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FOTO DE ARCHIVO. |
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Se
dijeron muchas palabras, discursos elogiosos que hablaron de la grandeza
de Don Manuel Manquepi Cayul, o Manuel Mankelüpi Kayül, como él nos
enseñó acerca de su origen, hace más de una década. Recuerdo, su
caligrafía pulcra y delicada escribiendo en la pizarra de la Universidad
Católica de Temuko, allí donde un grupo de personas mapuches y no
mapuches estudiábamos un Diplomado en Lingüística Mapuche. Una mañana
conocimos a este ilustre hombre, quien con su ternura y claridad supo
cautivarnos y despertar en muchos de nosotros el ansia por el
conocimiento y el re-conocimiento de nuestra lengua, valores y mundo
mapuche.
Sus clases, para muchos quienes
tuvimos el privilegio de vivirlas, eran simplemente un deleite, el
chachay Mankepi no necesitaba ni tecnología ni apoyos audiovisuales,
sólo él y su palabra eran suficientes. A partir de un canto, de un epew,
Don Manuel sabía transportarnos al País Mapuche de nuestros antepasados,
iba y venía en el tiempo, en el tiempo de la memoria, en el tiempo de
los sueños, en el día mismo, donde nos enseñó “que los renuevos
reconstruirán el País Mapuche”. Ese era Don Manuel.
Con el paso de los años tuve la
suerte, el maravilloso privilegio de su amistad. ¡Cómo olvidar tardes
enteras trabajando, aprendiendo, analizando el mapudungun! Y sobretodo
escuchándolo. Quizás lo que más duele cuando alguien tan querido como él
parte, es lo que uno mismo pierde con esta partida. Para todos quienes
compartimos su sabiduría, es tarea difundir todas aquellas enseñanzas
que nos dejó y comenzar a pensar en su legado como lingüista e
historiador del Wallmapu. La historia del Pueblo Mapuche relatada por
Don Manuel, quien fue educado por su abuelo, un ngempin que testimonió a
través de este nieto todo el proceso de la mal llamada "Pacificación de
la Araucanía", y que muchos de los historiadores mapuche recogieron en
sus trabajos. Era preciso en los detalles y sus relatos se nutrían con
üllkantun y epew, un wewpüfe que lleva la historia y cumple su rol de
transmitir y enseñar, siempre con afecto.
Cuántos de nosotros encontramos en
don Manuel la palabra afectuosa para nuestras tristezas personales, y
además la guía sabia para terminar trabajos de investigación y tareas
académicas. Y él, su generosidad infinita, nunca nos pidió que citáramos
la fuente, la fuente que era él mismo. No olvido cuando nos enseñó el
significado de la palabra wingka, de “wingkün” nos decía, “el verbo
wingkün, es más que atropellar, es simplemente violar, desgarrar… O
aquella vez, en que sin pensarlo aceptó ir a la defensa de los longko
Pichun y Norin, sentarse frente al juez y explicar el rol de las
autoridades mapuche, hablar con firmeza y claridad por qué los mapuches
defendemos nuestro derecho a seguir existiendo. “Lo hice porque
correspondía, porque así lo aprendí”, me dijo aquella vez que me relató
la situación. “Pensé en mi abuelito, su guía y su palabra ese día, en lo
importante que es que el Pueblo Mapuche se una y trabaje junto”,
continuaba diciéndome.
Don Manuel, el amigo, el chachay que
recibió a todos sin distinción. Su casa fue un espacio para sentirnos
acogidos, para sentir en él y en su esposa la familia que no está con
nosotros. Don Manuel, el traductor, quien se dio la gran tarea de llevar
al mapuchedungun el canto épico de Ercilla, “La Araucana”. Verso a verso
fue transformando ese tremendo canto en voz mapuche. Siempre recuerdo
cuando me decía, “a veces me canso porque no encuentro la palabra
adecuada y salgo a despejar mi mente” y así iba avanzando, hasta
concluir esa monumental obra. Trabajo que confiamos en que pueda ser
divulgado para las nuevas generaciones y que nuestros niños y jóvenes
sepan que fue Don Manuel Manquepi Cayul, quien con paciencia dedicó
mañanas y tardes enteras a esa tarea.
“Nochikechi Chachay, me decía mi
abuelito”, solía repetirnos siempre, invitándonos a que siempre antes de
actuar hay que reflexionar los pasos. Pensar ahora también, que hay
muchos de los nuestros, mapuches hombre y mujeres que hacen notables
aportes a nuestra educación de vida, personas que se entregan
generosamente a la enseñanza, difusión y estudio de nuestra lengua, de
nuestra historia, de nuestra filosofía, entre otros muchos aspectos y
que como Pueblo Mapuche debemos ir reconociendo y escuchando para la
construcción y reconstrucción de nuestra sociedad.
Una vez, recuerdo, nos señalaba que
siempre reflexionaba la ausencia de una fuerza política que nos
aglutinara como Pueblo. “No tenemos diputados nuestros, ni senadores”,
solía repetir, pensando en la necesidad que entre los mapuches se
estructurara una ideología que permitiera reunirnos y comenzar a hacer
presencia en la vida política, así ir más allá de lo establecido y
comenzar a transformar las leyes. Sufría pensando en las tristes
situaciones vividas en nuestro Wallmapu, el asesinato de los weichafe
Lemún, Katrilew y Mendoza Kolliw, siempre pensando en cómo pudiéramos
construir y construirnos una sociedad más justa. Apelaba siempre a la
conversación, pero fue Él mismo quien siempre nos relataba acerca de los
renuevos que surgen del pellin, diciéndonos que a pesar de las derrotas,
de las mutilaciones y atropellos vividos, siempre volvemos a
levantarnos, porque seguimos vivos. Petu mongeleiñ, petu mongeleiñ taiñ
piwke, petu mongeleiñ taiñ rakiduam, petu mongeleiñ taiñ püllü, pienew
ta Chachay Mankepi.
Ahora cuando, Don Manuel, ha iniciado
su viaje y se encuentra con sus antepasados, estoy convencida que nos
sigue acompañando. Yaunque no pudimos entregarle las cuatro vueltas del
purun de despedida que él nos pidió más de alguna vez, sean estas mis
palabras a un Kimche, un humilde reconocimiento a toda su grandeza. Y sé
que seguiremos conversando en los sueños.
* Poeta y Lingüista, editora de Azkintuwe
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