Miembro de la AGENCIA INTERNACIONAL DE PRENSA INDIGENA (AIPIN)

 

>> Añadir a favoritos

Hemeroteca I Buscar

INICIO

 l  última actualización 13:00 PM

 > 15.000 lectores on line por mes

Quiénes Somos     I     Reportajes     I      Entrevistas      I      Opinión     I     Edición Impresa    I      Publicaciones      I     Humor Gráfico      I      ARCHIVO     I     CONTACTO  


  OPINIÓN

   

internacional

Independencia de Groenlandia, ¿cuándo?

El pasado 25 de noviembre, Groenlandia decidió dar el penúltimo paso hacia su independencia de Dinamarca. Un 75% de los 57.000 habitantes de la mayor isla del mundo aprobaron una reforma de su Estatuto de Autonomía que les coloca en pie de igualdad con los ciudadanos de cualquier otro país y abre la puerta a su total separación de la metrópoli. José Marimán, cientista político que visitó la isla el año 2005, analiza para Azkintuwe los alcances de este proceso.

JOSÉ MARIMAN - DENVER, EE-UU - DICIEMBRE 2008


+ INTERNACIONAL

 
CONDENAN MATANZA EN SELVA PERUANA
Diversas organizaciones del Pueblo Mapuche solidarizaron con los indígenas de la Amazonia peruana (+)
TRANSELEC EN ALERTA
Hay preocupación por el rechazo que puede producir la línea de transmisión en la zona de la IX Región (+)
TRANSELEC EN ALERTA
Hay preocupación por el rechazo que puede producir la línea de transmisión en la zona de la IX Región (+)
POR ORDEN DEL GOBIERNO
Estos bloqueaban una carretera de la selva en protesta contra una serie de leyes dadas para implementar el TLC (+)

+ ARCHIVO DE NOTICIAS

 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO DE AGENCIAS.

 

 

Groenlandia o Kalaallit Nunaat tiene cosas curiosas, como que –a menos que se use la imaginación- no tiene mucho sentido una expresión del tipo “que el árbol no te deje ver el bosque” (viceversa), simplemente porque en la mayor parte de la isla, exceptuando pequeñas áreas en el sur, no hay árboles. La mayor parte del paisaje de Kalaallit Nunaat es solo rocas y hielo (86% hielo). Y las temperaturas promedio oscilan entre lo 10 grados celsius y los menos 40, lo que hace el paisaje variar entre desierto blanco (al norte) y tundra (al sur).

En mi visita al “país” el verano del 2005 (hemisferio norte), tampoco me hacía sentido la opinión de uno de sus diputados, quien aseguraba a una delegación extranjera de intelectuales indígenas que tenían todas las condiciones para autodeterminarse de Dinamarca ahora ¡ya!, bajo la forma de secesión (crear un nuevo Estado), pero no tenían la apetencia de hacerlo. ¿Por qué? Porque Kalaallit Nunaat depende de un subsidio que le entrega el gobierno de Dinamarca (588 millones de euros), que en tales circunstancias perderían.

Las consecuencias de ese hecho condenarían objetivamente a la población de la isla, a un retroceso en su estándar de vida (una pobreza profunda), a menos que pudieran hacer algo por remediarlo. Y eso es un asunto de tiempo. Entonces, el miedo al tercer mundo o a las consecuencias de la pobreza, los hacía ser políticamente cautos y progresivos en su demanda autodeterminista, en vez de azuzar discursos rupturistas del tipo todo o nada. ¿Real politik? En primera instancia me pareció un discurso oportunista (y no estoy condenándolo por ese hecho), como se los hice saber en su momento. Pero debo recocer que su pragmática narrativa política, apoyada en los hechos de su historia, no deja de ser a su vez fascinante.

Kalaallit Nunaat y Dinamarca

¿Cómo hacer un Estado independiente reivindicando a los inuit como el substrato cultural de Groenlandia? Si nos atenemos al hecho de que para la antropología política, los inuit fueron uno de los “pueblos” menos cercanos a formas centralizadas de vida política; cuesta creer el paso que están cercanos a dar hacia su independencia. La construcción del Estado implica por auto definición lo opuesto a “sociedad” descentralizada (bandas de familiares siguiendo animales de caza, según las condiciones espaciales y de tiempo atmosférico). ¿Cómo se explica este hecho político en el imaginario de las nuevas elites de Kalaallit Nunaat? Pues, sin profundizar tanto en el asunto, una posible respuesta es a través de un gran -y asumido- quiebre en la historia y la cultura de los inuit, operado hacia la segunda mitad del siglo XX en las nuevas generaciones.

