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FOTO DE ARCHIVO. |
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Representa a toda una generación de
recambio al interior del movimiento mapuche. Miembro de la
comunidad Mateo Ñiripil, de la comuna de Lautaro, Luis Penchuleo comenzó
a temprana edad a participar en política. Ex presidente del
Hogar Mapuche Pelontuwe y ex candidato a alcalde por la comuna de
Lautaro, a sus 28 años ya forma parte de la Mesa Directiva del Partido
Mapuche Wallmapuwen.
El pasado 18 de diciembre la
colectividad nacionalista dio inicio a su
proceso de conformación legal en tres regiones del Wallmapu. De
conseguir, al mes de julio de 2011, las 5 mil firmas de adhesión que
demanda la ley chilena de Partidos, se constituirá en el primer
conglomerado mapuche de la historia. Para conocer las implicancias de
este proceso conversamos con Penchuleo en la capital del País Mapuche.
- Tras varios años de trabajo de base han iniciado el proceso de
legalización. ¿Era una aspiración de la colectividad?
Por supuesto, desde nuestra aparición pública el año 2005 señalamos que
queríamos constituir un partido político legal para desarrollar el
proyecto nacionalista en Wallmapu. Era una obligación nuestra legalizar
el partido, cumplir con lo que establece la ley, así lo demandaba
también nuestra gente. Entendemos que legalizado el partido será un
instrumento fundamental que nos permitirá disputar el poder político
aquí en Wallmapu, en el país de nuestros abuelos y donde hoy nuestro
pueblo se encuentra desplazado, marginado de todas las decisiones que
nos afectan. El partido es un instrumento y no un fin en sí mismo. Hoy
el sistema político indica que es a través de un partido donde se
canaliza la participación ciudadana y es el instrumento mediante el cual
se disputa el poder local y nacional. Este es un dato de la realidad y
sobre el cual debemos maniobrar. Por nuestra parte esperamos construir
un instrumento que nos permita impulsar nuestro proyecto político
nacional, orientado al bienestar de todos los ciudadanos del País
Mapuche.
- ¿En qué consiste el proceso de legalización?
Parte con la aprobación de nuestra escritura legal por parte del
Servicio Electoral, lo que aconteció el pasado mes de noviembre. Tras
ello se procedió a la publicación de un extracto de este documento en el
Diario Oficial, lo que concretamos el viernes 17. Esto nos permitió
iniciar el pasado 18 la recolección de firmas tras el acto político
cultural que desarrollamos en Temuko. La ley nos exige firmas en tres
regiones consecutivas; 2.106 firmas en La Araucanía, 872 firmas en Los
Rios y 1.737 firmas en Los Lagos. Para concretar esta meta tendremos un
plazo de 210 días, siete meses aproximadamente. En julio del 2011, de
lograr nuestro objetivo, deberíamos tener legalizado Wallmapuwen. Se
trataría del primer partido político formado por mapuche y orientado a
todos los habitantes de Wallmapu.
Es bueno
aclarar que nuestro proceso legal no partió este fin de
semana, se inició el año 2007, con las ciento treinta primeras firmas de
militantes que inscribieron el partido ante el Servicio Electoral en Temuko.
Este proceso lo encabezó la Mesa Directiva anterior, liderada por
nuestro peñi Gustavo Quilaqueo. Lamentablemente no pudimos iniciar
entonces el proceso de legalizar las 5 mil firmas, debido a la negativa
del SERVEL de aprobar nuestras escrituras legales. Nos dijeron que no
se ajustaban a la Constitución chilena, por temas como la bandera
mapuche, conceptos como autogobierno, libre determinación, nacionalismo
y otros. Finalmente, este año, salvamos este obstáculo
reformando los estatutos pero salvaguardando siempre nuestros
principios políticos e ideológicos.
- ¿Qué implica para ustedes esta nueva etapa que inician?
Implica ante todo cumplir un viejo anhelo de nuestro pueblo, cual es
contar con un partido propio. Hay que recordar que la lucha por la
organización y el poder político no es nueva en el movimiento mapuche.
Tempranamente las organizaciones se dieron cuenta que el poder político
es fundamental para hacer valer los derechos de un pueblo, esa así que
la Sociedad Caupolicán fundada en el año 1910 fue una de las primeras en
trabajar para tener parlamentarios propios. Más tarde lo propio hizo la
Corporación Araucana y otros referentes, quienes llegaron a tener siete
diputados entre los años 1920 y 1973 en el Congreso chileno. Wallmapuwen
se inscribe en esa historia de organización y lucha política, es el
legado que reivindicamos y del cual nos sentimos herederos.
