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FOTO DE FLICKR/RETRAFE. |
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“Soy rütrafe -como se dice en
mapudungun-, platero. Trabajo la plata e intento hacer un rescate de la
platería mapuche. Estoy haciendo una investigación, y mi idea es
contextualizar este oficio a nuestro tiempo. El rütrafe es un oficio que
tenía una posición definida en nuestro pueblo, en la cosmovisión
mapuche, y que hoy se ha perdido. La orfebrería, la joyería hoy está
siendo solamente un souvenir del pueblo mapuche”, nos cuenta Gabriel
Cheuquepán Collín.
-¿Por qué quieres rescatar esta tradición?
“Más que rescatar es hacer una
cultura viva. Me he dado cuenta que la cultura mapuche ha tenido un
estancamiento por culpa de la vida moderna y el proceso de rescate
cultural ha sido muy largo. Nos hemos convertido solamente en una
‘expresión’ cultural y no en cultura viva. Por eso intento situar en la
vida moderna este oficio, que tenía un contexto espiritual, religioso,
en apoyo a la cosmovisión mapuche. Hacer ese ‘rescate’ en términos
personales es aprender o redescubrir este oficio y hacerlo vivo, en la
vida cotidiana. Y pensando en oficios que no tengan una visión
comercial, muy por el contrario, que tengan un apego y respeto con la
naturaleza y la cultura mapuche. No hablo de cultura como una expresión
más de la gente o un souvenir, sino como una cultura viva y que aún
tiene muchas cosas por hacer. Eso es lo que estoy trabajando”.
- ¿Investigas cómo hacía artesanía el pueblo mapuche?
“No comparto el término artesanía. Yo
hablo de un oficio que tenía asidero en la comunidad, que interpretaba
sueños de personas que querían tener joyas y, a través de ellas, mostrar
su posición económica y religiosa en el pueblo. Por eso no lo nombro
como artesanía sino como un oficio propio de nuestra cultura. Estoy
investigando cómo el rütrafe elaboraba joyas y qué significado tenían”.
- ¿Qué tipo de joyas se elaboraban?
“Muchas joyas se hacían en términos
ceremoniales, dedicadas a las machi, o se hacían porque las machi tenían
ciertas revelaciones, y las joyas mostraban y daban cuenta, por lo que
he investigado, de esa conexión y poder. Y había también joyas que
muestran ciertos periodos históricos de nuestro pueblo. También otras
que eran para lucirlas y demostrar una cierta posición económica. Mi
rescate va por ir conociendo primero la cantidad de joyas. En esta breve
investigación, me he dado cuenta que hay muy pocas piezas que se han
rescatado o exhibido. Por ejemplo, sólo se habla de cinco pares de
chawai -aros-, que son los que toda la gente copia. Pero hay un montón
de piezas en museos, en manos de privados no mapuche que tienen un
contenido muy distinto a la razón de ser o el porqué fueron fabricadas
esas joyas… Mi rescate va por ahí, mostrar esas joyas, mostrar que no
tenemos solamente cinco o seis adornos bonitos, sino que hay todo un
contexto, que fueron hechas en diferentes zonas geográficas, que
cambiaban de una zona a otra, y también por los conflictos o por las
machi que soñaban o tenían revelaciones”.
- ¿Cuáles son las joyas mapuche?
“Esta el trarilonko, que es un
cintillo metálico que va en la cabeza de la mujer; si es tejido, lo usa
el hombre. Los más conocidos son una tira de eslabones con círculos
colgando; hay sekil o pectoral, acuchas, trapelacuchas, chawai -que es
lo más conocido-, tupu (alfiler), punzón -piezas que sirven para
enganchar ikülla- o rebozos, kilkai (joya pectoral) - pieza parecida al
trarilonko pero que se usa en el pecho-, y otras, que se hacían a base
de metales y de cerámica, que hoy son las menos vistas y sólo se
encuentran en museos winka. La joyería comienza la segunda mitad del
siglo XIX. Desde ahí se conoce la platería. Hay varias hipótesis que se
han investigado. Puede ser que se iniciara por la comercialización e
intercambio en la frontera. Muchas de las joyas fueron primero monedas
de plata que fueron fundidas y convertidas en piezas. Otras fueron
hechas con las monedas sin fundir, como las trapelacuchas y anillos, ahí
se puede ver la acuñación de la moneda.
