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FOTO DE ARCHIVO. |
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Los Wayuu habitan en los territorios
desérticos de la península de la Guajira, donde se encuentran los
estados de Colombia y Venezuela. Allí vivieron soberanos desde muchos
años antes del arribo de los españoles al continente. Resistieron la
conquista hispana y a los colonos criollos. Lo mismo hicieron más tarde
con la guerrilla y los paramilitares, cuando estos comenzaron a rondar
sus tierras como modernos conquistadores. Y es que los Wayuu no
solamente fueron exitosos comerciantes; tambien orgullosos clanes
guerreros. Por ello se levantaron, pagando un precio demasiado alto.
El 18 de abril de 2004 unos 200
paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) llegaron a la
Alta Guajira, después de cuatro horas de atravesar el desierto.
Irrumpieron en los pueblitos sobre el mar en la zona de Bahía Portete.
Saquearon, asesinaron, quemaron niños vivos, decapitaron ancianos, se
robaron las "tumas" o piedras sagradas de trueque y destruyeron la posta
médica. Al final de su pavoroso recorrido, quedaron 12 indígenas
asesinados -entre ellos, Margarita Epinayú de 75 años, 33 desaparecidos
y más de 1.000 wayúu forzados al exilio.
Unos corrieron despavoridos hasta
Maracaibo, en Venezuela; otros, a los pueblos más grandes de la Guajira.
Las muertes desde entonces no han cesado. Van 200 wayúu asesinados en
los cinco años de dominio paramilitar en la zona norte de Colombia. A
pesar de ello, los Wayúu de ambos lados de la frontera (70 mil en
Colombia, 300 mil en Venezuela) han vuelto a levantarse. No con armas ni
con guerras, sino atreviéndose a contarle al mundo lo que les pasa,
exigiendo protección, denunciando los atropellos, dando cuenta de la
riqueza de su cultura y cosmovisión.
Una de sus voces, en el lado Venezolano, es David Hernández Palmar,
joven fotógrafo y realizador audiovisual. Nacido en Maracaibo, Estado de
Zulia, en la República Bolivariana de Venezuela, registra una prolífica
trayectoria como documentalista del rico universo social, político,
cultural y geográfico de su pueblo. También, en su calidad de
comunicador independiente, participa de la producción de programas para
televisión y cumple tareas de curaduría para distintas festivales de
cine y video, tanto indígenas como no indígenas. Hernández acumula en su
curriculum diversos trabajos, entre los que destacan: “Esto que veo no
soy yo” (2005), “Sujuitayaa Yosuu” (La Salida de Yosuu 2006), “Quien yo
Volumen 3” (2006), “Los dueños del Agua” (2007), “Nukujula Wanee
Wayuuchon” (2008) y “Wounmainkat” (2009). Miembro de la Coordinadora
Latinoamericana de Cine y Comunicación Indigena (CLACPI), conversó con
Yekintun sobre su trabajo audiovisual, su cultura y la
lucha de su nación.
- ¿Cuál es tu último trabajo y de qué se trata?
Se titula Wounmainkat (Nuestra Tierrra) y es una realización
colaborativa entre tres videastas indígenas Wayuu: Leiqui Uriana y quien
escribe, ambos de Venezuela y Miguel Ramírez Boscán radicado en
Colombia. Este documental se da en el marco de una campaña dirigida a la
eliminación de todas las formas de violencia contra Wounmainkat y en
apoyo a “La Minga”, movilización social indígena que este año demandó al
gobierno y al Congreso de la República Colombiana la entrega de tierras,
el respeto a los derechos humanos y el mejoramiento de las condiciones
de vida de las comunidades. Esta iniciativa tuvo lugar la semana del 25
de Noviembre, fecha en la cual se celebra el Día de la Eliminación de
Todas las Formas de Violencia en Contra de las Mujeres del mundo y
Wounmainkat, la madre más grande para los Wayuu, que ha parido a todos
los seres humanos.
- ¿De qué da cuenta el documental?
En las imágenes se resalta una caravana como un circuito de resistencia,
en donde se hacen visitas a comunidades de La Guajira en Colombia,
quienes manifiestan lo que para ellos representan problemáticas que
afectan al pueblo Wayuu, con particular diferenciación en las mujeres
Wayuu, en donde las demandas políticas abordan tres temas específicos:
Los impactos de la presencia de actores armados, el número indeterminado
de desplazamiento forzoso transfronterizo, y cómo este fenómeno se ve
replicado en Venezuela; asi como los megaproyectos en territorios
indígenas y sus consecuencias. Igualmente estan presentes los esfuerzos
de las comunidades para construir una red de comunicación, trabajo y el
fortalecimiento de alianzas, con el ánimo de visibilizar las demandas
que hacen y que éstas transciendan fronteras, en aras de consolidar la
autonomía entre las naciones indígenas dentro de sus territorios.
- ¿La Guajira como un solo gran territorio?
Para los Wayuu los límites fronterizos no son más que una simple
estructura geográfica impuesta, y no existen, ya que no nos importa si
estamos en el lado de Colombia o del lado de Venezuela, como tampoco es
determinante la distancia que debemos recorrer para encontrarnos. El ser
Wayuu se lleva en la sangre y en el corazón.
- ¿Cómo ves la producción audiovisual indígena en Venezuela? ¿Qué hace
el “gobierno bolivariano” para apoyarla?
