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FOTO DE AGENCIAS. |
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Groenlandia
o Kalaallit Nunaat tiene cosas curiosas, como que –a menos que se use la
imaginación- no tiene mucho sentido una expresión del tipo “que el árbol
no te deje ver el bosque” (viceversa), simplemente porque en la mayor
parte de la isla, exceptuando pequeñas áreas en el sur, no hay árboles.
La mayor parte del paisaje de Kalaallit Nunaat es solo rocas y hielo
(86% hielo). Y las temperaturas promedio oscilan entre lo 10 grados
celsius y los menos 40, lo que hace el paisaje variar entre desierto
blanco (al norte) y tundra (al sur).
En mi visita al “país” el verano del 2005 (hemisferio norte), tampoco me
hacía sentido la opinión de uno de sus diputados, quien aseguraba a una
delegación extranjera de intelectuales indígenas que tenían todas las condiciones
para autodeterminarse de Dinamarca ahora ¡ya!, bajo la forma de secesión
(crear un nuevo Estado), pero no tenían la apetencia de hacerlo. ¿Por
qué? Porque Kalaallit Nunaat depende de un subsidio que le entrega el
gobierno de Dinamarca (588 millones de euros), que en tales
circunstancias perderían.
Las consecuencias de ese hecho
condenarían objetivamente a la población de la isla, a un retroceso en
su estándar de vida (una pobreza profunda), a menos que pudieran hacer
algo por remediarlo. Y eso es un asunto de tiempo. Entonces, el miedo al
tercer mundo o a las consecuencias de la pobreza, los hacía ser
políticamente cautos y progresivos en su demanda autodeterminista, en
vez de azuzar discursos rupturistas del tipo todo o nada. ¿Real politik?
En primera instancia me pareció un discurso oportunista (y
no estoy condenándolo por ese hecho), como se los hice saber en su
momento. Pero debo recocer que su pragmática narrativa política, apoyada
en los hechos de su historia, no deja de ser a su vez fascinante.
Kalaallit Nunaat y Dinamarca
¿Cómo hacer un Estado independiente
reivindicando a los inuit como el substrato cultural de Groenlandia? Si
nos atenemos al hecho de que para la antropología política, los inuit
fueron uno de los “pueblos” menos cercanos a formas centralizadas de
vida política; cuesta creer el paso que están cercanos a dar hacia su
independencia. La construcción del Estado implica por auto definición lo
opuesto a “sociedad” descentralizada (bandas de familiares siguiendo
animales de caza, según las condiciones espaciales y de tiempo
atmosférico). ¿Cómo se explica este hecho político en el imaginario de
las nuevas elites de Kalaallit Nunaat? Pues, sin profundizar tanto en el
asunto, una posible respuesta es a través de un gran -y asumido- quiebre
en la historia y la cultura de los inuit, operado hacia la segunda mitad
del siglo XX en las nuevas generaciones.
Antes de esa fecha los contactos de los inuit con los escandinavos no
parecen haber alterado sustancialmente su modus vivendi. Por ejemplo, de
los primeros encuentros hacia el año 1000 d.c. no hay grandes
impresiones. Los ancianos colonizadores escandinavos que se instalaron
al sur y sur-oeste de la isla, y que desaparecieron de Kalaallit Nunaat
hacia el siglo XIV, no parecen haber impactado las costumbres inuit de
manera perceptible. Para el siglo XVI una nueva oleada de escandinavos
estableció relaciones comerciales con los inuit, con mejores resultados
al intercambiar préstamos culturales: armas por marfil, pieles y otros
artefactos. Esa relación mercantil cambio en 1721, cuando con el soporte
económico del reinado de Dinamarca, la primera expedición colonizadora
arribó a la isla. Para fines de ese siglo una flota de barcos mantenía
la isla totalmente conectada con la metrópolis, y con derechos a
explotación del lugar y la población, que solo fueron modificados por la
“Home Rule Law” a comienzos de los 1980s (siglo XX).
