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LA LUCHA DE LA COMUNIDAD PUEL


El pueblo mapuche vive y resiste en Villa Pehuenia


Las miradas indiferentes de los automovilistas y turistas que pasan por la ruta no sorprende a los mapuche emplazado en el lugar de recuperación, es que para ellos ya le es natural que sean tratados con esos mismos ojos siempre y a cada momento, como verdaderos extraños en su tierra.


 Por Manuel LONKOPAN I Lunes 18 de Febrero de 2008

 

 

 


 Recuperación territorial.

Foto de Mariana Raffani.


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Al llegar desde la ruta, el flamear de la bandera Mapuche se muestra con orgullo para sentir la fuerza de los dueños originarios de este lugar, las sonrisas en los rostros jóvenes de los Calfuqueo desborda amabilidad para recibir y explicar su lucha.

Las miradas indiferentes de los automovilistas y turistas que pasan por la ruta no sorprende a los mapuche emplazado en el lugar de recuperación, es que para ellos ya le es natural que sean tratados con esos mismos ojos siempre y a cada momento, como verdaderos extraños en su tierra.




NEUQUÉN / “El pueblo Mapuche vive”, reza sobre un cartel precario en la entrada a las tierras -5 hectáreas- que recupera la comunidad Puel de Villa Pehuenia desde el 9 de enero de este año en la provincia de Neuquen. Punto turístico y paso fronterizo con Chile donde millares de turistas visitan cada año sus lagos Alumine y Mokewe en medio de la Cordillera de Los Andes. El territorio en conflicto a escasos 2 kilómetros del centro comercial de la Villa y costa del lago Alumine, pertenece a la familia Calfuqueo Puel quien perdió posesión de ella hace 18 años y tras el paso de mano en mano por distintos empresarios, en la actualidad Valeria Martines oriunda de Buenos Aires construye un exclusivo y mega anfiteatro encima de un cementerio mapuche, según denuncian los comuneros.

Al llegar desde la ruta, el flamear de la bandera Mapuche se muestra con orgullo para sentir la fuerza de los dueños originarios de este lugar, las sonrisas en los rostros jóvenes de los Calfuqueo desborda amabilidad para recibir y explicar a quien se interese sobre los problemas cotidianos que viven como mapuche desde que se forja –hace 19 años- este exclusivo destino turístico neuquino a fuerza de desplazamiento de las familias mapuche habitantes originarios de esta zona. Con el mate en la mano, seguras y pausadas palabras cuentan su historia, relato de discriminación y desplazamiento que desentona con la magia de la bondadosa tierra que ellos pretenden salvar, y es que a fin de cuenta es lo último que les queda como hijos de ella, donde los lagos Alumine y Mokewe han regado por milenio sus raíces, es esa misma relación que los winkas amenazan a diario con construcciones que pretendes convertir esta zona en un paradisíaco lugar de descanso para aquellos pocos pudientes Argentinos.

“En 1995 nos quitaron este pedazo de tierra para hacer un camping”, comenta Cristian Calfuqueo, 20 años, menor de los 9 hermanos Calfuqueo Puel. “Esa ves mi padre no estaba en la casa, estaba trabajando y mi madre estaba sola, fue ahí cuando la hicieron firmar ignorantemente porque ella no sabe leer” continua recordando el joven aquel colonial momento hace escasos 13 años en plena presidencia de Carlos Menem y reconocida ya “la pre-existencia” de los pueblos originarios en la constitución nacional. Claro, cuando los Calfuqueo se dieron cuenta ya era tarde, el alambrado llegó hasta el patio de su casa, se vieron obligado a obedecer tal medida pues el terreno ahora era fiscal y sobre el papel ya hacía la firma del lonko de ese entonces Vicente Puel quien presionado por los nuevos habitantes y el gobierno provincial – Felipe Sapag MPN- entregó estas tierras.

