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País Mapuche: Tortura e impunidad policial

Los últimos acontecimientos en Territorio Mapuche dan cuenta de un historial de atropellos impunes. De allí que cause indignación el cinismo de las autoridades, las mismas que el pasado 26 de junio decretaron con bombos y platillos el “Día Nacional Contra la Tortura”. Diversos organismos han documentado los abusos policiales contra comuneros y sus familias en las regiones del sur. También instituciones del propio Estado, cuyos informes han sido -la mayoría de las veces- silenciados.

PEDRO CAYUQUEO - TEMUKO, WALLMAPU - 10 / 08 / 09


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PAUL WALDER
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Finalmente las comunidades mapuches dijeron basta. Semanas atrás, más de cien delegados, entre lonkos y comuneros, habían viajado hasta la capital del país para plantear sus demandas a la Presidenta Bachelet. Encabezados por el lonko de Temucuicui, Juan Catrillanca, demandaban la restitución de tierras usurpadas y el fin de la militarización de sus territorios. Nadie los atendió en La Moneda y regresaron al sur anunciando movilizaciones. La promesa se hizo efectiva y el pasado 23 de julio, en una acción coordinada, bajo el alero de la Alianza Territorial Wenteche-Pewenche, las comunidades emprendieron la ocupación de numerosos predios agrícolas y forestales de La Araucanía.

Pero tal como en años anteriores, la respuesta gubernamental a la movilización fue violentos desalojos, allanamientos a viviendas y arrestos extrajudiciales. Al cierre de esta edición de PF, ya existen cinco mapuches heridos a bala, uno de ellos herido con balas de plomo en uno de sus ojos al interior de la comunidad Temucuicui, comuna de Ercilla. Otros dos heridos por balas policiales eran miembros de la comunidad Coñomil Epuleo, “y ya no se trata de balines de goma, ahora son balas de plomo las que está usando la policía en los operativos”, denunció la Alianza Territorial. Las comunidades han anunciado que no pararán las movilizaciones y las acciones de autodefensa mientras no exista una señal clara de diálogo del gobierno. Demandan una “mesa de trabajo” que aborde de manera integral la demanda territorial y política mapuche. Hasta el momento lo único que ha imperado, por parte del Ejecutivo, ha sido la lógica de los apaleos y los calabozos.

Los últimos acontecimientos en Territorio Mapuche dan cuenta de un historial de atropellos impunes. De allí que cause indignación el cinismo de las autoridades de gobierno, las mismas que el pasado 26 de junio decretaron con bombos y platillos el “Día Nacional Contra la Tortura”. “El propósito es generar una oportunidad para que los chilenos aúnen voluntades y expresen año a año su condena contra esta práctica inaceptable”, explicó la vocera de gobierno Carolina Tohá, aparentemente no informada de los recurrentes abusos policiales cometidos contra comuneros y sus familias en las regiones del sur, documentados hasta el hartazgo por organismos internacionales.

Junto a la asignación del Día contra la Tortura en el calendario nacional, el gobierno anunció además el envío al Parlamento de un proyecto de ley que modificará la tipificación del delito de tortura. A juicio de Tohá, dichas modificaciones buscarán “dar un paso más en que Chile se incorpore a los estándares internacionales en un tema (derechos humanos) que es tan sentido para nuestro país”, lo que se sumaría a otras acciones anunciadas por La Moneda, como la actual construcción del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y la reciente rectificación del Congreso al Estatuto de Roma que creó el Tribunal Penal Internacional (TPI). “Un paso concreto hacia mayores estándares democráticos”, resumió Tohá.

Pero no son gestos de buena voluntad, aclara Paulina Acevedo, periodista del Observatorio Ciudadano y quien ha documentado diversos casos de torturas en contra de miembros del Pueblo Mapuche en los últimos años. “Esta iniciativa obedece a las recomendaciones que en mayo pasado hizo el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas a Chile, tras examinar el quinto informe periódico del gobierno”, señala a Punto Final. En dicha evaluación, especial atención habría otorgado el Comité a la poco seria tipificación del delito de tortura en la legislación nacional, muy lejos de los estándares internacionales.

