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Angostura: La hidroeléctrica que
vuelve a despertar al Bío Bío |
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Primero fue Pangue, luego Ralco y ahora Angostura. Colbún
planea construir la tercera represa del río Bío Bío, con una
inversión de US$ 500 millones, la que amenaza con inundar dos
sectores de Santa Bárbara y Quilaco. Los opositores hasta
ficharon a las hermanas Quintremán, símbolo de la férrea
oposición a Ralco, para demostrar que la hidroeléctrica estará
emplazada en territorio pehuenche. Un reportaje especial del
Centro de Investigaciones Periodísticas (CIPER). |
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Por
Francisca SKOKNIC* / Miércoles 10 de Diciembre
de 2008 |
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Vista del
rio Huequecura. |
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Foto de Archivo. |
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SANTA BARBARA /
Samuel Rubilar
prefiere no acordarse de cuántos años tiene, pero cree que ya es tiempo
de jubilarse. Vive de sus ovejas y hace más de una década que no tiene
patrón. Lo tuvo durante los cuarenta años en que fue inquilino de un
fundo en el alto Bío Bío. El trabajo lo heredó de su padre y terminó
cuando Endesa construyó la central hidroeléctrica Pangue. Entonces,
firmó un documento que le pasó la empresa y que le leyeron, porque él no
sabe hacerlo, y emigró río abajo, cerca de Santa Bárbara, a un sector
llamado Los Notros.
Dice que lo bueno es que desde entonces ya no depende de los antojos de
un patrón y tiene su tierra. Junto a nueve hermanos comparte la
propiedad de cuatro hectáreas y una casa de madera que les dio en
compensación Endesa. Lo malo: antes tenían agua gratis y ahora apenas
les alcanza para regar una huerta y algunos árboles frutales. Tampoco
hay leña. Y ahora -cuenta-, tendrá que sacar los frutales que ha
plantado y llevárselos, porque se construirá una represa que nuevamente
inundará justo el lugar donde vive. Samuel está convencido de que la
central hidroeléctrica se hará sí o sí, como asegura que se lo ha dicho
el representante de Colbún en tres reuniones. -A ése le creo yo
-reafirma Rubilar, un hombre de pocas palabras.
Lo cierto es que el proyecto se llama Angostura, contempla una inversión
de US$ 500 millones para producir 316 MW de energía, equivalentes al
3,7% del sistema interconectado central (SIC), que entrega electricidad
de Tal Tal a Chiloé. Su estudio de impacto ambiental fue presentado el 2
de septiembre pasado y está en los últimos días de la etapa de
participación ciudadana. Eso significa que las autoridades todavía no lo
autorizan. Lo que sí se sabe es que el estudio ha recibido 210
observaciones de los servicios públicos.
Si Angostura se aprueba, 126 personas deberían ser relocalizadas de las
cuales, según el catastro hecho por Colbún, 75% vive bajo la línea de la
pobreza y tiene escaso nivel educacional. Como Samuel Rubilar, muchos no
saben siquiera leer. Y pese a la cercanía con las dos centrales ubicadas
río arriba, el 21% no tiene luz eléctrica.

El
proyecto se llama Angostura, contempla una inversión de US$
500 millones para producir 316 MW de energía, equivalentes al
3,7% del sistema interconectado central (SIC), que entrega
electricidad de Tal Tal a Chiloé. Su estudio de impacto
ambiental fue presentado el 2 de septiembre pasado y está en
los últimos días de la etapa de participación ciudadana. |
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Sería el tercer
embalse en intervenir el curso del río Bio Bio, luego de la construcción
de Pangue y Ralco. El potencial hidroeléctrico de la cuenca fue
estudiado en los años 60 por Endesa –entonces empresa pública–, que
determinó que podían construirse allí seis centrales. El bosquejo estaba
hecho, pero comenzó a ejecutarse recién en los ‘90, con la compañía ya
privatizada. Y pese a conocerse la posible ubicación de los futuros
embalses, Endesa relocalizó en Los Notros a cinco familias –entre ellas
la de Samuel Rubilar- a terrenos que podrían ser inundados.
Esta historia y sobre todo la traumática experiencia de la construcción
de Ralco, es lo que hace más complejo el avance de Angostura. A esto se
suman los conflictos de cada uno de los proyectos eléctricos que se
tramitan actualmente: en todas partes la ciudadanía se organiza
rápidamente para rechazar los impactos negativos que podrían ocasionar
en sus vidas. Y ello pese a las evidentes restricciones energéticas que
ha vivido el país en los últimos años. Angostura no es la excepción.
