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  CRONICA

   

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El pequeño dormía en brazos de su madre

Más allá de ceremonias cargadas de significado, más allá de marchas por la liberación del País Mapuche, que no se nos olvide este pequeño que nos enfrenta con su mirada, que nos llama en su dormir infantil a no olvidar, a no dejarnos estar y no solamente por él, sino por los Leliantü, las Amankay, los Mawlikan, los Nawel, las Ayün Rayen, las Ayen Malen, las Ayelen, las Liwen… tantos nombres de niños y niñas que nos interpelan como sociedad.

JAQUELINE CANIGUAN* -  17 / 08 / 09


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GENTILEZA DEPREDA GRAFICA.

 

 

El pequeño dormía en los brazos de su joven madre. El sonido de los kultrung, las trutruka y los kull-kull, parecían adormecerlo y relatarle el momento que estaba viviendo. Caminaba la mujer sosteniendo con ternura y esfuerzo al pequeño hijo de Mendoza Kollío resguardada por su familia y los miles de mapuche que acompañábamos al weichafe, a aquel que ha caído luchando. Cayó bajo una bala que atravesó no sólo su cuerpo sino su sueño de cambiar una historia de pobreza, de exclusión e injusticia. Y hoy, queda una joven mujer, originaria del Budi, sin su compañero y un pequeño sin un padre que continúe los juegos y los abrazos.

A la entrada de la casa de la familia Mendoza-Kollio, éramos recibidos según el protocolo mapuche por el padre del weichafe, quien con cada delegación o familia, realizaba un pentukun, pentukun cargado de profunda tristeza, donde aludía al dolor que atravesaba su alma, el de la tierra, de nuestros espíritus, de todos nosotros. “Weñagkülen!”, decía una vez luego de los saludos protocolares, para luego decir que el apoyo, la compañía que en eso momento se brindaba, era también una fortaleza para seguir caminando, para seguir avanzando, para mantenernos en nuestras ansias de justicia y libertad. Para seguir luchando.

La lluvia cayó con fuerza en medio de los miles que oíamos la despedida que los longko daban al weichafe. Las voces surgían con mayor fuerza y nitidez en medio de los continuos afafan, los kull-kull, trutruka y kultrung. Una y otra vez oímos hablarnos de la fuerza, la esperanza, la lucha. Y se sucedían una y otra vez los saludos, las bienvenidas y reflexiones que desde Chiloé, Puerto Montt, Tolten, El Budi, Arauco, Cañete… llegaron hasta la tierra de Rekem Pillan, para estar, para oír, para continuar, para seguir existiendo como Pueblo, como Nación, como Territorio. Allí estábamos.

Los caballos alineados perfectamente, montados por la juventud y su fuerza que emana desde la tierra misma, que busca transformar una sociedad que no es capaz de verse en su diversidad, de verse en el color de la tierra. Jóvenes weichafe, cuyos corazones fluyen energía, acompañaron a Mendoza Kollío rumbo a la madre tierra donde sería depositado su cuerpo. Los wiño (chuecas) chocaban con fuerza sobre el féretro, confundidos sus sonidos con los afafan de fuerza, de lucha que surgían de todas las voces que allí caminaban. Un pueblo caminando más que nunca unido, pensando en el momento que se vive, pero sobretodo imaginando el futuro. El tiempo que se viene, donde nuestros niños, niñas, jóvenes son los protagonistas, luchadores que quieren transformar esta sociedad que se nos presenta tan inhumana, tan estrecha en sus definiciones, en sus actuares. Donde la mentira de la información parece primar.

Durante cuatro días han estado allí a veces en silencio, a veces con lágrimas y llanto surgiendo entre el dolor y la impotencia. Porque, hay un pueblo que sufre y siente la agresión del Estado Chileno en el cuerpo de este weichafe, pero no debemos olvidarnos de esta familia que ha sido destruida. Se han arrancado sus ilusiones, se han quebrado violentamente sus sueños. Nuestra responsabilidad como pueblo es también no olvidarnos de los que quedan. Quienes deben enfrentar en carne propia las dificultades que implica en una sociedad como la chilena, la vida de una madre y un pequeño sin un sostén familiar, las carencias que se vienen, la desesperanza que muchas veces les acometerá.

Más allá de ceremonias cargadas de significado, más allá de marchas por la liberación del País Mapuche, que no se nos olvide este pequeño que nos enfrenta con su mirada, que nos llama en su dormir infantil a no olvidar, a no dejarnos estar y no solamente por él, sino por los Leliantü, las Amankay, los Mawlikan, los Nawel, las Ayün Rayen, las Ayen Malen, las Ayelen, las Liwen… tantos nombres de niños y niñas que van poblando nuestro País Mapuche y que nos interpelan como sociedad viva, pero que también están poniéndose al frente para exigir a toda la sociedad que puebla estas tierras a mirarse, a repensarse y por sobretodo a reconstruirse. Y el pequeño despierta en medio de miles de personas que acompañan a su padre. Sus ojos negros y profundos, calmados e inquietos van de un lado a otro y se abrazan aún más a su madre que avanza en medio del barro y las piedras que cubren el camino.
 

* Su autora es linguista y poeta. Miembro del Equipo del Periodico Azkintuwe.

 

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