Antes de esa fecha los contactos de los inuit con los escandinavos no parecen haber alterado sustancialmente su modus vivendi. Por ejemplo, de los primeros encuentros hacia el año 1000 d.c. no hay grandes impresiones. Los ancianos colonizadores escandinavos que se instalaron al sur y sur-oeste de la isla, y que desaparecieron de Kalaallit Nunaat hacia el siglo XIV, no parecen haber impactado las costumbres inuit de manera perceptible. Para el siglo XVI una nueva oleada de escandinavos estableció relaciones comerciales con los inuit, con mejores resultados al intercambiar préstamos culturales: armas por marfil, pieles y otros artefactos. Esa relación mercantil cambio en 1721, cuando con el soporte económico del reinado de Dinamarca, la primera expedición colonizadora arribó a la isla. Para fines de ese siglo una flota de barcos mantenía la isla totalmente conectada con la metrópolis, y con derechos a explotación del lugar y la población, que solo fueron modificados por la “Home Rule Law” a comienzos de los 1980s (siglo XX).

La historia para llegar al momento de la “Home Rule Law” o autonomía, habla de una emergente resistencia nativa al trato colonial durante el siglo XIX, que impulsó a las autoridades danesas a principios del siglo XX, a ceder poder a dos consejos inuit (sur y norte), alterando las primeras formas político administrativas de la colonización. Pero el cambio más radical a la modernidad de los inuit en todos los aspectos de su vida, se produjo posterior a la II Guerra Mundial, cuando se promovió insertar la isla y su gente, en el desarrollo común a todas las naciones occidentales (se les reconoció entonces la ciudadanía danesa, año 1953). El Estado danés se auto asignó la tarea de crear una infraestructura para la isla, que incluyera la educación y la salud de los pobladores, así como autorizó la creación de un consejo único, con la facultad de mandar representantes al gobierno de Dinamarca. Pero el nivel de crítica al, ahora, modificado colonialismo no se frenó.

Para los 1960s nuevas iniciativas danesas buscaron expandir el prometido pero esquivo desarrollo, como lo fue incrementar más el empleo, los negocios, la educación, la salud, y la vivienda. Todo ello tuvo un impacto enorme en la concentración de población en centros urbanos, en desmedro del despoblamiento de las pequeñas villas, desarraigo no fácil de asimilar para las generaciones inuit más antiguas (especialmente cuando asumió formas obligadas), acostumbradas a vivir en grupos pequeños de patriparientes. El inuit urbano que hoy conocemos, se impuso así en el paisaje humano de la isla. Y allí también se acunó el greenlander o mestizo (inuit-danés), que hoy juega un rol fundamental en la conducción del proceso político. Esas políticas, por lo demás, torpemente –u obedeciendo a un subconsciente de valores racistas de sus promotores- no dejaron de tener un ingrediente segregacionista, como el pago diferenciado de salarios para daneses e inuit (y educación separada), que originó finalmente un movimiento inuit independentista durante los años 1960s. Política que los daneses quisieron contrarrestar concediendo finalmente autonomía, bajo una formula cercana a la imaginada por los propios representantes de los inuit en 1971: “The Greenland Home Rule”.

En 1978 el parlamento de Dinamarca aprobó la “Home Rule Law” que sostiene la autonomía presente desde 1979. En esa autonomía la constitución danesa continuó siendo la ley suprema de Kalaallit Nunaat, mientras que a los habitantes de la isla les fue permitido la posibilidad de leyes propias, un parlamento local con 31 miembros (eligen, además, dos representantes al parlamento de Dinamarca), más un gobierno local. Todas esas instituciones políticas modernas operan en un marco democrático que incluye la competición de partidos políticos como de candidatos independientes. Pero ha sido una autonomía que no contemplaba atribuciones como el control de la administración de justicia, el control de la policía, el control de las relaciones internacionales, de las políticas de seguridad, y de la política monetaria reservada como competencia exclusiva del Estado de Dinamarca. Con todo lo positivo de conlleva esa autonomía, esa concesión no logró adormecer para siempre la utopia de la independencia, concebida bajo una forma que no guarda relación con el pasado político inuit.

