PORTADA    I     COLUMNAS     I     REPORTAJES   I    EDICIÓN IMPRESA   I    ARCHIVO

Google
Fundado el 12 de octubre de 2003 - Temuko, País Mapuche

>>  edición.digital  www.azkintuwe.org

Quiénes Somos

Reportajes

Entrevistas

Columnas

Edición en PDF

Humor Gráfico

Publicaciones

Archivo

Contacto

TEMUKO
QUEPE
FISKE MENUCO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MÓNICA BERNABE, CORRESPONSAL EN AFGANISTÁN

"No se puede vivir de espaldas a lo que sucede en el mundo"

Llegó a Afganistán en tiempos de los talibanes. Hoy es la única corresponsal de habla hispana en dicho país y sus crónicas pueblan la sección internacional del diario El Mundo. Entrevistada en Madrid por Azkintuwe, compartió con nosotros no solo su historia, también lo acontecido tras la caída de los talibanes, los efectos de la invasión norteamericana y el desastre aun mayor que se avecina si la administración Obama decide retirar sus tropas.

  PEDRO CAYUQUEO - MADRID, ESPAÑA  - 01 / 04 / 09


 

 

 


Mónica Bernabé, periodista.

Foto de Agencias.


 De Mónica Bernabé

Absurdos de la ONU en Afganistán



Mónica Bernabé (35 años, Barcelona) es la única periodista de habla hispana en Afganistán. Corresponsal en Kabul del diario El Mundo, Radio Nacional de España y la revista Tiempo, visitó por primera vez el país asiático en tiempos del autoritario régimen talibán. Cuatro días bastaron para convencerla de hacer algo. Transformada en activista, junto a dos colegas fundó el año 2000 la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA), ONG dedicada a apoyar la realización de proyectos de cooperación en Afganistán, principalmente aquellos impulsados por asociaciones de mujeres.

Entrevistada en Madrid por Azkintuwe, Bernabé compartió con nosotros no solo su historia, también los cambios en el país tras la caída de los talibanes, los miles de civiles muertos y heridos (“daños colaterales”) provocados por la invasión norteamericana y el desastre aun mayor que se avecina si el presidente Barack Obama decide retirar sus tropas del país, según advierte.

- De la cosmopolita Barcelona al oscurantismo de los taliban. ¿Cómo y por qué?

El cómo, de vacaciones... (risas), es una historia larga. La primera vez que llegué a Kabul fue el 2000, época de los taliban. Yo había entrevistado a una afgana que vino a Barcelona a una conferencia, me contó su impactante historia, me invitó y bueno, partimos junto a otras dos colegas mujeres a conocer su trabajo en los campos de refugiados. Viajé durante las vacaciones en mi trabajo, estuvimos casi un mes en los campos de refugiados en Pakistán donde esta mujer trabajaba y bueno, se nos ocurrió intentar cruzar hacia Afganistán para observar en terreno los atropellos que nos relataban las mujeres refugiadas, que eran brutales.

- Arriesgada maniobra en aquellos años.

Lo era, pero lo increíble es que logramos ingresar y con visa de turista (risas). Los talibán tenían en ese tiempo un consulado en Pakistán y fuimos hasta allí para solicitar una visa. Fuimos sin ninguna esperanza, pero nuestra visita coincidió con algunas 'aperturas' que los taliban estaban implementando para ser reconocidos por “Occidente” y así cruzamos la frontera afgano-paquistaní. Ellos querían limpiar su imagen de régimen cerrado a occidentales y eso lo pudimos aprovechar. Recuerdo que en el consulado nos hicieron una entrevista para preguntarnos por qué queríamos ir a Afganistán y bueno, yo no dije que era periodista, respondimos que queríamos conocer Kabul, que nos habían dicho que Kabul era “tan bonito, la comida tan riquísima”, etc. El taliban que estaba en el consulado nos mira y nos dice: “pero señoras, ustedes saben que Afganistán es un país en guerra”. “Y si y tal, pero nos han dicho que en Kabul hay paz, que el régimen tiene todo bajo control”, etc., era surrealista esa conversación. Obviamente nosotras no íbamos de turismo, nos contactamos con una chica que por esos años dirigía una Asociación de Mujeres Afganas que había establecido escuelas clandestinas para niñas, ya que el régimen había prohibido la educación para la población femenina. Nos interesaba conocer estas escuelas clandestinas y con ese objetivo cruzamos la frontera.