“Por eso, más allá del gesto simbólico de decretar un día nacional, lo importante es conocer los contenidos específicos del proyecto que presentará el gobierno y evaluar si éstos cumplen con lo exigido por el Comité. Hoy en Chile el delito de tortura limita como potenciales víctimas solo a aquellas personas privadas de libertad, distinción que no existe en la Convención. La legislación nacional tampoco prevé la sanción a las tentativas de torturas. Y si el responsable del acto es un policía uniformado, el caso no es juzgado como tortura bajo el Código Penal, sino como “violencia innecesaria” bajo el artículo 330 del Código de Justicia militar, por lo cual la legislación sobre tortura sigue sin aplicación en la práctica”, indica Acevedo, dejando al descubierto un escenario de desprotección que tiene a los mapuches como víctimas predilectas.

Esto adquiere ribetes de espanto cuando sendos informes de organismos de derechos humanos sitúan a Chile como uno de los países donde la tortura, los apremios ilegítimos y el abuso policial campean con total impunidad. Es el caso de Amnistia Internacional, que en su Informe Anual 2009, publicado el pasado 28 de mayo, constató como casos de tortura durante el año 2008 y los primeros meses de 2009 se siguieron produciendo en el país. Más aun, el organismo no dudó en señalar a Chile como uno de los 100 países, de los 157 que analiza la organización, donde se han practicado tortura y malos tratos a manos de las fuerzas de seguridad y la policía. Bien lo saben los hijos del matrimonio Parra-Carilao, Paola, Daniel y sus hermanitos Fernanda y Norberto, todos ellos miembros de la “comunidad Esteban Yebilao” en la comuna de Tirúa, Octava Región. Acusados de simpatizar con la Coordinadora Arauco-Malleco, todos ellos relataron la crudeza de los allanamientos policiales que los afectaron en Octubre de 2008, donde no solo los amenazaron verbalmente, sino también con armas de grueso calibre.

Según consiga un informe del Observatorio Ciudadano, el 17 de octubre de 2008, la vivienda de una humilde familia mapuche con cinco niños del sector Choque, cerca del lago LLeulleu, fue allanada por un gran contingente de Carabineros y de la Policía de Investigaciones (PDI). Ello, con posperioridad a una emboscada que afectó al fiscal de Cañete que investigaba hechos en el marco de la movilización de comunidades por la recuperación de tierras. Paola tiene 13 años y junto a sus hermanos Daniel de 10, Fernanda de 7 y Nolberto de 4, quedaron impactados y choqueados por la violencia y gran aparataje militar con que los agentes del Estado irrumpieron en su domicilio. “Me bajé del furgón del colegio, donde mi tía y de repente cuando aparecen carabineros, revisándome, quitándome el celular, y diciéndome quién me lo había regalado y por qué si era muy chica, me dijeron que no tenía que tener celulares a esta edad”, relata con voz entrecortada.

El día del allanamiento Daniel cuenta que “me apuntaron en la cabeza, de cerca, estaban adentro de la casa, me amenazaron, me decían que si no entregaba las armas se iban a llevar presa a mi mamá (Jessica), y yo me puse a llorar. A mi tía (Verónica) le decían que entregara las armas sino le iban a llevar a todos sus hijos… Después se fueron a la casa de mi mami (abuela María Liencura de 73 años), y le empezaron a desparramar toda la harina... después le llevaron todos los huevos a mi mami, eran los últimos que tenía y se los llevaron, y parece que se los comieron. Ahí donde estaban sembrando desparramaron las papas y el abono también. Desparramaron todo. Los carabineros, pararon a un caballero que andaba vendiendo frutas, le apuntaron, él traía una guagüita también, lo apuntaban, le decían insolencia y le decían que se fuera, él se fue con miedo,” culmina entre sollozos el menor su testimonio. Jéssica Carilao (27) madre de los niños antes mencionados y esposa de Norberto Parra, actualmente detenido en Concepción, ratifica que ese día llegaron carabineros, “apuntando con las armas a los niños, llegaron diciendo entreguen las armas, dónde tienen las armas, cooperen. Nosotros le decíamos si no tenemos armas, de dónde vamos a sacar armas. Ellos decían, es que digan, tienen que decir dónde tienen las armas. Pero hicieron el allanamiento y no encontraron nada”.