Y en materia económica el quiebre tampoco parece ser menor. Con todo el frío que hace en Groenlandia, Kalaallit Nunaat no se congeló en formas ancianas de desarrollo económico. Por el contrario, el país se ha convertido en el mayor exportador mundial de camarones (52 mil toneladas anuales aproximadamente), y exportador importante de pescado, cangrejo, y centolla. La industria de la pesca va a la cabeza de su desarrollo nacional. Atrás quedaron las manifestaciones económicas de sobrevivencia de generaciones ancianas, como la caza de cetáceos, focas, ciervos, osos polares, bueyes almizcleros, y que hoy sólo se practican en forma regulada como deporte o ritual, pero sin fines comerciales fuera del contexto de la isla (caza de la foca o de la ballena, por ejemplo). Adelante luce la figura del inuit pescador industrial.

Y las nuevas costumbres no se limitan solo a ese campo. La presencia, por ejemplo, de una reducida pero ascendente actividad ganadera de ovinos, que ha venido desarrollándose desde hace un siglo, ha ampliado los gustos gourmet de los habitantes de Kalaallit Nunaat (carne destinada mayoritariamente al consumo interno, ya que dada sus limitaciones de tierra para tales efectos, no podrían competir con los grandes productores mundiales). La aparición de la ganadería ovina y de la agricultura de pastos para ese y otros ganados, ha terminado haciendo emerger entre los inuit, la figura del inuit granjero, totalmente atípica para un pueblo de pescadores, cazadores y recolectores esencialmente trashumantes, que se suma al emergente y mayoritario inuit urbano, pescador industrial, más profesionales y artesanos de todo tipo.

En Kalaallit Nunaat el transporte de mercancías internas y externas se hace hoy primariamente en barcos, y ya no más en pequeños kayak o trineos (estos últimos se rinden a las motos de nieve), lo que nos habla de un nuevo cambio cultural. Las compañías navieras pertenecen a inversionistas foráneos privados o estatales (la más importante entre tres es la “Royal Artic Line” de Dinamarca), que han conseguido permiso de operaciones al gobierno de la isla, luego que la autonomía les diera competencia en ese terreno (tributan hoy al gobierno de la isla). Hace unas décadas era impensable imaginar una flota propia (como lo es pensar en una red de carreteras, que pudieran desplazar el transporte marítimo basado en capitales forasteros, pues las condiciones del paisaje y climáticas no lo permiten), pero hoy el gobierno local se beneficia de los tributos comerciales de esas empresas, dinero que usa para asociarse con capitales propios en las mismas y en otros aspectos del desarrollo de la isla.

Otras mercaderías así como la población, se valen de la aeronáutica en temporada de verano. Líneas danesas o de capitales combinados, que tienen por centro de operaciones Dinamarca para vuelos internacionales (no hay vuelos directos entre la isla y otros países), y Narsarsuaq para transporte interno, conectan 10 aeropuertos locales construidos en el lapso de las últimas tres décadas. El gobierno de la isla participa con capitales propios en “Gronlandfly”, en asociación con SAS y gobierno de Dinamarca. Esto es, aunque aún se depende de compañías aéreas extranjeras, se avanza en dirección a contar a futuro con empresas propias de transporte.

Finalmente, las telecomunicaciones son otro elemento importante de la vida moderna en la isla (asociada al teléfono, la radio y la TV), que depende de técnicos y tecnología propia (TeleGreenland), como de convenios comerciales satelitales con compañías extranjeras. El uso de esas tecnologías también marca el quiebre entre la cultura del pasado y la del presente. En sus aspectos más simples esas tecnologías se asocian al uso de la electricidad (de generación propia), y que ha alterado las formas tradicionales de habitación de inuit: el iglú, la choza, o la tienda fácil de mover y transportar, que han sido cambiadas por viviendas modernas, y que incluyen servicios como baños interiores, luminosidad, y calefacción, etc. Esas viviendas son construidas con dineros del Estado y las rentas son recaudadas por el Estado, en un lugar donde si bien la construcción privada es permitida, el suelo es propiedad pública (no hay propiedad privada de la tierra en Kalaallit Nunaat, y cualquier explotación del suelo debe ser aprobada por autoridades locales sobre la base de la “House Rule Law”).

“Al pasito por la piedras”

Decía al comienzo que Kalaallit Nunaat depende aún de Dinamarca. Sin los subsidios al desarrollo de su metrópolis colonial (desde inversiones en infraestructura permanente para catapultar su propio desarrollo económico hasta comida o madera para sus casas que no producen en la isla), el país de los “inuit” tendría inevitablemente que buscar socios comerciales, que finalmente los harían sumirse en relaciones de dependencia aún más profundas de las que tienen con Dinamarca. El espectro de ser un nuevo Estado tercermundista, marcado por la pobreza que caracteriza a los países dependientes (que solo comercian materias primas casi sin valor agregado), no es un prospecto apreciado por las elites políticas de Groenlandia (al menos por quien nos explicaba la posición), que apuestan a ser un país más del primer mundo.