Otra forma habría sido la apropiación
de la plata a través de malones o saqueos. Esa es una forma de explicar
el por qué se conoció y empezó a trabajar la plata. El trabajo era muy
distinto a la forma actual. Hoy vas a una tienda comercial y compras los
implementos de joyería, inclusive puedes encontrar joyas con motivos
mapuche y que están fabricadas en China, en serie, ya que las técnicas
antiguas se han perdido. Hay relatos secretos sobre cómo se hacían las
joyas que son difíciles de investigar. La mayoría de las investigaciones
han sido hechas por personas no mapuche, extranjeros.
Existía mucha fundición propia,
fraguas artesanales, fuelles, hechos con elementos de la misma
naturaleza, ya sea pieles de animales, maderas nobles, moldes en base a
barros y arcillas, y dependía de la pieza que se hacía el tipo de molde.
Cuando se hacía en barro el molde se usaba una sola vez. Las piezas eran
únicas y confeccionadas a cincel. No había ningún tipo de herramienta
como las que hoy conocemos. Deben haber usado mucho la arena para pulir,
por ejemplo, y hierbas para sacar brillo. Hierbas que eran comunes en
las comunidades y que hoy es difícil encontrar debido a la depredación”.
- Tus joyas están siendo exhibidas…
“Sí, y ha sido una gran experiencia.
Junto con mi pareja -Lorena- estamos apoyando unas obras de teatro con
nuestras joyas. Una obra es del Teatro Escuela Municipal de La Florida,
se llama Leftraro: Hombres de la tierra, y la otra, es del Colectivo
Artístico Manos a la Obra, Memorial de la Noche. Además, participamos en
el encuentro de Teatro Caminante de La Florida, vendiendo joyas mapuche.
Cuando estábamos con nuestro puesto, me fui a dar una vuelta por el
lugar y la gente decía: ‘Están los mapuches, vamos a verlos’, casi como
si fuéramos un museo viviente, como el circo de rarezas que montaron en
Francia, exhibiendo a indígenas de América… Eso también es
discriminación. Creo que como pueblo debiéramos sacarnos ese estigma,
hacer lo nuestro, con orgullo, con nuestra propia cosmovisión… Aparte de
la joyería, nosotros preparamos comida, podemos decir que hacemos
mapuche yael, o sea, cocina mapuche. De esa manera, acercamos a la
población no mapuche a nuestra realidad y demostramos que estamos vivos,
que no somos un recuerdo ni solamente una línea de resistencia en la
historia, que nuestra defensa de la nación mapuche es porque somos gente
que vive hoy, que tiene una forma distinta de ver la vida, la sociedad,
la distribución de la riqueza, todo…
Pienso que la migración de hoy que
llega a Chile es parecida a la migración mapuche de los años ‘50 y ‘60,
con la sola diferencia que los peruanos tienen una presencia
gastronómica y cultural importante, y que ha repercutido en la sociedad
chilena. No solamente han ocupado puestos de trabajo, han intervenido y
agregado sabores a la cocina, formas de vida, expresiones culturales. La
gran migración del ’50, de mapuche campesinos que se vinieron a la zona
central por mejores trabajos, no logró eso. Sólo ocupó espacios de
trabajo -según mi parecer-, no espacios culturales. Por supuesto,
tenemos contextos históricos muy diferentes. Nosotros fuimos
perseguidos, asesinados, y se creó un ejército para combatirnos, con
Cornelio Saavedra y Hernán Trizano. Nos trataron de exterminar y, por
último, reducirnos a territorios cercados, y en el puelche, en el lado
de Argentina, ocurrió lo mismo con la ley maldita que pretendía
exterminar la sangre aborigen. No soy hablante mapuche, como muchos de
los mapuche urbanos y rurales, por el racismo. Nuestros padres no nos
enseñaron nuestra lengua por miedo a que nos discriminaran más de lo que
ya hemos sido discriminados. El Estado intentó matar nuestra cultural,
nuestra forma de hacer las cosas, de convivir con la naturaleza y otros
seres, y no solamente con los seres humanos, sino también con los
animales y los seres espirituales o mágicos que existen en nuestra
tierra”.
