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FOTO DE FELIPE DURAN |
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La
fuerza de las palabras es indiscutible. Crean realidades. Y por eso es
tan grave que el fiscal regional de la Araucanía se dé el lujo de
afirmar, sin antecedentes o argumentos, que en esas tierras existe una
“guerrilla rural” por el conflicto mapuche. Tan irresponsables y
antojadizas afirmaciones han sido desmentidas incluso por el Fiscal
Nacional, pero el efecto queda y deja huella. ¿Cuántas personas habrán
escuchado sólo los dichos obtusos de Ljubetic y se quedarán con esa
idea?
El trato que ha recibido el llamado conflicto mapuche es injusto,
estigmatizante y mentiroso. La prensa, los fiscales, los empresarios y
latifundistas locales, autoridades de gobierno, han creado una imagen de
los mapuches teñida de irrealidad, que ha ido modificando poco a poco el
entorno y en muchos casos la opinión y disposición de la ciudadanía
hacia sus reivindicaciones y a su pueblo en general.
Se ha hablado de guerrilla, reclutamiento, apoyos extranjeros,
organización terrorista, FARC, ETA y nunca se ha logrado probar ninguna
de estas afirmaciones.
Porque en parte estos dichos vienen a llenar el vacío de pruebas que
existe en la fiscalía. La ineficiencia de las policías y los
persecutores de la zona en determinar quiénes son los que han realizado
ataques incendiarios y otros delitos que sí han existido, la intentan
suplir con una ilusión de organización que no existe. Pretenden hacernos
creer que la sofisticación de la organización es la que ha impedido dar
con sus autores, cuando no han existido hasta ahora sino presunciones
que han hecho circular, fantasmas de evidencias, amenazas de respuestas
y nada concreto que dé pie a las afirmaciones que con tanta seguridad
realizan.
La justicia ha sido testigo también de este aventajado esfuerzo
comunicacional e inútil logro procesal, con absoluciones para mapuches,
desmoronamiento de investigaciones y revelaciones de excesos en
operativos policiales y uso de evidencias espurias. La obstinación en
calificar ciertas conductas de terroristas les ha facilitado el camino
de la investigación con excesos que el uso de esa ley les otorga. Y
nuevamente, aún así ha sido infructuoso el embate.
Tal vez es hora, señor fiscal, de
preguntarse si no será su fértil imaginación la que está operando. Tal
vez es hora de aceptar que la verdad incómoda es que no existe tal
terrorismo mapuche, que no existe guerrilla rural. Tal vez es hora de
aceptar que la diferencia de ideas y de sueños no es un delito. O tal
vez no. A fin de cuentas donde sí ha tenido éxito es en instalar una
ficción que impide desnudar fracasos. La fantasía ha tomado cuerpo y ya
no es necesario probarla.
* Publicado originalmente en
www.theclinic.cl
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