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FOTO DE
AGENCIAS. |
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Konün Traytrayko Leufu (Lugar donde
se juntan las aguas) es el verdadero nombre de la comuna -fundada por
decreto supremo en 1885 como Bajo Imperial-, que pasó a llamarse
Saavedra en 1906 en honor al “pacificador de la Araucanía”, el coronel
Cornelio Saavedra. Zona mapuche por excelencia, los primeros colonos
instalados por el coronel genocida llegaron desde el fuerte Toltén y
Cañete. Luego llegaron las misiones capuchinas a “educar indígenas y
acabar con su vida licenciosa y pagana”. La discriminación continúa.
Cada día se les recuerda a los mapuches que fue Chile quién ganó una
guerra nunca declarada.
A pesar del racismo, en las últimas elecciones municipales han resultado
elegidos alcaldes mapuches. El 2000 asumió Domingo Ñancupil, y en los
siguientes comicios, Ricardo Tripainao. “Un 70 por ciento de la
población es mapuche, el resto mestizos. Pero la mayoría se reconoce
como ‘chileno’. Pervive el racismo. Saavedra es una de las comunas del
país con mayor población mapuche. Más de 110 comunidades se distribuyen
en dos sectores: ADI (Área de Desarrollo Indígena) Budi, creada en 1996,
y el sector norte, camino a Carahue, con doce comunidades, que quedaron
fuera del ADI por no bordear el lago Budi pero que son lafkenches.
Bordean el río Imperial. A ellas, como quedaron fuera, no les llega
mucha ayuda estatal. Recién en 2007 accedieron al Programa Orígenes,
mientras en el ADI Budi éste llegó el 2000”, dice Natalia Caniguán,
antropóloga y directora del Centro de Documentación Étnico, Rural y
Pesquero, proyecto Fondecyt de la Universidad Academia de Humanismo
Cristiano que se asentó en la comuna de Saavedra.
Puerto Saavedra está a 85 kilómetros de Temuko. El ADI comprende gran
parte de la comuna, lo que implica una focalización de recursos para las
comunidades de Saavedra, Domínguez, Oñoico y el Budi. Según el Censo
2002, la población urbana es de 19%. La encuesta Casen 2003 señaló que
un 16,4% de la población es indigente, y un 38,3% vive en situación de
pobreza. Hay una directa relación entre mapuches y pobreza. Que la
ciudad y la comuna lleven el nombre de Cornelio Saavedra, además, es una
ofensa para los mapuches. Nadie ha hecho una campaña para cambiar eso.
“Ofende llevar el nombre de quien mató a miles de mapuches. Es fuerte
que todos los días te lo recuerden. Que la calle principal se llame
Ejército de Chile. Que Puerto Domínguez lleve su nombre por Eleuterio
Domínguez, dueño de la empresa colonizadora de las tierras despojadas a
los mapuches”, dice Caniguán.
“La discriminación se da más en la ciudad; es común, cuando vas a
comprar, que atiendan antes a un ‘chileno’ que a un mapuche. No hay
paraderos para el transporte rural. Cuando vas a oficinas públicas no
falta quien se queja que ‘hay mal olor’ cuando hay mapuches presentes… Y
los clásicos ‘son pobres porque son flojos, no trabajan la tierra, se
les ve borrachos’, etc. Dicen: ‘Saavedra es chilena, los mapuches viven
en el campo’”. Frente al municipio hay una placa en homenaje a Cornelio
Saavedra y en 2003, junto al alcalde mapuche, las comunidades plantaron
un rewe. Pero desconocidos lo quemaron en clara muestra de racismo y
discriminación.
En Saavedra viven descendientes de los colonos. “Hay un afán de
superioridad, de no reconocerse como mapuches aunque el mestizaje sea
muy alto. Pervive la noción de que ellos ‘llegaron de afuera y trajeron
el progreso’. Saavedra instaló a colonos, campesinos empobrecidos. Por
el solo hecho de ser ‘chilenos’ creen ser ‘superiores’, pues fueron
‘escogidos’ para traer ‘progreso a una zona donde todavía había
salvajes’”, dice Natalia Caniguán.