- ¿Trabajas solo?
“En la joyería sí, pero mi idea es
incluir a un orfebre. En el rescate de nuestro patrimonio de alguna
forma me posiciono de lo que está haciendo desde hace mucho tiempo mi
hermana menor y su pareja. También se incorpora mi pareja, con la que
estamos asumiendo esta tarea y preparando comida mapuche, y lamien que
trabajan el telar, profesores y educadores de párvulos. Como te
comentaba estamos haciendo muestras de apoyo en presentaciones de
teatro, y nos autogestionamos con la venta de comida. Hemos tenido
bastante buena aceptación. El público de las obras se ha dado cuenta que
nuestros sabores son súper aceptables y podrían ser parte de una sana
nutrición diaria”.
- ¿En qué consiste la comida que preparas?
“Vendemos comida que no es en base a
carne, por un tema de traslado y cadena de frío, y porque queremos decir
que no somos sólo carnívoros. Preparamos katutos, que son unos
panecillos de trigo; millokín, que es preparado con granos como arvejas,
chícharos, lentejas o porotos. También es una manera de rescatar nuestra
cultura. Nos hemos dado cuenta que son preparaciones muy parecidas a la
comida árabe. Cambian algunas formas de relleno que usamos los mapuche.
También hacemos mudai de kinoa y de trigo, una chicha que tiene un
proceso de fermentación milenaria. Nosotros la hacemos como un jugo
natural, que se puede tomar diariamente, evitando los productos
artificiales que nos han impuesto. Te puedes alimentar sano y barato… Y
la típica sopaipilla mapuche, con harina y levadura, frita. Lo estamos
desarrollando como forma de vida, más que como negocio. Tuve varias
experiencias de empresas, la última fue un restaurante. Fue un fracaso
porque fuimos un poco porfiados tratando de meter este tipo de comidas
en la población chilena, que no tiene la costumbre de probar cosas
nuevas, sobre todo cuando son indígenas, pues si hubiese sido comida
japonesa hubiésemos hecho furor, pero como son gustos del ‘interior del
país’ que han sido siempre discriminados, tuvimos un retroceso… Pero
seguimos porfiados”.
- ¿Qué proyectos tienes a futuro?
“El Colectivo Artístico Manos a la
Obra van a montar Memorial de la Noche, una adaptación del libro de
Patricio Manns, que habla del alzamiento mapuche de 1934 en el Alto Bío
Bío. Se presentará gratis el sábado 29 y domingo 30 de enero, y el
sábado 5 y domingo 6 de febrero, en el Anfiteatro Griego del Parque Juan
XXIII, en Ñuñoa. Incluye música, danza, mimodrama, pintura, fotografía y
el rescate de la cultura mapuche. Con ellos estamos haciendo la
coctelería y la muestra de la joyería, durante todas las funciones
nosotros venderemos comida y exhibiremos nuestras joyas. Los actores
usarán nuestras joyas en la obra. También esta la posibilidad que una de
nuestras joyas, un trarilonko, sea exhibida por una cantante en el
próximo Festival de Viña.
También participé en el concurso de
Talento Artístico de La Florida 2010 y me lo adjudiqué. El proyecto, a
grandes rasgos, es hacer una cantidad de piezas, joyas mapuche, y
mantener con ellas una muestra itinerante en La Florida. Me encuentro en
la etapa de fabricación. Creo que en dos meses tendré ya posibilidades
de exhibirlas. También tenemos ideas de hacer muestras y un trabajo de
rescate cultural en las áreas de Salud y de Educación en La Florida.
