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MÓNICA BERNABE, CORRESPONSAL
EN AFGANISTÁN |
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"No se puede vivir de espaldas a lo
que sucede en el mundo" |
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Llegó a Afganistán en tiempos de los
talibanes. Hoy es la única corresponsal de habla hispana en dicho país y
sus crónicas pueblan la sección internacional del diario El Mundo.
Entrevistada en Madrid por Azkintuwe, compartió con nosotros no solo su
historia, también lo acontecido tras la caída de los talibanes, los
efectos de la invasión norteamericana y el desastre aun mayor que se
avecina si la administración Obama decide retirar sus tropas. |
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PEDRO CAYUQUEO
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MADRID, ESPAÑA - 01 / 04 / 09 |
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Mónica
Bernabé, periodista. |
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Foto de Agencias. |
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Mónica Bernabé (35 años, Barcelona)
es la única periodista de habla hispana en Afganistán. Corresponsal en
Kabul del diario El Mundo, Radio Nacional de España y la revista Tiempo,
visitó por primera vez el país asiático en tiempos del autoritario
régimen talibán. Cuatro días bastaron para convencerla de hacer algo.
Transformada en activista, junto a dos colegas fundó el año 2000 la
Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA), ONG dedicada
a apoyar la realización de proyectos de cooperación en Afganistán,
principalmente aquellos impulsados por asociaciones de mujeres.
Entrevistada en Madrid por Azkintuwe,
Bernabé compartió con nosotros no solo su historia, también los cambios
en el país tras la caída de los talibanes, los miles de civiles muertos
y heridos (“daños colaterales”) provocados por la invasión
norteamericana y el desastre aun mayor que se avecina si el presidente
Barack Obama decide retirar sus tropas del país, según advierte.
- De la cosmopolita Barcelona al
oscurantismo de los taliban. ¿Cómo y por qué?
El cómo, de vacaciones... (risas), es
una historia larga. La primera vez que llegué a Kabul fue el 2000, época
de los taliban. Yo había entrevistado a una afgana que vino a Barcelona
a una conferencia, me contó su impactante historia, me invitó y bueno,
partimos junto a otras dos colegas mujeres a conocer su trabajo en los
campos de refugiados. Viajé durante las vacaciones en mi trabajo,
estuvimos casi un mes en los campos de refugiados en Pakistán donde esta
mujer trabajaba y bueno, se nos ocurrió intentar cruzar hacia Afganistán
para observar en terreno los atropellos que nos relataban las mujeres
refugiadas, que eran brutales.
- Arriesgada maniobra en aquellos
años.
Lo era, pero lo increíble es que
logramos ingresar y con visa de turista (risas). Los talibán tenían en
ese tiempo un consulado en Pakistán y fuimos hasta allí para solicitar
una visa. Fuimos sin ninguna esperanza, pero nuestra visita coincidió
con algunas 'aperturas' que los taliban estaban implementando para ser
reconocidos por “Occidente” y así cruzamos la frontera
afgano-paquistaní. Ellos querían limpiar su imagen de régimen cerrado a
occidentales y eso lo pudimos aprovechar. Recuerdo que en el consulado
nos hicieron una entrevista para preguntarnos por qué queríamos ir a
Afganistán y bueno, yo no dije que era periodista, respondimos que
queríamos conocer Kabul, que nos habían dicho que Kabul era “tan bonito,
la comida tan riquísima”, etc. El taliban que estaba en el consulado nos
mira y nos dice: “pero señoras, ustedes saben que Afganistán es un país
en guerra”. “Y si y tal, pero nos han dicho que en Kabul hay paz, que el
régimen tiene todo bajo control”, etc., era surrealista esa
conversación. Obviamente nosotras no íbamos de turismo, nos contactamos
con una chica que por esos años dirigía una Asociación de Mujeres
Afganas que había establecido escuelas clandestinas para niñas, ya que
el régimen había prohibido la educación para la población femenina. Nos
interesaba conocer estas escuelas clandestinas y con ese objetivo
cruzamos la frontera.
- ¿Con qué se encontraron?
Con una situación bestial, de abusos
increíbles contra las mujeres. Aprender a leer y escribir era un delito
para ellas. Las adultas y las niñas se organizaban en estas escuelas
clandestinas y entraban en turnos de cinco minutos para no ser
descubiertas por los talibanes. Nosotras mismas, por seguridad, debíamos
andar disfrazadas con burkas y cubiertas de pies a cabeza muchas veces.