Vivir en Saavedra
Saavedra vive de la agricultura; se cultiva predios pequeños de forma
intensiva, de tres a cinco hectáreas por familia. Producen cereales y
leguminosas. Trigo, avena, arvejas, lentejas y papas, principalmente
para autoconsumo. Hay huertos y cría de aves de corral -patos, pavos,
gansos y gallinas-, pequeña ganadería -cerdos, vacas y ovejas-, y algo
de pesca en el río Imperial -tollo, corvina, pejerrey, lisa y róbalo-,
cultivos de choros; en la zona de Puaucho, usando redes; y en el Lago
Budi -lisa, carpa y huaiquil-, para consumo familiar, intercambio y, en
menor medida para la venta a través de intermediarios.
Según
las autoridades Saavedra mejora. Se construyó un nuevo hospital, se dotó
de equipamiento a pescadores y se mejoraron las escuelas, postas
rurales, sedes sociales. Se construyen refugios peatonales y la Unidad
de Desarrollo Económico Local busca impulsar el turismo, la pesca y el
cultivo de la papa. “Acá el problema es económico. La pobreza es alta y
se nota. Es muy común que se viva con pensiones mínimas. Hay poca tierra
utilizable. La mayor parte de las cosechas son para autosubsistencia. En
2008 el temporal inundó Saavedra, se cortaron los caminos de acceso y no
hubo cosechas. Se notó este año que casi no hay papas y subió el
precio”, dice Caniguán.
A través de FOSIS se entregaron diez lanchas a pescadores artesanales,
lo que -se dijo- permitiría pescar en el mar. Pero el costo de
utilizarlas no puede ser solventado por los pescadores de San Enrique,
acostumbrados, además, a pescar en el río. “No hay recursos, ni mercado
dónde ofrecer la pesca, no hay cámaras dónde conservarla”, dicen.
“Barcos industriales se pasean frente a Saavedra y Queule y se llevan
toneladas de sardinas y anchoveta”. Agregan que Sernapesca “no cumple su
rol, no fiscaliza, y retiró al único funcionario en Queule. Provocan
daño a la pesca regional. La Armada y Sernapesca deberían hacer su
trabajo”. Únicos perjudicados son los pescadores y sus familias. Quieren
reunirse con alguien del ministerio de Economía y solicitar el 2,15%
consagrado por la ley como límite máximo de captura por armador.
El agotamiento de las tierras y la sobreexplotación de recursos han
hecho mirar hacia el turismo. Tras la construcción del hospital y de las
poblaciones de Chile Barrio, aumentó la cesantía. Mujeres se emplean en
labores domésticas y el comercio. Jóvenes salen a trabajar en las
cosechas intentando conseguir un ingreso para los primeros meses del
año. “Se da durante todo el año. Salen de la comuna a continuar estudios
o a trabajar. La oferta laboral en Saavedra es escasa”, dice Natalia
Caniguán.
La comuna registra junto a los altos niveles de pobreza, alta violencia,
y según Chile Crece Contigo, 196 de los 700 menores de cuatro años
presentan “rezago en su desarrollo sicomotor”. Por otra parte, es
frecuente el trabajo en condiciones precarias. El obrero René Carrasco
Cayulao murió asfixiado mientras instalaba tubos de alcantarillado en un
foso de casi cinco metros en la Villa Paraíso, de Puerto Saavedra. No
contaba con implementos mínimos de seguridad. Su muerte es investigada
por la Fiscalía de Carahue. Luis Emilio Rojas, profesor, señala: “El
empleo es escaso, hay mucha violencia y alcoholismo. Más del 70 por
ciento de la mano de obra es mapuche, y sobre el 80 por ciento vive en
sectores rurales. Tenemos graves problemas de salud: diabetes,
hipertensión, obesidad, etc. Habitamos la mayor ‘área de desarrollo
indígena’ del país, y en ella está el mayor porcentaje de pobres a nivel
nacional. El municipio es la principal fuente de trabajo. A través de
programas municipales se asfaltan calles o limpian áreas verdes. La
mayoría busca trabajo en Carahue, Imperial, Temuco, o más lejos”.
