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Con nueve alcaldes y
una treintena de concejales mapuches amaneció Chile tras las
Municipales. Así lo decidieron los votantes. A continuación un breve
recuento: En Puerto Saavedra, el dirigente social Juan Paillafil
Calfulen obtuvo 2.507 votos, correspondientes al 42,01%. En Tirúa, el
dirigente del movimiento lafkenche, Adolfo Millabur Ñancuil, obtuvo
1.899 votos, un 45,12% de las preferencias, recuperando de esta forma la
alcaldía que había perdido en la pasada elección ante el también mapuche
José Aniñir. En Alto Bio Bio se impuso el candidato Nibaldo Piñaleo
Llaulén con 492 votos y el 59,27% de las preferencias. En Curarrehue
resultó electo Abel Painefilo Barriga con 2.279 votos, un 56% de las
preferencias, mientras que Galvarino recibirá en el municipio a Fernando
Huaiquil Paillal, con 2.587 votos y el 50,91% de los votos.
La lista suma y sigue. En Chol-Chol Luis Huirilef Barra obtuvo 2.865
votos y un 52,10% de las preferencias, recuperando el sillón alcaldicio
perdido en la pasada elección. En Renaico resultó electo el médico
formado en Cuba y ex preso político mapuche, Juan Carlos Reinao Marilao,
con 2.075 votos, un 41% del total. Se sumaron a la jornada de triunfos
mapuche las comunas de Paillaco y Coyhaique. En Los Ríos, la dirigente
social mapuche Ramona Reyes Painequeo obtuvo 4.994 votos, un 52% de las
preferencias. En la región de Aysen, por su parte, el destacado
dirigente vecinal y opositor a Hidroaysen, Alejandro Huala Canuman, se
quedó con el sillón edilicio con 9.369 votos, equivalente a un 58%. Una
paliza por donde se le mire.
¿Qué nos dice todo esto? Un par de cosas a tener en cuenta. En primer
lugar, que hay vida más allá del “Afganistán Mapuche” que trató de
vendernos Santiago Pavlovic en Informe Especial. Lo señalé en su
momento; reducir la cuestión mapuche a la conflictividad rural existente
en Ercilla es cachar poco y nada. Es cierto, existen allí conflictos no
resueltos y un Área de Desarrollo Indígena (ADI) torpedeada por los
extremos de ambos lados. También judicialización, persecución y
Carabineros proclives a golpear primero y preguntar después. Pero con
todo, Ercilla no es el conflicto Estado chileno-Pueblo mapuche. Es una
parte, tal vez su cara más dramática, pero lejos está de representarlo
en su totalidad. Bueno seria comenzar a entenderlo. Sobre todo en TVN.
Lo otro. Lejos de las caricaturas de “violentos” o “antisistema”, los
mapuches han dado prueba de su apego a las vías institucionales y un
comportamiento cívico ejemplar. Digno de la Grecia de Homero. Lo
demuestran las masivas votaciones en Puerto Saavedra, Tirúa, Chol-Chol,
Nueva Imperial, Alto Bio-Bio y Galvarino, comunas de alta población
mapuche. En todas ellas, a excepción de Nueva Imperial, el triunfo fue
para candidatos mapuche. Se llegaron incluso a dar casos como los de
Tirúa, Saavedra y Chol-Chol, donde la competencia edilicia se dio entre
candidatos mapuche, no llegando ningún postulante de apellido vinoso o
europeo a tener probabilidad de triunfo. Esto último, créanme,
tiene mucho de recuperar la memoria. La de aquellos parlamentarios y
regidores mapuche de la primera mitad del siglo XX, nuestra época
dorada.
Un tercer punto tiene que ver con la potencia de lo cultural mapuche. Si
bien los alcaldes electos representan diversas sensibilidades políticas
y partidarias – ¡cuanta falta hace una colectividad mapuche propia, ya
legalizada! -
todos en campaña reafirmaron con orgullo su origen étnico. Lo mapuche
floreció tanto en el discurso como en las propuestas de gobierno
comunal. ¿Cómo pasarán los alcaldes de los dichos a los hechos? Dos
propuestas a la rápida: 1.- La obligatoriedad del mapudungun a nivel
comunal. Mucho se puede hacer desde la alcaldía en esta materia, sobre
todo a nivel educacional. No hay excusas al respecto. 2.- El izamiento
de la bandera mapuche en todos los recintos municipales, escuelas
incluidas. Ya en 2010 Contraloría autorizó la medida. Hoy lo hacen Pucón
y Villarrica. Sería el colmo no lo hiciera Tirúa. O Chol-Chol.
Un activista bien podría argumentar que no todos estos alcaldes tienen
“historia” y “ascendencia” en el movimiento mapuche, entendiendo
“movimiento” como aquel sector que esgrime demandas por tierras,
autonomía y libertad a los presos. Es cierto. No tendría por qué ser
así. Sabido es que aquello que gustamos llamar movimiento no deja de ser
una minoría. Bulliciosa, pero minoría al fin y al cabo. ¿Cuántos
mapuches marchan el 12 de Octubre en Santiago? ¿5 mil? ¿10 mil? Bueno,
más de 250 mil viven en la Región Metropolitana. ¿Cuántos marchan en
Temuco? ¿500? ¿800? Asumiendo esto, poco importa que algunos de estos alcaldes
no tengan “ascendencia” en el activismo. Por ellos vota la mayoría. El
mapuche de a pie. Nuestra ñaña (señora) Juanita, en definitiva. Yo lo
encuentro notable. Es la vía política mapuche. Hoy las alcaldías, mañana
el Parlamento. ¿Qué decían de los Maories?
* Columna publicada en Semanario The Clinic.
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