- ¿Qué tal la experiencia?
Horrible. La burka es talla única; te
hace una presión terrible en la cabeza, no ves el suelo que pisas y
pierdes el sentido de la orientación cuando caminas. Para andar por la
calle tienes necesariamente que seguir a alguien. Esa era la realidad
que nos encontramos, con un país destruido, que venía saliendo de una
guerra de 23 años, donde no se había hecho nada de reconstrucción, donde
no existía ningún tipo de servicio y que estaba aislado del mundo porque
las Naciones Unidas habían establecido una serie de sanciones contra
ellos. Por ejemplo, ningún vuelo comercial podía llegar a Afganistán,
solo vuelos humanitarios y poca cosa más. Todo ello sumado a un régimen
totalmente autoritario, represivo y teocrático, donde la población
femenina estaba encerrada en casa porque no podían salir solas a la
calle. Muchas mujeres, como tenían prohibido ser atendidas por un médico
hombre, no iban a los hospitales y terminaban muriendo en el parto o por
enfermedades banales.
- Fue tu retorno a la Edad Media.
Absolutamente. Estuvimos solo cuatro
días, un viaje corto pero intenso y a la vuelta a España vinimos a
Madrid e hicimos una rueda de prensa donde contamos lo que habíamos
visto, mostramos fotografías y bueno, tuvo un impacto potente a nivel de
medios europeos. Además lo de tres chicas catalanas entrando a
Afganistán haciéndose pasar por afganas vendió mucho y gran cantidad de
gente se puso en contacto con nosotros para intentar ayudar de alguna
forma.
- Allí pasastes del periodismo al
activismo.
Básicamente si. Para canalizar toda
la ayuda que nos comenzó a llegar de muchas partes fundamos una ONG, la
Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán y comenzamos a
trabajar algunos proyectos con asociaciones de mujeres afganas. Te hablo
del año 2000. De allí en adelante comencé a viajar más periódicamente a
Afganistán para hacer supervisión de proyectos y escribir algunos
reportajes, pero cada vez que volvía a Barcelona, a mi situación
cotidiana de periodista privilegiada del primer mundo, notaba que
necesitaba hacer algo más, por eso decidí irme un tiempo a vivir allí y
compartir su lucha codo con codo. Fue así que el año 2006 decidí pedir
un permiso sin sueldo en el periódico donde trabajaba en Barcelona para
probar si podía sobrevivir en Afganistán.
- ¿Te instalaste en Kabul?
Si. Allí hacia trabajo de cooperante
internacional principalmente, labores de ayuda humanitaria y muy poco de
periodismo, lo que cambió más tarde cuando animada por otros colegas
renuncié a mi trabajo en Barcelona, me trasladé a vivir definitivamente
a Kabul e inicié mi trabajo como corresponsal free-lance.
- De regreso al periodismo...
La verdad es que como cooperante me
aburría soberanamente y bueno, todos esos años había estado escribiendo,
así que retomé lo mío y comencé a escribir periódicamente para diversos
medios europeos, principalmente para la sección internacional del diario
El Mundo.
- Tus reportajes y crónicas
publicadas por El Mundo son de antología. ¿Cómo logras acceder a tanta
información?
Lo más importante es tener contactos
locales. Y tengo la suerte, por haber estado viajando periódicamente
durante siete años a Afganistán, de contar hoy con buenos contactos. Lo
otro es mantener un bajo perfil, low profile, eso es vital. Yo siempre
me muevo en coches locales, voy vestida como local y físicamente las
afganas y las catalanas nos parecemos, así que eso da cierta ventaja y
paso desapercibida. Si fuera alta, rubia y de ojos azules, lo tendría
más complicado. Eso me ha permitido mover por diversas zonas. Tampoco he
pecado de protagonismo como para ir a una zona de guerra abierta, cosa
que normalmente hacen los corresponsales extranjeros más preocupados de
figurar. Tampoco me he empotrado con las tropas internacionales porque
para mi lo más importante es estar con la población civil, percibir allí
los efectos del conflicto, el día a día del afgano común y corriente,
contar sus historias, relatar sus vivencias, eso me ha permitido ganar
muchos contactos que confían en lo que hago.
- Actualmente eres la única
periodista de habla hispana allí.
