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FOTO DE AGENCIAS. |
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En
la ciudad de La Paz la diferencia entre ser rico y ser
pobre se mide también en grados centígrados. En la
acomodada Zona Sur, donde se encuentran los barrios de
la clase media alta y la no tan media, no sólo hay autos
más elegantes y chalets, spas y grandes tiendas de ropa
importada, sino que además hace entre 5 y 7 grados más
que en el centro de la ciudad, o en las laderas, donde
se apiñan los pobres. En comparación con la vecina
ciudad de El Alto, auténtico bastión indígena donde el
apoyo a Evo es apabullante, el termómetro amplía su
diferencia hasta los 10 o 12 grados de media durante la
mayor parte del año. El clima es una de las pocas cosas
que el primer gobierno de Evo no pudo cambiar en estos
cuatro últimos años.
Tantos cambios, como no podía ser de otro modo, generan
resistencias en algunos. “Los indios se han vuelto
arrogantes”, se quejan las señoras elegantes del sur,
que lamentan la desaparición de “las caseritas”, el
nombre entre despectivo y paternalista con el que se
dirigían, y aun se dirigen, en los mercados a las
mujeres indias que pasan largas horas vendiendo a la
intemperie en sus puestos en los que se puede encontrar
desde frutas y verduras a películas pirateadas,
refrescos, periódicos y alfajores argentinos con la
fecha de vencimiento ya muy superada.
“‘¿Qué hace usted con los indios?’, es la crítica que me
han hecho desde que decidí aceptar la candidatura”
contaba ayer a Página/12 antes de votar la candidata a
senadora del MAS por el departamento de La Paz y ex
defensora del Pueblo, Ana María Romero del Campero. “El
racismo es una reacción lógica a la pérdida de poder”,
afirma el filósofo y catedrático de la Universidad
paceña Luis Tapia. En una ciudad como La Paz, donde la
burocracia estatal es más importante que la economía
privada, todo el mundo en la Zona Sur estaba
acostumbrado a que ante cualquier problema recurrían a
sus amigos en el poder y éstos se lo resolvían en un
abrir y cerrar de ojos. Ahora eso se ha acabado. Los
ministerios, el Parlamento y el Palacio Quemado, sede
del gobierno, están ocupados por gente que nunca antes
había formado parte del Estado y eso causa un gran
estrés en el sur de la ciudad.
La política redistributiva expresada en los bonos a
sectores históricamente olvidados y el intento de crear
un incipiente “Estado de Bienestar” pero sin abandonar
el capitalismo es contestado con virulencia por una
aristocracia política que gobernó bajo el signo del más
puro liberalismo durante el último cuarto de siglo,
cerrando ojos y oídos a la extrema pobreza que iba
dejando a su paso la aplicación de los planes económicos
dictados por los organismos internacionales y la
embajada norteamericana. La clase media paceña, esa que
más que media parece baja si se la compara con la de las
grandes capitales europeas, y que puebla los barrios del
centro de la ciudad, Miraflores, Sopocachi, Obrajes, se
ha volcado masivamente con el gobierno. El MAS, para
disgusto de los movimientos sociales que son su base
electoral dura, ofreció muchas candidaturas a
representantes de la clase media para ganarse su favor
y, a juzgar por los resultados, logró consolidar la
alianza que tanto necesitaba para ganar estas
elecciones.
Ese movimiento hacia el centro político le terminó
granjeando algunas reacciones de racismo de signo
inverso entre los indígenas del campo, aymaras o
quechuas de pura cepa, que se quejan del supuesto
“entorno blancoide” que rodea al presidente, protestan
porque Evo no ha puesto en práctica las leyes que ellos
esperaban para apoyar la economía comunitaria y
anticapitalista que practican. Sin embargo, estos
críticos lo han votado a Evo porque “¡los neoliberales
no pueden volver, joven!”. “Este es un presidente
digno”, afirman después de haberlo criticado. “Mire
usted cómo le ha plantado cara a los Estados Unidos.
Nunca antes que él un presidente había mandado a callar
al embajador americano como lo hizo el Evo.”
Los contundentes resultados de ayer dejarán
probablemente sumidas en el espanto a las señoras de la
Zona Sur, contentos a los que viven en las humildes
laderas paceñas, eufóricos a los habitantes de El Alto,
la ciudad de donde surgió, en octubre de 2003, la
revuelta que acabó con el gobierno neoliberal de Gonzalo
Sánchez de Lozada. Ninguno de ellos sabe a ciencia
cierta hacia dónde irá Evo con tanta cantidad de votos.
Aunque todos perciben que el país en el que viven poco
tiene que ver con el que existía antes de 2005, cuando
Evo ganó sus primeras elecciones. El clima, no hay
ninguna duda, ha cambiado. Aunque los pobres sigan
viviendo en las alturas frías y los ricos en el cálido
sur.
* Gentileza
www.pagina12.com.ar
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