- ¿Con qué se encontraron?

Con una situación bestial, de abusos increíbles contra las mujeres. Aprender a leer y escribir era un delito para ellas. Las adultas y las niñas se organizaban en estas escuelas clandestinas y entraban en turnos de cinco minutos para no ser descubiertas por los talibanes. Nosotras mismas, por seguridad, debíamos andar disfrazadas con burkas y cubiertas de pies a cabeza muchas veces.

- ¿Qué tal la experiencia?

Horrible. La burka es talla única; te hace una presión terrible en la cabeza, no ves el suelo que pisas y pierdes el sentido de la orientación cuando caminas. Para andar por la calle tienes necesariamente que seguir a alguien. Esa era la realidad que nos encontramos, con un país destruido, que venía saliendo de una guerra de 23 años, donde no se había hecho nada de reconstrucción, donde no existía ningún tipo de servicio y que estaba aislado del mundo porque las Naciones Unidas habían establecido una serie de sanciones contra ellos. Por ejemplo, ningún vuelo comercial podía llegar a Afganistán, solo vuelos humanitarios y poca cosa más. Todo ello sumado a un régimen totalmente autoritario, represivo y teocrático, donde la población femenina estaba encerrada en casa porque no podían salir solas a la calle. Muchas mujeres, como tenían prohibido ser atendidas por un médico hombre, no iban a los hospitales y terminaban muriendo en el parto o por enfermedades banales.

- Fue tu retorno a la Edad Media.

Absolutamente. Estuvimos solo cuatro días, un viaje corto pero intenso y a la vuelta a España vinimos a Madrid e hicimos una rueda de prensa donde contamos lo que habíamos visto, mostramos fotografías y bueno, tuvo un impacto potente a nivel de medios europeos. Además lo de tres chicas catalanas entrando a Afganistán haciéndose pasar por afganas vendió mucho y gran cantidad de gente se puso en contacto con nosotros para intentar ayudar de alguna forma.

- Allí pasastes del periodismo al activismo.

Básicamente si. Para canalizar toda la ayuda que nos comenzó a llegar de muchas partes fundamos una ONG, la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán y comenzamos a trabajar algunos proyectos con asociaciones de mujeres afganas. Te hablo del año 2000. De allí en adelante comencé a viajar más periódicamente a Afganistán para hacer supervisión de proyectos y escribir algunos reportajes, pero cada vez que volvía a Barcelona, a mi situación cotidiana de periodista privilegiada del primer mundo, notaba que necesitaba hacer algo más, por eso decidí irme un tiempo a vivir allí y compartir su lucha codo con codo. Fue así que el año 2006 decidí pedir un permiso sin sueldo en el periódico donde trabajaba en Barcelona para probar si podía sobrevivir en Afganistán.

- ¿Te instalaste en Kabul?

Si. Allí hacia trabajo de cooperante internacional principalmente, labores de ayuda humanitaria y muy poco de periodismo, lo que cambió más tarde cuando animada por otros colegas renuncié a mi trabajo en Barcelona, me trasladé a vivir definitivamente a Kabul e inicié mi trabajo como corresponsal free-lance.

- De regreso al periodismo...

La verdad es que como cooperante me aburría soberanamente y bueno, todos esos años había estado escribiendo, así que retomé lo mío y comencé a escribir periódicamente para diversos medios europeos, principalmente para la sección internacional del diario El Mundo.

- Tus reportajes y crónicas publicadas por El Mundo son de antología. ¿Cómo logras acceder a tanta información?

Lo más importante es tener contactos locales. Y tengo la suerte, por haber estado viajando periódicamente durante siete años a Afganistán, de contar hoy con buenos contactos. Lo otro es mantener un bajo perfil, low profile, eso es vital. Yo siempre me muevo en coches locales, voy vestida como local y físicamente las afganas y las catalanas nos parecemos, así que eso da cierta ventaja y paso desapercibida. Si fuera alta, rubia y de ojos azules, lo tendría más complicado. Eso me ha permitido mover por diversas zonas. Tampoco he pecado de protagonismo como para ir a una zona de guerra abierta, cosa que normalmente hacen los corresponsales extranjeros más preocupados de figurar. Tampoco me he empotrado con las tropas internacionales porque para mi lo más importante es estar con la población civil, percibir allí los efectos del conflicto, el día a día del afgano común y corriente, contar sus historias, relatar sus vivencias, eso me ha permitido ganar muchos contactos que confían en lo que hago.

