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“Peñi, hay cosas que han de
permanecer ocultas”, me responde cuando le pregunto su nombre.
“Quechatoki es un nombre de guerra. Puede llamarme así”, agrega mientras
atiza el fuego al interior de su ruca, ello en las afueras de Chol-Chol.
Hasta allí nos trasladamos para conocer a un mapuche
“internacionalista”, un veterano de los años verde olivo, un
“sobreviviente”, como se define a si mismo. “Soy un sobreviviente de la
dictadura, de la muerte en la selva y de la propia izquierda
revolucionaria que siempre me tildó de conflictivo”, señala Quechatoki.
- ¿Y por qué conflictivo?
Por ser mapuche. En aquellos años ser oficial y conocer el arte militar
nos estaba vedado por dos motivos. Uno por ser pobres y dos por ser
mapuches. Si el racismo en Chile es transversal, va de derecha a
izquierda. Fui una rara excepción, junto a un puñado de valientes
hermanos.
- ¿A qué edad salió de Chile?
A los 18 años. Corría el 79, fue gracias al Partido Comunista. Yo era un
cabro de campo entonces, pero desde el 75’ ya participábamos en mi
comunidad y otras zonas en tareas conspirativas. Recorríamos toda la
región, Lautaro, Capitán Pastene, Lumaco, hasta alojé en la casa del
papá de Aucan Huilcaman, don José Luis, un dirigente muy activo en
aquellos años, fundador de lo que sería AdMapu más tarde. Fue el PC
quien abrió una puerta para poder viajar a Cuba. Fui el único mapuche de
un grupo bastante grande. Jóvenes en su mayoría, de 18 a 20 años. Todos
eran huincas (chilenos), militantes de las JJ.CC. Yo era la oveja negra.
- ¿Cuál fue su motivación para enrolarse?
Conocer el arte militar. No me importaba la vía o el lugar. Fuera el PC
o el MIR, me daba lo mismo. Mi familia y comunidad fue duramente
reprimida en aquellos años. A diario. A cualquier hora del día o la
noche. Lo mismo veía en otras comunidades, una violencia brutal, cargada
de racismo. En el pueblo de Chol-Chol hasta los huincas apaleaban a los
mapuches. Te pillaban y te apaleaban. Todo eso me causaba una impotencia
tremenda. Yo quería aprender el arte militar para regresar a mi tierra y
aportar en algo.
- ¿Estuvo en la Escuela Militar de Cuba?
Estuve en una Academia especial para oficiales internacionalistas. Allí
se formaban a latinoamericanos y africanos, jóvenes de Angola y
Mozambique en su mayoría. Todos los instructores eran oficiales cubanos,
tipos de elite. Allí estuve más de dos años y me especialicé en mando de
Tropas Generales, lo que acá seria la Infantería. La preparación partía
desde soldado hasta el mando de grandes unidades, hablamos de brigadas
de mil o dos mil hombres.
- ¿Su primera destinación?
Nos graduamos, un mes de vacaciones y nos envían a foguearnos a
Centroamérica, para adquirir experiencia práctica en combate. En mi caso
fue Nicaragua. Llegamos a Managua y antes de ingresar a los frentes de
guerra debíamos aclimatarnos un mes, por las condiciones de terreno,
clima, etc. Mi primera destinación militar fue la frontera con Honduras,
allí combatimos, tiros de lado y lado. Mi segunda misión fue de
asesoramiento de una brigada, en la VI Zona de Guerra, más de mil
hombres, con dos centros de instrucción de soldados, conscriptos, los
“Cachorros de Sandino” como se les llamaba. Volví en otras dos ocasiones
a Nicaragua.
- ¿Y luego a Vietnam?
Estuve siete meses en Vietnam y fue una experiencia muy enriquecedora.
Para un oficial y revolucionario de aquellos años ir a Vietnam eran
palabras mayores. Estuve en Hanoi, en la Academia Superior de Guerra.
Nuestros profesores eran todos generales llenos de medallas, veteranos
de la guerra contra los gringos. Con ellos aprendí estrategia, tácticas
operativas, tropas terrestres, milicias, etc. Pero todo implicado con el
pueblo, no como fuerzas armadas desvinculadas de la sociedad. Por eso
triunfaron los vietnamitas; eran un pueblo armado y no una vanguardia
iluminada o cúpula política tratando de “salvar al pueblo”. Allí era el
pueblo el protagonista. Yo veía eso y pensaba en mi gente mapuche.
Soñaba. Mi idea era aprender y traer todo ese conocimiento. Si es que se
daban las circunstancias y las condiciones, por supuesto.
