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FOTO DE AGENCIAS. |
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Una
semana atrás celebrábamos el triunfo de Pepe Mujica en
Uruguay. Hoy tenemos renovadas –y también más profundas–
razones para festejar la notable victoria de Evo
Morales. Tal como lo señalara el analista político
boliviano Hugo Moldiz Mercado, el rotundo veredicto de
las urnas marca al menos tres hitos importantísimos en
la historia de Bolivia: (a) es el primer presidente
democráticamente reelecto en dos términos sucesivos; (b)
es el primero, además, en mejorar el porcentaje de votos
con que fue electo la primera vez (53,7 por ciento), y
(c) es el primero en obtener una abrumadora
representación en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Además, cuando salgan los escrutinios definitivos –no
disponibles al momento de escribir estas líneas– tal vez
haya concretado la obtención de los dos tercios en el
Senado, lo que le permitiría nombrar autoridades
judiciales y aplicar la nueva Constitución sin
oposición.
Todo esto convierte a Evo Morales,
desde el punto de vista institucional, en el presidente más poderoso en
la convulsionada historia de Bolivia. Obviamente, esto no le va a
impedir al Departamento de Estado reiterar sus conocidas críticas acerca
de la “defectuosa calidad institucional” de la democracia boliviana, el
“populismo” de Evo y la necesidad de mejorar el funcionamiento político
del país para garantizar la voluntad popular, como por ejemplo se hace
en Colombia, donde unos 70 parlamentarios del uribismo han sido
investigados por la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía por sus
supuestos vínculos con los paramilitares, y 30 de ellos enviados a la
cárcel con sentencia firme por ese motivo.
El desempeño electoral del líder boliviano es impresionante: triunfo
arrollador en la convocatoria de la Asamblea Constituyente, julio del
2006, que sentaría las bases institucionales del futuro Estado
Plurinacional; otra aplastante victoria en agosto del 2008 (67 por
ciento) en el Referendo Revocatorio forzado por el Senado, controlado
por la oposición, con el abierto propósito de derrocarlo; en enero de
2009 el 62 por ciento de los votantes aprobó la nueva Constitución
Política del Estado. ¿Qué hay detrás de esta impresionante máquina de
ganar elecciones, indestructible pese al desgaste de cuatro años de
gestión, los obstáculos interpuestos por la Corte Nacional Electoral, la
hostilidad de Estados Unidos, campañas de desabastecimiento, intentonas
de golpes de Estado, amenazas separatistas y planes de magnicidio?
Lo que hay es un gobierno que ha cumplido con sus promesas electorales y
que, por eso mismo, desarrolló una activa política social: Bono Juancito
Pinto, que llega a más de un millón de niños; Renta Dignidad, un
programa universal para todos los bolivianos mayores de 60 años que
carezcan de otra fuente de ingresos; Bono Juana Azurduy, para las
mujeres embarazadas; que erradicó el analfabetismo aplicando la
metodología cubana del programa Yo Sí Puedo, que permitió alfabetizar a
más de un millón y medio de personas, por lo que el 20 de diciembre de
2008 la Unesco (no los partidarios de Evo) declaró a ese país territorio
libre de analfabetismo. El solidario internacionalismo de Cuba y
Venezuela también permitió la construcción de numerosos hospitales y
centros médicos, a la vez que miles de personas recuperaron la vista
gracias a la Operación Milagro.
Importantes avances se registraron
también en materia de reforma agraria, la recuperación de las riquezas
básicas (hidrocarburos) y el manejo de la macroeconomía, lo que le ha
permitido a Bolivia, por primera vez en la historia, contar con
importantes reservas estimadas en 10.000 millones de dólares y una
situación de bonanza fiscal que, unida a la colaboración de Venezuela en
el marco del ALBA, le permitió a Morales realizar numerosas obras de
infraestructura en los municipios y financiar su ambiciosa agenda
social. Por supuesto, quedan muchas asignaturas pendientes. Pero todo lo
anterior sumado a la permanente preocupación de Evo por concientizar,
movilizar, organizar a su base social –haciendo a un lado los
desprestigiados aparatos burocráticos que, al igual que en la Argentina,
no movilizan a nadie– hizo posible su rotundo triunfo. Convendría tomar
nota de esta lección.
* Politólogo.
* Gentileza
www.pagina12.com.ar
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