Miembro de la AGENCIA INTERNACIONAL DE PRENSA INDIGENA (AIPIN)

 

>> Añadir a favoritos

Hemeroteca I Buscar

INICIO

 l  última actualización 13:00 PM

 > 25.000 lectores on line por mes

Quiénes Somos     I     Reportajes     I      Entrevistas      I      Opinión     I     Edición Impresa    I      Publicaciones      I     Humor Gráfico      I      ARCHIVO     I     CONTACTO  


  ENTREVISTA

   

nacional

Anahí Mariluan, música de la tierra

Cantautora e investigadora, Anahí Mariluan es una de las voces más refrescantes y prometedoras de la escena musical mapuche en Puelmapu. Para conocer de su evolución artística, sus nuevos proyectos musicales y su visión del arte mapuche contemporáneo y tradicional, Azkintuwe la entrevistó en la ciudad de Neuquén.

WLADIMIR PAINEMAL - NEUQUEN, PUELMAPU - 08 / 02 / 11



+ ENTREVISTAS

DANIEL BERNAL CURIQUEO

Daniel es ilustrador y artista visual, radicado y formado en el País Mapuche hace varios años. Un profesional  de las artes que ha ilustrado un sin fin de obras ligadas al mundo indígena. Creador de imágenes que poco a poco a cimentar un renovado imaginario gráfico +














VERÓNICA AZPIROZ CLEÑAN










+ ARCHIVO DE NOTICIAS

 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO DE ARCHIVO. 

 
 

síguenos en

 

Anahí Rayen Mariluan (32), licenciada en folklore, cantautora y documentalista, es una destacada artista mapuche que hace historia en Puelmapu. La encontramos visitando Neuquén, su ciudad natal y compartiendo con sus familiares luego de finalizar un año repleto de actividades y presentaciones por todo el país. Nos trae de regalo los discos de “Tamborelá”, grupo del cual forma parte y con el cual inicia una serie de giras no solo por Argentina, sino también por otros países de la región.

Nos conocimos en el “Wefkületuyiñ; Primer Encuentro de Arte y Pensamiento Mapuche”, efectuado en el verano de 2002 en Furilofche. En ese encuentro confluyeron jóvenes dirigentes de hogares universitarios y estudiantes de enseñanza media de Temuko, organizaciones culturales y artistas mapuche de la ciudad anfitriona y de Neuquén. En este último grupo se encontraba Anahí.

En la época, dicho evento se interpretó como un renovado impulso al por entonces olvidado objetivo de unir ambos territorios, más allá de las fronteras impuestas por los estados chileno y argentino. Muchos de los participantes del “Wefkületuyiñ” - que se extendió en sucesivos encuentros hasta el año 2004- forman parte hoy de importantes iniciativas que persisten en este esfuerzo, ya sea en el ámbito comunicacional, las artes, la educación y por cierto la política.

Para conocer de su evolución artística, sus nuevos proyectos musicales y su visión del arte mapuche contemporáneo y tradicional, Azkintuwe la entrevistó en la ciudad de Neuquén.

- Anahi, queremos conocer tu origen familiar. ¿De dónde proviene tu familia?

Me llamo Anahí Rayen Mariluan Peucon, mi padre viene de “Pikun Leufu” ubicado en Zapala, de esa zona geográfica y mi mama del norte neuquino, de “El Weku”. Yo nací acá en Neuquén capital, provengo de estas dos familias y me dedico a la música.

Cuando tengo que definirme digo que soy “música”, porque en mi familia son todos músicos. Mis hermanos, mi papa y mi mama que es cantora por parte de la línea materna. Todas las mujeres de mi familia por línea materna han sido cantoras, tanto de ceremonias como de música criolla. Música criolla digo para animar fiestas en ese entonces, en el momento que no existían aparatos tecnológicos. Por el lado de mi papa han sido todos músicos y guitarreros. La música es lo que identifica a las dos vertientes de las que yo vengo. Es la forma en que nos expresamos, siempre a través de la música. La única diferencia y con la cual me identifico personalmente, es que yo empecé a hacer música propia desde los 11 años más o menos. Las canciones de “El Eco” son canciones que hacia cuando era niña, quizás por eso tienen esa raíz media lúdica y son las canciones con las que participé en el “Wefkületuyiñ” en aquel momento. Las canciones del “El Eco” son canciones de la edad que tengo. Y bueno esa es la historia de mi familia, ligada a la música, siempre trasmitiéndola. Es difícil identificarse individualmente. Por eso cuando yo hablo en forma personal es ineludible hablar de la familia.

- ¿Qué haces hoy, en qué estás participando?

