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  ENTREVISTA

   

nacional

La honda de David

Los Wayuu habitan desde tiempos inmemoriales entre Colombia y Venezuela. Víctimas del fuego cruzado entre guerrilleros y paramilitares, libran una lucha digna de ser contada. Una de sus voces, en el lado Venezolano, es David Hernández Palmar, joven fotógrafo y realizador audiovisual. Nacido en Maracaibo, Estado de Zulia, registra una prolífica trayectoria como documentalista del rico universo social, político, cultural y geográfico de su pueblo. Lo entrevistamos en Venezuela.

ANDRÉS CARVAJAL- EN VENEZUELA  - 21 / 12 / 09


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FOTO DE ARCHIVO.

 

 

Los Wayuu habitan en los territorios desérticos de la península de la Guajira, donde se encuentran los estados de Colombia y Venezuela. Allí vivieron soberanos desde muchos años antes del arribo de los españoles al continente. Resistieron la conquista hispana y a los colonos criollos. Lo mismo hicieron más tarde con la guerrilla y los paramilitares, cuando estos comenzaron a rondar sus tierras como modernos conquistadores. Y es que los Wayuu no solamente fueron exitosos comerciantes; tambien orgullosos clanes guerreros. Por ello se levantaron, pagando un precio demasiado alto.

El 18 de abril de 2004 unos 200 paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) llegaron a la Alta Guajira, después de cuatro horas de atravesar el desierto. Irrumpieron en los pueblitos sobre el mar en la zona de Bahía Portete. Saquearon, asesinaron, quemaron niños vivos, decapitaron ancianos, se robaron las "tumas" o piedras sagradas de trueque y destruyeron la posta médica. Al final de su pavoroso recorrido, quedaron 12 indígenas asesinados -entre ellos, Margarita Epinayú de 75 años, 33 desaparecidos y más de 1.000 wayúu forzados al exilio.

Unos corrieron despavoridos hasta Maracaibo, en Venezuela; otros, a los pueblos más grandes de la Guajira. Las muertes desde entonces no han cesado. Van 200 wayúu asesinados en los cinco años de dominio paramilitar en la zona norte de Colombia. A pesar de ello, los Wayúu de ambos lados de la frontera (70 mil en Colombia, 300 mil en Venezuela) han vuelto a levantarse. No con armas ni con guerras, sino atreviéndose a contarle al mundo lo que les pasa, exigiendo protección, denunciando los atropellos, dando cuenta de la riqueza de su cultura y cosmovisión.

Una de sus voces, en el lado Venezolano, es David Hernández Palmar, joven fotógrafo y realizador audiovisual. Nacido en Maracaibo, Estado de Zulia, en la República Bolivariana de Venezuela, registra una prolífica trayectoria como documentalista del rico universo social, político, cultural y geográfico de su pueblo. También, en su calidad de comunicador independiente, participa de la producción de programas para televisión y cumple tareas de curaduría para distintas festivales de cine y video, tanto indígenas como no indígenas. Hernández acumula en su curriculum diversos trabajos, entre los que destacan: “Esto que veo no soy yo” (2005), “Sujuitayaa Yosuu” (La Salida de Yosuu 2006), “Quien yo Volumen 3” (2006), “Los dueños del Agua” (2007), “Nukujula Wanee Wayuuchon” (2008) y “Wounmainkat” (2009). Miembro de la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación Indigena (CLACPI), conversó con Yekintun sobre su trabajo audiovisual, su cultura y la lucha de su nación.

- ¿Cuál es tu último trabajo y de qué se trata?


Se titula Wounmainkat (Nuestra Tierrra) y es una realización colaborativa entre tres videastas indígenas Wayuu: Leiqui Uriana y quien escribe, ambos de Venezuela y Miguel Ramírez Boscán radicado en Colombia. Este documental se da en el marco de una campaña dirigida a la eliminación de todas las formas de violencia contra Wounmainkat y en apoyo a “La Minga”, movilización social indígena que este año demandó al gobierno y al Congreso de la República Colombiana la entrega de tierras, el respeto a los derechos humanos y el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades. Esta iniciativa tuvo lugar la semana del 25 de Noviembre, fecha en la cual se celebra el Día de la Eliminación de Todas las Formas de Violencia en Contra de las Mujeres del mundo y Wounmainkat, la madre más grande para los Wayuu, que ha parido a todos los seres humanos.

- ¿De qué da cuenta el documental?


En las imágenes se resalta una caravana como un circuito de resistencia, en donde se hacen visitas a comunidades de La Guajira en Colombia, quienes manifiestan lo que para ellos representan problemáticas que afectan al pueblo Wayuu, con particular diferenciación en las mujeres Wayuu, en donde las demandas políticas abordan tres temas específicos: Los impactos de la presencia de actores armados, el número indeterminado de desplazamiento forzoso transfronterizo, y cómo este fenómeno se ve replicado en Venezuela; asi como los megaproyectos en territorios indígenas y sus consecuencias. Igualmente estan presentes los esfuerzos de las comunidades para construir una red de comunicación, trabajo y el fortalecimiento de alianzas, con el ánimo de visibilizar las demandas que hacen y que éstas transciendan fronteras, en aras de consolidar la autonomía entre las naciones indígenas dentro de sus territorios.

- ¿La Guajira como un solo gran territorio?


Para los Wayuu los límites fronterizos no son más que una simple estructura geográfica impuesta, y no existen, ya que no nos importa si estamos en el lado de Colombia o del lado de Venezuela, como tampoco es determinante la distancia que debemos recorrer para encontrarnos. El ser Wayuu se lleva en la sangre y en el corazón.