- Como Lautaro.
Si, como Lautaro y tantos otros de nuestra historia. Yo siempre
reafirmaba esto, mi origen mapuche ante todo y eso me causaba roces con
los compañeros chilenos. Hasta combos hubo por ahí. Teníamos diferentes
perspectivas de la lucha en Chile. Para ellos todo trataba del “retorno
de la democracia”. Para mí, como mapuche, trataba de mucho más que eso,
de liberarnos también nosotros. Creo que el tiempo me ha dado la razón.
Que yo sepa, ninguna democracia ha llegado para nosotros en el sur. Hoy
nos siguen reprimiendo como siempre, el legado de Pinochet sigue intacto
y ex mandos políticos nuestros hoy están en el Parlamento, muy cómodos.
- La mayoría de los oficiales que retornaban lo hacían para
integrarse a las filas del FPMR. ¿Por qué no sucedió con usted?
Tal vez porque habría sido un problema. Yo nunca comulgué con la idea
del Frente, no al menos para el caso mapuche. Siempre pensé que, de
darse las circunstancias, debía existir algo nuestro, propiamente
mapuche, esa idea la defendí mucho y me trajo conflictos con varios en
Cuba. Pague los costos de ser mapuche.
- ¿Cómo cuales?
Como no poder regresar a Chile antes, como siempre quise. Fui destinado
en cuatro oportunidades a Nicaragua, primero a los frentes de guerra y
luego como asesor del ejército sandinista. Veía a mis compañeros volver
a Chile, pero yo seguía yendo y viniendo de Cuba a Nicaragua y otras
destinaciones especiales. Protestaba ante ello pero de poco servía.
- ¿Estaba vetado en Chile?
Quizás, a veces lo sospechaba, me catalogaban siempre de conflictivo por
mi discurso mapuche y no tan “revolucionario”. La izquierda nos metía a
todos en el mismo saco. Lo sigue haciendo todavía. Siempre somos
agregado, nunca el plato principal. Lo mapuche o lo indígena como una
“comisión” más, en eso no se diferencian de la derecha u otro sector. Yo
se los decía y eso me traía problemas.
- Pero hubo otros mapuches, como Moisés Marilao, que si retornaron
para integrarse al Frente y hoy lo reivindican incluso como uno de sus
héroes.
Si, Moisés regresó a Chile el 85’ y cayó tras un enfrentamiento con
Carabineros. Yo tuve largas conversaciones con Moisés. Él había llegado
a Cuba mucho antes que yo, el año 75’ si mal no recuerdo. Pero
coincidimos en Cuba en muchas ocasiones. Y hablábamos como peñi, como
mapuches que éramos, hermanos de pueblo. Los sueños que teníamos con
Moisés era dar con un camino propio, no al alero de los huincas, sino
algo propio, no que nos impusieran los chilenos su proyecto político.
Este también era el pensamiento de Moisés, muy poco conocido
lamentablemente. Yo creo que los mapuches debiéramos reivindicar su
memoria. Marilao fue un héroe condecorado en Cuba, el único de todo el
contingente chileno.
- Se cuenta que salvó un tanque, ¿es verdad?
Así fue. Sucedió en unos entrenamientos en la isla. Un tanque que
realizaba maniobras comenzó a incendiarse. El tanque iba cargado con
munición de guerra y se veía que sería un desastre. Todos huyeron pero
Moisés, solo, descargó las municiones del tanque y lo salvó. La pérdida
del tanque implicaba perder varios millones de dólares. Fue condecorado
por ello. Fue muy comentado su arrojo y valentía en esa acción.
- ¿Era en los 80’ la vía armada el camino para los mapuches?
Como militar responsable nunca lo creí así. Se lo decía a la gente del
Frente; que el camino militar en los mapuches no les iba a resultar
nunca. Esto de venir e imponer una estrategia militar desde fuera y con
un proyecto social incluso que no daba cuenta de nuestra cultura,
nuestra identidad, iba directo al fracaso. Siempre pensé ello, sobre
todo tras conocer la lucha vietnamita. Además, tú no puedes trasladar
mecánicamente una guerrilla de Centroamérica al sur de Chile. Imposible.
No se puede. ¡Si acá no hay selva, hay puros pinos! Y si lo haces en la
cordillera, es cosa que los milicos acampen en el pueblo más cercano y
se pongan a esperar. El invierno y el hambre acabarán contigo antes de
disparar el primer tiro.
- Le pasó al MIR en Neltume.