Así es, aún no se si es un honor o
una desgracia... (risas). Lo cierto es que soy la única corresponsal
permanente, algunas cadenas españolas ocupan enviados especiales en
algunas ocasiones, pero hasta el momento soy la única periodista que
vive y reporta desde Afganistán. Otros medios, ingleses y franceses,
tienen sus corresponsales permanentes también. Lo cierto es que esto
tiene que ver con la precariedad del periodismo español. Es decir,
ningún medio está dispuesto a tener un periodista de manera permanente
en Afganistán por los costos que supone eso, especialmente el seguro de
vida, porque si no eres precavido se corre el riesgo de terminar
secuestrado o regresar a tu país en una bolsa para cadáveres. Los
seguros son carísimos. De allí que una alternativa sea ser free-lance
como yo, valerse por si misma como sea posible y vender tus trabajos a
los medios interesados. Desde ya, a quien quiera hacerlo, le advierto
que la tendrá difícil.
- Se requiere valentía.
¿Valentía? no, ¡hay que estar más
loca que una cabra! (risas). Yo al comienzo hacía corresponsalía de
prensa básicamente, pero hoy hago lo que haga falta (risas). Estoy
haciendo despachos para radios, algo de televisión, lo que pasa es que
siendo free-lance aprendes a hacer fotos, aprendes a hacer radio, ahora
estoy aprendiendo a hacer tele, no hay otra forma de sobrevivir. Ser
free-lance te da libertad, pero también mucha inestabilidad y para
sobrellevar ello solo vale el trabajo. Te contaba que muchas cadenas
internacionales tienen un corresponsal permanente, pero generalmente
ocurre que el periodista extranjero está en el despacho, envía a un
periodista afgano local a hacer el trabajo, este informa luego al
periodista extranjero y este último escribe y firma las notas. Con
suerte pone “con la colaboración de Mohamed Ajmed”, que es quien verdad
a dejado los pies en la calle. Bueno, una periodista free-lance como yo
debe trabajar a diario tanto o más que “Mohamed Ajmed” (risas).
- Tus artículos reflejan una toma de
posición, principalmente a favor de los afganos comunes y corrientes,
que sufrieron la brutalidad de los talibanes y que siguen padeciendo
atropellos hoy.
Por mucho que se diga que el
periodismo debe ser objetivo, esto no es real, menos aun en Afganistán.
Yo tengo claro el discurso y el mensaje que quiero dar y este va de la
mano con el pueblo afgano, más aun y como señalas, con el afgano y la
afgana de a pie, que más allá de la guerra, de los intereses
geopolíticos en juego, trata de sobrevivir en este caos. He conocido la
realidad de esta gente, han compartido conmigo historias cargadas de
dignidad y ello me hace tomar una posición. Esto me ha permitido
escribir artículos que quizás otro periodista no hubiera podido hacer,
ya sea porque no tendría los conocimientos, digamos un pie en la
realidad local, o bien porque no tendría una red de contactos locales
que le permitiese nutrir sus historias. Si es “Mohamed Ajmed” quien sale
a reportear a la calle por ti difícilmente podrás ver lo que sucede en
Afganistán. Yo siempre he tenido inquietud por los países empobrecidos,
y subrayo empobrecidos en vez de pobres, porque son en verdad
países muy ricos pero que alguien está saqueando. Siempre me preguntaba
quiénes pagaban los costos para que nosotros viviéramos tan bien en
Europa y bueno, quería conocer ese otro lado e intentar explicar lo que
sucede. Soy una convencida de que quienes vivimos en el mundo denominado
“desarrollado” no podemos vivir de espaldas a todo lo que está pasando
en el patio de atrás, te guste o no.
- Hay muchos que prefieren no mirar,
te lo aseguro.
Exacto. Aquí en España los
informativos en la televisión son a las dos y media, entonces aparecen
esas imágenes de guerra, Medio Oriente, Afganistán, etc. Hay gente
entonces que dice: “justo a la hora en que estamos comiendo nos dan esas
imágenes”. Y yo pienso, ¡es lo que hay!, ¡ese es el mundo que existe!,
¡bienvenidos al mundo real! Y si no te gusta lo que ves trata de
cambiarlo para que no tengas que comer con esas imágenes. Yo siempre
tuve esa visión. De hecho el año 2000, cuando fui por primera vez a
conocer el régimen taliban, ya había leído muchos artículos sobre lo que
estaba pasando con las mujeres y yo pensaba: “si eso está pasando, yo lo
quiero ver, yo lo quiero ver con mis propios ojos”. No lo sé, es una
forma de abordar el mundo donde vives, más allá de tu metro cuadrado.
