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CONFLICTO CON CELULOSA
ARAUCO Y CONSTITUCIÓN |
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Tal como vimos en el
cine años atrás, Mississipi está en llamas. Solo que esta vez no en
Norteamérica, sino en la región de los Ríos, aquí entre nosotros.
¿Intervendrán las autoridades para evitar la desintegración de esta
comunidad y la destrucción de su hábitat y actividad tradicional o
dejarán la resolución de este conflicto en las manos del mercado? |
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Por José
AYLWIN *
I
Azkintuwe |
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Pobladora de Caleta Mehuin. |
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Foto de Archivo |
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Párrafos |
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El
cinco de abril, Eliab Viguera, principal vocero del Comité de
Defensa del Mar, junto a cuatro personas, fue abordado por un
grupo de alrededor de 70 personas de Mehuín en el balseo que
une la primera localidad con Mississipi, con la clara
intención de atentar en contra de su integridad física. |
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Aún
se espera, sin embargo, la intervención de la autoridad para
abordar el problema de fondo detrás de este conflicto, cual es
el respeto al derecho de una comunidad a definir su propio
desarrollo, frente a los planes de la empresa Celulosa Arauco
de botar sus desechos al mar. |
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Pocos
en Chile saben de la existencia de una caleta llamada Mississipi en la
nueva Región de los Ríos. Menos aún saben de la dramática situación que
hoy viven las familias de pescadores, muchas de ellas mapuche lafkenche,
que allí habitan. Esto como consecuencia de los planes de Celulosa
Arauco de construir un ducto desde su planta en las cercanías de San
José de la Mariquina hasta la bahía de Mehuín para botar sus desechos
contaminantes al mar. Esto también, por el silencio cómplice de las
autoridades.
La que en el pasado fuera una apacible comunidad de pescadores unidos
por vínculos familiares, laborales y culturales, es hoy una comunidad
fragmentada que muestra evidentes señales de degradación social y moral.
Ello se manifiesta en las constantes agresiones y amenazas de que son
objeto muchos de sus habitantes - con riesgo para su integridad física y
su vida - que siguen rechazando el proyecto de Celulosa Arauco. Tales
agresiones provienen de los pescadores de la vecina caleta de Mehuín,
los que han comprometido, previo pago de dinero por parte de la empresa,
su respaldo a la construcción del ducto al mar.
Dichas agresiones han ido en ascenso de manera alarmante en los últimos
días, sin que las autoridades hasta ahora hayan intervenido de manera
enérgica para ponerles freno. Así por ejemplo, el dos de abril un grupo
de aproximadamente cien personas de Mehuín que se movilizaron en
embarcaciones, atacaron con piedras y elementos contundentes la sede de
los pescadores de Mississipi oponentes al ducto. Producto del ataque,
algunas mujeres resultaron con serias lesiones por golpes de manos y
piedras debiendo acudir al servicio de urgencia. El mismo día fueron
retenidas a la fuerza un grupo de mujeres de la cocinería de la
agrupación agro turística Lafkenche en la caleta de Mehuín, quienes
permanecieron por más de cinco horas encerradas a la fuerza, tiempo
durante el cual recibieron amenazas de muerte contra ellas y sus grupos
familiares.
El cinco de abril, Eliab Viguera, principal vocero del Comité de Defensa
del Mar, junto a cuatro personas, fue abordado por un grupo de alrededor
de 70 personas de Mehuín en el balseo que une la primera localidad con
Mississipi, con la clara intención de atentar en contra de su integridad
física. La presencia de dos carabineros que estaban allí, evitó que
estos hechos terminaran con víctimas fatales. No obstante aquello, las
amenazas de muerte siguieron, junto con el lanzamiento de elementos
contundentes (piedras) en contra de Viguera y sus acompañantes.
Las agresiones antes señaladas tienen un antecedente clave; el convenio
que en el mes de octubre pasado suscribieron Celulosa Arauco y el
Sindicato de Trabajadores Independientes del Mar de Mehuín, al que
adhirieron más tarde otros sindicatos, sumando un total cercano a las
250 personas, a objeto de hacer posible la construcción del ducto al mar
requerido por la empresa. En efecto, en dicho convenio de fecha 9 de
octubre la empresa reconoce que en virtud de resolución de la COREMA de
2005 está obligada a proponer y poner en operación una alternativa a la
descarga de riles de dicha planta en un lugar distinto del Rio Cruces
(Santuario de la naturalaza), identificando la bahía de Mehuín para
tales efectos, para lo cual debe realizar un estudio de impacto
ambiental.
En el mismo convenio los pescadores acuerdan colaborar con los estudios
y mediciones requeridos por la empresa, así como con todas las gestiones
que sean necesarias para que le sean otorgadas las autorizaciones para
la instalación del ducto. Para estos efectos la empresa ofrece pagar al
Sindicato un total de $ 424.000.000 (un millón de dólares), de los
cuales $159.000.000 les fueron cancelados al momento de su suscripción,
y el resto les serían pagados en cuatro cuotas hasta la entrada en
funcionamiento del ducto, garantizando estratégicamente con ello la
colaboración de sus integrantes hasta la concreción de los planes de la
empresa.