“Otros laboran en las cosechas de papas o de trigo. O se van a Santiago,
de temporeros. Los mapuches que llegan a la educación superior no
sobrepasan el 5 por ciento. Llegar a la enseñanza media ya es un logro,
pues la única forma es irse de casa a un internado en Saavedra u otra
ciudad, y eso significa costos y desarraigo… Tampoco les esperan con los
brazos abiertos en Temuco o Saavedra. Les hacen notar que son mapuches.
En Santiago es normal egresar de 4º medio. Acá no. Lo normal es concluir
la enseñanza básica, si es que la escuela que está cerca tiene hasta 8º.
Todavía hay escuelas hasta 6º básico y con uno o dos profesores”, agrega
Caniguán.
Según el ministerio de Salud, en la Araucanía están 18 de las comunas
“vulnerables”. El gobierno invertirá recursos para que Melipeuco tenga
“un jeep de visitas domiciliarias y traslado de pacientes”; Curarrehue
adquirirá “una antena repetidora que permita comunicar a los sectores
rurales”; Saavedra “mejorará los pozos negros”; Galvarino y Chol Chol
“contratarán horas de especialidades médicas”... Para el alcalde,
Ricardo Tripainao, “los funcionarios de salud saldrán a terreno a
atender las necesidades de la gente”. Son los mudos indicadores de la
pobreza. En febrero de 2010, se reunirá en Saavedra la Asociación de
Municipalidades de Pueblos Originarios, quienes no se sienten
representados por la Asociación Chilena de Municipalidades. Quieren
lograr que el ministerio de Educación adopte en sus mallas curriculares
la enseñanza de las culturas originarias, apoyar la incorporación de
representantes indígenas en la institucionalidad, etc.
Contra el municipio hay acusaciones de racismo y persecución. Profesores
municipales fueron citados por la Fiscalía de Carahue tras acusaciones
de “daños” realizadas luego de una marcha mapuche que culminó ocupando
el patio municipal. Los profesores rurales Sandra Carrasco Tripainao,
Abel Illanes y María Cayupil denuncian “persecución política”. Según el
concejal Alberto Figueroa (PPD) “hubo destrozos en el municipio”. Sandra
Carrasco, que labora en el Liceo Reino de Suecia, con doce años de
docente, acusa rumores de que no le darán más reemplazos. “No entiendo
por qué vino esta represalia. Pienso que es por política, y así se lo
planteé al alcalde”, dice. Abel Illanes, con 16 años de docente, señala
que viajó a Saavedra “por asuntos personales y me encontré con los
hermanos mapuche que tenían sus pancartas. Algunos me saludaron. Ingresé
al antejardín del municipio a saludar. Estuve cinco minutos y me retiré.
Que me citaran es una persecución política”.
María Cayupil -catorce años de
docente-, dice: “Habernos hecho un sumario es un abuso”. Otro afectado,
Hernán Marinao, asesor cultural y asistente de educación, señala: “Hay
rumores, comentan y te apuntan con el dedo, es una sanción social”.
Según la concejala Gioconda Espejo (RN), jefa de enfermería del
hospital, “los concejales solicitan el sumario, pero quien decide es el
alcalde”. Según el edil, él no puede hacer nada porque el sumario fue
solicitado por el Concejo. “Los lafkenches del Budi marchamos por la
avenida principal de Saavedra para demostrar rechazo a las políticas del
Estado. Se culminó con la ocupación pacífica y, más que nada, simbólica,
del municipio. Allí se compartió el rokin y, luego, nos retiramos.