Ralco, la central hidroeléctrica más grande construida hasta ahora en
Chile, marcó un hito. No sólo porque fue la primera en someterse
–voluntariamente- a un estudio de impacto ambiental, sino por la dura
resistencia de los pehuenches afectados por la inundación. Están en la
retina de todo el país las manifestaciones, la oposición de activistas
extranjeros y el desgaste que significó para el gobierno de Eduardo
Frei, quien respaldó firmemente el proyecto. El rechazo en la zona
recrudeció el 2006, cuando debido a un temporal inusualmente intenso,
Ralco abrió sus compuertas. Una enorme crecida dejó serias inundaciones
río abajo. Se dice que habría pasado lo mismo sin la central, pero
quienes viven en la ribera no piensan lo mismo.
“El proyecto Angostura no tiene nada de extraordinario; y en términos
ambientales es bastante predecible. El tema es la localización: se va a
instalar en una zona que viene saliendo del terrible conflicto de Ralco
y que le cambió la vida a la gente para bien o para mal”, reconoce el
director regional de la Conama, Bolívar Ruiz. Si bien se excusa de
emitir juicios para no inhabilitarse en la votación del estudio de
impacto ambiental, reconoce otra de las complejidades: “Hay que vivir
todos los días ahí para darse cuenta que el susto es comprensible. Vivir
al lado de una represa, sobre todo aguas abajo, no debe ser ningún
chiste”.
Comparativamente, la capacidad del embalse de Angostura sería la mitad
de la de Pangue y doce veces menor que la de Ralco. A diferencia de
ambas, no se ubicaría en el alto Bío Bío, sino aguas abajo, inundando
zonas de las comunas de Santa Bárbara y Quilaco. Rápidamente surgieron
movimientos opositores: Aguas Libres y Huequecura Libre, que lleva el
nombre de un afluente del Bio Bio en cuya confluencia se ubicaría el
proyecto.
El regreso de las
ñañas
Los
activistas viajaron la semana pasada a Santiago a reunirse con la
ministra de Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte. Vinieron acompañados de
Berta y Nicolasa Quintremán, las famosas “Ñañas” que obstaculizaron
hasta último minuto la construcción de Ralco. Ambas viven a kilómetros
de distancia del emplazamiento que tendría Angostura y su presencia
buscaba reforzar el punto emblemático de su nueva batalla: la central se
instalaría en territorio pehuenche.
Entre bocinazos y
ronroneo de motores, el inconfundible sonido de una “trutruca” rompía
los esquemas sonoros del centro capitalino. Un grupo de dirigentes
mapuches que caminaba desde calle Compañía por Teatinos, acaparó todas
las miradas de los cientos de personas que transitaban por el lugar al
mediodía. “Fue Ralco, Pangue y ahora Angostura, el nuevo proyecto de
Colbún”. Ese fue el slogan estampado en un lienzo abierto de par en par
frente a las oficinas de la CONAMA, acompañado de cantos y otras
pancartas en contra de la hidroeléctrica. En el grupo destacaban las
hermanas Berta y Nicolasa Quintremán, símbolo de la lucha contra la
construcción de Ralco.
Una hora y media duró la reunión entre los representantes de las
comunidades afectadas y la ministra de Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte,
a quien le insistieron en los daños que la tercera represa de Colbún
generará al pueblo mapuche. “No hay ningún proyecto pre aprobado ni pre
rechazado”, les respondió la minista. -Yo no sé si tú estarías de
acuerdo a negociar a tu madre o tu padre por una empresa –afirmó tajante
el dirigente mapuche Ricardo Inalef al concluir la reunión.
Y todo volvió a su punto cero. Porque el encuentro ministerial aumentó
la indignación de una de las hermanas Quintreman: “Yo no quiero que
hagan la represa allá de nuevo. Ese camino es mío, así que no tienen por
qué hacerle daño nuevamente. La tierra no tiene precio. Que se lleven su
“hueá” a donde viven ellos”, señaló la “Ñaña”, quien dio así por cerrado
el capítulo en la CONAMA.