- En estos años de trabajo de base, ¿cuál ha sido la respuesta de la
gente?
Ha sido positiva. El trabajo en terreno nos ha permitido ratificar
nuestros planteamientos iniciales, aquellos que nos impulsaron a la idea
de construir un partido político. Nuestra gente comparte el diagnóstico
de Wallmapuwen y ve con buenos ojos el gestar una lucha de
descolonización, de toma de conciencia, de atreverse a disputar el poder
a todos aquellos que nos tienen sumidos en la marginalidad. Somos hoy un
pueblo excluido en lo social, en lo económico, en lo cultural, en lo
lingüístico, en todos los sentidos y este panorama se asienta sobre la
exclusión política que nos afecta. Estamos, como pueblo, fuera de la
toma de decisiones, ocupados de resistir pero no de proponer y construir
un proyecto político nacional. De allí que nuestra convocatoria sea
amplia. Buscamos convocar a todas las personas que simpatizan o creen en
la idea de un partido para el País Mapuche, sin distinción étnica, ni
religiosa, ni sexual, porque estamos construyendo un partido amplio e
inclusivo, un partido para el País Mapuche. También están convocadas las
diversas organizaciones que componen el movimiento social mapuche, sin
distinción, así como las distintas expresiones del movimiento social
chileno en Wallmapu, académicos, organizaciones estudiantiles,
colectivos artístico-culturales, pobladores, gremios profesionales,
organizaciones ligadas a derechos humanos y ambientales, etc.
- A ratos se critica el camino electoral, ¿qué responden ante tales
cuestionamientos?
Que la realidad nos indica que no estamos equivocados. Por un lado, el
grueso de los mapuche vota, participa de estos procesos, dando cuenta
de un comportamiento cívico bastante arraigado. Y por otro, que el voto
mapuche en general no es ideológico, es más bien pragmático y eso abre
la posibilidad de que dadas ciertas condiciones, una fuerza política
mapuche tenga reales posibilidades de sumar apoyos. Hay por otro lado
condiciones objetivas en varias comunas. Grafico esto con un ejemplo;
hoy el voto mapuche es considerable en muchas comunas de Wallmapu. En la
mayoría de ellas se han presentado candidatos mapuche, de manera
independiente o en cupos de partidos chilenos y si bien algunos han
sacado importante votación, muy pocos han resultado electos. Esto se
debe, entre otros factores, a la dispersión del voto y al sistema
electoral que beneficia las listas de partidos y, en estas, a los cabezas
de listas que generalmente no son en los partidos chilenos los
candidatos mapuche.
La pregunta es, ¿qué pasaría si esos
mismos candidatos, en vez de ir separados, van en una misma lista
partidaria y sumando votos entre ellos? La respuesta es de sentido
común: lo más probable es que con esa misma cantidad de votos bastaría
para tener dos o tres concejales y hasta la alcaldía en algunas comunas.
Esto es lo que, en la matemática electoral, garantiza un
partido propio. Nuestra idea es terminar con la procesión de mapuche
fuera de las tiendas políticas chilenas, que dejemos de mendigar cupos y
levantemos una colectividad propia. Esto que señalo no es teoría o un
ejercicio intelectual; lo
comprobamos "en terreno" en las pasadas elecciones municipales.
- En qué sentido lo comprobaron.
Las municipales fueron un momento clave, pues nos permitieron corroborar
in situ el nivel de apoyo hacia Wallmapuwen y nuestro diagnóstico
respecto de lo desfavorable de competir sin contar con un partido propio
legal. Salimos fortalecidos de dicha experiencia porque a pesar de
participar en contadas comunas y contar con muy pocos recursos, la gente
nos depositó su confianza y unas tres mil personas votaron por
candidaturas levantadas por Wallmapuwen y que daban cuenta de nuestro
proyecto. Nos dimos cuenta que habíamos logrado posicionar, en pocos
años, dos ideas fundamentales tanto al interior del movimiento mapuche
como en la sociedad chilena. Primero, que cada vez eran menos los que
ponían en cuestión la necesidad de contar con un instrumento político
propio, así como su viabilidad. Segundo, que al interior de numerosos
sectores nos habíamos logrado posicionar como una organización creíble y
con opinión fundamentada. Prueba de esto último fue nuestra activa
participación en el proceso de la COM el año 2008 y los acuerdos
políticos que hemos alcanzado con diversas colectividades de pueblos sin
estado en otras latitudes, varias de ellas actualmente gobierno.
