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Globalización y derechos colectivos |
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"En un mundo cada vez más
interdependiente, los movimientos de autodeterminación nacional no
pueden aislarse en su problemática específica ni en su combate
político particular. Deben desarrollar alianzas entre ellos,
converger en espacios de encuentro, pero también abrirse a otros
desafíos, ser portadores de los otros combates que requiere asumir
la humanidad". |
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CLAUDIO CURIHUENTRO *
- BELEM DO PARA, BRASIL - 02 / 02 / 09 |
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Foro Social Mundial - Brasil 2009. |
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Foto de Agencias. |
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¿Cómo
el derecho de autodeterminación de los pueblos se vincula con la
globalización mundial? Los principales desafíos a los cuales está
confrontada hoy la humanidad no son posibles de enfrentar a nivel de los
Estados. Cambio climático, demografía y migraciones, crisis económica,
agotamiento de los recursos naturales, son todos problemas que requieren
una respuesta transnacional y, cada vez más, mundial. En un mundo cada
vez más interdependiente, los movimientos de autodeterminación nacional
no pueden aislarse en su problemática específica ni en su combate
político particular. Deben desarrollar alianzas entre ellos, converger
en espacios de encuentro, pero también, como movimientos con un objetivo
político específico, abrirse a otros desafíos, ser portadores también de
los otros combates que requiere asumir la humanidad en su conjunto.
A menudo se visualiza la lucha de los pueblos originarios de América
como una lucha por el mantenimiento de una cultura y formas de vida
llamadas «ancestrales», en oposición a la modernidad. Para muchos,
incluso entre quienes apoyan estas luchas desde el exterior, se trata de
movimientos «étnicos o indígenas», que escapan a las categorías
políticas comunes o en todo caso «occidentales». Sin embargo, nosotros
pensamos que, en el caso de nuestra lucha, es una lucha nacional y que
sobre todo nos proyecta hacia el futuro. Por ello impulsamos un
movimiento nacional por el autogobierno en aquel territorio que
denominamos Wallmapu, el País Mapuche. Nuestra lucha no es por ampliar
para nuestro pueblo derechos de segunda o tercera categoría. No
perseguimos los mapuche ser una «minoría étnica» en el marco del Estado
chileno. Luchamos más bien por nuestra existencia nacional, como la de
Catalunya, Chechenia, Escocia, el Tibet o el Kurdistán. Queremos ser
nación en Wallmapu y tomar las riendas de nuestro destino.

No hay categorías de
pueblos, los que tienen derecho al progreso social, cultural, material,
científico, y aquellos que deben permanecer inmóviles, parapetados en la
«tradición» para mantener su identidad. Unos con el derecho a decidir su
destino y otros sujetos de asistencialismo y tutelaje estatal. |
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Como movimiento nacional mapuche
pensamos que el repliegue en el grupo, en lo que algunos definen como
«nuestra cultura étnica», no es posible ni deseable en los tiempos
actuales. No es posible porque las condiciones que permitieron la
permanencia de la cultura mapuche han cambiado y cambiarán cada vez más
aceleradamente con la globalización. No es deseable porque este
mantenimiento se hizo a costa de la marginación, la pobreza y la
negación de todo derecho político colectivo. Por el contrario, nuestra
cultura, y en particular nuestra lengua, sólo podrán desarrollarse
plenamente si logramos acceder igualmente, como otros pueblos, a una
modernidad, en particular política, de la cual nos ha querido excluir la
dominación colonial del Estado chileno. Y también determinadas
corrientes ideológicas que subvaloran nuestras capacidades para ser lo
que somos: naciones y no «etnias» o «minorías».
No hay categorías de pueblos, los que tienen derecho al progreso social,
cultural, material, científico, y aquellos que deben permanecer
inmóviles, parapetados en la «tradición» para mantener su identidad. No
aceptamos que existan pueblos de primera y pueblos de segunda categoria,
unos con el derecho a decidir su destino y otros sujetos de
asistencialismo y tutelaje estatal, destino este último que pareciera
perseguir a los llamados «pueblos indígenas» en la región. La nuestra es
una lucha de descolonización política, cultural, social y económica,
pero también de descolonización mental, para reafirmar lo que somos y
dejar atrás lo que otros nos han dicho que podemos ser. Desde la pérdida
de nuestra independencia el año 1883, como pueblo dominado y colonizado,
hemos estado en gran parte excluidos de la historia; liberarnos
significa para nosotros retomar nuestro lugar entre los pueblos del
mundo y no seguir al margen.
La globalización es entonces para nosotros un desafío que asumimos con
optimismo. Ella nos ofrece nuevas herramientas, un mayor acceso al
conocimiento y nuevos medios de comunicación y, lo que también es
importante, nuevas tribunas, espacios internacionales que legitiman
nuestra lucha y que nos permiten ampliar nuestra mirada del mundo que
nos rodea. Espacios que nos permiten además aprender de otras
experiencias y unificar esfuerzos con otros pueblos y países tras
objetivos comunes. Es el caso de esta misma reunión internacional, el
Foro Social Mundial, producto y expresión de la globalización. Como
movimiento no nos oponemos a la globalización de la justicia, de los
derechos humanos, de la solidaridad entre los pueblos. Nuestra lucha es
contra la globalización de los mercados, de las corporaciones y de la
injusticia social, aquella que se busca imponer de manera unilateral a
nuestros pueblos, propiciando el saqueo de nuestros recursos, la
explotación de nuestra gente y la negación de nuestros derechos.
Ante este escenario, el reforzamiento de la integración de los países de
América del Sur podría crear condiciones más favorables para el avance
de las reivindicaciones de autodeterminación de nuestros pueblos. Un
marco internacional regional, como el que representan, por ejemplo,
UNASUR o la Unión Europea, permitiría evitar la confrontación directa,
bilateral, entre un Estado y una nación oprimida. Ello puede contribuir
igualmente a disminuir las tenciones entre los propios Estados, para un
tratamiento menos crispado de las reivindicaciones de aquellos pueblos
que se extienden sobre dos o más países. Es el caso de los mapuche, hoy
repartidos en Chile y Argentina, pero es el caso también de los aymara,
shuar, quechua y muchos otros pueblos hermanos. A mayor escala, la
creación de una «Red Internacional de Movimientos Nacionales», de
pueblos y naciones sin estado, podría proyectar un necesario espacio de
encuentro, de convergencia, de aprendizaje y de solidaridad mutua. Si
bien contextos históricos, culturales y políticos nos distancian, la
lucha por nuestra autodeterminación nos hermana. Como mapuche hacemos
nuestro este desafío / AZ
* Dirigente del Partido Mapuche
Wallmapuwen, delegado en Foro Social Mundial, Belem do Para, Brasil.
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