universidad, pero nunca dejé de estudiar, me inscribí en
cursos privados para mejorar mi técnica, trabajaba por las noches
cantando en locales nocturnos, etc. Mucho le debo a Max Berrú, de Inti
Illimani, que me dio pega en su restaurant de entonces, “La Mitad del
Mundo”. Yo cantaba y luego pasaba el sombrero.
- ¿Es allí donde nace el “Tenor Pehuenche”?
Si, quien me bautizó como el Tenor Pehuenche fue Max Berrú. Al principio
no me gustaba mucho, pero luego me creí el cuento. Con él nos conocimos
de un día para otro y nos volvimos grandes amigos. Sin su apoyo, así
como el de otras personas anónimas que se han cruzado en mi camino,
jamás habría llegado donde estoy. A ellos les debo todo, poco y nada a
este país.
- ¿Sientes que en Chile no se valora el talento artístico?
En este país no se apoya en absoluto el talento. Capaz que hayan en el
sur o aquí mismo en Santiago cabros más buenos que yo en esto del canto
lírico y nunca sabremos de ellos, porque si no nacen en tal o cual
familia, en tal o cual comuna, están condenados. Yo lo viví. Incluso mi
partida a Italia se la debo a familias como los Barra Valdebenito, que
me han ayudado mucho. Yo escucho a los ministros de Cultura hablando de
los millonarios presupuestos del Estado y de los concursos y de los
proyectos y no dejo de preguntarme ¿esa plata dónde está? El talento
está en todos lados, en el barrio alto, en los barrios pobres, entre los
mapuches, lo que falta son las oportunidades.
- ¿Cómo se te dio la posibilidad de vivir en Italia?
Se dio gracias a esta gente que te mencionaba, que valoró mi talento y
que me abrió puertas. Es un privilegio estudiar en Italia y hacerme un
nombre en ese mundo tan competitivo, donde cada día aprendo de los más
grandes y puedo competir con los mejores. Estar en Italia para un
cantante lírico es jugar en primera división.
- ¿Cómo observas lo que pasa en Chile con los mapuches?
Me parece espantoso. Cuando el gobierno habla de un “desarrollo”, yo me
pregunto de qué desarrollo hablan. Podrá ser económico, lo dudo incluso,
pero desarrollo cultural Chile tiene menos que cero. Nada. Y esta
ignorancia cultural lleva a que se pisotee los derechos de nuestra gente
de manera cotidiana. Esto es lo que observo desde fuera y créeme que
muchos italianos tampoco logran entender las injusticias que se cometen.
- ¿Te sientes cercano a la lucha mapuche?
Totalmente. Soy mapuche, vengo del sur, es mi tierra, es mi gente, me
siento embajador de mi pueblo en Italia y donde voy hablo del tema. He
estado dos veces en la televisión italiana siendo entrevistado sobre la
situación indígena en Chile. No me quedo callado frente a lo que pasa y
que me parece espantoso. Los mapuches somos una riqueza cultural de este
país pero acá la gente está ciega, no lo ve. Yo mismo lo he sufrido; en
ningún otro país me he sentido más discriminado que en Chile. Acá voy al
supermercado y por mi pelo largo y mi cara morena los guardias me pueden
seguir todo el rato. Eso jamás me ha pasado en Italia, Alemania,
Bélgica, Francia o cualquier otro lugar de Europa donde me ha tocado
estar.
- ¿Es Chile un país racista?
Ufff... lo es. Y los chilenos llegan a ser enfermos de racistas. Son,
como se dice vulgarmente, como las weas con el otro, con quien es
diferente, con quien habla otra lengua, sobre todo si no es un gringo
porque en ese caso lo tratan como príncipe. Mira, Chile es conocido en
Europa por dos cosas; Pinochet y su gran cagada que dejó como legado y
por los indígenas, por los mapuches. En todas partes donde voy hay
alguien que sabe de nosotros, que ha escuchado o leído de nosotros y que
se siente interesado por nuestra cultura y tradiciones. Y para el
chileno somos simplemente flojos y borrachos.
- ¿Crees que algún día se terminará el conflicto?
Yo espero que si. Hago un llamado a las partes, sobre todo al gobierno,
a tratar de comprender la demanda de mis hermanos, que es legítima. Si
somos “gente de la tierra” y sin tierra, qué vas a hacer, ¿mirarte el
ombligo? Y el chileno común y corriente también debe entender. Si los
chilenos son allegados acá, viven de allegados en este territorio
indígena, entonces un poquito más de respeto, ¡por favor! Falta mucho
educar a la gente sobre lo que pasó aquí.
- ¿“Corazón Mestizo” apunta en ese sentido?
Es un musical ante todo, pero claro que toca el tema de la negación del
otro, de la invasión cultural, que tan bien retrata los versos de Alonso
de Ercilla. Yo he leído mucho “La Araucana” para mi rol de Caupolican y
hay cosas que me han sorprendido. Por ejemplo, Ercilla cuenta que los
españoles llegaron a Chile sin muchas mujeres. Entonces lo que hubo aquí
fue una violación generalizada de nuestras abuelas. Un español con 50
hijos mestizos. Otro español con otros cincuenta hijos. Así poblaron
esta zona. Hasta Tito Beltran y el Pollo Fuentes se han quedado para
adentro con lo que cuenta Ercilla. Hasta diría que se han acercado mucho
a los mapuches tras esta experiencia.
- A propósito de españoles, ¿cómo viviste lo de Endesa en Ralco?
Con dolor. A las empresas solo les interesa generar dinero, en absoluto
la cultura local, la cosmovisión, sus tradiciones, cero interés por la
gente. Y al Estado mucho menos todavía. A nuestra zona pehuenche
llegaban las autoridades junto a los empresarios, casi de la mano.
Habían muchos intereses en juego en Ralco. Es una pena lo que sucedió y
no quiero criticar a la gente que al final negoció sus tierras. Cuando
vives en la miseria absoluta y te ofrecen ¡un millón de pesos! o ¡cinco
millones de pesos!, cuesta decir que no. Yo creo que los de Endesa
fueron tan avasalladores como sus ancestros en la Colonia. Y eso lo
permitió el gobierno de la época, cosa que duele porque ellos decían ser
los que pelearon contra Pinochet.
- ¿Apoyas la lucha estudiantil en Chile?
Con todo mi corazón y en Italia me hacen sentir orgullosos. En todo el
mundo se habla de esta lucha que están dando por una educación pública y
gratuita. Y los apoyo porque la educación es clave para que las cosas
cambien. Lo que hablamos, del racismo, la discriminación, son producto
de la ignorancia de la gente. Imagínate, aquí estamos en Vitacura, en el
barrio alto y la gente que vive acá no tiene la menor idea que significa
Vitacura o Apumanque. Y sospecho poco y nada les interesa saberlo, cosa
que es muy triste porque una sociedad ignorante de sus raíces no tiene
futuro. De seguro en sus colegios se les enseña que somos indios,
terroristas, quizás que cosa se les enseña a esta pobre gente.
- ¿Tus planes próximos?
Volver a Italia para ser parte de una obra importante junto al maestro
Massimiliano Stefanelli, quien dirigió el maravilloso homenaje a Violeta
Parra en Pompeya el año pasado. Tengo invitaciones también a Inglaterra
y Suiza a diversos conciertos. También en carpeta un viaje a Estados
Unidos donde espero poder visitar territorios de los indígenas Sioux y
aprender de su arte en el canto ceremonial, que es bellísimo como el
nuestro.
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