La producción audiovisual indígena en Venezuela, ha disfrutado una
visibilización jamás antes experimentada, todo esto dentro de los logros
de hombres y mujeres quienes tienen tiempo luchando por espacios y
auto-representación como indígenas y como miembros de sociedades que
componen naciones y en este sentido desdeñando del discurso de "minoría
étnica". En tanto el marco político-legal del Gobierno de Chávez ha sido
clave para conocer las iniciativas que los pueblos indígenas hemos
tenido desde siempre, un poco pues demostrando que lo de la “otredad” y
la “unidad dentro de la diversidad”, es un valor ancestral.
Por otro lado a lo largo de la historia, el cine sobre las culturas
indígenas ha sido capitalizado por los antropólogos y los
documentalistas y en otros casos, muchos de los elementos de estas
culturas eran usados como un producto exótico. Se hizo “La Muestra de
Cine Indígena de Venezuela” y se consolidó como una retrospectiva en la
que se pudo ver cómo ha sido plasmada la diversidad de la identidad
cultural de los pueblos indígenas en nuestro país. A partir de las
proyecciones en las diferentes comunidades indígenas y en las salas
comunitarias de la Cinemateca Nacional del Estado Zulia y Amazonas,
tuvimos la oportunidad de generar la discusión acerca de cómo hemos sido
filmados los indígenas desde la perspectiva occidental.
- Háblanos de dicha muestra de cine.
La Muestra de Cine Indígena de Venezuela fue el espacio en el cual
tuvimos la oportunidad de ver trabajos indígenas realizados por sus
propios actores, es decir trabajos audiovisuales hechos por indígenas
desde su propia visión, con expresiones diferentes, indígenas que nos
cuentan sus propias historias para no seguir siendo observados por el
ojo clínico de un académico. Tal es el caso de Jorge Montiel con "Socuy
lucha por la Tierra", Sabino Romero "Luchamos por la tierra Yukpa", Luis
González y Astrid Arévalo "Ayulaa jipü, Leiqui Uriana "Jepirra Paraíso
de los Wayuu", mi persona con "Los Dueños del Agua" y muchos otros
realizadores indígenas quienes nos hemos apropiado de las herramientas
audiovisuales en beneficio de nuestras comunidades y en el
acompañamiento de nuestras luchas, lo que está generando un movimiento
de cine indígena en Venezuela.
- ¿La muestra trascendió a los realizadores Wayuu?
El muestrario de títulos recogió el esfuerzo de diferentes directores
con sentido crítico, para darnos una panorámica general del cine
indígena en Venezuela. Esto es, las diferentes maneras de reflejar las
realidades en cada pueblo indígena, sus creencias, valores, entre otros.
Y más allá de esto, plantearnos las diferentes posibilidades que el
cine, como elemento en la formación de la mentalidad y comportamiento de
la sociedad, genera en la comprensión de las culturas. Es importante
decir acá que esta muestra fue el inicio de la recopilación de un
importante material sobre temáticas indígenas hechas por indígenas y no
indígenas, pero queda aún mucho camino por recorrer y materiales en todo
el país que sumar a esta iniciativa. Esta muestra es en todo caso un
proceso de reivindicación social hacia los pueblos originarios en el
país que, gracias al proceso vivido en Venezuela desde 1999, se han
puesto como prioridad los derechos indígenas, el reconocimiento de
nuestras tradiciones y nuestra organización comunitaria que mucho han
sido filmadas pero pocas veces han tenido la oportunidad de verse dentro
de las propias comunidades y de ver también a otros pueblos.
- ¿Qué importancia le das al uso y manejo de herramientas
comunicacionales, periódicos, radios, audiovisuales?
Pués la importancia es innegable, puedes llegar a dimensionar un poco la
importancia después de un proceso de identificar, reconocer y trabajar
en función de la integración y consolidación de las realizaciones
audiovisuales de los pueblos indígenas, para contrarrestar el discurso
deformador, en donde las imágenes y sonidos de los pueblos indígenas
están siendo valoradas a un ritmo aupado por condicionantes sociales y
políticas. Claro que a través de estos compromisos, se pregona el uso
responsable de la cultura pues nosotros los indígenas como pueblo alguna
vez cedimos a un alto costo nuestro más preciado legado, la grandeza del
pasado, nuestra fé, nuestras imágenes, nuestros sonidos, y nuestras
culturas han terminado siendo enlatadas y usadas como productos para su
comercialización.
- ¿Es un desafío entonces romper con este “enlatamiento”?
Absolutamente. Otro de los objetivos
del empoderamiento de las herramientas audiovisuales es generar la
descentralización del flujo de la información, llevando la comunicación
hacia las bases donde se encuentra la capacidad expresiva de las
comunidades. Y esto solo ha sido posible gracias a la organización y
documentación en cuanto a materia de realizaciones audiovisuales, que
han multiplicado este tipo de encuentros con otros indígenas y han
facilitado el acceso a las herramientas necesarias para una comunicación
alternativa indígena. Todos y todas debemos estar comprometidos y
comprometidas con propiciar el intercambio de conocimientos y formas de
apropiación de las herramientas y el lenguaje cinematográfico,
establecer estrategias que fortalezcan lo existente y cimentar bases
para crear más espacios para la formación, comunicación y entendimiento
intercultural, ello en función de la conservación de nuestro patrimonio
y legado cultural. Cabe destacar la felicidad y privilegio de poder
trabajar en función de las huellas hechas por los abuelos y las abuelas
de las comunidades de Venezuela y fuera de ella. Y de demostrar que sí
es posible trabajar en contra de la destrucción a través de la justicia
y la paz.
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