Actualmente, los 56.000 habitantes de Kalaallit Nunaat (agrupados en 18 pueblos y 59 villas ubicadas principalmente en el lado oeste de la isla), tienen un estándar de vida próximo al de los países escandinavos. Esto es, para quienes no pueden sostenerse asimismo económicamente, hay subsidios de desempleo, subsidios para los hijos, dinero en seguridad social, beneficios habitacionales, apoyo a los ancianos, lisiados, educación gratuita (en todos los niveles con analfabetismo erradicado), etc., que hacen su condición de vida envidiable. Desde el 1994 la educación ha sido desegregada, asistiendo a las mismas escuelas daneses blancos, inuit y greenlanders por igual. La educación bilingüe es ofrecida y su implementación depende de la existencia de maestros en la lengua minoritaria: inuit (minoritaria en términos políticos y no sociológicos). El nivel de la educación es el mismo que se imparte en Dinamarca. La educación superior cuenta con una universidad propia desde 1984, y se imparten carreras semejantes a cualquier otra universidad (se preparan profesores para la isla en ella). Por lo demás, desde 1965 existen también escuelas vocacionales o de negocios, para quienes aspiran a carreras técnicas de mando medio. En fin, un sueño “socialista” (o socialdemócrata) para muchos, aunque no confundir con un paraíso. Junto a todo lo descrito antes también hay desempleo, altas tasas de alcoholismo, suicidio, abuso infantil, violencia doméstica, y aborto.

Todo lo anterior evidencia el quiebre entre las formas tradicionales de vida y unas modernas, a las cuales la mayoría de la población no quiere renunciar hoy. Las elites políticas de la isla, aunque invocan discursivamente y reivindiquen elementos de su pasado cultural: la etnicidad e identidad inuit (el uso de la lengua por ejemplo), lo hacen desde una perspectiva absolutamente moderna de concebir el mundo (una etnicidad seleccionada de acuerdo a los tiempos). Es por eso que cuando se imaginan independientes lo hacen con la vista puesta en el primer mundo y no en el pasado. Y si mantenerse en el primer mundo depende de mantener por un tiempo más la dependencia claramente oportunista o pragmática con Dinamarca (“el fin justifica los medios” diría Machiavelli): lo harán. Ellos confían en que en una década más, estarán explotando con capitales propios, el petróleo bajo sus suelos marinos y posiblemente uranio (que por ahora han buscado sin éxito). Ambas cosas les permitiría sostener el desarrollo propio. Entonces, las posibilidades de decir adiós a Dinamarca estarán absolutamente dadas, sin crear los trastornos de perder todos aquellos privilegios que devienen de ser colonia de un país desarrollado.

Por lo pronto, en el recién pasado referéndum de noviembre 25 (2008), con el apoyo de los ¾ de la población de la isla, los habitantes de Kalaallit Nunaat decidieron ampliar sus competencias autonomistas, con el consentimiento danés. Y esta vez, entre otras prerrogativas, sancionaron el estatus de lengua oficial para el greenlandic (una lengua con base en el inuit y aportaciones danesa-escandinavas), al mismo tiempo que tomaban el control de la policía, la administración de justicia, los recursos naturales, establecieron una guardia costera propia, etc. En total más de 30 nuevas competencias que dejaron a los habitantes de Kalaallit Nunaat a las puertas de la independencia, sobre todo cuando una de esas competencias les da el derecho a autodeterminarse si una nueva consulta popular así lo estableciera (claro que hay que esperar la ratificación del congreso danés… que no tendría porque ignorar esa consulta toda vez que se llegó a ella mediante acuerdos). “Hay que darle tiempo al tiempo” pareciera decirnos la sabiduría política de Kalaallit Nunaat, mientras yo pienso que hay que tomarse más en serio su experiencia política / AZ


* Cientista político mapuche. Colaborador de Azkintuwe.

 

 

< VOLVER

 

 

 

 


Quiénes Somos     I     Reportajes     I      Entrevistas      I      Opinión     I     Edición Impresa    I      Publicaciones      I     Humor Gráfico      I      ARCHIVO     I     CONTACTO