Como consecuencia de esto la tierra de esta familia pasó a ser un camping libre y al poco tiempo se convirtió en un verdadero basural, según recuerdan ellos, “un caso importante que pasó acá, fue que mataron a una persona una noche en una carpa que habían montado como bar, es que no había control” comenta Cristian. Fue después de ese hecho en el año 1999 que la Comisión de Fomento de la Villa presidida por Cirílo De Gregorio, (quien llevaba 10 años en el cargo y hoy dueño del auto-camping “Don Cirilo”) vendió las tierras a unos empresarios de la ciudad de Zapala quienes con la crisis económica del 2001 desapareció y sus dueños dejaron estas tierras en total abandono pues no tenían recursos para invertir, según recuerda.

Mientras tantos perder estas tierras significó un cambio drástico en la economía de los Calfuqueo, quienes se vieron obligados a reducir sus animales y a pastarlos a más altura de las montañas donde el clima se deja sentir con furia en invierno. “esto ante lo usábamos de pastoreo, criábamos muchos animales, caballos, vacas, chivos”, señalan los jóvenes, hoy no pueden tener más de 10 animales grandes y los animales chicos –Chivos y Ovejas- ya no se crían por miedo a perderlas o ser victimas de las cacerías de los perros y los propios vecinos nuevos.

Así este predio fue pasando de mano en mano hasta que en el año 2002 cuando el mismo De Gregorio le concedió autorización a Valeria Martines para realizar un innovador proyecto en la zona, un exclusivo anfiteatro para el deleite de los visitantes más pudientes de la Argentina y el extranjero que llegan atraídos especialmente por la magia natural que presenta esta zona del territorio mapuche. El hecho es que tal edificio se levanta en el mismo lugar donde están enterrados los abuelos y antepasados de los Puel, fue “esta gota que rebalsó el vaso”, dice Cristian y los convenció llegar a esta medida, “sin ante agotar las otras instancias”, se apura en aclarar.

A simple caminar sobre el lugar se encuentran restos humanos que la señora Valeria Martines intentó esconder con escombros y rellenos para la base del anfiteatro, “es triste porque sabemos que ahí están nuestros abuelos y esta señora nos dice que son huesos de animales” señala con una cuota de amargura Maria, una de la hermanas Calfuqueo. “A nadie le gusta que le destruyan los cementerios donde están sepultados los propios familiares, por eso nosotros vamos estar aquí hasta que esta señora se vaya y deje este lugar en paz”, recalca Manuel el mayor de los hermanos que recuperan las 5 hectáreas de tierra.

El mismo cementerio fue saqueado en los primeros años de llegado los nuevos pobladores por Paciano Garro quien vendió las pertenencia a la ciudad de Zapala, según recuerda Margarita Puel madre de los jóvenes. “Ese venia del otro lado de Mokewe y en pleno día hacia hoyos ahí y sacaba cantaros, joya, todas esa cosas de los antiguos”, recuerda tímidamente la señora.

Es a esos mismo “primeros pobladores” que rindió homenaje el gobernador Jorge Augusto Sapag en su visita el 21 de enero para el 19 aniversario de Villa Pehuenia, “quiero que mis primeras palabras sean de homenaje a los pioneros y en especial a doña Angela viuda de (Paciano) Garro, unos de los primeros habitantes que con su sola presencia nos brindaba seguridad cuando veníamos en los veranos hace 40 años” señaló la máxima autoridad provincial en su discurso oficial a escasos metros de donde los Calfuqueo recuperan su tierra.

El lof Puel aún resiste


La falta de legalidad y los sistemáticos apremios hacia los mapuche por parte de los nuevos habitantes hizo que pase mucho tiempo para que estos se atrevan a reivindicar sus derechos, es así que la nueva generación más conocedora de la “sociedad blanca” plantea hoy frenar estos atropellos, “nuestros viejos tenían miedo decir algo o recuperar estas tierra, no querían que entremos porque decían que esto ya esta entregado”, comenta Cristian. “Los mayores cometieron errores que deben reconocer, porque ellos no hicieron nada para frenar esto”, señala el joven, convencido de los engaños y directa expulsión con los cuales perdieron estas tierras, evidenciando además el recambio generacional en la comunidad Puel.

