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A un año de la muerte de Matías
Catrileo |
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Mientras se mantenga el marco
normativo vigente, y las autoridades gubernamentales no asuman la
responsabilidad que les cabe para poner término a las prácticas
abusivas de los agentes policiales en Chile, hechos como la trágica
muerte de Matías Catrileo a manos de carabineros seguirán
ocurriendo. |
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Por
José AYLWIN*
I
Azkintuwe |
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Matías Catrileo Quezada. |
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Foto de Archivo.. |
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En
estos días se cumple un año de la muerte de Matías Catrileo, estudiante
de Agronomía de la Universidad de la Frontera de origen mapuche, de 22
años de edad. Matías Catrileo falleció en la comuna de Vilcún, en la
Araucanía, el 3 de enero de 2008 como consecuencia de un disparo
efectuado por un integrante de Fuerzas Especiales de Carabineros, el
cabo Walter Ramírez, que impactó en su espalda. De acuerdo con
antecedentes (grabaciones) que constan en el proceso que la Fiscalía
Militar sigue para investigar estos hechos, los disparos fueron
realizados por el cabo Ramírez a sabiendas de que el joven, y sus
acompañantes, no portaban armas. A pesar de ello, y de existir evidencia
de que el cabo Ramírez violó el artículo 330 del Código de Justicia
Militar que tipifica el delito de violencia innecesaria, en este caso
con consecuencia de muerte, éste se encuentra en libertad por resolución
de la Corte Marcial.
La trágica muerte de Matías Catrileo nos obliga a reflexionar sobre una
realidad no abordada en nuestro país: el fenómeno de la violencia
policial en contra de la población civil, en particular en contra de los
defensores de los derechos humanos. Se trata de una realidad constatada
por diversas entidades. Según Flacso Chile, entre 1990 y 2004 se
ingresaron en la justicia militar 6.083 casos por violencia imputable a
Carabineros sólo en las regiones Cuarta, Quinta, Sexta y Metropolitana.
Organismos de derechos humanos (Amnistía, Codepu, Observatorio
Ciudadano) dan cuenta de la persistencia de estas prácticas policiales
en años recientes. La propia Comisión Asesora Presidencial para la
Protección de los Derechos de las Personas da cuenta en sus informes de
2007 y 2008 del incremento de las denuncias por abusos policiales por
parte de la población.
Entidades de derechos humanos hemos documentado un promedio de 20 casos
anuales graves de violencia policial en perjuicio de personas de origen
mapuche los últimos tres años. Entre ellos se cuentan allanamientos
masivos de comunidades con violencia en contra de las personas
-incluidos ancianos y niños- y de sus bienes; el uso desproporcionado de
las armas de fuego, resultando en los últimos años en la muerte de tres
personas (Alex Lemún el 2002, el lonko Juan Colihuín el 2006 y Matías
Catrileo el 2008), delitos todos impunes a la fecha.

El Gobierno
rara vez se ha hecho parte en las causas que se siguen a
objeto de perseguir la responsabilidad criminal de las
actuaciones de efectivos policiales. Ello a pesar de no
existir limitaciones legales para estos efectos. Esta
pasividad contrasta con el rol activo que el Gobierno ha
asumido en la persecución de la población civil que participa
de acciones de protesta. |
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La violencia policial ha afectado en los últimos años a otros sectores
sociales, como los estudiantes y los trabajadores. El actuar represivo
de Carabineros frente a las manifestaciones de estudiantes secundarios
ocurridas a contar del 2006 en diferentes ciudades del país fue
documentado y difundido por los medios de comunicación. En el caso de
los trabajadores, sus manifestaciones han sido reprimidas duramente en
los últimos años. El 2007 la represión policial cobró una víctima fatal,
el caso del trabajador forestal Rodrigo Cisternas, ocurrida en Arauco.
En 2008 se pudo constatar la existencia de cuatro casos de violencia
policial constitutivos de tortura, a la luz de la convención sobre la
materia ratificada por Chile; dos en contra de personas mapuche en la
Región de la Araucanía (uno afectó a integrantes de la comunidad de
Temucuicui, y otro a integrantes de la comunidad José Guiñón, ambos
imputables a Carabineros), uno en contra de trabajadores (el caso del
trabajador del sindicato de la empresa Aguas Claras en Puerto Montt,
José Moil Paredes, también imputable a Carabineros), y otro en contra de
Elena Varela, cineasta detenida por la Policía de Investigaciones en
mayo de 2008.
Dos son los factores que para los organismos de derechos humanos que en
septiembre de 2008 lanzamos la campaña "Alto ahí: basta de violencia
policial en Chile" (www.altoahi.cl) explican la persistencia de este
fenómeno. El primero dice relación con la impunidad en que quedan estos
hechos, como consecuencia de la falta de imparcialidad de los tribunales
militares que los investigan. De acuerdo con la legislación vigente, los
tribunales militares tienen competencia exclusiva para conocer abusos
tales como la tortura, el homicidio o el uso injustificado de la fuerza
por parte de Carabineros, si se cometen durante actos de servicio o en
recintos militares. La vulneración al debido proceso al amparo de la
jurisdicción militar ha sido representada por la Corte Interamericana de
Derechos Humanos en su condena al Estado de Chile en el caso Palamara
vs. Chile en 2005. En dicho caso la Corte señaló al Estado la necesidad
de adecuar, en un plazo razonable, el ordenamiento jurídico interno a
los estándares internacionales limitando la jurisdicción penal militar
al conocimiento de delitos de función cometidos por militares en
servicio activo, adecuamiento, como sabemos, aún pendiente.
El segundo factor se vincula con la falta de voluntad política de las
autoridades de Gobierno para enfrentar esta realidad violatoria de los
derechos humanos. A pesar de las denuncias formuladas, las autoridades
no han adoptado las medidas necesarias para lograr una sanción, ya sea
administrativa o judicial, de los responsables de los hechos de
violencia que son imputables a los agentes policiales del Estado.
El Gobierno rara vez se ha hecho parte en las causas que se siguen a
objeto de perseguir la responsabilidad criminal de las actuaciones de
efectivos policiales. Ello a pesar de no existir limitaciones legales
para estos efectos. Esta pasividad contrasta con el rol activo que el
Gobierno, en particular el Ministerio del Interior, ha asumido en la
persecución de la responsabilidad penal de la población civil que
participa de acciones de protesta social, o cuando se le imputa
participación en hechos de violencia que afectan a efectivos policiales
o a la propiedad. Tampoco ha impulsado con la energía que se requiere
las iniciativas legislativas para poner término a la competencia de la
justicia militar para conocer delitos que afectan a la población civil.
Mientras se mantenga el marco normativo vigente, y las autoridades
gubernamentales no asuman la responsabilidad que les cabe para poner
término a las prácticas abusivas de los agentes policiales en Chile,
hechos como la trágica muerte de Matías Catrileo a manos de carabineros
seguirán ocurriendo / AZ
* Abogado, co-director del Observatorio Ciudadano.
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