- Actualmente eres la única periodista de habla hispana allí.

Así es, aún no se si es un honor o una desgracia... (risas). Lo cierto es que soy la única corresponsal permanente, algunas cadenas españolas ocupan enviados especiales en algunas ocasiones, pero hasta el momento soy la única periodista que vive y reporta desde Afganistán. Otros medios, ingleses y franceses, tienen sus corresponsales permanentes también. Lo cierto es que esto tiene que ver con la precariedad del periodismo español. Es decir, ningún medio está dispuesto a tener un periodista de manera permanente en Afganistán por los costos que supone eso, especialmente el seguro de vida, porque si no eres precavido se corre el riesgo de terminar secuestrado o regresar a tu país en una bolsa para cadáveres. Los seguros son carísimos. De allí que una alternativa sea ser free-lance como yo, valerse por si misma como sea posible y vender tus trabajos a los medios interesados. Desde ya, a quien quiera hacerlo, le advierto que la tendrá difícil.

- Se requiere valentía.

¿Valentía? no, ¡hay que estar más loca que una cabra! (risas). Yo al comienzo hacía corresponsalía de prensa básicamente, pero hoy hago lo que haga falta (risas). Estoy haciendo despachos para radios, algo de televisión, lo que pasa es que siendo free-lance aprendes a hacer fotos, aprendes a hacer radio, ahora estoy aprendiendo a hacer tele, no hay otra forma de sobrevivir. Ser free-lance te da libertad, pero también mucha inestabilidad y para sobrellevar ello solo vale el trabajo. Te contaba que muchas cadenas internacionales tienen un corresponsal permanente, pero generalmente ocurre que el periodista extranjero está en el despacho, envía a un periodista afgano local a hacer el trabajo, este informa luego al periodista extranjero y este último escribe y firma las notas. Con suerte pone “con la colaboración de Mohamed Ajmed”, que es quien verdad a dejado los pies en la calle. Bueno, una periodista free-lance como yo debe trabajar a diario tanto o más que “Mohamed Ajmed” (risas).

- Tus artículos reflejan una toma de posición, principalmente a favor de los afganos comunes y corrientes, que sufrieron la brutalidad de los talibanes y que siguen padeciendo atropellos hoy.

Por mucho que se diga que el periodismo debe ser objetivo, esto no es real, menos aun en Afganistán. Yo tengo claro el discurso y el mensaje que quiero dar y este va de la mano con el pueblo afgano, más aun y como señalas, con el afgano y la afgana de a pie, que más allá de la guerra, de los intereses geopolíticos en juego, trata de sobrevivir en este caos. He conocido la realidad de esta gente, han compartido conmigo historias cargadas de dignidad y ello me hace tomar una posición. Esto me ha permitido escribir artículos que quizás otro periodista no hubiera podido hacer, ya sea porque no tendría los conocimientos, digamos un pie en la realidad local, o bien porque no tendría una red de contactos locales que le permitiese nutrir sus historias. Si es “Mohamed Ajmed” quien sale a reportear a la calle por ti difícilmente podrás ver lo que sucede en Afganistán. Yo siempre he tenido inquietud por los países empobrecidos, y subrayo empobrecidos en vez de pobres, porque son en verdad países muy ricos pero que alguien está saqueando. Siempre me preguntaba quiénes pagaban los costos para que nosotros viviéramos tan bien en Europa y bueno, quería conocer ese otro lado e intentar explicar lo que sucede. Soy una convencida de que quienes vivimos en el mundo denominado “desarrollado” no podemos vivir de espaldas a todo lo que está pasando en el patio de atrás, te guste o no.

- Hay muchos que prefieren no mirar, te lo aseguro.

Exacto. Aquí en España los informativos en la televisión son a las dos y media, entonces aparecen esas imágenes de guerra, Medio Oriente, Afganistán, etc. Hay gente entonces que dice: “justo a la hora en que estamos comiendo nos dan esas imágenes”. Y yo pienso, ¡es lo que hay!, ¡ese es el mundo que existe!, ¡bienvenidos al mundo real! Y si no te gusta lo que ves trata de cambiarlo para que no tengas que comer con esas imágenes. Yo siempre tuve esa visión. De hecho el año 2000, cuando fui por primera vez a conocer el régimen taliban, ya había leído muchos artículos sobre lo que estaba pasando con las mujeres y yo pensaba: “si eso está pasando, yo lo quiero ver, yo lo quiero ver con mis propios ojos”. No lo sé, es una forma de abordar el mundo donde vives, más allá de tu metro cuadrado.

