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ILUSTRACIÓN DE DANIEL BERNAL. |
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Daniel Bernal Curiqueo es ilustrador
y artista visual, radicado y formado en el País Mapuche hace varios
años. Un profesional de las artes que ha ilustrado un sin fin de
obras ligadas al mundo indígena y mapuche en particular. Creador de
imágenes digitales que comienzan a circular y poco a poco a cimentar un
renovado imaginario gráfico mapuche. Esta es su historia y visión del
arte mapuche, especial del
Suplemento Koyon.
- Tienes bastantes obras e
ilustraciones, pero quisiera abordar tus últimos trabajos enfocados en
el imaginario mapuche. ¿Cómo surge esto?
Es interesante abordarlo, pues me han
preguntado acerca de mi obra en general e incluso de mis publicaciones
de humor en el diario Austral y la verdad es que eso yo lo consideraba
“pegas para llevar sustento a la casa”. Pero en mis últimos trabajos hay
algo más, algo que me emociona. Primero realizamos un libro con Guido
Brevis, trabajo que fue para la Cooperación Italiana. Luego presentamos
este mismo trabajo, pero ahora en formato programa infantil televisivo,
al Consejo Nacional de Televisión, allí se nos abrió otro campo que es
mezclar una obra audiovisual que es netamente documental, con un relato
de ficción hablando de la cosmovisión mapuche.
Fuimos a filmar a comunidades con
niños y gente mayor una especie de guión bien simple en el que ellos
conversan con los kimche de la comunidad y ellos imaginaban, parte que
era animada con ilustraciones digitales. El resultado fue muy valorado,
eso nos dejó muy contentos. El otro proyecto que surgió fue ilustrar un
humilde “epew” en formato libro infantil y audiovisual. Aquí sumamos a
otro colega Rodrigo Díaz. Nos tocó ilustrar el cuento del Zorro y la
Perdiz. Paralelo a esto lo llevamos a la animación, lo mismo que hace
Disney o Dreamworks en EE.UU, nosotros lo hicimos acá, guardando por
supuesto las proporciones presupuestarias.
- En estos trabajos hay una
búsqueda de identidad, de buscar la imagen o escena que nos retrate o
interprete. ¿Cuándo se inicia esta búsqueda para tí?
La historia es larga y comienza mucho
antes cuando yo vivía en el norte, en Cauquenes en la V región y allí se
vive otra onda, pero por esas cosas de la vida nos tuvimos que venir a
vivir a Temuko. A mi de niño me gustó la fantasía, Tarzán, los dragones,
la mitología griega y también ilustrar mujeres. A mi Yayita me conquistó
y siempre traté de dibujarla (risas). La verdad es que me atraía todo
esto la de fantasía heroica o fantasía épica, todo este mundo tan
lejano, tan europeo para nosotros. Fue entonces que me di el costalazo
pues aquí también tenemos fantasía heroica. Los Aztecas la tuvieron, una
tan e igual de maravillosa y entonces comencé a estudiar las culturas
originarias desde Norte América hasta el sur. Y me encontré con un mundo
maravilloso de representaciones gráficas, pictogramas, la manera en que
se vestían, no tenían nada que envidiarle a ninguna otra cultura. Y
avanzando llegué a Chile que tiene un montón de pueblos originarios con
una cosmovisión fantástica y nosotros no somos capaces de verla. Allí se
me produce esta asociación.
- ¿Tú crees que este imaginario
es un tema en construcción?
En mi vida si, en construcción y
cotidiana validación, pues en los innumerables trabajos que me ha tocado
desarrollar en torno al tema cultural indígena me he encontrado con
gente que valora mucho lo que hago. Te contaba, este año tuve la fortuna
de participar en una serie infantil para la televisión basada en la
cosmovisión mapuche. La cosa nació de una comunidad y la primera
presentación de la serie fue realizada en la ruka. Ver gente allí que
llora con el trabajo que hicimos te emociona. Y también te valida como
artista, ya que los códigos visuales que estás rescatando y generando
están sirviendo para que la gente se reconozca en ellos.