Eso fue un suicidio… si es fácil hablar de hacer la revolución armada,
pero una cosa son los deseos personales, el voluntarismo y otra la
realidad. Existen factores logísticos, geográficos, climáticos incluso
que juegan a favor o en contra de una estrategia militar, además del
apoyo social, político, etc. No bastan las ganas, se debe tener también
la sabiduría, eso aprendí de los hermanos vietnamitas, quienes más hondo
calaron en mi formación.
- ¿Por qué ellos y no los cubanos?
Por su cultura, por su historia de lucha, por su humildad y grandeza.
Era como estar “entre mapuches”. Amaban su tierra y la defendían con
bravura pero sobre todo con inteligencia. Y no buscaban imponer una
ideología. Se respetaban en Vietnam las creencias, las identidades, las
lenguas, la diversidad interna del país, eso me gustaba mucho, no
existía la uniformidad de la izquierda revolucionaria por este lado.
Cuando estuve en Vietnam reflexioné mucho sobre la “contra” de
Nicaragua, a quienes había combatido años antes.
- En su mayoría eran indígenas, del pueblo Miskito.
Así es. Y pensaba que tal vez me había equivocado de bando. Eran bravos
los miskitos, valientes, buenos guerreros. Es cierto, eran apoyados por
los gringos, pero al fin y al cabo defendían su territorio, su
identidad. Eso no lo vieron los compañeros sandinistas. Fueron ciegos
frente a la diversidad, lo que sucedió en gran parte de Latinoamérica.
Ahora, viendo las cosas en perspectiva, es muy probable que me haya
equivocado de bando. Ya sabemos en que terminó la revolución sandinista
y sus comandantes; corrupción y negociados.
- Otro tanto sucede en Colombia. ¿Qué opina cuando hoy se vincula a los
mapuches con las FARC?
Pienso que es no entender mucho. Uno de los sectores más golpeados por
la guerra interna en Colombia han sido los pueblos indígenas, víctimas
del fuego cruzado. Colombia y las FARC no veo por dónde puedan ser un
referente para nosotros. Y para qué vamos a hablar de las diferencias
geográficas. Allí están en la selva, durante todo el año tienes comida,
la propia naturaleza te provee de alimentos para sostener un esfuerzo
militar. La Araucanía no es precisamente el Cauca.
- ¿Cómo ve la lucha mapuche actual?
La veo atomizada, muy dividida, con mucho dimes y diretes internos. Nos
falta unidad política. Pero tengo confianza en las nuevas generaciones.
Ellas estarán libres de los vicios del pasado, de las lealtades
políticas huincas que muchos dirigentes arrastran todavía. Los
dirigentes clásicos mapuches vienen de contradicciones
izquierda-derecha, de la Guerra Fría. Y operan bajo esa lógica. Hay que
trabajar una tercera vía, propiamente mapuche, que se nutra de elementos
culturales, políticos y filosóficos propios, tomando del pensamiento
político huinca lo que nos sirva. Y trabajar inclusivamente, luchar por
construir una sociedad mejor para todos en nuestro territorio, mapuches
y chilenos. No pensar solo en nosotros. Tampoco levantar fronteras
étnicas. El desafío es cómo construir un Chile donde se respete la
diversidad y ejercer nuestros derechos, luchar por algún tipo de
autonomía política dentro del Estado.
- ¿Ve alguna salida al
conflicto en los partidos políticos chilenos?
No, no la veo, por eso hablo de una tercera vía, una propia. A los
partidos chilenos le rompemos los esquemas. Su concepto de país, de
Estado unitario, es completamente contrario a nuestras aspiraciones como
mapuche, que es recuperar lo que tuvimos, lo que tuvieron nuestros
bisabuelos. Y como colectividades políticas defienden intereses,
económicos, de clase en su mayoría. No es la dignidad humana lo que
defienden. Si así fuera en Chile los mapuches seríamos respetados, la
ciudadanía en general sería respetada y estarían sus derechos
garantizados. Hablo de educación gratis, salud gratis, un techo, trabajo
digno... No veo en la política chilena un partido que tenga como bandera
la dignidad humana.
- ¿Y la lucha armada?
Creo en la vía política, democrática. Los mapuches somos una cultura de
paz, un pueblo de paz, agredido pero nunca agresor. Además nadie que
haya estado en una guerra desearía aquello para su gente. Quienes nunca
han estado en una son los que fantasean. Hoy nos reprime Carabineros y
ya es brutal. El día en que los militares ocupen su lugar sería una
masacre, estoy seguro. Hay que tener madurez política. Jugar a quién es
el mapuche más radical es irresponsable. Son disparos al aire. Se
requiere sabiduría, evaluar los escenarios, el contexto y sobretodo,
tener a tu pueblo de tu parte.
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