Rechazamos el despojo de nuestra libertad, territorios, y recursos
naturales, la asimilación, megaproyectos en nuestros lof y la
chilenización”, señalan los lafkenches del Budi.
Carretera a la pobreza
Según
Mideplan, Chile Solidario generó gran impacto en la Araucanía. Pero
sigue siendo la región más pobre del país (20,1% de pobreza e
indigencia). La desigualdad es evidente si se compara a Puerto Saavedra
y Pucón, en la misma región. El balneario de Pucón se sitúa en lugar 28º
de desarrollo humano, mientras Saavedra ocupa el puesto 337, entre 341
comunas. Discriminación, deficiente educación, pobreza, minifundios y
cesantía, son parte del mismo círculo. Hay un 71% de escuelas rurales
que sólo cuentan con uno y hasta tres docentes.
Mientras Chol Chol registra un 22,4% de pobreza, Nueva Imperial llega a
26%. Temuco mantiene un 12,1%, y Puerto Saavedra alcanza el récord de
35%. La mayoría de los hogares son encabezados por mujeres. Cuando se
incorporan familias mapuches a Chile Solidario, se les pide que se
comprometa a mantener a sus hijos en el sistema educativo. Si dejan de
cumplir ese requisito, se les retira el subsidio. Según el gobierno,
ésta no es una política asistencialista. En Saavedra (INE, 2002), el
32,2% cuenta con pozos o norias para obtener agua, y un 23,5% se
abastece en ríos, vertientes y esteros. Un 81,6% dispone de pozo negro.
Sólo un 7,9% de la población mapuche -la mitad en relación al promedio
nacional-, accede a educación superior. “La pobreza está íntimamente
ligada al desempleo y a los problemas sociales. Los sueldos son muy
bajos y no hay fuentes laborales”, dice Luis Emilio Rojas.
En 1997, la mortalidad infantil casi llegó al 40%. Desde 1992, la
población de Saavedra ha disminuido un 2,8%. Un estudio del Instituto de
Desarrollo Local y Regional (IDER) de la UFRO, el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Mideplan, afirma que
“Saavedra y Lumaco tienen el índice de desarrollo humano más bajo de la
región. La importancia de la problemática indígena no se funda en
cuestiones cuantitativas ni demográficas, sino que se vincula con
procesos históricos que representan desafíos mayores de integración
social y cultural”.
Otro problema en Saavedra y Teodoro Schmidt es el proyecto Carretera de
la Costa, megaproyecto de las empresas forestales -que expandirán sus
negocios de plantaciones de pinos y eucaliptos y arrasarán con el bosque
nativo-, y que afectará el ADI Budi. Actualmente, el MOP ocupa al Cuerpo
Militar del Trabajo para ampliar el ancho de los caminos. Para el
gobierno y los consorcios toda la zona posee aptitud forestal y
potencial turístico. “La carretera fue diseñada en dictadura y la
Concertación la quiere construir a toda costa. Su objetivo es conectar
los caminos interiores en beneficio de la explotación de recursos
naturales en la zona costera que va de la VIII a la X regiones, y que
involucra gran parte del Lafkenmapu. Una década atrás no existía el
puente que hoy une a Isla Huapi con Puerto Saavedra. El aislamiento era
mayor, había que cruzar en barcaza. Ese puente se construyó como parte
del proyecto de la Carretera de la Costa”, dice Natalia Caniguán.
Aún hay zonas por las que el Cuerpo Militar no ha podido pasar porque
las familias no venden sus tierras a pesar de presiones y amenazas.
Casos emblemáticos son el lonko Leonardo Calfuleo y la familia Marileo.
“El Cuerpo Militar del Trabajo optó, en vez de trabajar de norte a sur,
hacerlo de sur a norte, con la idea de dejar en algún momento a esas
familias encerradas para que se vean obligadas a vender. Para disfrazar
el nombre de Carretera de la Costa, a la que la mayoría se oponía, hoy
le llaman ‘programa de ensanchamiento de caminos”, concluye Natalia
Caniguán.
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