| |
 |
|
FOTO DE
RODRIGO CACERES. |
| |
|
|
"Nua, ya es hora". La madrugada del
27 de julio, Mutta Heronui Hey Tuki entró a la pieza de su tía abuela,
Ana Lola Tuki, de 84 años, y la despertó. Se subieron a su camioneta y
recorrieron en sólo dos minutos las pocas cuadras que hay entre su casa
y la oficina del Ministerio de Bienes Nacionales en el centro de Hanga
Roa, la capital de Rapa Nui o Isla de Pascua. Al frente, los carabineros
que custodiaban la Gobernación cambiaban la guardia. No pudieron ver
como Mutta y su anciana acompañante entraron a la pequeña oficina de
madera. De una patada Mutta abrió la puerta, rápidamente entró frazadas,
colchones, comida y una imagen de la virgen. Llegaban para quedarse.
Con la luz del sol, el resto de los cerca de 4 mil habitantes de la isla
vio como en el portón de Bienes Nacionales flameaba una pequeña bandera
de Rapa Nui, símbolo de las tomas u ocupaciones y que hoy, a casi un
mes, se agitan con fuerza en unos 35 terrenos a lo largo de toda la
isla. Museos, las oficinas del BancoEstado, de Entel, la Municipalidad,
el Registro Civil, dependencias del Ministerio de Obras Públicas,
Sernatur, Extranjería, casas particulares, el lujoso Hotel Hanga Roa y
hasta en la pista de aterrizaje del aeropuerto Mataveri cuelgan banderas
con leyendas que exigen la devolución de los terrenos.
Mutta Hey dice que venía preparándose hace años para esto. Que se
aburrió de los abusos del continente y que quiere recuperar para su
bisabuela los terrenos que alguna vez fueron de su tatarabuelo Tuko Tuki,
el fallecido patriarca del clan. "El Gobierno chileno siempre nos ha
discriminado. Dicen que somos ignorantes, que somos flojos, que somos
indios. Bueno, nos aburrimos de eso, si ahora quieren conversar que
vengan para acá, que den la cara", dice Hey en una de las oficinas
donde funcionaba la repartición gubernamental y que ahora es un
improvisado dormitorio.
Una cuadra más allá de la ocupación de Hey, están los Riroroco Pakarati.
Ellos se tomaron una de las plazas del barrio cívico de Hanga Roa. Tai,
la vocera del clan, cuenta que sólo tres horas se demoraron en levantar
la cabaña que los protege de las intermitentes, pero intensas lluvias
que por estos días hay en la isla. Con el busto de Policarpo Toro -el
marino que en 1888 anexó la isla a Chile- que adorna la plaza detrás
suyo, Tai Riroroco simplifica todo. " A esta altura estoy esperando que
me desalojen. Yo sé que una vez más no nos van a escuchar. Pero si nos
desalojan, vamos a usar la fuerza. Yo estoy dispuesta a morir por mi
tierra", señala enfática.
La revuelta tiene completamente agitada la apacible vida en la isla. En
un mes han viajado tres subsecretarios, el intendente de Valparaíso
-región de la cual depende administrativamente Rapa Nui-, renunció el
gobernador Pedro Edmunds, se reforzó el contingente de carabineros y,
según autoridades locales, se han cancelado algunas reservaciones de
turistas extranjeros, los que en todo caso, más allá de sorprenderse con
las banderas, casi no se dan por enterados de lo que ocurre.
Lo que más preocupa, como lo reconoce el gobernador interino Jaime
Miranda, es el nivel de coordinación que han mostrado las distintas
familias y que anticipa una difícil y lenta resolución del conflicto.
Por ejemplo, cada vez que aumenta el número de carabineros cerca de
algunos terrenos ocupados, inmediatamente los isleños se comunican por
radio o celular y a los segundos aparecen cuatro o cinco camionetas con,
al menos, seis hombres y un par más a caballo con tenida militar y
bototos, personajes que los rapanui conocen como Yorgos. No hay
violencia, ni siquiera un cruce de palabras, pero el silencio lo dice
todo.
Miranda aporta otro antecedente. Dice que han detectado al menos dos
miembros de las tomas que habrían estado en la zona mapuche y que
habrían replicado en la isla algunas tácticas para la ocupación de
terrenos. "Incluso no descartamos -dice Miranda- la presencia de
activistas". "Lo que pasa acá es más simple: primera vez en nuestra
historia que los isleños nos unimos", dice Hey, descartando ayuda desde
la Araucanía, mientras al frente, en la plaza de la Gobernación, se
comienzan a reunir los miembros del Parlamento de Rapa Nui.
"Zona cero"
"Para el conocimiento internacional, Rapa Nui jamás entregó ni cedió la
soberanía a Chile". Escrito con pintura negra en una pizarra blanca, el
cartel aparece en la calle Atamu Tekena, la principal de la isla y paso
obligado de los cerca de 60 mil turistas que llegan cada año a conocer
los moáis. El letrero está al costado de la sede del autoproclamado y
autoconvocado Parlamento de Rapa Nui, instancia formada en 2009 por
miembros de algunos de los principales clanes de la isla.