Es que los viejos a diferencia de los jóvenes aún creen en la palabra y fueron ellos las victimas directas de los primeros años de construcción de la Villa, quizás los más duros que debieron vivir testigos de algo desconocido hasta ese entonces como es la usurpación de tierra y posterior alambrado y la prohibición de un día para el otro a hacer uso de ella.

Juan Orlando Paredes Puel, (31 años) es profesor mapuche que enseña el idioma y la cultura en la Escuela numero 90, la más antigua de Villa Pehuenia, además ocupa el cargo de pro-tesorero de la comisión directiva de la comunidad, para el es importante ocupar este espacio ya que es ahí donde se forman los futuros mapuche y los no mapuche, “nuestros viejos perdieron muchas cosas porque no sabían de la cultura del winka y hoy es nuestra responsabilidad recuperar todo lo perdido, ahora nos encontramos recuperando estas tierras de esta familia, que son numerosa y necesitan de ella, pero queda muchas otras por recuperar y no solo las tierras también nuestras cuestiones culturales”, señala el docente.

“Tenemos todo el derecho de vivir donde hemos vivido siempre, no solo los blancos tienen derecho de vivir en la orilla del lago” dice Cristian convencido de la acción que llevan adelante. Es de ahí que pretenden usar estas tierras que recuperan para construir un camping y convertir el lugar del cementerio en un patrimonio cultural de la comunidad, “queremos adecuarnos a los nuevos tiempos pero no olvidar nuestro pasado” manifiesta.

Historias que se repiten

Las miradas indiferentes de los automovilistas y turistas que pasan por la ruta no sorprende a los mapuche emplazado en el lugar de recuperación, es que para ellos ya le es natural que sean tratados con esos mismos ojos siempre y a cada momento, como verdaderos extraños en su tierra. Pero a diferencia de esto los comercios, camping, hoteles y hosterías exhiben sin pudor nombres mapuche, haciendo uso de ello nada más como marketing comercial que en estos días vende y atrae la mirada del visitante, pero lejos de reconocer sus derechos ancestrales y políticos sobre estas tierras.

Un caso similar de negación y usurpación de sus tierra sufre la comunidad Placido Puel de la misma Villa a escasos kilómetros de estas tierras, quienes desde que se inició esta medida han estado apoyando, “acá somos todos mapuche, tenemos que apoyarnos entre hermanos” señala Maria Puel, la werken del mencionado Lof. Allá desde finales del año 2006 el abogado de Buenos Aires Carlos Alberto Garcés construye un exclusivo local de comida en la tierra de la lonko Ema Puel, pese a que se llegó a un pre-acuerdo los trabajos continúan sin parar pasando por encima de lo firmado.

Al parecer es practica conocida que los “pioneros” como los reconoció el señor gobernador hagan valer la ley del más fuerte, esa movilización terminó con una represión de estos mismos encabezada por los propios facultativos del municipio, según denunció aquella vez la Werken Maria Puel. De allí que no sorprende a los Calfuqueo que la señora Valeria Martines esté recolectando firma para el desalojo de esta familia, buscando la adhesión de los vecinos y comerciante que forjan el “desarrollo” de Villa Pehuenia.

Pero los Puel están firme y tiene toda su historia, sus antepasados de su lado, “de aquí no nos van a sacar, ya han cometido muchos atropellos en contra nuestras” manifiesta Manuel Calfuqueo mientras recorre su tierra y a cada paso recuerda su niñez jugando y cuidando los animales en ella. “Yo quiero que mi hija disfrute de esto como lo hicimos nosotros y no sienta vergüenza de su raza” señala con una mirada llena de esperanza.

“La tierra no la cambiamos ni por oro, ni plata ni mucho menos la vamos a regalar, porque es nuestro futuro” dice Cristian con una admirable claridad a su edad y sus ojos brillan al igual que los últimos rayos del sol se refleja en el lago Alumine anunciando que un día más se va en Villa Pehuenia, un día más de lucha para los Calfuqueo, un día más de esperanza para los Puel hijos del pewen / AZ

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