La historia para llegar al momento de la “Home Rule Law” o autonomía,
habla de una emergente resistencia nativa al trato colonial durante el
siglo XIX, que impulsó a las autoridades danesas a principios del siglo
XX, a ceder poder a dos consejos inuit (sur y norte), alterando las
primeras formas político administrativas de la colonización. Pero el
cambio más radical a la modernidad de los inuit en todos los aspectos de
su vida, se produjo posterior a la II Guerra Mundial, cuando se promovió
insertar la isla y su gente, en el desarrollo común a todas las naciones
occidentales (se les reconoció entonces la ciudadanía danesa, año 1953). El
Estado danés se auto asignó la tarea de crear una infraestructura para
la isla, que incluyera la educación y la salud de los pobladores, así
como autorizó la creación de un consejo único, con la facultad de mandar
representantes al gobierno de Dinamarca. Pero el nivel de crítica al,
ahora, modificado colonialismo no se frenó.
Para los 1960s nuevas iniciativas danesas buscaron expandir el prometido
pero esquivo desarrollo, como lo fue incrementar más el empleo, los
negocios, la educación, la salud, y la vivienda. Todo ello tuvo un
impacto enorme en la concentración de población en centros urbanos, en
desmedro del despoblamiento de las pequeñas villas, desarraigo no fácil
de asimilar para las generaciones inuit más antiguas (especialmente
cuando asumió formas obligadas), acostumbradas a vivir en grupos
pequeños de patriparientes. El inuit urbano que hoy conocemos, se impuso
así en el paisaje humano de la isla. Y allí también se acunó el
greenlander o mestizo (inuit-danés), que hoy juega un rol fundamental en
la conducción del proceso político. Esas políticas,
por lo demás, torpemente –u obedeciendo a un subconsciente de valores
racistas de sus promotores- no dejaron de tener un ingrediente
segregacionista, como el pago diferenciado de salarios para daneses e
inuit (y educación separada), que originó finalmente un movimiento inuit
independentista durante los años 1960s. Política que los daneses
quisieron contrarrestar concediendo finalmente autonomía, bajo una
formula cercana a la imaginada por los propios representantes de los
inuit en 1971: “The Greenland Home Rule”.
En 1978 el parlamento de Dinamarca aprobó la “Home Rule Law” que
sostiene la autonomía presente desde 1979. En esa autonomía la
constitución danesa continuó siendo la ley suprema de Kalaallit Nunaat,
mientras que a los habitantes de la isla les fue permitido la
posibilidad de leyes propias, un parlamento local con 31 miembros
(eligen, además, dos representantes al parlamento de Dinamarca), más un
gobierno local. Todas esas instituciones políticas modernas operan en un
marco democrático que incluye la competición de partidos políticos como de
candidatos independientes. Pero ha sido una autonomía que no contemplaba
atribuciones como el control de la administración de justicia, el
control de la policía, el control de las relaciones internacionales, de
las políticas de seguridad, y de la política monetaria reservada como
competencia exclusiva del Estado de Dinamarca. Con todo lo positivo de
conlleva esa autonomía, esa concesión no logró adormecer para siempre la
utopia de la independencia, concebida bajo una forma que no guarda
relación con el pasado político inuit.
Y en materia económica el quiebre tampoco parece ser menor. Con todo el
frío que hace en Groenlandia, Kalaallit Nunaat no se congeló en formas
ancianas de desarrollo económico. Por el contrario, el país se ha
convertido en el mayor exportador mundial de camarones (52 mil toneladas
anuales aproximadamente), y exportador importante de pescado, cangrejo,
y centolla. La industria de la pesca va a la cabeza de su desarrollo
nacional. Atrás quedaron las manifestaciones económicas de sobrevivencia
de generaciones ancianas, como la caza de cetáceos, focas, ciervos, osos
polares, bueyes almizcleros, y que hoy sólo se practican en forma
regulada como deporte o ritual, pero sin fines comerciales fuera del
contexto de la isla (caza de la foca o de la ballena, por ejemplo).
Adelante luce la figura del inuit pescador industrial.