El factor indígena
José María Pereira es alto, moreno y tiene el pelo largo amarrado en un
moño. Su figura recuerda a los indígenas norteamericanos de las
películas de vaqueros, pero es un werkén de Trapa Trapa, comunidad de
Alto Bio Bio, donde fue candidato a concejal. Cuenta que su abuelo se
apellidaba Llancao, hasta que la familia Pereira, de la que era
apatronado, le cambió el nombre y hasta le tatuó una P.
El padre de José María es lonco y le “conversó” todo lo que tenía que
saber de sus antepasados. Ahora él enseña la cultura y lengua pehuenche
a los activistas anti Angostura, en su mayoría huincas. Porque el factor
indígena es clave en la estrategia contra la represa. Uno de los
principales argumentos es que justo a un lado de donde estaría el
embalse hay un Kuel o pirámide mapuche que -según Pereira- tarda unos
doscientos años en levantarse.
- Ahí está la doctrina de la medicina mapuche. Ahí está enterrado el
conocimiento de los sabios. Están enterrados todos los tratados que se
hicieron a través de los werkenes. Todos los loncos y sus conocimientos
para que el mundo mapuche, hoy día pehuenche, pueda volver a tener la
fuerza y puedan hacer ceremonias en ese lugar. Es muy simbólico -asegura
Pereira.
A simple vista el Cerro Calvario parece un cerro más, un poco más
puntiagudo y aislado que el resto. Para subirlo hay que penetrar un
frondoso bosque de pinos de la forestal Mininco, propiedad del Grupo
Matte, al igual que Colbún. Su acceso está abierto pues en la cima hay
una figura de San Sebastián. Velas y flores de papel dan cuenta de que
es un popular sitio de peregrinación católica. Según se aprecia en las
fotos de la década pasada, antes de las plantaciones no tenía ninguna
vegetación, lo que contrastaba con el verde del entorno.
El arqueólogo canadiense Tom Dillehay, famoso por haber descubierto
Monte Verde, el asentamiento más antiguo de América, también ha
estudiado los Kuel. Cuando a comienzos de año estuvo en la zona,
ratificó que se trata de una construcción indígena: un lugar sagrado.

A simple
vista el Cerro Calvario parece un cerro más, un poco más
puntiagudo y aislado que el resto. Para subirlo hay que
penetrar un frondoso bosque de pinos de la forestal Mininco,
propiedad del Grupo Matte, al igual que Colbún. Su acceso está
abierto pues en la cima hay una figura de San Sebastián.
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Para Colbún, es un
cerro más. Reconocen el prestigio de Dillehay, pero dicen que sólo
observó el lugar, en cambio ellos hicieron prospecciones arqueológicas y
no encontraron nada. Según sus estudios, no se trata de una construcción
humana. “Lo primero que resultó raro es que si medías los 450 metros (de
base) por 50 metros de altura, resultaba que era un volumen mayor que
las pirámides de Egipto. Si analizas el punto de vista geológico, te das
cuenta de que la formación es natural y la roca aflora bastante rápido”,
dice Leonardo Díaz, gerente del proyecto Angostura.
-Independientemente de que pueda o no arrojar antecedentes
arqueológicos, tiene significación cultural en un contexto más amplio,
asociado a sitios donde se han celebrado ceremoniales. Las comunidades
tienen el deber de velar por su patrimonio -replica Fernando Sagredo, de
la Corporación Nacional Indígena (CONADI) de la Octava Región.
Por eso la CONADI quiere que Colbún aclare de qué forma se verían
afectados los accesos a Cerro Calvario con la inundación. De acuerdo a
los relatos recogidos por Sagredo, aun si no fuera Kuel, en su cima hay
sepulturas que se hicieron luego de una peste que azotó antiguamente la
zona, lo que también debe ser considerado.
-Ya pasó en el Alto Bio Bio que en los primeros estudios no se consideró
a las comunidades indígenas. Con esos precedentes, estas cosas no pueden
volver a ocurrir -advierte el antropólogo.
Como sea, en el área afectada hay mucha menor presencia indígena que en
el Alto Bio Bio. La información de Colbún indica que entre los 126
posibles relocalizados hay 30 que se reconocen como indígenas, pero no
existen tierras legalmente reconocidas como propiedad de una etnia.
Igual, la CONADI recomendó que en el proceso de participación ciudadana
se considere la opinión de las dos comunidades indígenas de Santa
Bárbara legalmente reconocidas.