- Y cómo te va con El Mundo, un periódico más bien conservador dentro de la prensa española. ¿No te ha puesto problemas? Lo pregunto porque tu has denunciado atropellos de las tropas internacionales en Afganistán y bueno, Aznar fue el mejor aliado del ex presidente Bush en esto de las "guerras preventivas".

Tengo total libertad de acción. El Mundo no me ha tocado jamás ningún artículo y si me los tocan, me consultan previamente. Los titulares siempre te los cambian pero eso es común a todos los medios de comunicación. Creo que la sección internacional de El Mundo es una sección potente, muy profesional, donde te respetan lo que escribes y también el enfoque de tus artículos. Otra cosa son sus noticias de política interna española, que trato de no leer mucho la verdad (risas).

- Cómo resuelves temas cotidianos en un país sin electricidad, ni servicios básicos, por ejemplo, cuando un editor te dice: “envía la crónica”, “manda la foto”, “chequea este fax”, etc.

Fax en Afganistán no hay, eso se descarta (risas). Internet es un gran avance porque permite resolver cosas, pero cuando no tienes electricidad la mayor parte del día se vuelve bastante inútil. Creo que lo resuelves básicamente con mucha paciencia y algo de invención. Yo por ejemplo, me compré una batería de camión y un transformador. Entonces tenemos un generador en casa que ponemos en funcionamiento al anochecer, solo hasta las 11 de la noche porque el ruido también molesta a los vecinos, y con eso cargo la batería y tengo electricidad un par de horas, al menos para la computadora portátil, hasta que se me acaba y entonces me cago en todo y vuelta a esperar que anochezca (risas). Cuando internet se te fastidia, cuando te quedas sin energía en el momento menos adecuado y logras mantener la calma, es un paso gigantesco (risas).

- Ni hablar de la brecha digital.

En Afganistán no existe la brecha digital, lo que hay es un abismo digital (risas). Allá sólo hay electricidad pública en las grandes ciudades y, a pesar de ello, son habituales los cortes a cualquier hora y sin aviso. Por ejemplo, en Kabul sólo tenemos unas cuatro horas de electricidad diaria y la gente como te contaba sobrevive a base de generadores particulares, los que se lo pueden permitir, porque es carísimo. Dicho esto, como te puedes imaginar, el acceso a internet es limitado. En Kabul la comunicación está resuelta, porque aquí están las grandes agencias y organismos internacionales y, en ese sentido, la capital afgana ha hecho un paso de gigante. En las otras ciudades el panorama es desolador.

- Venir a Madrid debe ser un bálsamo.

En Afganistán cuando llevas varios meses necesitas casi obligatoriamente salir del país para oxigenarte un poco. De lo contrario, te vuelves loco. Ayer, que era el primer día que estaba de nuevo en un “país occidental”, estaba que saltaba de alegría. En la calle la gente sentía que me miraba por mi gran sonrisa. Y es que son un montón de cosas, desde tener todo el día electricidad, darte una ducha normal, hasta poder caminar por la calle sin disfraz o con ropa de colores, cuando en Kabul siempre visto de negro para pasar desapercibida, chorradas de este tipo. Ir a comer a un restaurante sin temor a que explote un coche bomba mientras disfrutas del postre... cosas así.


SEÑORES DE LA GUERRA

- Mónica, cuál es la situación actual en Afganistán.

La situación es compleja y es difícil resumirla. La situación varía según la zona del país. Lo que no hay duda es que la situación es mucho mejor que durante la época de los talibán, en la que existía una represión total, no había absolutamente nada y la gente vivía en un país devastado por la guerra. Evidentemente, en las ciudades la situación ha cambiado muchísimo, aunque continúan habiendo grandes carencias. Las zonas rurales continúan viviendo en la total pobreza y sin servicios básicos, como sanidad y educación. Entonces ¿dónde está el cambio? Se han hecho avances en ayuda al desarrollo, pero no se llega a todos los sitios y los cambios son lentos. Se continúan violando los derechos humanos, sin ningún tipo de duda, aunque no estamos hablando de la situación de atrocidades vividas durante la época de los talibán, pero también durante el régimen soviético y la guerra de los mujahidines. Además no hay que olvidar que el conflicto armado continúa abierto en el sur y este del país.

- La guerra interna no ha terminado.