Y las nuevas costumbres no se limitan solo a ese campo. La presencia,
por ejemplo, de una reducida pero ascendente actividad ganadera de
ovinos, que ha venido desarrollándose desde hace un siglo, ha ampliado
los gustos gourmet de los habitantes de Kalaallit Nunaat (carne
destinada mayoritariamente al consumo interno, ya que dada sus
limitaciones de tierra para tales efectos, no podrían competir con los
grandes productores mundiales). La aparición de la ganadería ovina y de
la agricultura de pastos para ese y otros ganados, ha terminado haciendo
emerger entre los inuit, la figura del inuit granjero, totalmente
atípica para un pueblo de pescadores, cazadores y recolectores
esencialmente trashumantes, que se suma al emergente y mayoritario inuit
urbano, pescador industrial, más profesionales y artesanos de todo tipo.
En Kalaallit Nunaat el transporte de mercancías internas y externas se
hace hoy primariamente en barcos, y ya no más en pequeños kayak o
trineos (estos últimos se rinden a las motos de nieve), lo que nos habla
de un nuevo cambio cultural. Las compañías navieras pertenecen a
inversionistas foráneos privados o estatales (la más importante entre
tres es la “Royal Artic Line” de Dinamarca), que han conseguido permiso
de operaciones al gobierno de la isla, luego que la autonomía les diera
competencia en ese terreno (tributan hoy al gobierno de la isla). Hace
unas décadas era impensable imaginar una flota propia (como lo es pensar
en una red de carreteras, que pudieran desplazar el transporte marítimo
basado en capitales forasteros, pues las condiciones del paisaje y
climáticas no lo permiten), pero hoy el gobierno local se beneficia de
los tributos comerciales de esas empresas, dinero que usa para asociarse
con capitales propios en las mismas y en otros aspectos del desarrollo
de la isla.
Otras mercaderías así como la población, se valen de la aeronáutica en
temporada de verano. Líneas danesas o de capitales combinados, que
tienen por centro de operaciones Dinamarca para vuelos internacionales
(no hay vuelos directos entre la isla y otros países), y Narsarsuaq para
transporte interno, conectan 10 aeropuertos locales construidos en el
lapso de las últimas tres décadas. El gobierno de la isla participa con
capitales propios en “Gronlandfly”, en asociación con SAS y gobierno de
Dinamarca. Esto es, aunque aún se depende de compañías aéreas
extranjeras, se avanza en dirección a contar a futuro con empresas
propias de transporte.
Finalmente, las telecomunicaciones
son otro elemento importante de la vida moderna en la isla (asociada al
teléfono, la radio y la TV), que depende de técnicos y tecnología propia
(TeleGreenland), como de convenios comerciales satelitales con compañías
extranjeras. El uso de esas tecnologías también marca el quiebre entre
la cultura del pasado y la del presente. En sus aspectos más simples
esas tecnologías se asocian al uso de la electricidad (de generación
propia), y que ha alterado las formas tradicionales de habitación de
inuit: el iglú, la choza, o la tienda fácil de mover y transportar, que
han sido cambiadas por viviendas modernas, y que incluyen servicios como
baños interiores, luminosidad, y calefacción, etc. Esas viviendas son
construidas con dineros del Estado y las rentas son recaudadas por el
Estado, en un lugar donde si bien la construcción privada es permitida,
el suelo es propiedad pública (no hay propiedad privada de la tierra en
Kalaallit Nunaat, y cualquier explotación del suelo debe ser aprobada
por autoridades locales sobre la base de la “House Rule Law”).
“Al pasito por la piedras”
Decía al comienzo que Kalaallit Nunaat depende aún de Dinamarca. Sin los
subsidios al desarrollo de su metrópolis colonial (desde inversiones en
infraestructura permanente para catapultar su propio desarrollo
económico hasta comida o madera para sus casas que no producen en la
isla), el país de los “inuit” tendría inevitablemente que buscar socios
comerciales, que finalmente los harían sumirse en relaciones de
dependencia aún más profundas de las que tienen con Dinamarca. El
espectro de ser un nuevo Estado tercermundista, marcado por la pobreza
que caracteriza a los países dependientes (que solo comercian materias
primas casi sin valor agregado), no es un prospecto apreciado por las
elites políticas de Groenlandia (al menos por quien nos explicaba la
posición), que apuestan a ser un país más del primer mundo.