La insistencia de la CONADI no es simbólica. En 2004, debido a un
litigio internacional por la construcción de Ralco, el Estado chileno
firmó una serie de compromisos ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) entre los que estaba no volver a hacer represas
en tierras indígenas del alto Bío Bío. Por eso ahora es clave determinar
si Angostura se emplazaría en una zona que califica como tal.
Para Colbún, ese compromiso sólo rige para la comuna de Alto Bío Bío y
no para Santa Bárbara y Quilaco. En su estudio de impacto ambiental, la
empresa sólo detectó seis sitios arqueológicos que corresponden a
“campamentos de carácter habitacional”, donde hay materiales líticos y
cerámicos de una época indeterminada.
La semana pasada, el gerente general de Colbún, Bernardo Larraín Matte,
se reunió con inversionistas. Y según el diario La Segunda, dijo que
“este proyecto no afecta directamente tierras indígenas, pero genera
movimientos de esa índole. Tenemos confianza que se va a aprobar y podrá
comenzar a operar a fines de 2009”. Matte recalcó que las 210
observaciones hechas por los servicios “son hartas menos” que las que
tuvo Hidroaysén, proyecto en el que la empresa participa junto a Endesa.
Larraín es hijo de Patricia Matte y sobrino de Bernardo y Eliodoro,
quien tiene un fundo en la zona (VER RECUADRO 1). De acuerdo al último
ránking de la revista Forbes, la familia Matte constituye el segundo
grupo económico más rico de Chile después de los Luksic, con patrimonio
de US$ 7.900 millones.
Resignación y
lucha
Por
ahora, lo que está en ejecución es un plan de participación ciudadana
temprana desarrollado por Colbún. Casi un año antes de presentar el
estudio de impacto ambiental iniciaron las negociaciones, hicieron
ofertas, compraron tierras e hicieron tours a los nuevos terrenos con
los posibles desplazados. También llevaron computadores portátiles con
fotos de las casas que planean construir para los relocalizados. Todo
ello para lograr acuerdos rápidos y minimizar el impacto en la
comunidad.
Pero el plan tiene detractores. Como Freddy Pérez, vocero del movimiento
Aguas Libres. Vive en Quilaco y tiene un cibercafé en Santa Bárbara, que
también es la oficina de Correos. Ha recorrido las casas de cada uno de
los afectados porque desconfía de la estrategia de la empresa:
-Nosotros caímos en el juego de enfrentar a Colbún en las primeras
reuniones ya que estas se transforman en información que ellos van
recopilando para ir mejorando el proyecto. La participación ciudadana no
favorece en nada a las comunidades que quieren proteger el lugar donde
viven- enfatiza Pérez
La mayoría de quienes verán inundadas sus casas habitan en el sector de
Los Notros. Allí también viven -en parcelas de entre 3 y 5 hectáreas y
casas de madera que les dio Endesa- los que ya fueron relocalizados a
causa de Pangue. Son vecinos pero el contacto es escaso. Cada uno ha
negociado por separado con Colbún y mientras algunos prefieren esa
fórmula porque sienten desconfianza de compartir información, otros
creen que deberían unirse.
René Renato Flores es uno de los que está decidido a aceptar la
propuesta de la empresa. Como muchos, era inquilino en Pangue y su
patrón, cuando negoció la venta de su fundo, pidió que reubicaran a sus
trabajadores. A Flores le tocaron tres hectáreas con poca agua y heladas
asesinas para los cultivos; y una casa de madera. Dice que Endesa le
prometió muchas cosas que no cumplió. Por eso, ahora pretende exigir un
documento por escrito.
La oferta de Colbún es para él una oportunidad de progresar: un terreno
más grande, una casa mejor, acceso a abundante agua y a sólo 5
kilómetros de donde hoy vive. Su mujer, en cambio, ve el panorama más
negro. Juana Méndez Curriao convive con él pero no está casada y sólo ha
conseguido que Colbún le ofrezca un terreno de más de dos hectáreas para
ella y sus seis hijos.
-Lo que más me molesta es que nos van a sacar de nuevo. Imagínese, nos
trajeron de allá para acá a sabiendas que iban a hacer su represa y
ahora nos van a volver a sacar. Yo por lo menos estoy muy mal. Me da
pena. Todo se hace difícil al trasladarse de un lado a otro. A mi ya me
pasó cuando nos vinimos de Pangue. Y hoy día llorando todos los días…
todos los días -dice muy afligida la mujer de ascendencia pehuenche.
