Miembro de la AGENCIA INTERNACIONAL DE PRENSA INDIGENA (AIPIN)

 

  Hemeroteca I Buscar

INICIO

 l  última actualización 13:00 PM

 > 50.000 lectores on line por mes

Quiénes Somos     I     Reportajes     I      Entrevistas      I      Opinión     I     Edición Impresa    I      Publicaciones      I     Humor Gráfico      I      ARCHIVO     I     CONTACTO  


  CRONICA

   

puntodevista

Los mapuches ABC1

Ningún proyecto político mapuche tendrá viabilidad si no va acompañado de un proyecto económico viable para nuestro pueblo y la región”, lanza el peñi Painecura como un verdadero Tomahawk.

POR PEDRO CAYUQUEON  -  TEMUKO, PAÍS MAPUCHE  -  28 / 11 / 11

 


 

FOTO DE AGENCIAS

FOTO DE AGENCIAS

síguenos en

Si, los hay y no son pocos. Conocí a varios de ellos esta semana. Uno de ellos don Wilfredo Antilef. O Antülef, “sol veloz” o “quien se mueve a la velocidad de la luz”, como me corrigió un amigo profesor intercultural con alma de poeta. Antilef es propietario de una empresa líder en la importación de maquinaria pesada desde Europa y Estados Unidos, con una facturación anual de varios millones de la divisa verde. Comenzó de mueblista en Santiago pero hizo fortuna en Antofagasta, ello en la importación y distribución de alimentos. Todo lo ganado lo invirtió más tarde en una empresa de áridos y maquinaria pesada en la capital. Y mal digamos no le fue en su apuesta.

Wilfredo fue uno de los panelistas estrellas del primer Seminario de ENAMA, algo así como la ENADE Mapuche, iniciativa de un grupo de profesionales -entre los que me encuentro- que busca visibilizar esta “otra cara” de una sociedad caricaturizada como campesina y pobretona hasta el hartazgo. La cita fue en Temuco, en uno de los salones del Hotel Dreams y además de Antilef expusieron Painecura, Romero, Inalaf y Calfucura. El primero, empresario turístico; el segundo, farmacéutico; el tercero, silvoagropecuario; y el cuarto, gastronómico. Todos, en mayor o menor grado, exitosos hombres de negocios. Todos, a su vez, originarios de comunidades rurales y orgullosos de su identidad. Así lo subrayó cada uno. Y créanme así lo pudimos comprobar.

“¿Mapuches empresarios?, que cosa más rara”, me comenta un amigo a quien le cuento sobre ENAMA y esta idea de cambiar la mirada estereotipada respecto del pueblo mapuche. “No me los imagino como empresarios; ¿no se supone están contra el desarrollo y el mercado de los winkas?”, me interroga. Intento responder comentándole del “trafkintu”, el “intercambio”, la forma de hacer negocios que nuestro pueblo utilizó por siglos y que incluso llegaría a ser una práctica habitual -y por tanto regulada por ley- entre nuestros abuelos y los suyos.

Pocos saben -y de nuevo básicamente porque a nadie se le enseña en el colegio- que previo a la ocupación chilena de nuestro País (si leyó bien, “País”, tome aire, relájese o bien llame al 133, decida usted estimado lector), los mapuches fuimos una rica sociedad de comerciantes. Comerciantes de ganado, de textiles, de platería, de sal, de todo aquello que las Capitanías Generales y más tarde las nacientes Repúblicas necesitaran y nosotros pudiéramos proveer sin demora. Ganado, sobre todo. Ganado bueno, bonito y barato. Vacas y caballos. “Kullin”, el animal grande, fue nuestra moneda de cambio por más de dos siglos. Hoy, dicha palabra se traduce popularmente como “plata” o “dinero”. Hasta los chilenos la utilizan muy a menudo, sin sospechar siquiera lo que esconde su origen. “Nialay Kullin… no hay dinero”, he escuchado incluso decir a más de una vieja pítuca frente a un cajero automático vacío. Paradojas del chileno medio; discriminador y a su modo, intercultural.

