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HERNAN CURIÑIR LINCOQUEO,
HISTORIADOR MAPUCHE |
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"Sobre el Bicentenario chileno tenemos mucho que decir" |
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“Compendio y Agenda
de la Historiografía Mapuche” implicó cuatro años de
investigación y estudio. En sus páginas, Hernán Curiñir
intenta relacionar hombre, tiempo y geografía, tres elementos
que llevan a su obra más allá del mero ejercicio académico. La
historia como herramienta de lucha política. A juicio de
Curiñir, el gran desafío para las nuevas generaciones de
intelectuales mapuches. Más aún de cara al Bicentenario del
Estado chileno. |
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Por
Pedro CAYUQUEO
I
Jueves 14 de Agosto de 2008 |
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Hernán
Curiñir, historiador. |
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Foto Gentileza El Informador. |
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TEMUKO
/ “Compendio y Agenda de la Historiografía
Mapuche” es una obra monumental. Monumental en datos, en cifras,
en fechas y en ejercicio de la memoria. Y también lo es la historia que
intenta retratar, tal como reconoce Hernán Curiñir Lincoqueo,
nütramtufe, historiador autodidacta y responsable de un libro que
por estos días viene presentando en diversas ciudades de Wallmapu. “Toda
la historia que a nosotros nos han contado viene del otro, del mundo
winka, de señores con apellidos aristocráticos de la zona central. El
objetivo de este trabajo es colocar al mapuche en primera persona, como
gestor de su propia historia”, señala.
Hernán Curiñir (55) es originario de
Carirriñe, comuna de Chol Chol. Hijo de un profesor básico, desde
pequeño sintió que algo no cuadraba entre la historia que le enseñaban
en el colegio y aquella que, junto al fogón, escuchaba de sus mayores.
Una insaciable sed intelectual lo llevó a escudriñar a lo largo de su
vida en los vacíos de la historiografía oficial chilena, a recabar
antecedentes en apolillados archivos y cotejar todo aquello con la
silenciada historia mapuche, “no muy presente en los libros, pero si muy
viva en la memoria oral de nuestro pueblo”.
“Compendio y Agenda
de la Historiografía Mapuche” implicó cuatro años de
investigación y estudio. En sus páginas, Curiñir intenta relacionar
hombre, tiempo y geografía, tres elementos que llevan a su obra más allá
del mero ejercicio académico. “¿Dónde está Curalaba? ¿dónde se firmó el
Parlamento de Quillen? ¿En qué lugar nació Kilapan? son preguntas que
intento responder, rescatando lugares geográficos y efemérides que
debieran llenarnos de orgullo como nación”, indica. La historia como
herramienta de lucha política. A juicio de Curiñir, el gran desafío para
las nuevas generaciones de intelectuales comprometidos con su pueblo.

El libro implicó cuatro años de
investigación y estudio. En sus páginas, Curiñir intenta relacionar
hombre, tiempo y geografía, tres elementos que llevan su obra más allá
del mero ejercicio académico. “¿Dónde está Curalaba? ¿dónde se firmó el
Parlamento de Quillen? ¿En qué lugar nació Kilapan? son preguntas que
intento responder, rescatando lugares geográficos y efemérides que
debieran llenarnos de orgullo como nación”. |
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La publicación -de gran valor
pedagógico- lleva dedicatorias del autor a su hija Marcela,
prematuramente fallecida a los 17 años, al igual que a su hermano Nelson
Vladimiro, detenido desaparecido, como a sus padres Bartolo y Zoila y a
sus hermanos Hugo y Lilian. Lo prologan el pintor Eugenio Salas y el
historiador Pablo Marimán quien valora el libro “como una tremenda ayuda
para los estudiantes, pero especialmente para aquellos padres que, al
ser consultados por sus hijos, por sus amistades o por la misma escuela,
no tienen más que decir que lo que reza La Araucana”.
En la siguiente entrevista con
Azkintuwe, Curiñir aborda las motivaciones tras la publicación de su
“Compendio...”, se explaya sobre los mitos del Estado chileno en
Wallmapu, cuestiona la apropiación de figuras históricas mapuche en el
marco del “Bicentenario” y nos entrega valiosas reflexiones en torno a
la realidad mapuche actual.
- ¿De dónde viene esta pasión
suya por la historia?
Yo soy hijo de un profesor básico,
Bartolo Curiñir. Mi padre hizo sus inicios como profesor en 1950 en
Oñoico, entre Carahue y Puerto Saavedra. Me tocó nacer por allá y a poco
andar nos trasladamos a estudiar a Carahue, donde hice toda mi enseñanza
básica. Allí nos enseñaron la historia winka, que siempre se
contrapone con lo que uno escucha en su casa, con lo que nos cuentan
nuestros mayores, esa otra historia que es mirada hasta con desprecio. Ante ello dije,
'debe existir una propuesta distinta', pero me di cuenta que no existían
muchos materiales, había muy poco trabajo escrito por mapuches al
respecto.
