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UNA INDUSTRIA DEPREDADORA |
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Han sido documentados graves problemas
laborales y medio ambientales de la industria salmonera. Sin embargo, en
los últimos 16 años las salmoneras han visto crecer sus exportaciones en
un promedio de un 20 por ciento anual. En 2007, las exportaciones
llegaron a 2.241 millones de dólares ocupando el tercer lugar de los
productos exportados por Chile. Según proyecciones de Salmón Chile, en
2013 se duplicará la producción. |
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ARNALDO PÉREZ GUERRA
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WALLMAPU - 19 / 02 / 09 |
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Jaulas de
salmones en Chiloé. |
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Foto de Archivo. |
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El New York Times dio a conocer una
investigación de la Agencia para la Alimentación y los Medicamentos
(FDA, por sus siglas en inglés) que revela el uso de químicos prohibidos
en Estados Unidos sobre los salmones criados en Chile, confirmando la
utilización indiscriminada de antibióticos en la industria salmonera -lo
que es denunciado desde hace décadas por organizaciones ambientalistas-
dejando así en evidencia la ineficiente normativa y fiscalización
chilenas.
Los químicos fueron encontrados en muestras de las empresas Cultivadores
de Salmones Linao, Aquachile y Alimentos Cuisine Solutions, según
informa The New York Times. Flavia Liberona, directora de la ONG Terram
dice: “Los resultados de los estudios de la FDA constituyen otro ejemplo
más de las malas prácticas que desarrolla la industria salmonera
chilena. Las regulaciones ambientales son insuficientes y su
fiscalización muy débil, ya que no permiten siquiera detectar en el
origen la línea de producción donde ocurrieron los malos manejos.
La normativa chilena no está a la
altura de una industria de este tamaño. Todas las sustancias detectadas
se usan en forma indiscriminada en Chile, y causan daños ambientales y a
la salud humana. No es posible que se argumente que este tipo de
problemas es consecuencia del crecimiento de la industria. Por el
contrario, ocurren por la debilidad regulatoria y la mala fiscalización,
que ha sido el caldo de cultivo para malas prácticas laborales y
ambientales, fuente principal de las excesivas ganancias de la industria
salmonera”.
Según New York Times, “Ni la industria ni el gobierno han comprendido
plenamente la necesidad de los profundos cambios que se requiere para
proteger no sólo a los consumidores y el medioambiente, sino también a
una de las principales industrias chilenas. Chile ha continuado criando
los salmones para exportación con químicos y medicamentos no aprobados
por Estados Unidos y Europa, de acuerdo con documentos de los
reguladores”.
El
biólogo Héctor Kol, de la Agrupación Gremial de Pescadores
Artesanales de Aysén, relata que “La industria salmonera era
el último mito chilote. En sólo tres años este símbolo del
modelo de crecimiento económico chileno no sólo acumuló más de
70 trabajadores muertos, sino que preparó su propia defunción
cometiendo todos los errores que tuvo a su alcance". |
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Han sido documentados graves problemas laborales de la industria
salmonera, entre otros por el Centro de Estudios Nacionales y de
Desarrollo Alternativo (CENDA), que recientemente presentó un informe
que critica el enfoque gubernamental para paliar la crisis. Para CENDA,
el gobierno se ha centrado en ayudar a la industria y no a los
trabajadores y su urgente reinserción laboral. CENDA cuantifica en 7.455
los despidos entre junio de 2007 y noviembre de 2008, y recaba
testimonios de trabajadores e indaga en el impacto por el alza de
despidos, problemas sanitarios por la “fuga” de salmones y el brote de
virus ISA que involucraría a 74 centros de cultivo.
En los últimos 16 años las salmoneras han visto crecer sus exportaciones
en un promedio de un 20 por ciento anual. En 2007, las exportaciones
llegaron a 2.241 millones de dólares ocupando el tercer lugar de los
productos exportados por Chile. Según proyecciones de Salmón Chile, en
2013 se duplicará la producción. César Barros, presidente de Salmón
Chile, reveló que las ganancias netas para la industria son cercanas a
los 500 millones de dólares. Hay 1.189 concesiones vigentes -con una
superficie de 12.975 hectáreas-, principalmente en la Región de Los
Lagos (63,4 por ciento), y otras 2.895 solicitudes de nuevas concesiones
-con una superficie total de 44.663 hectáreas- en espera, la mayoría en
las regiones de Aysén (36 por ciento), y Magallanes (43,1 por ciento).
El virus ISA se transmite por partículas virales presentes en las
mucosas y heces de los peces o en desechos de los centros de cultivo.
Ataca sobre todo al salmón del Atlántico, principal especie cultivada en
Chile, causándole anemia severa y hemorragias. El gubernamental
Sernapesca reconoció que en abril de 2008 había 21 centros de cultivo
infectados. El 52 por ciento pertenecían a Marine Harvest (de capitales
noruegos), el 24 por ciento a Mainstream (de capitales noruegos), y el
24 por ciento restante a AquaChile, Aguas Claras, El Golfo, Cultivos
Marinos Chiloé y Pacific Star (de capitales chilenos).