Pero Daniel relata otro hecho acaecido en la zona meses antes, cuando mientras estaba en su escuela sintió disparos. Al acudir al lugar observó a su padre ensangrentado tras un ataque de carabineros que le disparó en la espalda, mientras él buscaba leña con una motosierra en terreno de su hermano. “Él arrancó porque le dio miedo”, relata el menor. En aquella ocasión los carabineros lo maltrataron duramente, señala. “Le dejaron moretones en los hombros, en la espalda, también le sacaron un diente, le dejaron los ojos negros. Mi papa quedo jodido de la mano, tenía una mansa herida, por eso le habían agarrado susto a los carabineros y de ahí mi papa se saco fotos donde aparecía sangrando”, comenta con pena.

Posteriormente, denuncia el Observatorio Ciudadano, esas fotos fueron requisadas por carabineros el día del allanamiento. La versión del menor es ratificada por Verónica Mariñán, cuñada de Nolberto Parra. Explica que ese 12 de junio su cuñado se encontraba trabajando junto a su esposo, Cesar Parra, cuando fue atacado por carabineros. “Después decían entre ellos (los carabineros) ‘la cagamos con dispararle’, ya que estaban en un recinto privado y ellos le pusieron que estaban en tierras de la (forestal) Mininco, que habían disparado allá y que andaban robando madera, puras mentiras eso”, subraya Verónica. “Los niños están traumatizados, no pueden ver a carabineros, mi hijo ve un carabinero y arranca y se aferra a mí, en las noches tienen pesadillas”, concluye.

Un Informe silenciado

Lo relatado por los niños de Choque no son cuentos. La propia jefatura de Carabineros en la zona sur ha dado cuenta de esta realidad en informes confidenciales enviados a sus cuarteles y a los cuales tuvo acceso Punto Final. “Se puede apreciar con absoluta claridad que el personal de Carabineros llega al lugar de los hechos con un ánimo confrontacional predispuesto e incluso, en más de algún procedimiento, ha sido la actuación policial desmedida y prepotente la que ha provocado la reacción de los comuneros mapuche”, advertía en junio de 1999 el entonces Jefe de la Novena Zona de Carabineros, General Mauricio Catalán, a sus subalternos de la Prefectura de Cautín, al parecer sin resultado disuasivo alguno.

Organismos del propio Estado, como el Ministerio de Salud, han documentado en los últimos años los graves daños psicológicos que sufren los niños mapuche tras ser víctimas o presenciar torturas y apremios en contra de sus familiares por parte de Carabineros y efectivos de la policía civil. Fue lo que comprobó con estupor el Servicio de Salud Araucanía Norte en septiembre del año 2004, tras conocer el resultado final de un Informe de Diagnóstico e Intervención encargado a dos profesionales del área y que jamás fue dado a conocer públicamente por las autoridades.

Centrado en los menores de edad de la comunidad Cacique José Guiñón de la comuna de Ercilla, Novena Región, en sus conclusiones el Informe era lapidario. “Queremos enfatizar la existencia en general de una vulneración o alteración de la mayoría de los derechos de los niños y niñas de la Comunidad Cacique José Guiñón, a pesar de que en el año 1998 Chile manifiestó su acuerdo como país comprometido con la Defensa de los Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General de la ONU”, consignó. El revelador estudio, elaborado por los profesionales Rosa Sepúlveda, psicóloga del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Angol, y Adelmo Millaqueo Millapán, facilitador intercultural del Consultorio de Ercilla, dió cuenta de la situación de vulneración en sus derechos de 11 niños de la comunidad, producto de los constantes allanamientos policiales y otras acciones de amedrentamiento llevadas a cabo en dicha zona por efectivos de Fuerzas Especiales y agentes de la PDI, quienes actuaban al amparo de la Ley Antiterrorista aplicada por el entonces presidente Ricardo Lagos.