Por estos días, eso sí, la sede está vacía. El centro de operaciones
está en la plaza de la Gobernación, que tienen tomada desde el 16 de
abril, cuando, a diferencia de las demás ocupaciones, llegaron para
exigir cambios en el estatuto administrativo de la isla y aumentar el
control migratorio. Como ahí mismo hay otras tomas y está la de Mutta
Hey, que fue la que impulsó a las demás familias a hacer lo mismo, los
isleños del continente llaman al lugar la "Zona cero".
Es allí donde, mientras dos DVD tocan música anglo de los 60 en dos
televisores distintos -uno de ellos LCD-, Leviante Araki, presidente del
Parlamento Rapa Nui, termina de enrollar un cigarrillo de marihuana. Se
sienta en una silla de plástico roja con el logo de Coca Cola. Viste
pantalones de camuflaje, una chaqueta verde y luce una larga barba. Se
hace acompañar por su ministro de Tierras y Colonización, Santiago
Tepano, todo un prócer en Pascua, ya que es hijo de Juan Tepano, el
último cacique de la isla. También está Inés Teave, vicepresidenta del
Parlamento, además de un miembro de la Comisión de Justicia, al que no
le agradan los continentales, así es que se sube a su moto y se va.
Araki asegura estar en sus terrenos, los de sus antepasados. Para ser
más preciso, los de su abuelo Tuko Tuki. No habla, más bien grita. A un
costado, una cocinilla con una tetera tiznada como un carbón hierve a
más no poder, tanto que se derrama el agua. Araki se enoja y en rapanui
ordena que apaguen el fuego. Le da una bocanada a su cigarrillo,
mientras a sólo metros pasa un furgón con carabineros que van a reunirse
con el gobernador interino. Araki ni se inmuta. Lleva cuatro meses
viviendo en la choza que levantó en la plaza de la Gobernación.
El fuerte viento que sopla todo el
día en la isla le apaga su cigarrillo. Se vuelve a enojar. Lo prende y
comienza un relato que abarca más de 400 años de historia y que termina
en una sola conclusión, que suena más bien a advertencia. "Toda esta
tierra que tú ves "conti", es nuestra, de los rapanui, así es que si el
Gobierno nos viene a sacar por la fuerza, nosotros los vamos a sacar a
ellos y nos vamos a Oceanía, donde sí se respeta a la etnia", dice y, de
paso, culpa al ex gobernador Pedro Edmunds de no haber escuchado a las
familias.
Caudillo caído
Pedro Edmunds sale de su ferretería que está al lado del aeropuerto, y
en las cinco cuadras que recorre en su camioneta hasta un café, lo
saluda casi todo el mundo. Él devuelve las gentilezas y sonríe. "La
gente me tiene cariño, les dolió que renunciara, pero lo hice por la
isla", dice Edmunds sobre su salida de la gobernación gatillada por el
conflicto. Toma su café cortado. A diferencia de la mayoría de los
isleños, usa el pelo bien corto. Los cerca de 22 grados que en ese
momento hay en la isla son ideales para su polera marca Polo. Edmunds
usa iPhone. Hace el típico gesto con el índice hacia la derecha por
sobre la pantalla del teléfono. Contesta, habla un par de segundos,
cuelga y explica preocupado su visión de lo que pasa en Rapa Nui.
"Acá hay reclamos que son justos. Es verdad que hubo personas,
analfabetas, de las que se aprovecharon para quitarles sus tierras. Eso
hay que solucionarlo. Pero lo peligroso es que se puede abrir una puerta
que va ser imposible de cerrar. Acá hay sinvergüenzas, porque eso es lo
que son, que se están aprovechando. En esos casos, el Gobierno va tener
que decir 'no ha lugar'", señala. A lo que apunta Edmunds, es que tal
como lo reconocen las autoridades vigentes, el problema para el Gobierno
está en encontrar una fórmula que permita abordar los casos que tienen
sustento -ya hay una comisión que está trabajando para recopilar los
antecedentes- y separarlos de aquellos que se aprovecharon de la
coyuntura.
Las autoridades locales temen que si
aceptan las demandas de todos los que han ocupado terrenos, más adelante
pueden aparecer otras familias, exigiendo nuevas reivindicaciones. Y
como hasta mediados de 1800 en la isla -a diferencia de hoy que sólo
está habitada en Hanga Roa- había 38 tribus que la ocupaban en su
totalidad, pueden surgir voces que aleguen que lugares de alto valor
turístico y patrimonial como la playa de Anakena o la zona del volcán
Rano Raroku -donde se fabricaban los moáis- pertenecían a sus ancestros.
