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  CRONICA

   

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El fracaso de la vía judicial

¿Cuántas causas por “terrorismo” se han caído en los últimos años? Al menos media docena. ¿Cuántos “Chicos Peña” encabezan hoy causas vinculadas al conflicto? Más de uno, sospecho. Sobre todo en la comuna de Ercilla.

POR PEDRO CAYUQUEO  -  TEMUKO, PAÍS MAPUCHE  -  19 / 06 / 12

 


 

Fue un ingreso violento, como muchos otros, denuncia la comunidad Wente Winkul Mapu, de Ercilla. El allanamiento fue encabezado por el fiscal Luis Chamorro y habría obedecido a una orden de detención contra el joven mapuche Erick Montoya. ¿El saldo? Diez comuneros heridos con perdigones, entre ellos dos niños de 12 y 15 años, además de un anciano kimche (sabio) de 78 años. Uno de los heridos, el propio Montoya, quien terminó con su rostro desfigurado e internado grave en el Hospital de Los Ángeles.

Carabineros habló de un “enfrentamiento”. Los comuneros de un “asalto policial”. Con su habitual tino, el Fiscal Regional denunció más tarde la existencia de una “Guerrilla Rural” en la zona. Sin embargo, desde Santiago, Sabas Chahuan, su jefe, lo desautorizó casi en el acto.

Lo acontecido en los campos de Ercilla prueba una cosa; el abordaje judicial del conflicto mapuche implica caminar por una delgada línea roja de abusos policiales y soberanas metidas de pata. ¿En qué minuto a un conflicto bilateral entre el Estado y los Mapuche se agregó el Ministerio Público como tercer actor? Fue el año 2001, con la entrada en vigencia del nuevo sistema penal. Pocos lo recuerdan, pero antes de su arribo a La Araucanía varios ministros de la Corte de Apelaciones venían advirtiendo de lo inconducente de la “judicialización” del conflicto. Leopoldo Llanos y Lenin Lillo, dos jueces que alzaron la voz. Y pusieron más de un par de puntos sobre las ies. Hubo uno que incluso llamó a las autoridades a “ponerse los pantalones”. En ese tono.

Sin embargo, nadie los infló. Ni las autoridades ni los medios de comunicación. Mucho menos los representantes de los gremios, para nada paladines de la interculturalidad o las buenas maneras interétnicas. Arribó entonces la Reforma Procesal Penal y con ella los fiscales del Ministerio Público, abogados inexpertos y en su mayoría neófitos en la cultura mapuche. Pero llegaron y, hasta cierto punto, maravillaron. Representaban la “modernidad” en la justicia chilena. Y la mano dura. El fin de la puerta giratoria. ¿Críticas a la judicialización mapuche? Caso cerrado. Que haga su ingreso el testigo protegido N°45. Y fue así que de los magistrados de la Corte nunca más se supo.

Ha transcurrido una década. Y los resultados saltan a la vista. Sendos Informes de la ONU y otros organismos independientes cifran en medio millar los comuneros que han sido procesados en el marco de protestas pacíficas y violentas. Muchos de ellos vía Ley Antiterrorista, algo que, créanme, poco y nada se entiende en tierras extranjeras. Y es que quemar un camión es delito, nadie en su sano juicio lo niega, pero lejos está de ser ello terrorismo. La doctrina internacional es clara al respecto; “utilizar la violencia con fines políticos, generar terror en la población y atentar de forma indiscriminada contra civiles”. El ABC del terrorismo, aquí y en la quebrada del merquén.

Quien trabaja con un martillo ve clavos por todos lados. Les sucede a los fiscales, que ven “terroristas” allí donde lo que en verdad existe es gente mapuche pobre y desesperada. Lo han corroborado los jueces a la hora de dictar sentencia. ¿Cuántas causas por “terrorismo” se han caído en los últimos años? Al menos media docena. ¿Cuántos comuneros han resultado absueltos tras años de investigación y derroche de recursos públicos? Muchísimos. ¿Cuántos “Chicos Peña” encabezan hoy causas vinculadas al conflicto? Más de uno, sospecho. Sobre todo en la comuna de Ercilla. Y el conflicto, lejos de terminar, se agudiza. Ya lo advertían los magistrados de la Ilustrísima Corte de Temuco. Que la Política ocupe el lugar que le corresponde. Basta de judicializar.
 


* Publicado originalmente en diario Austral de Temuco.

 


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