En lo absoluto. Y más grave aun, los antiguos señores de la guerra ocupan hoy lugares de poder en el Gobierno y Parlamento afganos, y eso hace, entre otras cosas, que la administración sea totalmente corrupta, que la gente no confíe en las autoridades, y que en algunas zonas del país, sobre todo en el sur y lado este, los talibán se estén haciendo cada día más fuertes. La falta de seguridad dificulta el desarrollo económico y, en consecuencia, buena parte de la gente vive en la más absoluta pobreza. Lo más grave a mi juicio es que los antiguos señores de la guerra, que cometieron grandes atrocidades en el pasado más reciente, ocupan ahora lugares de poder y que, encima, la comunidad internacional los tenga como interlocutores y no se haya hecho nada por las víctimas. Eso vicia todo el sistema. Se está creando un Estado no sostenible. En cuanto se vaya la comunidad internacional, entre ellos incluyo las tropas extranjeras, la guerra empezará de nuevo, porque los actores continúan teniendo poder militar, económico, y ahora también político.

- ¿Dirías que las tropas internacionales son un mal necesario?

No me considero militarista, es más, he denunciado abusos de las tropas contra la población civil en varios reportajes, pero creo que son totalmente necesarias hoy en Afganistán, por lo mismo que decía antes. Incluso, me parece que son demasiado pocas, Afganistán es un país inmenso, con muchas dificultades de comunicación y las tropas muchas veces optan por bombardear en vez de patrullar ciertas zonas. Lo hicieron los norteamericanos al invadir, bombardearon todo el país, con todo lo que ello implica en “daños colaterales”, eufemismo que invisibiliza civiles afganos con nombre y apellido. Eso lo siguen haciendo y si me preguntas si las tropas internacionales violan los derechos humanos, si, hay tropas que los violan claramente. Pero es un trágico lo que sucede, porque los antiguos señores de la guerra continúan en el mismo lugar, con las mismas armas y el mismo poder de años atrás y, por lo tanto, después de que marchen las tropas internacionales empezarán una nueva guerra interna donde los costos los pagará la misma población civil.

- Y en ese escenario nadie estará preocupado de usar eufemismos.

Ya no serán “daños colaterales”, serán cientos, miles de muertos, millones de personas desplazadas, refugiadas, un drama humanitario de proporciones. Entonces es complejo lo que sucede con la intervención militar. Yo no he escuchado a ningún afgano o afgana que me diga que no quiere a las tropas internacionales en Afganistán actualmente. No las quieren para siempre, eso también te lo dicen, pero es que actualmente, tal y como está el país, esta retirada significaría el caos total.

- Uno se pregunta, ¿qué se buscaba finalmente con intervenir en Afganistán? ¿derrocar a los talibanes? ¿llevar la democracia? ¿ capturar a Osama Bin Laden?

Hay un chiste local. Cuando les preguntas a los afganos donde esta Osama Bin Laden ellos te responden, “debe estar en Washington”. Yo creo que era una excusa más para la intervención militar. EE.UU, yo creo, necesitaba reaccionar después de los atentados del 11S, dar un golpe de efecto ante su opinión pública y por tanto bombardearon Afganistán, que era lo más fácil. Y claro, uno se pregunta por qué Afganistán si la mayoría de los suicidas que atentaron contra EE.UU el 2001 eran saudíes, pero bueno, allí estaban los talibanes, se suponía que Osama operaba desde el país y ya está. Bombardearon, destruyeron aun más lo poco que había de infraestructura y pusieron a este señor corrupto de Hamid Karzai en el poder, acompañado de un parlamento compuesto por antiguos señores de la guerra. Lo que nos debemos preguntar es por qué la comunidad internacional no ha hecho nada para sacar a estos señores.

- ¿Petróleo?, ¿gas?, ¿minerales?, ¿todas las anteriores?

Afganistán es sin duda un país estratégico, fronterizo con China, Irán, Pakistán y las ex repúblicas soviéticas. Desde hace años existe el proyecto de construir un gaseoducto desde Turkmenistán hasta Pakistán, pasando por Afganistán. Turkmenistán tiene una de las reservas de gas más importantes del mundo. Un año antes de los atentados en EE.UU, el 2000, los talibanes habían sido recibidos con todos los honores en Washington, una delegación diplomática. Los talibanes querían ser reconocidos como gobierno legítimo y a EE.UU le interesaba garantizar la construcción de este gasoducto desde Turkmenistán, así como el arribo de las multinacionales. Durante el régimen taliban había represión y oscurantismo, pero no había guerra abierta, por tanto para occidente no estaba mal negociar con ellos. Eso cambió luego del 11S, cuando los taliban pasaron a ser los “malos malos” y la Alianza del Norte, que antes eran los “malos malos”, pasaran a ser los “buenos buenos” (risas). Hoy el proyecto del gasoducto está paralizado por razones de seguridad. Afganistán también es rico en recursos minerales, dispone de una de las reservas de cobre más importantes del mundo sin explotar. Es decir, los intereses son variados.

