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  CRONICA

   

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Conversar en los sueños

Ahora cuando, Don Manuel, ha iniciado su viaje y se encuentra con sus antepasados, estoy convencida que nos sigue acompañando. Sean estas mis palabras a un Kimche, un humilde reconocimiento a toda su grandeza. Y sé que seguiremos conversando en los sueños.

JAQUELINE CANIGUAN -  15 / 04 / 10


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FOTO DE ARCHIVO.

 

 

Se dijeron muchas palabras, discursos elogiosos que hablaron de la grandeza de Don Manuel Manquepi Cayul, o Manuel Mankelüpi Kayül, como él nos enseñó acerca de su origen, hace más de una década. Recuerdo, su caligrafía pulcra y delicada escribiendo en la pizarra de la Universidad Católica de Temuko, allí donde un grupo de personas mapuches y no mapuches estudiábamos un Diplomado en Lingüística Mapuche. Una mañana conocimos a este ilustre hombre, quien con su ternura y claridad supo cautivarnos y despertar en muchos de nosotros el ansia por el conocimiento y el re-conocimiento de nuestra lengua, valores y mundo mapuche.

Sus clases, para muchos quienes tuvimos el privilegio de vivirlas, eran simplemente un deleite, el chachay Mankepi no necesitaba ni tecnología ni apoyos audiovisuales, sólo él y su palabra eran suficientes. A partir de un canto, de un epew, Don Manuel sabía transportarnos al País Mapuche de nuestros antepasados, iba y venía en el tiempo, en el tiempo de la memoria, en el tiempo de los sueños, en el día mismo, donde nos enseñó “que los renuevos reconstruirán el País Mapuche”. Ese era Don Manuel.

Con el paso de los años tuve la suerte, el maravilloso privilegio de su amistad. ¡Cómo olvidar tardes enteras trabajando, aprendiendo, analizando el mapudungun! Y sobretodo escuchándolo. Quizás lo que más duele cuando alguien tan querido como él parte, es lo que uno mismo pierde con esta partida. Para todos quienes compartimos su sabiduría, es tarea difundir todas aquellas enseñanzas que nos dejó y comenzar a pensar en su legado como lingüista e historiador del Wallmapu. La historia del Pueblo Mapuche relatada por Don Manuel, quien fue educado por su abuelo, un ngempin que testimonió a través de este nieto todo el proceso de la mal llamada "Pacificación de la Araucanía", y que muchos de los historiadores mapuche recogieron en sus trabajos. Era preciso en los detalles y sus relatos se nutrían con üllkantun y epew, un wewpüfe que lleva la historia y cumple su rol de transmitir y enseñar, siempre con afecto.

Cuántos de nosotros encontramos en don Manuel la palabra afectuosa para nuestras tristezas personales, y además la guía sabia para terminar trabajos de investigación y tareas académicas. Y él, su generosidad infinita, nunca nos pidió que citáramos la fuente, la fuente que era él mismo. No olvido cuando nos enseñó el significado de la palabra wingka, de “wingkün” nos decía, “el verbo wingkün, es más que atropellar, es simplemente violar, desgarrar… O aquella vez, en que sin pensarlo aceptó ir a la defensa de los longko Pichun y Norin, sentarse frente al juez y explicar el rol de las autoridades mapuche, hablar con firmeza y claridad por qué los mapuches defendemos nuestro derecho a seguir existiendo. “Lo hice porque correspondía, porque así lo aprendí”, me dijo aquella vez que me relató la situación. “Pensé en mi abuelito, su guía y su palabra ese día, en lo importante que es que el Pueblo Mapuche se una y trabaje junto”, continuaba diciéndome.

Don Manuel, el amigo, el chachay que recibió a todos sin distinción. Su casa fue un espacio para sentirnos acogidos, para sentir en él y en su esposa la familia que no está con nosotros. Don Manuel, el traductor, quien se dio la gran tarea de llevar al mapuchedungun el canto épico de Ercilla, “La Araucana”. Verso a verso fue transformando ese tremendo canto en voz mapuche. Siempre recuerdo cuando me decía, “a veces me canso porque no encuentro la palabra adecuada y salgo a despejar mi mente” y así iba avanzando, hasta concluir esa monumental obra. Trabajo que confiamos en que pueda ser divulgado para las nuevas generaciones y que nuestros niños y jóvenes sepan que fue Don Manuel Manquepi Cayul, quien con paciencia dedicó mañanas y tardes enteras a esa tarea.

“Nochikechi Chachay, me decía mi abuelito”, solía repetirnos siempre, invitándonos a que siempre antes de actuar hay que reflexionar los pasos. Pensar ahora también, que hay muchos de los nuestros, mapuches hombre y mujeres que hacen notables aportes a nuestra educación de vida, personas que se entregan generosamente a la enseñanza, difusión y estudio de nuestra lengua, de nuestra historia, de nuestra filosofía, entre otros muchos aspectos y que como Pueblo Mapuche debemos ir reconociendo y escuchando para la construcción y reconstrucción de nuestra sociedad.

Una vez, recuerdo, nos señalaba que siempre reflexionaba la ausencia de una fuerza política que nos aglutinara como Pueblo. “No tenemos diputados nuestros, ni senadores”, solía repetir, pensando en la necesidad que entre los mapuches se estructurara una ideología que permitiera reunirnos y comenzar a hacer presencia en la vida política, así ir más allá de lo establecido y comenzar a transformar las leyes. Sufría pensando en las tristes situaciones vividas en nuestro Wallmapu, el asesinato de los weichafe Lemún, Katrilew y Mendoza Kolliw, siempre pensando en cómo pudiéramos construir y construirnos una sociedad más justa. Apelaba siempre a la conversación, pero fue Él mismo quien siempre nos relataba acerca de los renuevos que surgen del pellin, diciéndonos que a pesar de las derrotas, de las mutilaciones y atropellos vividos, siempre volvemos a levantarnos, porque seguimos vivos. Petu mongeleiñ, petu mongeleiñ taiñ piwke, petu mongeleiñ taiñ rakiduam, petu mongeleiñ taiñ püllü, pienew ta Chachay Mankepi.

Ahora cuando, Don Manuel, ha iniciado su viaje y se encuentra con sus antepasados, estoy convencida que nos sigue acompañando. Yaunque no pudimos entregarle las cuatro vueltas del purun de despedida que él nos pidió más de alguna vez, sean estas mis palabras a un Kimche, un humilde reconocimiento a toda su grandeza. Y sé que seguiremos conversando en los sueños.

 

* Poeta y Lingüista, editora de Azkintuwe

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