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Bachelet y la industria forestal |
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Cerrado el año 2008, donde el gobierno de
Bachelet legitimó la represión como vía de solución al conflicto
histórico entre nuestro pueblo y el Estado, sumando nuevas víctimas fatales
del lado mapuche, el financiamiento estatal anunciado para la nueva
arremetida forestal en Wallmapu constituye una nueva y grave
afrenta.
¿Seguiremos observando como otros hacen sentir su peso
e influencia frente al gobierno, afectando nuestros intereses
nacionales? |
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GUSTAVO QUILAQUEO
- 09 / 01 / 09 |
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Industria forestal chilena. |
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Foto de Archivo.. |
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Aplaudido
por todos los sectores políticos en Chile, el denominado “Plan de
Estímulo Fiscal” por más de 4 mil millones de dólares, anunciado el
pasado lunes 5 de enero por la Presidenta Michelle Bachelet, tiene en
una de sus 11 medidas una peligrosa continuidad para la ya dramática situación del pueblo mapuche. Se trata del “incremento transitorio de
los beneficios del Decreto Ley 701 de incentivo a la forestación”, que
-según el gobierno- “contribuirá a mitigar los efectos sobre el empleo en regiones forestales
por el menor dinamismo de la economía mundial”.
Esta medida es fruto del inmenso poder de presión y de lobby que tiene
en Chile el sector empresarial forestal, evidenciada en la reunión
sostenida por representantes de CELCO (grupo Angelini) y CMPC (grupo
Matte) con la Presidenta Bachelet y su equipo, pocos días antes del
publicitado anuncio presidencial. En este punto, alarmante resulta
constatar que el mismo Decreto Ley 701, mediante el cual la dictadura de
Pinochet “instaló” la industria forestal en Wallmapu, propiciando un
escenario de usurpación y despojo territorial que aun persiste, sea
potenciado hoy por el gobierno como respuesta a la crisis
económica.
La base de la propuesta presentada por
el Ejecutivo apunta a aumentar las plantaciones de especies exóticas en
Chile (pino y
eucaliptos), ello con el objeto de sumar un 50 por ciento más de
masa forestal, lo que -a juicio del gobierno- redundaría en inversiones
y empleo. Sin embargo, no cabe duda que esta nueva arremetida del sector
forestal, cuya producción se haya concentrada en Wallmapu, solo
contribuirá, como se evidencia desde hace al menos una década, a
empeorar la situación de los mapuches, especialmente en los siguientes
tres ámbitos.
En primer lugar, el económico. Es
sabido que este tipo de rubro y actividad productiva se caracteriza más
por “reemplazar” que generar fuentes de empleo. En efecto, comparado con
la actividad agrícola (cultivos), genera menos de la mitad de mano de
obra por hectárea, con el agravante que cuando los genera, se trata
más bien de empleos transitorios, de baja remuneración y en ningún caso
garantizados a los mapuches, privilegiándose la subcontratación. Un
reciente informe de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque
Nativo consigna que en Chile hay
133 mil trabajadores forestales. De ellos, sólo entre el 25 y 30% tiene
contrato permanente, mientras que el 82% se encuentra bajo la línea de pobreza.

En este punto, alarmante resulta
constatar que el mismo Decreto Ley 701, mediante el cual la dictadura de
Pinochet “instaló” la industria forestal en Wallmapu, propiciando un
escenario de usurpación y despojo territorial que aun persiste, sea
potenciado hoy por el gobierno como respuesta a la crisis
económica. |
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En segundo lugar, el ámbito de la paz
social. El sector forestal, desde la década del 80' en adelante, ha sido
uno de los actores responsables de la agudización del mal llamado
“conflicto mapuche”. Para nadie es un misterio que gran parte de las
tierras reivindicadas por comunidades están hoy en manos de madereras. Y
que éstas, al ser interpeladas por las comunidades vecinas a sus
plantaciones, no han trepidado en recurrir a guardias armadas y a la
persecución penal de dirigentes y comuneros, ello en complicidad con el
Ministerio Público y los aparatos represivos del estado. Esto ha
desembocado en causas judiciales que han llevado a la cárcel cientos de
mapuches. Y en un escenario de represión constante sobre comunidades y
familias.