- ¿Ha cambiado en algo la situación de la mujer?

Ha mejorado, es verdad, pero como era una situación tan bestia en Afganistán, faltan muchos años para que cambien algunos factores culturales, como el patriarcado de la sociedad, que es fuertísimo. Se requiere un cambio de mentalidad de la población masculina y de la población femenina también, para ello se necesitan varias generaciones, un camino largo a seguir todavía y que se observa sombrío por el avance que están teniendo nuevamente los talibanes en la parte sur del país. En muchas partes las mujeres siguen usando la burka, por ejemplo. Pero hay avances, cada día existe mayor organización, asociaciones de mujeres que están levantando la voz. Hace unos meses el parlamento afgano aprobó una ley de amnistía para que antiguos criminales de guerra no fueran llevados a juicio, es decir, para beneficio de ellos mismos. Saber que los criminales quedaban impunes y no se les iba a juzgar creó una reacción en cadena en la sociedad afgana. Muchas mujeres se han organizado desde entonces para denunciar con nombres y apellidos a miles de violadores y asesinos, para que sean juzgados por la vía judicial normal, también se ha creado una asociación de víctimas de la guerra. Hasta el momento, ha habido ya dos manifestaciones de mujeres frente al parlamento de Kabul, algo impensado años atrás.

- Leí un artículo donde si bien no defendías el Islam, si llamabas la atención respecto de no confundir el Islam con el fundamentalismo de los taliban o el fanatismo terrorista de grupos como Al Qaeda.

Los taliban no se basan en ningún precepto religioso, sino en una serie de preceptos que este movimiento fundamentalista inventó para así tener bajo control la población civil. Por ejemplo, impusieron que las mujeres no podían salir a la calle sin burka y sin ir acompañadas de un miembro varón de su familia, cuando eso el Corán no lo dice en ninguna parte. Los talibán también impusieron que las mujeres no podían trabajar fuera de casa. Para eso, no se basaron en ningún precepto religioso tampoco, sino en la situación que se vivía en Afganistán. Antes de la llegada de este régimen, diferentes líderes militares fundamentalistas luchaban por el control de la capital afgana, Kabul, en una guerra sangrienta en que no se cometieron auténticas barbaridades, muchas contra la población civil. Basándose en esa situación, los talibán decretaron que las mujeres no trabajaran fuera de casa para así garantizar su supuesta “seguridad física”.

- Que benevolencia...

Por cierto. Otro de los importantes preceptos talibán contra las mujeres fue que no podían estudiar: ni ir a la escuela ni a la universidad. Lo justificaron diciendo que Afganistán vivía en situación de guerra y que, en consecuencia, tenían que dar prioridad a los hombres y niños. Como puedes imaginar, nada de esto tiene que ver con el Islam. Actualmente a algunos les interesa presentar a la población musulmana como enemiga de occidente, como antes lo eran los comunistas. Eso es absurdo y mal intencionado. Aún así, debo decir que la religión islámica es absolutamente machista, pero no nos extrañemos, también lo es la Católica y gran parte de las religiones interpretadas y controladas por hombres.

- Finalmente, ¿cómo ves el futuro de Afganistán?

No me gusta ser pesimista porque creo que la población afgana no se lo merece, pero lo veo mal. Se está creando un país no sostenible, que sin la presencia de las tropas internacionales no va a ninguna parte. Todo el mundo en la calle te dice que la cosa va peor. Hay una administración totalmente corrupta, los talibanes que nunca fueron derrotados avanzan cada día más, una cooperación internacional cada vez más encerrados en Kabul porque no pueden actuar fuera de la capital sin arriesgarse a ser secuestrados, asaltados o asesinados, en fin. Lo veo mal / AZ

 

* Publicado originalmente en The Clinic.

 

< VOLVER

 

 

 

 

 

 

© Periódico Mapuche Azkintuwe