- No desconocen que hay voces
que desde una posición "culturalista" critican la existencia de un
partido.
Lo sabemos. Hay una visión que
pretende que los mapuche no podemos tener un partido, se señala que los
partidos políticos no son parte de la cultura ni de la "cosmovisión"
mapuche. En realidad, estamos aquí ante una mitificación colonialista,
conservadora, según la cual los mapuche no podríamos apropiarnos de tal
herramienta de la lucha política moderna. Es lamentable que hayan
mapuche que repitan los discursos del colonizador, asegurando que no
podemos tener nuestra propia fuerza política porque ello no corresponde
a nuestra tradición… ¡Y lo dicen casi siempre en castellano, por escrito
y en internet! Tal nivel de contradicción solo puede ser tomado con
humor.
- ¿Esta idea contraria a los
partidos no les remite al discurso de la dictadura en los 80'?
Absolutamente. El rechazo a "los partidos" y a "los
políticos" es característico del populismo y fue un tema explotado a
fondo por los militares. El participar en las elecciones
es visto como una forma de integrarse en el "sistema", sin embargo, ¿qué
vemos en otras partes del mundo? En Irlanda del Norte, durante la
guerra, el movimiento nacional siempre buscó movilizar también en el
terreno electoral y Sinn Fein, partido aliado nuestro, debió luchar para poder existir como
partido legal. En el País Vasco el sector representado hoy por Batasuna
siempre ha buscado tener una existencia política legal y participar en
las elecciones, camino que transitan allí nuestros aliados de Aralar.
Estas experiencias también se dan en el continente, con Pachakutik,
brazo político del movimiento indígena en Ecuador y Winaq, partido maya
de Guatemala impulsado por la hermana Rigoberta Menchú y también hoy en
proceso de legalización.
- ¿De la resistencia al
poder?...
Como otros pueblos que luchan por su derecho a la
autodeterminación, nuestra lucha es una lucha política y requiere por lo
tanto de fuerzas políticas. El derecho a tener nuestros propios
partidos políticos es un derecho democrático, derecho por lo demás
seriamente limitado en Chile. Estamos conscientes de las dificultades
que debemos enfrentar con una ley de partidos excluyente; poder
registrar legalmente Wallmapuwen será para nosotros un combate, que
requerirá una gran voluntad y movilización colectiva. Pero es un combate
que debemos ganar si queremos acumular fuerza política como pueblo, si
queremos que nuestro voto sirva sobre todo para reforzar nuestro
movimiento nacional. Mientras el pueblo mapuche no disponga de sus
propios partidos políticos, mientras no sea capaz de pesar
electoralmente en el Wallmapu, seguirán los ciudadanos mapuche sirviendo
de reserva electoral de los partidos chilenos. Y eso creemos debe
terminar.
- Finalmente, cuál es el perfil del militante que busca Wallmapuwen.
Todos aquellos y aquellas que quieran trabajar por la reconstrucción
nacional mapuche y contribuir al bienestar y desarrollo de toda la
población del Wallmapu, son bienvenidos y bienvenidas. No somos un
partido excluyente y así lo establece nuestra declaración de principios.
Nuestro partido no solo busca llevar adelante la reconstrucción nacional
mapuche, sino también resolver los múltiples problemas que hoy
experimenta nuestro pueblo y la población chilena en la regióne. En
este sentido el partido no trabajará exclusivamente por representar los
intereses mapuche, sino también por dar respuestas concretas a los
dilemas del desarrollo en nuestro territorio, para buscar y construir un
nuevo orden social más justo para todos.
Queremos que nacionalismo mapuche sea sinónimo de mejor gobierno, de
bienestar social, de una alternativa al modelo neoliberal imperante y
que nos condena a todos a ser ciudadanos de segunda o tercera clase.
Estamos a las puertas de establecer un hito histórico para nuestro
pueblo; la consecución de un instrumento político que será clave
en el proceso de reconstrucción nacional. Por ello todos y todas debemos
sentirnos y hacernos parte de este gran proyecto que sin lugar a dudas
permitirá proyectarnos al futuro con la dignidad que nos merecemos.
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