Un tema recurrente entre quienes serían desplazados son los árboles.
Como sus posesiones son mínimas, representan las raíces que han echado
en esas tierras y todo lo que han trabajado por obtener algún fruto.
Guillermo Salamanca sólo piensa en su parrón y en que tendrá que
reconstruir su casa para rechazar ser desplazado. Cuenta que ya fue
“perjudicado” por Pangue, desde donde lo echaron porque el terreno de su
patrón había sido comprado. Cree que negoció mal, poca tierra, una
casita y nada más, pero reconoce que al final fue bueno porque antes no
tenía nada. “Tendría que negociar mejor ahora”, concluye, aunque aún no
sabe si su tierra será inundada o no y está a la espera de los
representantes de Colbún.
Elba Flores es otra de las viudas de Pangue. Si bien no le tocará partir
esta vez, tiene miedo porque el embalse quedará junto a su casa. “No es
muy bueno, por si viene la hondura, como pasó hace dos años: pasó un río
por aquí, sacó los puentes, los canales y pasó toda el agua por aquí. El
agua llego hasta la cocina”, dice preocupada.
Su vecina Alba Navarrete nació y creció en Los Notros. Dice que el
embalse llegará a doscientos metros de sus tierras y está atemorizada
del cambio que se viene. “Nosotros no hemos sido considerados de ninguna
forma pese a que vamos a sufrir todos los cambios. Yo sí uso el rio:
para pescar, para bañarnos, salir a dar un paseo, recolectamos algunos
frutos. Entonces todo va a ser cambio. Somos una familia pobre y no sé
en qué se va a convertir este lugar monetariamente”, dice acongojada.
Otra que perderá el río es Laura Muñoz. Vive en la zona de Lo Nieve en
una casa de más de un siglo que heredó de sus suegros. Cuando enviudó
repartió el terreno entre sus hijos Joel y Pedro, quienes hace un par de
años decidieron cambiar la agricultura por el turismo. Desde entonces
viven de los dos campings que se llenan en el verano. Los pozones que se
arman a esa altura del río Huequecura son una de las grandes atracciones
de la zona. De hecho, después del miedo a las inundaciones, la pérdida
de este lugar es quizás la principal causa de oposición a la represa
entre los habitantes de Santa Bárbara.
-Sin río y sin agua, si es agua de pozo. Nosotros les dijimos que qué
íbamos a hacer ahí donde nos van a llevar y nos dijeron que podríamos
sembrar: se meten con INDAP, empastan, crían animales, dijeron, Están
ofreciendo una porquería por el terreno. Y si aquí no pagan lo que se
les pide van a pelear con nosotros -advierte.
Laura cuenta que llegaron con un computador y le mostraron distintos
tipos de casas, además de llevarla a visitar una parcela para tentarla.
Pero la idea no le gusta nada. Está convencida de que en sus tierras
tiene el futuro asegurado y trabajando sólo en verano.
Leonardo Díaz, de Colbún, afirma que en las negociaciones han tratado de
ofrecer compensaciones que no impliquen dinero en efectivo. Y ello
porque una de las lecciones de Ralco y Pangue es que hay gente que
recibió grandes montos y lo perdió todo rápidamente. La idea es
reemplazar la plata por transferencia de bienes y por la incorporación
en procesos productivos. Para eso contrataron a la empresa
norteamericana Tecnoservice, que se dedica a hacer proyectos de impacto
social en las áreas de turismo, agricultura, apicultura y ganadería, los
que serán financiados por Colbún.
-Queremos reproducir en forma igualitaria o mejor las condiciones de
vida que tenían antes del proyecto. Ese es el objetivo final de la
relocalización. Si logras que se sientan viviendo en una condición
similar a la que tenían antes y además mejoren su situación económica,
creo que esa es la medida del éxito, más allá de la cantidad de
hectáreas o el patrimonio -dice Díaz.
Díaz también rechaza un argumento que ha generado ruido en la zona: los
afectados desconfían de los negociadores de Colbún ya que los
identifican con los mismos que negociaron por Pangue. “Aquí hay un
estigma: Endesa, Colbún, al final para la gente es lo mismo, un tema con
el sector eléctrico”, concluye. Pero todos saben que será difícil
despejar el estigma.