Según señalan los autores del Informe, el grupo específico de niños con los que se llevó a cabo el diagnóstico correspondió a integrantes de cinco familias afectados por la represión policial en dicha zona de conflicto territorial. A través de los testimonios de los propios menores afectados, obtenidos a través de sesiones de entrevistas y trabajos de grupo, los especialistas fueron armando las piezas de un verdadero puzzle de terror, dando cuenta de una historia de atropellos que hasta la fecha se ha mantenido inalterable para muchas familias. Allanamientos nocturnos, golpizas, amenazas y arrestos extrajudiciales; menores apuntados por el frio metal de una subametralladora; niños observando aterrados, a altas horas de la noche, el violento ingreso de hombres uniformados en sus casas. La cara oculta de un conflicto que lleva a los profesionales del Servicio de Salud encargados del Informe a un diagnostico inequívoco.

“Es por lo anterior, por las situaciones a las cuales han sido expuestos y la sintomatología mostrada, que puede decirse que la violencia sufrida tanto por los niños/as como los otros integrantes de la Comunidad José Guiñon, emerge entonces como una seria violación de los derechos humanos que revoca la dignidad, la igualdad, la autonomía y el bienestar tanto físico como emocional de quienes la viven”. “A los niños les han amenazado, golpeado contra el suelo y la pared, dado culatazos con armas de fuego y les han hecho presenciar fuertes escenas en que sus padres, cuidadores o familiares son agredidos física y psicológicamente por efectivos policiales”, señala el Informe, dando cuenta de diversos testimonios entregados por los propios menores víctimas del accionar policial y que grafican un escenario de terror que - concluyen los profesionales - “los marcará por el resto de sus vidas”.

Tortura en cárceles


En el caso del Pueblo Mapuche, otro sector que es víctima recurrente de tortura lo constituyen los presos políticos. El 26 de junio pasado, día en que la Presidenta Bachelet decretaba el Día Nacional Contra la Tortura, representantes de la Comisión Ética contra la Tortura (CECT) entregaban en La Moneda los resultados de su Segundo Informe de Derechos Humanos. El Informe no solo contenía las deudas pendientes del Estado Chileno sobre la tortura ejercida en tiempos de dictadura, sino también un capítulo completo centrado en la situación mapuche. “En los últimos años, excepto el asesinato del trabajador forestal, Rodrigo Cisternas de 26 años, todas las demás personas afectadas gravemente en sus derechos humanos son mapuches”, señala el Informe.

“Matías Catrileo, asesinado por la espalda por Carabineros de Chile. Johny Cariqueo, muerto luego que Carabineros de Pudahuel lo torturara. José Huenante, de 16 años, detenido por Carabineros de Chile en el 2005, desaparecido desde entonces. Miguel Tapia Huenulef, detenido por Carabineros del GOPE, que en un número superior a 30 efectivos, allanaron violentamente su domicilio en Santiago, reduciendo mediante golpes a todos sus moradores. En la zona de la Araucanía, los niños en las escuelas son interrogados por efectivos policiales para ubicar a sus padres que tienen órdenes de arresto. El secuestro, en el 2003, de Daniela Ñancupil de sólo 12 años, hija del lonko de Nalcahue, por parte de civiles quienes portando armas y equipos de comunicación la retuvieron amenazándola de muerte, golpeándola e interrogándola sobre su familia y dirigentes mapuches; Patricio Queipul Millanao, de 13 años, en diciembre 2008 secuestrado por la PDI en la comunidad autónoma de Temucuicui”... Y la lista continñua.

“El volumen de la información recabada nos hace consagrar un espacio especial a la represión que aqueja a nuestros hermanos del Pueblo Mapuche, los montajes judiciales y actos de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes que aún practica la policía chilena en contra de ellos, dejan traslucir la existencia de un sistema de justicia arbitrario y altamente discriminatorio hacia esta etnia y por la que claman diversas instancias internacionales, incluido el Comité Contra la Tortura de la ONU”, señaló la entidad, prestando luego especial atención a la situación que atraviesan los presos políticos. A juicio de la entidad, todos ellos serían víctimas de la lógica de la “guerra preventiva, que divide al mundo en enemigos y amigos”. “En las filas de los 'enemigos', para el Estado chileno parecen estar los jóvenes que expresan su descontento por la ausencia de perspectivas de futuro; los estudiantes que denuncian la mercantilización de la educación; los trabajadores que luchan por salario digno y sobre todo, los mapuches que exigen recuperar sus tierras ancestrales”, sentencia el Informe.
 

 

* Publicado originalmente en Revista Punto Final / www.puntofinal.cl 
 

 

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