Actualmente, los 56.000 habitantes de Kalaallit Nunaat (agrupados en 18
pueblos y 59 villas ubicadas principalmente en el lado oeste de la
isla), tienen un estándar de vida próximo al de los países escandinavos.
Esto es, para quienes no pueden sostenerse asimismo económicamente, hay
subsidios de desempleo, subsidios para los hijos, dinero en seguridad
social, beneficios habitacionales, apoyo a los ancianos, lisiados,
educación gratuita (en todos los niveles con analfabetismo erradicado),
etc., que hacen su condición de vida envidiable. Desde el 1994 la
educación ha sido desegregada, asistiendo a las mismas escuelas daneses
blancos, inuit y greenlanders por igual. La educación bilingüe es
ofrecida y su implementación depende de la existencia de maestros en la
lengua minoritaria: inuit (minoritaria en términos políticos y no
sociológicos). El nivel de la educación es el mismo que se imparte en
Dinamarca. La educación superior cuenta con una universidad propia desde
1984, y se imparten carreras semejantes a cualquier otra universidad (se
preparan profesores para la isla en ella). Por lo demás, desde 1965
existen también escuelas vocacionales o de negocios, para quienes
aspiran a carreras técnicas de mando medio. En fin, un sueño
“socialista” (o socialdemócrata) para muchos, aunque no confundir con un
paraíso. Junto a todo lo descrito antes también hay desempleo, altas
tasas de alcoholismo, suicidio, abuso infantil, violencia doméstica, y
aborto.
Todo lo anterior evidencia el quiebre entre las formas tradicionales de
vida y unas modernas, a las cuales la mayoría de la población no quiere
renunciar hoy. Las elites políticas de la isla, aunque invocan
discursivamente y reivindiquen elementos de su pasado cultural: la
etnicidad e identidad inuit (el uso de la lengua por ejemplo), lo hacen
desde una perspectiva absolutamente moderna de concebir el mundo (una
etnicidad seleccionada de acuerdo a los tiempos). Es por eso que cuando
se imaginan independientes lo hacen con la vista puesta en el primer
mundo y no en el pasado. Y si mantenerse en el primer mundo depende de
mantener por un tiempo más la dependencia claramente oportunista o
pragmática con Dinamarca (“el fin justifica los medios” diría
Machiavelli): lo harán. Ellos confían en que en una década más, estarán
explotando con capitales propios, el petróleo bajo sus suelos marinos y
posiblemente uranio (que por ahora han buscado sin éxito). Ambas cosas
les permitiría sostener el desarrollo propio. Entonces, las
posibilidades de decir adiós a Dinamarca estarán absolutamente dadas,
sin crear los trastornos de perder todos aquellos privilegios que
devienen de ser colonia de un país desarrollado.
Por lo pronto, en el recién pasado referéndum de noviembre 25 (2008),
con el apoyo de los ¾ de la población de la isla, los habitantes de
Kalaallit Nunaat decidieron ampliar sus competencias autonomistas, con
el consentimiento danés. Y esta vez, entre otras prerrogativas,
sancionaron el estatus de lengua oficial para el greenlandic (una lengua
con base en el inuit y aportaciones danesa-escandinavas), al mismo
tiempo que tomaban el control de la policía, la administración de
justicia, los recursos naturales, establecieron una guardia costera
propia, etc. En total más de 30 nuevas competencias que dejaron a los
habitantes de Kalaallit Nunaat a las puertas de la independencia, sobre
todo cuando una de esas competencias les da el derecho a
autodeterminarse si una nueva consulta popular así lo estableciera
(claro que hay que esperar la ratificación del congreso danés… que no
tendría porque ignorar esa consulta toda vez que se llegó a ella
mediante acuerdos). “Hay que darle tiempo al tiempo” pareciera decirnos
la sabiduría política de Kalaallit Nunaat, mientras yo pienso que hay
que tomarse más en serio su experiencia política / AZ
* Cientista político mapuche. Colaborador de Azkintuwe.
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