Hoy estoy participando de músico fusionista, como músico independiente y llevo adelante un par de proyectos que trabajo en Buenos Aires. Uno de ellos es “Tamborelá”, tambores en manos de mujeres, que es un proyecto de constitución femenina y de tambores y para mi evoca la fuerza natural y primaria de expresión. Ese grupo se desempeña en canto, percusión y danza y para mi representa la fuerza elemental o primordial. Después “El Eco” sigue trabajando en composiciones más delicadas. Por otro lado yo desarrollé la constitución física de “Arteadentro”, que es una asociación civil que busca visibilizar aspectos poco difundidos de las culturas folklóricas y antropológicas de América Latina, en especial de Argentina y Patagonia. Después producto de mi tesis de grado desarrollé el documental “Cantoras Neuquinas”, que son una expresión folklórica del norte de la provincia. Yo nací aquí en Puelmapu y en la actualidad trabajo sobre el desarrollo de la organología patagónica, es decir el estudio de la música, de los instrumentos ancestrales de esta tierra. Sobre este proyecto a futuro quiero realizar un documental donde se refleje la música que sigue trasmitiéndose. Y bueno me falta encontrar el por qué, para qué podría servir transmitir algo que sea tradicional y que siga reformulándose en esta época.

- Además de tener un az (carácter) dado por el lado familiar, ¿cómo aparece lo mapuche en tu trabajo? ¿cómo lo podrías definir e identificar?


Yo calculo que todo lo que hago es mapuche, viste, porque hay como una forma de pararse en la vida. O sobre todo pararse frente la naturaleza de las cosas, que para mi es indiscutiblemente la identidad de la familia de la que yo provengo y fundamentalmente un carácter muy fuerte o muy tenaz. Observando las características de familia, de mi papá o de mi mamá, yo veo que hay como una forma de resolver las cosas, de expresarla a través de la música. De resolverla en ponerse tenaz o en ciertas épocas ser como más permisible. No creo que hoy por hoy la identidad mapuche pase por algo netamente visible, parece que hay algo mucho más importante que es justamente lo que no se ve. Estoy como prácticamente convencida de eso, que todo nuestro pueblo ha quedado disfrazado, pero está muy presente si vivís en Patagonia. En cualquier barrio te das cuenta, en cualquier gesto está más presente que nunca.

- ¿Cómo aparece la idea de introducir palabras en mapuzugun en tus canciones?


Ah, eso es desde siempre. Por ejemplo ahora de grande me entero que la mayoría de las mujeres de mi familia hablan pero no hablan. ¡Ah! ¡y vos estás entendiendo todo y cómo que entendes todo! “Pero es que a mi me enseño mi mama, mi abuela”, te responden. ¿Y por qué a mi no me enseñó mi mama? Y ahí le paso la factura a mi mamá, ella entiende que en la escuela la obligaron a des-aprender con marcas de reglas en sus manos, en sus dedos, secuelas que tiene hasta hoy no solamente en el cuerpo sino también en el alma. Entonces esa es la razón por la cual esa discontinuidad espiritual, porque dejó de transmitirse verbalmente. Pero yo creo que está trasmitida mediante otras acciones, en el canto principalmente y en otra serie de ritos.

- Sigue resistiendo en las ceremonias.

Por ejemplo mi mamá todos los 24 de junio nos hacia salir al patio a tomar agua y yo nunca entendí eso. No es que yo dije ¡este es We Xipantu! no le ponía esas palabras, pero estaba presente. Entonces cuando empiezo a componer hay ciertas palabras que me salen en lengua, me salen porque las oigo y con el tiempo está la decisión bien fuerte de volver a hablar mi lengua y de practicar con mis tíos y todo eso. Yo de mi familia de tres hermanos soy la única mujer; me pareció que siempre esa delicadeza que proporciona la feminidad o el costado femenino de las personas me vincula con la tierra en forma directa. Entonces las mayoría de las canciones que compongo está en miti miti, en mapuñol.

- Hay otro aspecto interesante como es el uso de instrumentos que no necesariamente pertenecen a la cultura mapuche pero que se usan con una intencionalidad. Hoy estás trabajando con el grupo “Tamborelá” con todo lo que es percusión. Con esa incorporación de instrumentos ¿deja de ser mapuche tu producción?


No, nunca deja de serlo. De hecho en “Tamborelá” está muy presente la composición en lengua y también el uso de pifilka, kultrug. Ahí hay un tema que es bastante polémico que es de desacralizar el instrumento. Yo no lo utilizo como se utiliza en una ceremonia, ni representa en el grupo lo que representa dentro de una ceremonia tradicional. Pero el instrumento tiene un sonido tan particular, una resonancia tan especifica que lo que hace es complementar a la mayoría de los tambores.

Los tambores siempre han sido rituales entonces, ¿por qué no va estar presente el tambor de la cultura a la que yo pertenezco?, eso me parece fundamental. Y es polémico digo porque por ahí, visto desde una visión romántica, de ciertas representaciones o significados de las cosas, el kultrug no debiera salir de ahí y yo en ese aspecto no coincido. Para mi tiene que salir mediante la expresión que le sale a cada uno y con el respeto debido. No estamos haciendo nada tradicional y nada que evoque o que despierte algún newen y que alguien no pueda entender. Se trata de música y me parece que el lenguaje de la música es universal. En ese sentido los instrumentos mapuche tiene que complementar al panteón simbólico de todos los instrumentos musicales de América.