Edmunds fue de los pocos funcionarios públicos ex Concertación que el
Presidente Sebastián Piñera logró fichar en cargos de importancia. Como
militante DC fue alcalde de la isla por 16 años hasta 2008. Su pasado
político le trajo sus primeros enemigos, ya que los líderes de la
Alianza de la isla no le perdonaron a Piñera que no haya buscado entre
sus filas a su representante en el ombligo del mundo. Edmunds prefiere
no entrar en el tema y se entusiasma al hablar de su sueño de crear una
fundación que cautele la sustentabilidad ecológica de la isla. Cree que
Rapa Nui debe ser como las Islas Galápagos o como Fernando de Noroña,
donde se restringe el acceso a los turistas y hay un plan de cuidado del
entorno.
Aunque resulte sorprendente, pese a que en 1995 la UNESCO designó a la
isla como Patrimonio de la Humanidad, en Rapa Nui no hay un vertedero
para procesar los desechos y sólo funciona un botadero casi clandestino,
al que, además de decenas de perros vagos, basura y escombros de todo
tipo, llegan residuos tóxicos como las baterías de los autos. Tampoco
hay alcantarillado y menos una planta de tratamiento de aguas servidas,
por lo que se teme que en un plazo no muy lejano se contaminen las napas
de aguas subterráneas, de donde se saca el agua potable de la isla.
El "Hito" Hanga Roa
Tal como Edmunds tiene numerosos seguidores, también tiene muchos
detractores. Entre ellos, algunos miembros de la familia Hito, quienes
desde el 31 de julio ocupan el Hotel Hanga Roa, uno de los más lujosos
de la isla, con fecha de inauguración para el verano. A Edmunds lo
acusan de haber avalado la construcción "ilegal" del hotel, e incluso,
aseguran en la familia Hito, se asoció con la familia Schiess
-propietaria del hotel- y sería el dueño del restaurante del complejo.
Los Hito, a través de su vocera Marisol Hito, una rapanui que vivió 25
años en el norte de Chile, no se andan con rodeos: quieren que les
devuelvan el terreno donde está emplazado el hotel. El lugar no es
cualquiera. Está en la avenida Pont, una especie de costanera de Hanga
Roa. Tiene una vista paradisíaca del mar y está lo suficientemente cerca
del pueblo como para que sus pasajeros pueden visitarlo, pero lo
suficientemente lejos como para gozar de una tranquilidad absoluta.
Hasta allí tiene que ir Leviante Araki. Tiene programada una reunión con
los Hito para coordinarse. Araki va en uno de los autos en los que se
mueve en la isla. Es un pequeño Kia Morning color azul metálico con sus
asientos forrados en telas con dibujos polinesios. Araki fuma otro
cigarrillo, esta vez es de tabaco, y conversa en rapanui con el piloto,
otro miembro del Parlamento. A un costado las olas golpean furiosas el
borde costero, salpicando uno de los moáis que hay en el trayecto. En la
radio suena un CD de George Michael con la canción "Don't let the sun go
down on me". Araki tararea algunas sílabas.
La conversación entre Araki y los Hito es breve. Unas pocas palabras y
Araki se va. Los Hito están en el lobby. Ahí también están sus
colchonetas, al lado de sillones hechos con maderas milenarias traídas
del sur de Chile y tapados con cojines de pluma de ganso silvestre. Al
fondo se ve una de las piscinas que pareciera proyectarse sobre el mar.
Toda la inversión ha significado ya unos 50 millones de dólares y hoy,
por la toma, está parada.
Marisol Hito reclama que su abuela, Verónica Hito, señora de Ricardo
Hito, fue estafada por el Gobierno, específicamente la Corfo. Su versión
-el hotel se excusó de dar la suya- es más o menos así: se supone que en
1969 Verónica le cedió los terrenos a la Corfo a cambio de la
construcción de una casa y con el compromiso de que cuando ella
falleciera debían devolvérselos para que se los heredara a su familia.
Eso no habría ocurrido y en 1979 la Corfo le vende los terrenos a un
particular: Hugo Salas, quien a su vez le vende en 1990 a la hotelera
Panamericana, grupo que tras asociarse con la familia Schiess le
traspasa el resto de la propiedad, transformándola en los actuales
dueños.
El principal argumento del clan Hito es que la Ley Indígena y las normas
que regulan traspasos de tierra sólo permiten la venta entre rapanuis,
por lo que la venta de la Corfo a Salas estaría viciada. También los
traspasos posteriores. "Nosotros no nos vamos de acá. El ministro
Hinzpeter propuso una mesa de trabajo con resultados en 60 días, pero
con la condición de que dejáramos la ocupación de nuestros terrenos, y
eso no lo vamos aceptar. Si quieren conversar, que vengan, porque si
dejamos la ocupación no nos van a solucionar nada, nos van a engañar
como siempre", dice Marisol, mientras su tía prepara los colchones para
dormir. Mañana será otro día de toma.
* Gentileza Revista El Sábado.
VOLVER
|