- Y cómo te va con El Mundo, un
periódico más bien conservador dentro de la prensa española. ¿No te ha
puesto problemas? Lo pregunto porque tu has denunciado atropellos de las
tropas internacionales en Afganistán y bueno, Aznar fue el mejor aliado
del ex presidente Bush en esto de las "guerras preventivas".
Tengo total libertad de acción. El
Mundo no me ha tocado jamás ningún artículo y si me los tocan, me
consultan previamente. Los titulares siempre te los cambian pero eso es
común a todos los medios de comunicación. Creo que la sección
internacional de El Mundo es una sección potente, muy profesional, donde
te respetan lo que escribes y también el enfoque de tus artículos. Otra
cosa son sus noticias de política interna española, que trato de no leer
mucho la verdad (risas).
- Cómo resuelves temas cotidianos en
un país sin electricidad, ni servicios básicos, por ejemplo, cuando un
editor te dice: “envía la crónica”, “manda la foto”, “chequea este fax”,
etc.
Fax en Afganistán no hay, eso se
descarta (risas). Internet es un gran avance porque permite resolver
cosas, pero cuando no tienes electricidad la mayor parte del día se
vuelve bastante inútil. Creo que lo resuelves básicamente con mucha
paciencia y algo de invención. Yo por ejemplo, me compré una batería de
camión y un transformador. Entonces tenemos un generador en casa que
ponemos en funcionamiento al anochecer, solo hasta las 11 de la noche
porque el ruido también molesta a los vecinos, y con eso cargo la
batería y tengo electricidad un par de horas, al menos para la
computadora portátil, hasta que se me acaba y entonces me cago en todo y
vuelta a esperar que anochezca (risas). Cuando internet se te fastidia,
cuando te quedas sin energía en el momento menos adecuado y logras
mantener la calma, es un paso gigantesco (risas).
- Ni hablar de la brecha digital.
En Afganistán no existe la brecha
digital, lo que hay es un abismo digital (risas). Allá sólo hay
electricidad pública en las grandes ciudades y, a pesar de ello, son
habituales los cortes a cualquier hora y sin aviso. Por ejemplo, en
Kabul sólo tenemos unas cuatro horas de electricidad diaria y la gente
como te contaba sobrevive a base de generadores particulares, los que se
lo pueden permitir, porque es carísimo. Dicho esto, como te puedes
imaginar, el acceso a internet es limitado. En Kabul la comunicación
está resuelta, porque aquí están las grandes agencias y organismos
internacionales y, en ese sentido, la capital afgana ha hecho un paso de
gigante. En las otras ciudades el panorama es desolador.
- Venir a Madrid debe ser un bálsamo.
En Afganistán cuando llevas varios
meses necesitas casi obligatoriamente salir del país para oxigenarte un
poco. De lo contrario, te vuelves loco. Ayer, que era el primer día que
estaba de nuevo en un “país occidental”, estaba que saltaba de alegría.
En la calle la gente sentía que me miraba por mi gran sonrisa. Y es que
son un montón de cosas, desde tener todo el día electricidad, darte una
ducha normal, hasta poder caminar por la calle sin disfraz o con ropa de
colores, cuando en Kabul siempre visto de negro para pasar
desapercibida, chorradas de este tipo. Ir a comer a un restaurante sin
temor a que explote un coche bomba mientras disfrutas del postre...
cosas así.
SEÑORES DE LA GUERRA
- Mónica, cuál es la situación actual
en Afganistán.
La situación es compleja y es difícil
resumirla. La situación varía según la zona del país. Lo que no hay duda
es que la situación es mucho mejor que durante la época de los talibán,
en la que existía una represión total, no había absolutamente nada y la
gente vivía en un país devastado por la guerra. Evidentemente, en las
ciudades la situación ha cambiado muchísimo, aunque continúan habiendo
grandes carencias. Las zonas rurales continúan viviendo en la total
pobreza y sin servicios básicos, como sanidad y educación. Entonces
¿dónde está el cambio? Se han hecho avances en ayuda al desarrollo, pero
no se llega a todos los sitios y los cambios son lentos. Se continúan
violando los derechos humanos, sin ningún tipo de duda, aunque no
estamos hablando de la situación de atrocidades vividas durante la época
de los talibán, pero también durante el régimen soviético y la guerra de
los mujahidines. Además no hay que olvidar que el conflicto armado
continúa abierto en el sur y este del país.
- La guerra interna no ha terminado.