Intervenir, por ejemplo, espacios donde la gente va a hacer sus trámites
o a atenderse. Mostrar no sólo joyería sino también comida mapuche. Una
lamien está trabajando en telar y está interesada en hacer la muestra
itinerante con nosotros. De concretizarse, estaríamos visitando
policlínicos y consultorios con una muestra de comida, medicina, joyería
y telar”.
- Dices que no es sólo algo patrimonial, sino una forma de vida, pero
eso se está perdiendo. Algunos mapuches intentan mantener su cultura,
otros ni siquiera se reconocen como mapuches…
“Eso pasa por la segregación y
discriminación. Recuerdo que cuando niño era duro ser el sospechoso de
siempre en los colegios, el indio, el panadero, el que se podía haber
robado las cosas… Siempre fuimos discriminados y culpables de algo.
Puedes decir, ‘pero son sólo niños’, pero ellos aprenden de sus
familias, de los adultos, el racismo. Muchos peñi y lamien no se
reconocen como mapuche para protegerse de burlas, del racismo. Pero hoy
existe un proceso contrario, muchos se está asumiendo como mapuche, y
otros no mapuche asumen una vida que se acerca a la naturaleza, a una
espiritualidad distinta, una forma de vida como la mapuche”.
-Que haya mapuches que se preocupan de sus hierbas, de su comida, de sus
joyas y telares, de su cosmovisión y cultura, comunidades que cultivan
la tierra, es mantener el patrimonio…
“El término comunidad fue acuñado
hace muy poco, antes éramos reducciones… y antes un pueblo-nación. En
los ‘80 la dictadura mandó parcelar, dio títulos de dominio, esas son
las comunidades que hoy existen. Eso agravó la pérdida de la visión y
forma de vida mapuche. Hay comunidades que se dieron cuenta que esa
fórmula que creó la dictadura ha impedido que sobrevivan. La parcelación
ha significado más pobreza que antes. Muchas comunidades están sacando
los cercos, la colectivización de las tierras permite el trabajo y la
alimentación de las comunidades. También hay mapuche que viven su
cultura en las grandes ciudades como Santiago. No se trata sólo de
recuperación o resistencia, mapuche es una forma de vida, un territorio,
un pueblo-nación, con espiritualidad, historia, educación, idioma -que
hoy se está perdiendo-.
Nuestras tradiciones son orales. Los
relatos se llaman nütram. El epeu es el relato de enseñanzas y leyendas.
El weupife mantiene el relato oral, la memoria viva. Tiene una posición
dentro de nuestro pueblo, que es mantener la enseñanza y transmitirla.
Eso se está perdiendo. Muy poca gente mantiene este oficio, que es un
oficio muy importante pues conserva nuestra historia. Estuve un tiempo
recorriendo y viviendo en comunidades, y al igual como el pueblo vasco
habla de su ‘idioma de cocina’, nosotros también tenemos eso, el ‘idioma
de fogón’, que es sentarse entre peñi, escuchar a los mayores, que nos
van transmitiendo enseñanzas, historias. Hoy son responsables los
mayores, pero no como un oficio, como debería ser. El weupife recogía
las enseñanzas transmitidas de generación en generación, traspasaba la
memoria del pueblo a través del relato oral: religiosidad, cuentos,
costumbres, historia. Era una autoridad. Donde hablaba el weupife era el
weupin”.
-¿Los rütrafe eran hombres?
“Por lo que he investigado, eran
hombres. Eso se puede deber a la forma de trabajo que se desarrollaba,
la cantidad de esfuerzo que se hacía, pues no se usaban las herramientas
de precisión con las que hoy se cuenta. Había mucho trabajo con
martillos, cinceles, y el calor excesivo de las fraguas. No he llegado a
saber de mujeres rütrafe”.
-¿Quieres agregar algo más?
“Que cuando nos vean nos apoyen”.
Más información y contacto en
http://retrafechoike.wordpress.com
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