- ¿Cómo arribas a este
resultado? ¿Investigación? ¿Vivencias?
Todos tenemos nuestros referentes que
nos marcan como artistas, un sequito de gente que se nombra y que te ha
hecho sentir la vida desde el punto de vista artístico. Hay dos autores
que marcaron huella en mi trabajo; por el lado de la línea, Santos
Chávez, y por el lado del color, Oswaldo Guayasamín. A eso le sumamos la
médula que eres tu mismo, tus experiencias y vivencias, en mi caso acá
en La Araucania tomando pulko, comiendo kofke, trapi, participando en
ceremonias tradicionales, todo esto se va aglutinando y es lo que
finalmente sale cuando estás enfrentado a la hoja en blanco. Tus
influencias y vivencias se suman para generar este crisol.
- ¿Un proceso bastante
personal, íntimo?
Yo he estado marcado por la
ilustración fantástica europea con autores como Moebius, Frazzetta,
Corben, Boris Vallejos, estaba muy “contaminado” con eso. La propuesta
era hacer un Tren Tren y tal vez me hubieran salido unos dragones
medievales. Esto marco un giro en mi obra, en lo que venia haciendo y me
dio un camino totalmente nuevo, marco un camino para seguir explorando.
Además, cuando llegue a vivir aquí me fascinó la cultura mapuche y luego
tuve la oportunidad de aprender, entender algunas palabras, etc. Yo no
sabia por qué esto me tiraba tanto y un día conversando con mi madre,
años después, me dijo que nosotros teníamos sangre mapuche y que a algún
familiar antiguo le cambiaron el apellido y ella logró recuperarlo.
Somos Curiqueo. Y entonces me doy cuenta que soy Mapuche.
- Existe una generación que se
está descubriendo en su identidad. ¿Qué piensas de eso?
Los artistas gráficos que conozco
tenemos eso de mirar más hacia fuera que hacia adentro. Queremos
asemejarnos más a otros que buscar un identidad propia y proyectarnos
desde allí. Tal vez tiene que ver con la edad pero con el tiempo uno
comienza a valorar más lo de uno y comienza a explorar allí y se
encuentra con cosas nuevas en vez de seguir imitando lo de otro.
- Ahora viene una generación
bastante tecnológica. ¿Qué opinas del pincel digital?
Es todo un tema. Estas ilustraciones
son digitales, pero no son sintéticas. Para mi lo digital es una
herramienta, así como el carpintero tiene un martillo eléctrico que
clava el mismo clavo y ahora está en como se use ese martillo para
conseguir un resultado, que puede ser algo rústico. ¿Hoy cómo le
explicaríamos a Da Vinci que existe el acrílico y que eso primero es
plástico que se disuelve en agua? Hoy tenemos grandes obras en acrílico,
obras con un tremendo mensaje y la técnica no está en desmedro de la
obra. Tal vez la debilidad de la ilustración digital es que nace y vive
en una pantalla, existe un master, una matriz, es infinidad de veces
reproducible, etc. Pero el artista tiene que responder a su tiempo.
- ¿Qué piensas del discurso
fundamentalista que dice que lo mapuche solo puede ser representado en
fibras naturales o con sangre en cueros?
No puedo negar que existe un temor,
en que venga alguien y diga: ¿Quién es este, por qué esta haciendo esto,
no pinta en piel, con sangre o pinturas sacadas de la tierra? ¿Por qué
lo hace de manera digital?, etc. Te vas a encontrar con una eterna
confrontación, pero ahora que descubrí mi identidad eso me ha dado más
soltura y propiedad para trabajar. Y si alguien me dice algo, bueno,
digo “yo soy mapuche y elegí este soporte”. Es un orgullo pertenecer a
esta cultura, encontrarme con esta verdad mayor, haber anhelado durante
tanto tiempo pertenecer y encontrarme con este regalo, pues para mi es
eso, viene a validar un montón de cosas. ¡Y hay tanto por hacer!. A
futuro me gustaría abordar una cosa más épica, quiero validar los 500
años de lucha, homenajear a nuestro pueblo que fue uno de los pocos que
derrotó a los españoles y aun sigue luchando.
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