- ¿Allí se encuentra el origen de este trabajo?
Efectivamente. Desde hace muchos años que buscaba
expresar a través de algún libro el sentido de nuestra historia, ello
desde una mirada propia. Toda la historia que a nosotros nos han
enseñado viene del mundo occidental, del mundo winka, viene de señores
con apellidos aristocráticos de la zona central, que nos visitaron con
suerte 10 o 15 días y que luego escribieron sobre nosotros, generalmente
una mentira tras otra mentira. De alguna manera este trabajo busca
colocar al mapuche en primera persona, como gestor de su historia,
también como parte de la geografía de nuestro país, porque eso es lo que
fuimos, un país. Hay una cita que rescato y pertenece a don Domingo
Faustino Sarmiento. Fue publicada en el Correo del Sur, un 14 de
noviembre de 1854. Dice textual: "Entre dos provincias chilenas
(Concepción y Valdivia) se intercala un pedazo de país que no es
provincia, donde se habla distinto, siendo habitada por otra gente y que
aún puede decirse que no es Chile. Sí, Chile se llama el país donde
flota su bandera y son obedecidas sus leyes".
- Más claro no podría ser.
Son antecedentes que nos hablan de un
pasado en libertad. La historia chilena lo esconde, no lo cuenta. Yo me
pregunto, si en la Guerra del Pacífico los soldados y oficiales chilenos
consiguieron laureles, condecoraciones, ¿dónde están aquellas conseguidas en sus campañas militares contra los mapuche? He
revisado las memorias de guerra de la época y no las he podido
encontrar. Este trabajo me ha permitido escudriñar en esos vacíos. Poder
entender, por ejemplo, lo que significó para nuestro pueblo la
constitución de la propiedad austral, en 1852, plan maquiavélico del
estado chileno para invadir nuestro territorio. Y más atrás, poder
descubrir dónde está Curalaba, dónde está Quillen, qué significó para
nuestro pueblo la batalla de Quecheregua.
- Algo no cuadra en la versión
que da la historia oficial sobre nuestro pueblo.
Absolutamente. De los orígenes de la
nación chilena, en 1810, vienen las contradicciones. Ellos no han
logrado explicar por qué el estado llegó recién 71 años después de la
independencia a nuestro territorio. No olvidemos que la ocupación
militar, con movilización de tropas, estrategias de campaña y toda la
logística de la guerra, aconteció recién en 1880. ¿Qué había acá hasta
entonces? Había un país, un orden social, todo lo que retrata en sus
cartas José Mañil Wenu, gran Toki del siglo XIX. Poco sabemos los
mapuches del lonko Mariluan que lideró a nuestro pueblo hasta su muerte
en 1835. Mariluan participó en dos parlamentos en la Colonia ante los
españoles y otros dos con los chilenos, incluyendo el de Tapiwe de 1825,
cuyo texto se adjunta en el libro. Parlamentos que implicaban relaciones
políticas, comerciales, jurídicas, entre dos naciones soberanas.

Pocos años antes de los dichos de Vicuña
Mackenna, en 1861, el propio gobierno presidido por José Joaquín Pérez
había reconocido públicamente la independencia mapuche. En el Acta del
Cuerpo Legislativo del 20 de octubre de ese año, afirma el mandatario
"que existe frontera entre Chile y el país de los mapuches; que se han
hecho y se seguirán haciendo parlamentos diplomáticos con los mapuches". |
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- La idea de indios salvajes
resistiendo a la "civilización" no cuadra con ello.
No, pero hubo gente que propagó la
otra versión, debidamente financiados por el estado chileno. Benjamín
Vicuña Mackenna, en 1968, esgrime en el Parlamento: "Es cierto que el
indio defiende su suelo, pero lo defiende porque odia la civilización,
odia la ley, el sacerdocio, la enseñanza. La patria que él defiende es
la de su libre y sanguinaria holgazanería, no la santa patria del
corazón, herencia de sus mayores... Es una cosa probada que el indio no
sabe nada de ese tan ponderado heroísmo de sus abuelos, que nosotros por
moda les atribuimos. A buen seguro que ni Melin ni Kilapan han visto
jamás un ejemplar de La Araucana ni saben quienes fueron Rengo y
Galvarino". Vicuña Mackenna era diputado y también historiador, a mi
juicio uno de los sátrapas más grandes que han nacido en esta tierra.
- Vicuña Mackenna es uno de los
historiadores chilenos que nos hacen leer en la escuela.
