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PARA DEBATIR, REFLEXIONAR Y
ORGANIZARSE |
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Mujeres mapuches se reunieron en
histórica ciudad de Cañete |
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Con el objetivo de dar cuenta de
sus derechos políticos y reconocerse en la diversidad
cultural, mujeres mapuches de todo el país, dirigentas rurales
y urbanas de comunidades tradicionales, Juntas de Vecinos,
Asociaciones Indígenas, Comités de Salud, llegaron hasta la
ciudad de Cañete. A orillas del lago Lanalwe se mezclaron
historias de dolores y de esperanzas por un futuro mejor para
sus hijos y comunidades. |
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Por
Wladimir PAINEMAL* / Martes 6 de Enero
de 2009 |
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Mujeres
mapuches. |
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Foto de Archivo. |
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CAÑETE /
Dispuestas a romper con la tendencia histórica que las ha dejado fuera de la representación organizacional dominada por hombres, una
treintena de mujeres mapuches, además de una
representante del Pueblo Aymara, se reunieron por dos días en la
histórica ciudad de Cañete. A orillas del lago Lanalwe se mezclaron
historias de dolores y de esperanzas por un futuro mejor para sus hijos
y para sus pueblos. Lanalwe, el “lago sin espíritu” o “espíritu muerto”,
se llenó de vida. Las mujeres dejaron sus espíritus sobre las aguas
esperando que germinen buenas semillas.
Las organizadoras del encuentro, la
Comisión Indígena de ANAMURI y las anfitrionas, la “Asociación de
Pequeñas Productoras y Artesanas Rayen Voigue” de Cañete, fueron las
encargadas de dar las palabras de bienvenida a mujeres venidas desde
Chiloé, hasta el norte de Wallmapu. “Nuestra apuesta es visibilizar
nuestro aporte, legitimarnos como actoras políticas con poder de
decisión, de gobernar nuestros destinos como mujeres y el de nuestras
organizaciones”. Así resumió Dominica Quilapi la intención de las
organizaciones convocantes, lo cual fue refrendado a lo largo del
encuentro.
Las delegadas fueron dando cuenta de sus innumerables problemas, de la
preocupación de sus organizaciones por el medioambiente, la educación y
especialmente con la producción de diversos productos, con los cuales
mantienen a sus familias. Compartieron desafíos y también interrogantes.
¿Es posible afirmar que la exclusión femenina de la vida política mapuche se debe a nuestra cultura? Y si así fuera, ¿qué sucede con
los llamados a revitalizar esa cultura? ¿Es posible pensar un futuro
autónomo en que la mujer quede relegada a un papel secundario? ¿Cómo explicar a las futuras
generaciones que, iniciándose el siglo XXI, la mitad de la población
mapuche haya sido invisibilizada bajo un supuesto “rol
tradicional”?

A orillas del
lago Lanalwe se mezclaron historias de dolores y de esperanzas
por un futuro mejor para sus hijos y para sus pueblos.
Lanalwe, el “lago sin espíritu” o “espíritu muerto”, se llenó
de vida. Las mujeres dejaron sus espíritus sobre las aguas
esperando que germinen buenas semillas. |
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“Este encuentro es una forma de
reconocer y valorar el aporte que hacemos las mujeres indígenas a
nuestros pueblos. Lamentablemente es un esfuerzo no siempre reconocido
públicamente, no siempre visible por el liderazgo tradicional”, agregó
la lamngen Quilapi. Durante el Trawun, quizás la exclusión haya sido el
tema más recurrente y más problemático de tratar. A ratos, las opiniones
se dividían entre aquellas mujeres que buscan cambiar las reglas del
juego y aquellas que buscan mantener e incluso fortalecer esos “valores”
tradicionales, donde a la mujer corresponden actividades domésticas o
asociadas a la preservación de manifestaciones culturales.
Un dato importante a considerar, en
el caso de las dirigentas convocadas, fue la multiplicidad de roles de
cada una. Además de ser pilar en sus hogares,muchas eran presidentas,
secretarias o tesoreras de Comités de Vivienda, Asociaciones Indígenas,
Juntas de Vecinos, Talleres Laborales, Cooperativas Eléctricas, entre
otras. Tal compromiso tendría sus consecuencias, reconocieron. “Dejaron
abandonada la casa”, “abandonaron sus familias por la organización”, nos
cuentan que les dicen, ello en un contexto machista donde muy pocos
valoran el rol de la dirigenta y por el cual la mayoría de las veces no
reciben ninguna retribución.