En lo absoluto. Y más grave aun, los
antiguos señores de la guerra ocupan hoy lugares de poder en el Gobierno
y Parlamento afganos, y eso hace, entre otras cosas, que la
administración sea totalmente corrupta, que la gente no confíe en las
autoridades, y que en algunas zonas del país, sobre todo en el sur y
lado este, los talibán se estén haciendo cada día más fuertes. La falta
de seguridad dificulta el desarrollo económico y, en consecuencia, buena
parte de la gente vive en la más absoluta pobreza. Lo más grave a mi
juicio es que los antiguos señores de la guerra, que cometieron grandes
atrocidades en el pasado más reciente, ocupan ahora lugares de poder y
que, encima, la comunidad internacional los tenga como interlocutores y
no se haya hecho nada por las víctimas. Eso vicia todo el sistema. Se
está creando un Estado no sostenible. En cuanto se vaya la comunidad
internacional, entre ellos incluyo las tropas extranjeras, la guerra
empezará de nuevo, porque los actores continúan teniendo poder militar,
económico, y ahora también político.
- ¿Dirías que las tropas
internacionales son un mal necesario?
No me considero militarista, es más,
he denunciado abusos de las tropas contra la población civil en varios
reportajes, pero creo que son totalmente necesarias hoy en Afganistán,
por lo mismo que decía antes. Incluso, me parece que son demasiado
pocas, Afganistán es un país inmenso, con muchas dificultades de
comunicación y las tropas muchas veces optan por bombardear en vez de
patrullar ciertas zonas. Lo hicieron los norteamericanos al invadir,
bombardearon todo el país, con todo lo que ello implica en “daños
colaterales”, eufemismo que invisibiliza civiles afganos con nombre y
apellido. Eso lo siguen haciendo y si me preguntas si las tropas
internacionales violan los derechos humanos, si, hay tropas que los
violan claramente. Pero es un trágico lo que sucede, porque los antiguos
señores de la guerra continúan en el mismo lugar, con las mismas armas y
el mismo poder de años atrás y, por lo tanto, después de que marchen las
tropas internacionales empezarán una nueva guerra interna donde los
costos los pagará la misma población civil.
- Y en ese escenario nadie estará
preocupado de usar eufemismos.
Ya no serán “daños colaterales”,
serán cientos, miles de muertos, millones de personas desplazadas,
refugiadas, un drama humanitario de proporciones. Entonces es complejo
lo que sucede con la intervención militar. Yo no he escuchado a ningún
afgano o afgana que me diga que no quiere a las tropas internacionales
en Afganistán actualmente. No las quieren para siempre, eso también te
lo dicen, pero es que actualmente, tal y como está el país, esta
retirada significaría el caos total.
- Uno se pregunta, ¿qué se buscaba
finalmente con intervenir en Afganistán? ¿derrocar a los talibanes?
¿llevar la democracia? ¿ capturar a Osama Bin Laden?
Hay un chiste local. Cuando les
preguntas a los afganos donde esta Osama Bin Laden ellos te responden,
“debe estar en Washington”. Yo creo que era una excusa más para la
intervención militar. EE.UU, yo creo, necesitaba reaccionar después de
los atentados del 11S, dar un golpe de efecto ante su opinión pública y
por tanto bombardearon Afganistán, que era lo más fácil. Y claro, uno se
pregunta por qué Afganistán si la mayoría de los suicidas que atentaron
contra EE.UU el 2001 eran saudíes, pero bueno, allí estaban los
talibanes, se suponía que Osama operaba desde el país y ya está.
Bombardearon, destruyeron aun más lo poco que había de infraestructura y
pusieron a este señor corrupto de Hamid Karzai en el poder, acompañado
de un parlamento compuesto por antiguos señores de la guerra. Lo que nos
debemos preguntar es por qué la comunidad internacional no ha hecho nada
para sacar a estos señores.
- ¿Petróleo?, ¿gas?, ¿minerales?,
¿todas las anteriores?
Afganistán es sin duda un país
estratégico, fronterizo con China, Irán, Pakistán y las ex repúblicas
soviéticas. Desde hace años existe el proyecto de construir un
gaseoducto desde Turkmenistán hasta Pakistán, pasando por Afganistán.
Turkmenistán tiene una de las reservas de gas más importantes del mundo.
Un año antes de los atentados en EE.UU, el 2000, los talibanes habían
sido recibidos con todos los honores en Washington, una delegación
diplomática. Los talibanes querían ser reconocidos como gobierno
legítimo y a EE.UU le interesaba garantizar la construcción de este
gasoducto desde Turkmenistán, así como el arribo de las multinacionales.