Es aberrante, tan aberrante como la
educación que recibimos. Pocos años antes de los dichos de Vicuña
Mackenna, en 1861, el propio gobierno presidido por José Joaquín Pérez
había reconocido públicamente la independencia mapuche. En el Acta del
Cuerpo Legislativo del 20 de octubre de ese año, afirma el mandatario
"que existe frontera entre Chile y el país de los mapuches; que se han
hecho y se seguirán haciendo parlamentos diplomáticos con los mapuches".
Estas palabras no fueron de un activista pro mapuche de aquellos años.
Lo dijo el Presidente de la República ante el Parlamento.
- ¿Puede celebrar el estado
chileno su Bicentenario en Wallmapu?
Claramente no, seria un absurdo. Pero
la pregunta es más bien qué celebramos nosotros los mapuches el 2010. O
qué conmemoramos. Me temo que 128 años de ocupación. Sería bueno
aprovechar esa fecha para visibilizar esta realidad, seria bueno
surgiera alguna propuesta para mostrar lo que en verdad somos, un pueblo
que ama su tierra, que tiene muchas cosas que decir sobre su historia
pero también sobre su futuro. Sobre el Bicentenario chileno los mapuches
también tenemos mucho que decir.
- En el libro usted menciona un
dato curioso relativo al primer centenario del Estado chileno.
Hablo del "Censo de Indios" de 1907,
que se realizó en noviembre y cuyo apoderado general fue Tomás Guevara,
paradójicamente una persona recurrente en la historia mapuche de
aquellos años. Se contabilizaron aquella vez 101 mil mapuches. Y la
población chilena era de 3 millones 250 mil personas. Han pasado 100
años y hoy según la encuesta CASEN y otras estadísticas, aproximadamente
existen 1 millón 500 mil mapuches. Los chilenos, en tanto, poco más de
16 millones. Estas cifras nos dicen lo siguiente: que los mapuches hemos
crecido 15 veces y la población chilena ha crecido 4,8 veces en un
siglo. Si hacemos la proyección es posible suponer que en 100 años más,
los mapuches seremos el 30 por ciento de la población de Chile. Esto
tiene implicancias geopolíticas profundas, tanto para los chilenos como
para nosotros como mapuches.
- Hay discursos que hablan de
que los mapuches vamos directo al "exterminio", con una visión un tanto
apocalíptica. Buenas noticias para ellos.
Los mapuches hoy estamos insertos en
todos los espacios sociales, en el campo, en la ciudad, en los gremios,
en las fábricas, en las universidades. Claramente no estamos en la
superestructura de la sociedad en nuestro territorio, no estamos al
mando de empresas, como pueblo nos faltan pilotos de aviación, senadores
y diputados propios, etc. Hay un tema de visión de país que hemos
perdido. Hay una terrible autocrítica que debiéramos hacer respecto de
cómo nos vemos y nos pensamos. La guerra lamentablemente hizo su trabajo
y perdimos parte de nuestro propio rakizuam. La guerra hizo su trabajo,
pero yo creo que no estamos derrotados totalmente. Yo creo que como
pueblo debemos recuperar el pensamiento de los lonkos del siglo XIX, sus
reflexiones plagadas de estrategia. Debemos batallar en el campo de las
ideas recuperando esa filosofía, debieran haber una mayor cantidad de
intelectuales mapuches vinculados con esa historia, capaces de recuperar
ese rakizuam de nuestros grandes estrategas.
- Conversando con el peñi
Rosendo Huenuman, último parlamentario de nuestro pueblo, nos
comentaba que tras la derrota militar, la reducción de las tierras y
posterior colonización, los mapuches comenzamos a pensarnos desde la
derrota y nos acostumbramos a hacer política desde lo marginal.
¿Comparte este juicio?
Es una observación muy valiosa la que
hace el peñi Rosendo y la comparto plenamente. Cuando ocurre la invasión
militar del territorio, habían dos tipos de mapuches. Los que
resistieron y murieron en su intento, masacrados por las ametralladoras
que venían siendo probadas por el ejército chileno desde Chorrillos y
Miraflores, y los yanakonas que no solo no resistieron, sino que
pelearon en algunos casos del lado de los chilenos. Quienes
sobrevivieron, mayormente, fueron estos últimos, de allí que persista
una costumbre de andar a la cola de los chilenos. Lonkos entreguistas
han existido siempre. Son cuestiones que están en la historia mapuche y
que persisten hasta nuestros días. Creo en lo personal que no será
posible construir desde nuestro pueblo una propuesta política seria, con
proyección estratégica, si no ponemos real atención a nuestra historia
nacional y recuperamos el orgullo de aquellos que murieron por nosotros.