- ¿Cómo ves la producción audiovisual indígena en Venezuela? ¿Qué hace el “gobierno bolivariano” para apoyarla?


La producción audiovisual indígena en Venezuela, ha disfrutado una visibilización jamás antes experimentada, todo esto dentro de los logros de hombres y mujeres quienes tienen tiempo luchando por espacios y auto-representación como indígenas y como miembros de sociedades que componen naciones y en este sentido desdeñando del discurso de "minoría étnica". En tanto el marco político-legal del Gobierno de Chávez ha sido clave para conocer las iniciativas que los pueblos indígenas hemos tenido desde siempre, un poco pues demostrando que lo de la “otredad” y la “unidad dentro de la diversidad”, es un valor ancestral.

Por otro lado a lo largo de la historia, el cine sobre las culturas indígenas ha sido capitalizado por los antropólogos y los documentalistas y en otros casos, muchos de los elementos de estas culturas eran usados como un producto exótico. Se hizo “La Muestra de Cine Indígena de Venezuela” y se consolidó como una retrospectiva en la que se pudo ver cómo ha sido plasmada la diversidad de la identidad cultural de los pueblos indígenas en nuestro país. A partir de las proyecciones en las diferentes comunidades indígenas y en las salas comunitarias de la Cinemateca Nacional del Estado Zulia y Amazonas, tuvimos la oportunidad de generar la discusión acerca de cómo hemos sido filmados los indígenas desde la perspectiva occidental.

- Háblanos de dicha muestra de cine.


La Muestra de Cine Indígena de Venezuela fue el espacio en el cual tuvimos la oportunidad de ver trabajos indígenas realizados por sus propios actores, es decir trabajos audiovisuales hechos por indígenas desde su propia visión, con expresiones diferentes, indígenas que nos cuentan sus propias historias para no seguir siendo observados por el ojo clínico de un académico. Tal es el caso de Jorge Montiel con "Socuy lucha por la Tierra", Sabino Romero "Luchamos por la tierra Yukpa", Luis González y Astrid Arévalo "Ayulaa jipü, Leiqui Uriana "Jepirra Paraíso de los Wayuu", mi persona con "Los Dueños del Agua" y muchos otros realizadores indígenas quienes nos hemos apropiado de las herramientas audiovisuales en beneficio de nuestras comunidades y en el acompañamiento de nuestras luchas, lo que está generando un movimiento de cine indígena en Venezuela.

- ¿La muestra trascendió a los realizadores Wayuu?


El muestrario de títulos recogió el esfuerzo de diferentes directores con sentido crítico, para darnos una panorámica general del cine indígena en Venezuela. Esto es, las diferentes maneras de reflejar las realidades en cada pueblo indígena, sus creencias, valores, entre otros. Y más allá de esto, plantearnos las diferentes posibilidades que el cine, como elemento en la formación de la mentalidad y comportamiento de la sociedad, genera en la comprensión de las culturas. Es importante decir acá que esta muestra fue el inicio de la recopilación de un importante material sobre temáticas indígenas hechas por indígenas y no indígenas, pero queda aún mucho camino por recorrer y materiales en todo el país que sumar a esta iniciativa. Esta muestra es en todo caso un proceso de reivindicación social hacia los pueblos originarios en el país que, gracias al proceso vivido en Venezuela desde 1999, se han puesto como prioridad los derechos indígenas, el reconocimiento de nuestras tradiciones y nuestra organización comunitaria que mucho han sido filmadas pero pocas veces han tenido la oportunidad de verse dentro de las propias comunidades y de ver también a otros pueblos.

- ¿Qué importancia le das al uso y manejo de herramientas comunicacionales, periódicos, radios, audiovisuales?


Pués la importancia es innegable, puedes llegar a dimensionar un poco la importancia después de un proceso de identificar, reconocer y trabajar en función de la integración y consolidación de las realizaciones audiovisuales de los pueblos indígenas, para contrarrestar el discurso deformador, en donde las imágenes y sonidos de los pueblos indígenas están siendo valoradas a un ritmo aupado por condicionantes sociales y políticas. Claro que a través de estos compromisos, se pregona el uso responsable de la cultura pues nosotros los indígenas como pueblo alguna vez cedimos a un alto costo nuestro más preciado legado, la grandeza del pasado, nuestra fé, nuestras imágenes, nuestros sonidos, y nuestras culturas han terminado siendo enlatadas y usadas como productos para su comercialización.

- ¿Es un desafío entonces romper con este “enlatamiento”?

Absolutamente. Otro de los objetivos del empoderamiento de las herramientas audiovisuales es generar la descentralización del flujo de la información, llevando la comunicación hacia las bases donde se encuentra la capacidad expresiva de las comunidades. Y esto solo ha sido posible gracias a la organización y documentación en cuanto a materia de realizaciones audiovisuales, que han multiplicado este tipo de encuentros con otros indígenas y han facilitado el acceso a las herramientas necesarias para una comunicación alternativa indígena. Todos y todas debemos estar comprometidos y comprometidas con propiciar el intercambio de conocimientos y formas de apropiación de las herramientas y el lenguaje cinematográfico, establecer estrategias que fortalezcan lo existente y cimentar bases para crear más espacios para la formación, comunicación y entendimiento intercultural, ello en función de la conservación de nuestro patrimonio y legado cultural. Cabe destacar la felicidad y privilegio de poder trabajar en función de las huellas hechas por los abuelos y las abuelas de las comunidades de Venezuela y fuera de ella. Y de demostrar que sí es posible trabajar en contra de la destrucción a través de la justicia y la paz.

 

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