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Epitafio para Bush


Que distante suena la voz de Bush y sus discursos grandilocuentes sobre “una nueva arquitectura del Medio Oriente”, en la que Irak brillaría como un faro de libertad y progreso económico. Un zapatazo es un epitafio merecido para uno de los mayores fiascos de nuestro tiempo.


 Por Raúl SOHR* I Azkintuwe

 

 

 


Presidente George W. Bush.

Foto de Archivo.




"Este es un beso de adiós del pueblo iraquí, perro", gritó el periodista Muntadar al-Zaidi cuando lanzaba sus zapatos contra el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush. "Esto es de las viudas, los huérfanos y todos los que han muerto en Irak", alcanzó a exclamar mientras era reducido por los agentes de seguridad. Para Bush, su última aparición en Bagdad fue una humillación sin precedentes. Lo que alguna vez soñó sería una aparición triunfante, frente a un pueblo agradecido, terminó con él agachado para esquivar el calzado que volaba en su contra. El periodista ya es una celebridad en su país y el Medio Oriente. En Bagdad millares de personas han salido a las calles a exigir su libertad. Según Amnistía Internacional, Zaidi estaría en un hospital con múltiples heridas luego de las golpizas propinadas por sus captores.

Esta semana, el Primer Ministro británico, Gordon Brown, anunció el retiro definitivo de sus tropas desde Irak. La evacuación de los 4.100 soldados restantes, que sumaban más de veinte mil al momento de la invasión, comenzará a fines de mayo y concluirá en julio del año entrante. Así, los más estrechos aliados de Washington terminan con la exigua alianza que, al inicio, fue presentada como sinónimo de "la comunidad internacional".

En estos días han aparecido varios balances sobre los costos de una aventura militar que todavía muchos se preguntan cómo pudo ocurrir. En primer lugar está la pérdida de vidas humanas, que para los iraquíes superan las cien mil y para Estados Unidos las cuatro mil. El viernes, el Comité de Servicios Armados del Senado concluyó en forma unánime, a propósito de las políticas de tortura del gobierno de Bush, que la política de la Casa Blanca, y no de algunas manzanas podridas, "dañó nuestra capacidad de recolectar inteligencia precisa que pudo salvar vidas, fortaleció la mano de nuestros enemigos y comprometió nuestra autoridad moral".


Lo que alguna vez soñó sería una aparición triunfante, frente a un pueblo agradecido, terminó con él agachado para esquivar el calzado que volaba en su contra. El periodista ya es una celebridad en su país y el Medio Oriente. En Bagdad millares de personas han salido a las calles a exigir su libertad.


El informe señala que los abusos cometidos en las cárceles de Abu Ghraib y Guantánamo contribuyeron de manera decisiva al reclutamiento de los insurgentes que luchan contra Estados Unidos. Las reflexiones fueron suscritas por todos los senadores republicanos. En rigor no es más que recordar una verdad tan antigua como la misma guerra: los abusos a los derechos humanos debilitan a quien los comete y, en el largo plazo, tienden a fortalecer a quien se combate.

El domingo, el periódico "The New York Times" avanzó los contenidos de un estudio sobre los esfuerzos estadounidenses para la reconstrucción de Irak. Según el diario se habrían dilapidado unos cien mil millones de dólares "debido a pugnas entre departamentos, la espiral de violencia y la ignorancia de los elementos básicos de la sociedad iraquí".

En su momento, Paul Wolfowitz, entonces subsecretario de Defensa, buscó calmar los temores afirmando que los costos del conflicto serían sufragados por la producción petrolera iraquí. Donald Rumsfeld, que ocupaba la cartera de Defensa, fue más lejos cuando se le consultó cuánto costaría la guerra a los contribuyentes de su país: "Mi amigo, usted me subestima en forma lamentable si usted piensa que nosotros gastaremos allá (Irak) un millar de dólares de nuestro dinero". Esto dicho por funcionarios de un gobierno que daba lecciones al mundo sobre responsabilidades administrativas, como consolidar la democracia y combatir la corrupción.

El informe citado por el diario neoyorquino puntualiza: "Las cifras duras, sobre los servicios básicos y la producción industrial, recogidas revelan que todo el dinero gastado en el esfuerzo de reconstrucción nunca logró más que restaurar lo que fue destruido durante la invasión y el saqueo generalizado que vino a continuación". Que distante suena la voz de Bush y sus discursos grandilocuentes sobre "una nueva arquitectura del Medio Oriente", en la que Irak brillaría como un faro de libertad y progreso económico. Un zapatazo es un epitafio merecido para uno de los mayores fiascos de nuestro tiempo. / AZ



* Periodista y escritor chileno. Gentileza www.lanacion.cl

 

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