Durante el régimen taliban había represión y oscurantismo, pero no había
guerra abierta, por tanto para occidente no estaba mal negociar con
ellos. Eso cambió luego del 11S, cuando los taliban pasaron a ser los
“malos malos” y la Alianza del Norte, que antes eran los “malos malos”,
pasaran a ser los “buenos buenos” (risas). Hoy el proyecto del gasoducto
está paralizado por razones de seguridad. Afganistán también es rico en
recursos minerales, dispone de una de las reservas de cobre más
importantes del mundo sin explotar. Es decir, los intereses son
variados.
- ¿Ha cambiado en algo la situación
de la mujer?
Ha mejorado, es verdad, pero como era
una situación tan bestia en Afganistán, faltan muchos años para que
cambien algunos factores culturales, como el patriarcado de la sociedad,
que es fuertísimo. Se requiere un cambio de mentalidad de la población
masculina y de la población femenina también, para ello se necesitan
varias generaciones, un camino largo a seguir todavía y que se observa
sombrío por el avance que están teniendo nuevamente los talibanes en la
parte sur del país. En muchas partes las mujeres siguen usando la burka,
por ejemplo. Pero hay avances, cada día existe mayor organización,
asociaciones de mujeres que están levantando la voz. Hace unos meses el
parlamento afgano aprobó una ley de amnistía para que antiguos
criminales de guerra no fueran llevados a juicio, es decir, para
beneficio de ellos mismos. Saber que los criminales quedaban impunes y
no se les iba a juzgar creó una reacción en cadena en la sociedad
afgana. Muchas mujeres se han organizado desde entonces para denunciar
con nombres y apellidos a miles de violadores y asesinos, para que sean
juzgados por la vía judicial normal, también se ha creado una asociación
de víctimas de la guerra. Hasta el momento, ha habido ya dos
manifestaciones de mujeres frente al parlamento de Kabul, algo impensado
años atrás.
- Leí un artículo donde si bien no
defendías el Islam, si llamabas la atención respecto de no confundir el
Islam con el fundamentalismo de los taliban o el fanatismo terrorista de
grupos como Al Qaeda.
Los taliban no se basan en ningún
precepto religioso, sino en una serie de preceptos que este movimiento
fundamentalista inventó para así tener bajo control la población civil.
Por ejemplo, impusieron que las mujeres no podían salir a la calle sin
burka y sin ir acompañadas de un miembro varón de su familia, cuando eso
el Corán no lo dice en ninguna parte. Los talibán también impusieron que
las mujeres no podían trabajar fuera de casa. Para eso, no se basaron en
ningún precepto religioso tampoco, sino en la situación que se vivía en
Afganistán. Antes de la llegada de este régimen, diferentes líderes
militares fundamentalistas luchaban por el control de la capital afgana,
Kabul, en una guerra sangrienta en que no se cometieron auténticas
barbaridades, muchas contra la población civil. Basándose en esa
situación, los talibán decretaron que las mujeres no trabajaran fuera de
casa para así garantizar su supuesta “seguridad física”.
- Que benevolencia...
Por cierto. Otro de los importantes
preceptos talibán contra las mujeres fue que no podían estudiar: ni ir a
la escuela ni a la universidad. Lo justificaron diciendo que Afganistán
vivía en situación de guerra y que, en consecuencia, tenían que dar
prioridad a los hombres y niños. Como puedes imaginar, nada de esto
tiene que ver con el Islam. Actualmente a algunos les interesa presentar
a la población musulmana como enemiga de occidente, como antes lo eran
los comunistas. Eso es absurdo y mal intencionado. Aún así, debo decir
que la religión islámica es absolutamente machista, pero no nos
extrañemos, también lo es la Católica y gran parte de las religiones
interpretadas y controladas por hombres.
- Finalmente, ¿cómo ves el futuro de
Afganistán?
No me gusta ser pesimista porque creo
que la población afgana no se lo merece, pero lo veo mal. Se está
creando un país no sostenible, que sin la presencia de las tropas
internacionales no va a ninguna parte. Todo el mundo en la calle te dice
que la cosa va peor. Hay una administración totalmente corrupta, los
talibanes que nunca fueron derrotados avanzan cada día más, una
cooperación internacional cada vez más encerrados en Kabul porque no
pueden actuar fuera de la capital sin arriesgarse a ser secuestrados,
asaltados o asesinados, en fin. Lo veo mal / AZ
* Publicado originalmente en The Clinic.
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