Lautaro es el mapuche de La Araucana, de
Ercilla, huele bien y su imagen ha sido apropiada por los chilenos desde
los albores de la República. El mapuche contemporáneo es el que huele
mal, decía Neruda. Yo creo sin embargo que una vez más nosotros somos
los responsables de esta apropiación. Porque no hemos tenido la claridad
política, el conocimiento filosófico, de colocar a nuestros héroes en el
sitial que se merecen. |
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- En su libro usted pone
especial énfasis en la recuperación de sitios históricos.
Te voy a contar un hecho anecdótico.
Yo me fui a Santiago en el año 81' y vivía cerca de la Rotonda Quilín y
cuando leía la historia sobre el Parlamento de Quilin o Quillen, yo
pensaba que allí se había realizado. Estaba muy perdido pero ya tenía la
inquietud por relacionar la historia mapuche con nuestra geografía. Tras
largos años de investigación he podido identificar claramente que dicho
Parlamento no fue en la comuna de Lautaro como se piensa, sino en
Galvarino, en la unión de los ríos Quillen y Chol Chol, donde hay un
lugar geográfico donde por las crecidas del invierno se daban las
empastadas para alimentar 4 mil caballos en verano, como constatan los
relatos de la época. ¿Sabe la gente, nuestros niños, dónde murió
Lautaro? Nosotros tenemos gran responsabilidad en desconocer lugares
históricos claves.
Yo me pregunto, ¿por qué nunca hemos
hecho una colecta pública entre mapuches para levantar un monumento en
Curalaba? sabemos donde es, hay incluso un alcalde mapuche en Lumako,
que no tendría porque oponerse. Yo soy partidario de trabajar en pos de
levantar este monumento, porque Curalaba marca un hito notable en
nuestra historia patria. Los chilenos hablan del "Desastre de Curalaba",
claramente para nosotros fue una gran victoria, una memorable gesta
militar. El lugar donde murió Pedro de Valdivia también está
identificado en Cañete, Tomás Guevara lo identificó hace más de 100
años, ¿por qué no reivindicamos ese sitio histórico? No por Valdivia,
sino para rendir homenaje a nuestros antepasados. El primer ejército
indígena que capturó, enjuició y condenó a muerte a un Gobernador
español en el continente fue el mapuche. Valdivia era el primer
Gobernador de Chile. Fíjese usted. Misma suerte correría Martín Óñez de
Loyola en Curalaba.
- En el fútbol se dice que
cuando uno no hace los goles, te los hacen. Hoy vemos a Lautaro como uno
de los candidatos para ser elegido como el "chileno" más grande de la
historia en un programa de la televisión estatal. ¿Qué piensa de ello?
Lautaro siempre ha llamado la
atención de los chilenos. Pablo Neruda escribía en una de sus
Reflexiones desde Isla Negra: "Nuestros recién llegados gobernantes
se propusieron decretar que no somos un país de indios. Este decreto
perfumado no ha tenido expresión parlamentaria, pero la verdad es que
circula tácitamente... La Araucana está bien, huele bien. Los araucanos
están mal, huelen mal. Huelen a raza vencida ...como frenéticos
arribistas nos avergonzamos de los araucanos. Contribuimos, los unos a
extirparlos y los otros a sepultarlos en el abandono y el olvido".
Lautaro es el mapuche de La Araucana, de Ercilla, huele bien y su imagen
ha sido apropiada por los chilenos desde los albores de la República. El
mapuche contemporáneo es el que huele mal, decía Neruda. Yo creo sin
embargo que una vez más nosotros somos los responsables de esta
apropiación. Porque no hemos tenido la claridad política, el
conocimiento filosófico, de colocar a nuestros héroes en el sitial que
se merecen. No hemos sido capaces de rescatar y valorizar en su justa
dimensión lo propio, nuestro patrimonio histórico, político y cultural.
- Finalmente, ¿qué mensaje
entregaría usted a los estudiantes de la carrera de Historia y a las
nuevas generaciones en general?
Les diría, en palabras muy simples,
que se levanten más temprano y que se acuesten más tarde que sus
compañeros chilenos. Ahí está la clave, porque como mapuches estamos
llamados a conocer la cultura winka y también conocer nuestra propia
cultura. Ese es el gran desafío que tenemos, que tiene nuestra juventud.
Deben conocer la cultura winka, y conocerla bien, no a medias, como
Lautaro y otros grandes estrategas lo hicieron en su tiempo. Pero
también deben quitarle horas al sueño para recuperar lo propio, aquello
que la educación winka nos ha quitado, nos ha ocultado, para aprender de
lo propio. Es algo que deben hacer por ellos y principalmente por
nuestros antepasados, que regaron esta tierra con su sangre, con el
llanto de sus mujeres e hijos. Un mapuche educado en todos lados es
respetado. Esa es una de las armas que debemos aprender a utilizar /
AZ
* CONTACTO CON HERNÁN CURIÑIR: hcurinir@hotmail.com
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