En tercer lugar, los efectos
ambientales. Los monocultivos de pinos y eucaliptus conllevan un grave
daño a los ecosistemas locales, afectando la calidad de los suelos, la
biodiversidad, la medicina natural, la producción de alimentos y
materiales de vivienda. En definitiva, la vida misma de nuestra gente. Particularmente
grave es el impacto sobre el agua, elemento fundamental en nuestra vida,
cultura y espiritualidad como sociedad. Las plantaciones forestales
agudizan además cada año en Wallmapu los problemas generados por el Cambio Climático,
donde eventos de sequía cada vez más prolongados y recurrentes tienen a
su vez efectos sobre la salud y la economía de miles de familias
campesinas mapuches y chilenas.
Con responsabilidad podemos señalar que estamos en presencia de una actividad económica cuyo
modelo productivo es tremendamente negativo para Wallmapu y su población
en general, aunque no así para los empresarios de la madera y la
celulosa. Como sostiene la Agrupación de Ingenieros Forestales por el
Bosque Nativo, “el
esquema silvicultural utilizado por estas empresas consiste en
establecer monocultivos de alta densidad que, cosechados a tala rasa,
genera enormes ganancias (para unos pocos), pero también grandes
impactos en el paisaje, suelos y aguas. El modelo forestal genera
conflictos con las comunidades rurales y las grandes empresas no
absorben los impactos sociales y ambientales”.
¿Qué nos queda entonces? Es vital organizarse y presionar
a las instancias del gobierno y del Estado para un redireccionamiento de
estas medidas económicas anunciadas desde La Moneda. Se debe exigir que parte de este
millonario financiamiento del Estado se canalice hacia los sectores campesinos mapuches y no mapuches,
bajo la fórmula del Fomento a la Plantación de Especies Nativas y el
Manejo de las Cuencas de Agua; Dada la gravedad de la sequía que ya se está
presentando en muchos sectores de Wallmapu, se debe exigir además a los
gobiernos locales incorporar un Plan de Inversión Urgente en
Infraestructura que asegure el consumo humano y animal de agua en
sectores rurales, ello con parte de los 41 millones de dólares asignados
por el plan gubernamental a los Municipios.
Considerando además la ratificación del Convenio 169 de
la OIT, se hace urgente generar instancias donde sea posible abordar la problemática de los derechos sobre
los recursos naturales, especialmente con relación al tema del agua. Ello
implica la modificación del actual Código de Aguas y una legislación que
asegure el derecho y uso de los recursos hídricos que nacen y pasan por
las comunidades mapuches.
Finalmente y en un proceso de avance político, es tremendamente necesario
propiciar formulas de organización y representación política mapuche que
puedan no solo denunciar legislaciones y medidas que nos afecten como
pueblo, sino además generar propuestas y disputar poder en todas
aquellas instancias de toma de decisiones.
Cerrado el año 2008, donde el
gobierno de Bachelet legitimó la represión como vía de solución al
conflicto histórico entre nuestro pueblo y el Estado, sumando nuevas víctimas fatales
del lado mapuche, el financiamiento estatal anunciado para la nueva
arremetida forestal en Wallmapu constituye una nueva y grave afrenta.
¿Seguiremos observando como otros hacen sentir su peso
e influencia frente al gobierno, afectando nuestros intereses
nacionales? ¿Tomaremos conciencia de la necesidad de transformarnos como
mapuches en actores políticos de primer orden? En un año de
vorágine política electoral y próximos a ser meros espectadores de la
conmemoración del Bicentenario, responder estas interrogantes resultará
clave en nuestro futuro como nación / AZ
* Presidente del Partido Mapuche Wallmapuwen. Magister en desarrollo
Rural.
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