En este torbellino de problemas y de las estrategias que cada una de
ellas emplea para enfrentarlas, se da cuenta de una discriminación
multivariada; por ser indígena, pobre y mujer, cuestiones que no sólo
están presentes en la sociedad chilena sino también dentro de la
sociedad de la cual provienen. “Yo soy gásfiter y en mi trabajo me
encuentro que las mujeres son mucho más discriminadoras que los hombres,
cuando me ven llegar me dicen, '¿pero Ud. sabe hacer este trabajo' y
cuando le resuelvo el problema o las embarradas en sus cocinas
provocadas muchas veces por gásfiter hombres, me dicen, 'no pensé que
Ud. pudiera hacer esto'”, nos cuenta Nancy Antillanka, dirigenta
mapuche-williche de Osorno. Su experiencia es transversal a todas.
El equipo técnico a cargo de las presentación instaló algunas
interrogantes provocadoras del debate: ¿puede una mujer ser lonko? “No
podemos serlo por nuestra cultura”, rebate una de ellas. ¿“Por qué no?”,
le retrucan desde mas allá, “si las mujeres tenemos la misma
inteligencia”. En un momento del debate comienzan a hablar de su
participación política en las pasadas municipales. Cuatro mujeres
presentes en el encuentro dan cuenta de su experiencia, en conjunto
totalizan 900 votos, ninguna de ellas alcanzó a ser elegida. “Mis votos
son de conciencia, no le compre los votos de nadie, tampoco pude hacer
propaganda porque no tenia los recursos para hacerlo, así que la gente
que voto por mi lo hizo en conciencia”, dice Juana Curio de Villarrica,
quien denuncia un hostigamiento de uno de los lideres mapuche locales
que cuestionó su atrevimiento de ser candidata.
No quedaron fuera del debate el rol de las instituciones que debieran
velar por el derecho de las mujeres en el país. Se plantea que estas no
ven los derechos de la mujer por iguales, desconociendo que existen
factores que dan una particularidad. ¿La violencia que afecta a la mujer
tiene un mismo origen y tiene una misma forma de erradicarla? Con esta
interrogante Clorinda Cuminao, antropóloga y una de las expositoras
inició su exposición sobre los convenios internacionales que protegen
los derechos de las mujeres. “En las convenciones internacionales
respecto de los derechos de las mujeres estamos integradas por igual y
esto que pareciera ser una obviedad, a veces viene a perjudicarnos como
mujeres indígenas”, acota.
Otro expositor colocó en la agenda la ratificación del Convenio 169 de
la OIT. “El convenio no lo conoce la gente, este es un tema que manejan
los políticos, pero la gente de base no lo conoce, ¿cómo vamos a ejercer
nuestros derechos sino lo conocemos?”, se interroga una dirigenta.
“Tenemos que leerlo y entenderlo. Nosotros somos dirigentes, por lo
tanto nuestro rol es transmitir a otros, a nuestra gente lo que vinimos
a conocer en esta reunión, no puede quedar solo en nosotros este
conocimiento”, se responde convencida.
Entre las principales demandas que surgieron del encuentro se encuentran
aquellas que tienen que ver con las reivindicaciones generales de los
pueblos indígenas: reconocimiento como pueblo, derecho al territorio,
libertad para los luchadores sociales encarcelados, que se reconozca y
resguarden los bosques nativos. Y un elemento especial: el agua, pues
“¿de qué nos sirve tener tierra o semillas sino tenemos agua?”,
reflexionaron.
Mantener viva la identidad, la lengua
originaria, lograr incidencia en el poder local, reforzar la llegada de
mujeres a cargos dirigenciales, fueron parte de los desafíos expuestos.
¿Cómo lo harán? En esa tarea se organizaron por territorios con el fin
de fortalecer la Comisión Indígena de ANAMURI, instancia que las convoca
y las representa. Las mujeres mapuches e indígenas en general buscan
abrirse camino en el arte de ser líderes y algún día también gobernar.
Los hombres, ¿les abriremos las puertas o seguirán estando puertas
adentro? / AZ
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