Cabe señalar que quienes suscriben este convenio son los mismos
pescadores que desde mediados de los noventa conformaban una comunidad
férreamente unida en la defensa del mar que por largo tiempo les ha
proveído su sustento. Tal unidad, que fue determinante para que la
empresa modificara entonces sus planes iniciales de botar en la bahía de
Mehuín sus desechos contaminantes, se constituyó en un ejemplo para
muchas otras comunidades a lo largo del país que han visto sus hábitat
amenazados por proyectos de inversión, muchas veces inconsultos,
propuestos para sus territorios desde escritorios ubicados en Santiago u
otras capitales del mundo.
El convenio promovido por Celulosa Arauco es reprochable desde todo
punto de vista. Desde el punto de vista ético, compra por un monto
insignificante de dinero las voluntades y conciencias de personas de
bajos ingresos. Cabe señalar que Celulosa Arauco obtuvo el 2007
utilidades por 346 millones de dólares, siendo el brazo forestal el que
más aportó al 29% de utilidades en que aumentaron las ganancias del
grupo Angelini. Este poder finalmente doblegó a un grupo de pescadores
que por más de una década han defendido su hábitat con la convicción de
que el ducto propuesto por ella dará muerte al mar y al desarrollo de la
actividad que ha sustentado su economía y su cultura por generaciones.
No solo ello, el convenio ha generado una división de tal magnitud al
interior de la comunidad – y en ocasiones al interior de las familias
que la componen- que transformó una comunidad pacífica en una comunidad
dominada por la violencia, la agresión y el temor.
Por otro lado, desde el punto de vista jurídico, el convenio es de
legalidad cuestionable, toda vez que implica la renuncia anticipada,
mediante un acto entre privados, a un proceso de derecho público, cual
es la participación ciudadana prevista en los estudios de impacto
ambiental considerados en la ley de bases del medio ambiente.
Dado que la población involucrada es mayoritariamente mapuche, el
acuerdo también resulta claramente contradictorio con las disposiciones
del Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales
recientemente aprobado por el Senado, el que establece que estos pueblos
tienen el derecho a definir sus propias prioridades en materia de
desarrollo, así como a participar en la formulación y evaluación de
todos los planes y programas susceptibles de afectarles (art.7.1). El
mismo Convenio establece el deber del estado de consultar a los pueblos
indígenas cada vez que se prevean medidas y planes susceptibles de
afectarles (art. 6).
Llama la atención frente a esta realidad la pasividad de las autoridades
de gobierno, las que hasta hace poco se han limitado a observar este
conflicto como uno entre privados, como si garantizar la convivencia
entre los ciudadanos y el bien común no fuese su responsabilidad. En
días pasados, producto de la denuncia de los dirigentes del Comité de
Defensa del Mar, de comunidades mapuche, y de entidades de derechos
humanos, las autoridades regionales han visitado el lugar
comprometiéndose a adoptar acciones para garantizar la seguridad de las
personas. Una de las medidas adoptadas por ellas fue el envío de un
grupo de fuerzas especiales de carabineros a Mississipi para proteger a
la comunidad frente a las agresiones de que han sido objeto sus
integrantes. La falta de criterio de dichas autoridades resultó en su
instalación al interior de la escuela del lugar, impidiendo con ello el
desarrollo de las actividades escolares.
En días pasados la comunidad interpuso un recurso de amparo en la Corte
de Valdivia recurriendo en contra de pescadores de Mehuín que han
protagonizado los hechos de violencia y amenazas antes referidas,
solicitando se garantice su derecho a la vida, a la integridad física, a
la seguridad y a la libertad garantizadas constitucionalmente. La Corte
acogió a tramitación el recurso y ordenó el resguardo policial de la
comunidad y de sus integrantes, así como la protección de la gobernación
marítima al desarrollo de las actividades productivas en las áreas de
manejo de los pescadores mapuche lafkenche.
Aún se espera, sin embargo, la intervención de la autoridad para abordar
el problema de fondo detrás de este conflicto, cual es el respeto al
derecho de una comunidad, en este caso mayoritariamente indígena, a
definir su propio desarrollo, frente a los planes de la empresa Celulosa
Arauco de botar sus desechos al mar, destruyendo con ello su hábitat e
impidiendo el desarrollo de su actividad tradicional.
Tal como vimos en el cine años atrás, Mississipi está en llamas. Solo
que esta vez no en Norteamérica, sino en la región de los Ríos, aquí
entre nosotros. ¿Intervendrán las autoridades para evitar la
desintegración de esta comunidad y la destrucción de su hábitat y
actividad tradicional o dejarán la resolución de este conflicto en las
manos del mercado? Esperamos que hagan lo primero, antes que sea muy
tarde / AZ
* Abogado,
co-director del Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas.
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