El virus ISA también afectó a Noruega, Dinamarca, Canadá y Escocia, pero
según Terram “esos países adoptaron prácticas de manejo adecuadas y
exterminaron a los peces infectados”. El brote en Chiloé y Las Guaitecas
significó que Marine Harvest despidiera a más de 1.200 trabajadores.
El virus también genera perjuicios en los sueldos de los trabajadores:
“Cerca de un 30 por ciento de la remuneración total de los trabajadores
de la industria está sujeta a variabilidad, y de no conseguir los bonos
podrían obtener una remuneración menor. La mortalidad ha significado
menor producción y cosechas más tempranas, lo que además de despidos,
puede generar un mayor sobreesfuerzo de parte de los trabajadores por
conseguir los bonos”, dice Terram. La salmonicultura tiene un 10,86 por
ciento de accidentabilidad, sobrepasando la media nacional cercana al 7
por ciento.
Un estudio sobre el uso de antibióticos en la salmonicultura (1) concluye
que “el uso de antibióticos y compuestos antiparasitarios en Chile es
alarmantemente alto”. Y agrega, con información de 2003, que mientras
Chile tenía una producción 45 por ciento inferior a la de Noruega
utilizaba más de 160 veces más antibióticos que ese país, entre éstos
Ácido nalidixico, Ácido oxolinico, Amoxacilina, Ampicilina, Cefotaxime,
Cloramfenicol, Eritromicina, Florfernicol, Furazolidina, Gentamicina,
Kanamicina, Quinolonas, Streptomicina, Sulfa, Tetraciclina y
Trimetoprim.
El biólogo Héctor Kol, de la Agrupación Gremial de Pescadores
Artesanales de Aysén, relata que “La industria salmonera era el último
mito chilote. En sólo tres años este símbolo del modelo de crecimiento
económico chileno no sólo acumuló más de 70 trabajadores muertos, sino
que preparó su propia defunción cometiendo todos los errores que tuvo a
su alcance. Datos y evidencias de un desastre inminente se apreciaban en
todas las localidades intervenidas. La industria salmonera quiso
establecer, por decreto y con base en su red de influencias, nuevas
relaciones de intercambio y equilibrios allí donde la naturaleza ya los
había establecido tras milenios de evolución.
Nada es más agresivo, antinatural y artificial que la salmonicultura
intensiva -dice Kol-, que induce a la sobreexplotación pesquera;
destruye las economías locales y los sistemas sociales para obtener mano
de obra barata; usa colorantes, pesticidas, antibióticos, fungicidas,
hormonas y desinfectantes, sin medida alguna, durante todo el ciclo de
producción, pagando apenas 1 centavo de dólar por cada metro cuadrado de
agua que contamina. Son millones las toneladas de excrementos de
salmones y de alimentos no-digeridos depositadas en el fondo marino;
miles de toneladas de antibióticos inyectadas a las aguas marinas o
continentales; millones de litros de pesticidas y desinfectantes tóxicos
vertidos al mar durante labores para desparasitar salmones o desinfectar
estructuras de cultivo”.
Ambientalistas, pescadores y el senador Nelson Ávila (PRSD) han
denunciado que la reciente “fuga” de salmones contaminados habría sido
dispuesta por las propias empresas que las han explicado diciendo que el
viento y el oleaje habrían destruido las balsas-jaulas, y alegando que
en ese momento “no había personal” en los centros de cultivo desde
Hualaihué hasta Calbuco y Puerto Montt, cubriendo un arco de más de 200
kilómetros de borde costero del Seno del Reloncaví.
Los peces “fugados” son 190.000 salmones de Mainstream y 500.000 truchas
de Aguas Claras, según reconoce Salmón Chile, pero la cifra podría ser
mayor. Salmón Chile asegura que “no habrá consecuencias ambientales”.
Para los pescadores eso “es falso” pues el salmón atlántico “depreda
especies endémicas como róbalos, puyes y especies jóvenes”.
El senador Ávila acusó: “Esta fuga sería intencional y programada por
las empresas, para evitar los costos de cosechar un salmón en mal estado
y a bajo precio y para justificar futuros despidos. Resulta muy
sospechoso que esto suceda justo en un momento crítico para el producto
que comercializan, por la crisis y el virus ISA”. Ricardo Casas, de la
Federación de Sindicatos Industria Pesquera de la X Región, agrega: “No
es la primera ‘fuga’ de salmones. Creemos que voluntariamente los
soltaron porque así se benefician de millonarios seguros comprometidos”.
Héctor Kol agrega que “el impacto es enorme, estamos hablando de una
especie carnívora foránea que puede terminar con la vida de otras
especies marinas”. Y añade que “en Melinka, Aysén, los pescadores
extraen diariamente toneladas de salmón putrefacto”, lo que ha provocado
a los lugareños vómitos, fiebre, alergias y caída de la piel /
AZ
(*) Publicado por Rel-UITA
(1) - Burridge, L, et al (2007). “Uso de productos químicos en la
salmonicultura: revisión de prácticas actuales y posibles efectos
medioambientales”.
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