Si, es verdad. Fuimos una sociedad de magníficos comerciantes. Tanto así que grandes “ülmenes” (hombres ricos) del siglo XIX son recordados hasta nuestros días en numerosos cantos y relatos tradicionales. Calfucura, el Señor de las Pampas, el principal de todos ellos. En tiempos anteriores a Whirpool, Mademsa o LG, si usted necesitaba preservar alimentos y sobre todo carne, Calfucura tenía en venta la solución. Caravanas con toneladas de sal partían hacia los cuatro puntos cardinales desde sus dominios en Las Salinas Grandes, al sur de la provincia de Buenos Aires, por entonces -como La Araucanía en este lado- territorio mapuche autónomo. A tanto llegó su poder e influencia, cuentan los cronistas argentinos, que generales como Rosas y Urquiza lo buscaban desesperadamente como aliado en sus campañas militares al norte del Chadileufu (Río Salado). Y que mandatarios como Mitre y Sarmiento le temían como si se tratara del mismísimo diablo. Era, metafóricamente hablando, el Anacleto Angelini o el Andrónico Luksic de su tiempo. Ya fuera comercial o militarmente, si roncaba Calfucura el zafarrancho en Casa Rosada era cosa segura. Y también en La Moneda, por cierto, puesto que su área de influencia comercial y política abarcaba del Atlántico hasta el Pacífico. De Bahía Blanca al Golfo de Arauco. De las callecitas de Buenos Aires a los adoquines del Santiago de 1850. ¿No tenía usted la menor idea? Bueno, mayor razón para seguir demandando este 2012 educación pública, gratuita y de calidad para todos.

Mi amigo me pregunta si es compatible la cultura mapuche con los negocios y no dejo de pensar en Calfucura. Y no hablo del Calfucura del siglo XIX, sino en el Calfucura del siglo XXI, José Luis Calfucura, chef internacional y propietario de Calfucura Buffet, empresa hoy en día líder en el rubro gastronómico étnico. Originario de Repocura, en La Araucanía, a temprana edad se trasladó con su familia hasta la comuna de Cerrillos, en la región Metropolitana. Tras deambular con relativo éxito en diversos rubros comerciales, dio con la gastronomía con sabores y recetas tradicionales mapuches. Hoy es toda una referencia en el mercado. Y su nombre marca registrada de excelencia, innovación y calidad. Tal vez no tenga el poderío de su pariente del siglo XIX, pero Calfucura, a sus 30 años, se declara más que satisfecho con lo obrado hasta ahora con su empresa. “Una de las alegrías más grandes que tengo fue el poder darle autonomía económica a mi madre; hoy ella es la propietaria de mi primer restaurant”, nos cuenta en ENAMA y con los ojos llorosos. Y el aplauso de los asistentes se vuelve por extensos minutos ensordecedor. Su historia, como la de la mayoría de los expositores, es una historia de trabajo, perseverancia, porfía y sobre todo, esfuerzo. ¿Quién dijo que los mapuches no éramos más que una tropa de flojos y borrachos? Fue don Benjamín Vicuña. No, no el actor casado con Pampita. Hablo del historiador, académico y parlamentario del XIX. Si, el mismísimo Vicuña Mackenna.

Autonomía económica. Interesante concepto. De ello le habla Juan Antonio Painecura, propietario de la empresa turística Kimün Ruka, a los cientos de mapuches presentes en el Hotel Casino Dreams. “Ningún proyecto político mapuche tendrá viabilidad si no va acompañado de un proyecto económico viable para nuestro pueblo y la región”, lanza Painecura como un verdadero Tomahawk. “Y los discursos mapuches -agrega sin anestesia alguna- carecen generalmente de este cable a tierra. A ratos nos enfrascamos en discusiones que si el capitalismo o que si el socialismo, como si los mapuches fuéramos a resolver el dilema que la sociedad occidental no ha logrado resolver en todo un siglo. Y mientras seguimos con los grandes discursos, nuestro pueblo sigue tan pobre y dominado como siempre, sin poder alguno para incidir, negociar o, por qué no, algún día llegar a gobernarse”. Poder económico para conquistar poder político. Es decir, la carreta detrás y no delante de los bueyes. Al hueso y sin intermediarios el peñi Painecura. De vivir en el siglo XIX, de seguro habría sido aliado y amigote del viejo y sabio Calfucura. Hasta me los puedo imaginar en la ruca, al pie del fogón, planificando negocios como quien mueve piezas en un sofisticado tablero geopolítico de ajedrez. ¿Y de qué, si no de poder económico e influencia social, trata en verdad la lucha política aquí y en la quebrada del merquen?

ENAMA, mucho más que un espacio para cambiar la mirada; también y sobre todo, un espacio para mejorar la puntería.
 


* Publicado originalmente en El Post / http://elpost.cl/users/pedro-cayuqueo

 


DEJA TU COMENTARIO






 

 VOLVER