Eliodoro Matte: El
vecino y su represa
“Matte, cuál es tu interés”, decía el cartel que un grupo de pehuenches
portaba el 6 de diciembre de 2006, al inaugurarse la plaza y el museo de
Villa Ralco, en la comuna de Alto Bio Bio. El diario La Nación publicó
entonces una nota titulada “Matte en Ralco, ¿Puntada sin Hilo?”, pues el
grupo Matte a través de su empresa CMPC, había cofinanciado los
proyectos junto a Endesa y el gobierno. Como el grupo es también el
controlador de Colbún, ya entonces los lugareños sospechaban que las
nuevas obras eran una forma de hacer lobby ante la comunidad para el
proyecto hidroeléctrico.

Matte
también ha donado otras cosas a la comunidad, pues se trata
del vecino más acaudalado de la zona. En el camino que une
Santa Bárbara con Alto Bio Bio una ordenada cerca de madera
blanca delimita el ingreso al fundo Aguas Blancas, que Matte
compró hace 14 años. Desde el camino se ven construcciones de
madera rojiza, con los marcos de las ventanas blancas.
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Según La Nación, en
ese momento Eliodoro Matte se rió de las suspicacias: “Esto no tiene
nada que ver. Colbún tiene unos derechos de agua en el río Huequecura,
pero no hay absolutamente nada. Solamente tiene los derechos de agua, al
igual que los tienen Endesa y otras empresas”. Diez meses más tarde
comenzaron las gestiones para la construcción de la central Angostura.
La revista El Sábado en un reportaje titulado “El Museo de Eliodoro
Matte”, informó que el empresario puso “muchos millones” de su bolsillo
para la plaza y el Museo, preocupándose personalmente de cada detalle. Y
se nota. Porque si bien la plaza –de formas geométricas, piedras y
pasto- puede ser objeto de una discusión estética, el Museo es pequeño
pero muy bien montado. Allí se exponen objetos prestados por pehuenches
de la zona y se relatan las costumbres y leyendas de los habitantes
históricos del Alto Bio Bio. Las explicaciones están a cargo de jóvenes
de comunidades vecinas. Afuera, una torre con un mirador ofrece una
vista privilegiada del encajonado valle.
Matte también ha donado otras cosas a la comunidad, pues se trata del
vecino más acaudalado de la zona. En el camino que une Santa Bárbara con
Alto Bio Bio una ordenada cerca de madera blanca delimita el ingreso al
fundo Aguas Blancas, que Matte compró hace 14 años. Desde el camino se
ven construcciones de madera rojiza, con los marcos de las ventanas
blancas y tejuelas de madera. En los alrededores pastan decenas de vacas
sobre un césped verde perfecto. Y a un costado de las casas se levantan
grandes caballerizas y vallas destinadas al salto ecuestre. Un lugareño
dice que es conocido por ser un buen patrón, pero se ríe a carcajadas al
contar que los más felices son los caballos ya que -según él- duermen en
colchones de pluma.
Ese es uno de los muchos mitos que rodean a Matte en el Alto Bío Bío. Se
dice incluso que pidió modificar el diseño del embalse de Angostura, que
hizo originalmente Endesa, para que no inundara su fundo y llegara justo
a los pies del terreno. Así tendría un embarcadero y podría navegar en
su yate. Un rumor que es totalmente desmentido por el encargado del
proyecto, quien dice que Angostura también inundará una parte del fundo
Aguas Blancas.
A comienzos de año la tranquilidad de la zona se alteró cuando justo
frente a la estancia, el pavimento amaneció rayado: “Matte estás muerto”
se leía. Nunca se supo quién lo hizo, pero los diarios locales hablaban
de que el segundo empresario más rico de Chile estaba siendo amenazado
de muerte e incluso uno de los opositores a la hidroeléctrica fue
llamado a declarar.
Eliodoro Matte siguió visitando la zona, pues es uno de sus lugares de
descanso favorito. Los vecinos dicen que suelen verlo en misa en Santa
Bárbara o Quilaco. Nadie entiende muy bien por qué elige esas iglesias,
si construyó su propia capilla en su fundo (en la foto superior). En el
serpenteante camino que lleva al Alto Bío Bío, ella emerge sobre una
colina verde /
AZ
* Periodista del CIPER /
www.ciperchile.cl
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