En esta zona geográfica del mundo el tambor está atribuido a la mujer. En el caso de nuestro pueblo una mujer o el lado femenino de una persona se hace cargo del parche del kultrug y en el norte de Argentina la caja con la coplera también, pero siempre es una mujer la que lleva el tambor a diferencia de otras raíces afro en donde el tambor está atribuido al hombre.

- Otro aspecto que uno puede reconocer en el trabajo que realizaban en “El Eco” y lo siguen haciendo hoy es la prolijidad y la calidad de su música. Qué nos puede decir al respecto, al parecer hay un intento de mostrar que al hacer algo desde lo mapuche no implica dejarlo a la ligera, sino que implica un trabajo y una dedicación muy fuerte.


La música ritual goza de una rusticidad que cuando uno trata de hacer una canción dista años luz de un canto por ejemplo. Y en el caso del “El Eco” yo me he dedicado a componer canciones. Igual con el tiempo he recuperado un poco de esa rusticidad y la calidad infinita de un canto que son para mi morfológicamente cosas distintas. Pero esa estética de lo que habla principalmente, capaz que es de una identidad muy personal que en mi caso significa considerarme como una buscadora de la belleza. Si yo me tengo que definir, yo busco la belleza. Creo que la cultura mapuche goza de una belleza única y siempre se le ha tratado de estereotipar mediante otras cosas, mediante un arma un gesto o una representación visual atribuida a los telares o algo muy estereotipado. En la actualidad no es realmente así o no es mayoritariamente así. Para mi la belleza de la cordillera o de estos paisajes busco reflejarla en la armonía que proporciona la música. Parece que es una belleza única del mundo.

Otra cosa que cuando se refiere a mujeres de nuestro pueblo casi nunca se nota la edad, como que el paso del tiempo no fuera tan cruel con nuestro rasgos y para mi la música tiene que ser así, como gozar de un no-tiempo y ese no-tiempo y esa belleza ayuda a situarla.

- Te hacia esa pregunta de la calidad pues a veces queda la impresión que en muchos casos se le da mas importancia al mensaje, al contenido. Una especie de militancia en términos de lo que se quiere mostrar. Pero al parecer no hay una dicotomía tan fuerte en crear algo de calidad e introducir ciertos mensajes en la música.


Por ejemplo, en ese encuentro de arte yo me encontré con expresiones de música Punk. Y yo sentía que tenia la misma energía dentro, solamente que no me sale representarla así, tan furiosa, esa es la palabra. Mucho tiempo busqué encontrar esa lírica, la denuncia puesta en la palabra, pero en lo personal nunca la encontré, mi energía no es tan grande. Yo creo que la desarrollo más bien en el poder de una sola palabra en mi lengua. Más buscadora de la magia, que es como que en el presente tan terrenal o tan material o tan crudo, uno por ahí no conecta y para mi la música que me sale hacer me vincula con eso, con lo excesivamente femenino que la realidad no nos deja ver. De ahí la delicadeza o la parsimonia en mi música. Igual esto que vas a escuchar no es tan romántico, es como más herido, en esa herida eterna que tiene la historia de nuestro pueblo también hay una belleza descomunal, representa la fidelidad, un sentimiento que por más que pasen los años está intocable.

- Qué impresiones nos puedes compartir respecto de la idea de transmitir mensajes a través de la emoción que provoca el arte. Este al parecer fue uno de los fuertes de aquel encuentro de Bariloche, quizás alejado de los discursos políticos y militantes.


Y el arte no puede dejar de ser político para mi, va completamente ligado. Pero a propósito de este mensaje yo creo que hay un condimento sanador en la música. Me acuerdo de Bariloche y como mucha gente estaba llorando, completamente sensibilizada con una palabra, con una canción, con un poema, me acuerdo que estaba Liliana Ancalao también. Y por ahí es como mucho más efectivo hacer un trabajo con uno mismo, uno exponerse a esa fragilidad que apoya el discurso político, que va como complementando. Me parece que cada uno de nosotros tenemos que hacer un trabajo muy personal o interno que fortalezca el colectivo.

- ¿Qué rol cumple el arte en este proceso de construcción de nación?


Toda la gente que trabajamos en arte tenemos una visión de una importancia muy pesada, porque implica provocar una convulsión de sentimientos que necesariamente tiene que llegar a la sanación, a la expresión, a recordar lo de antes. Pero fundamentalmente la música es como una refrescada emocional de lo aquello y de lo de ahora. La música sensibiliza a un punto en la que cada uno recuerda lo que es. Esa música no tiene que ser necesariamente tradicional para seguir fortaleciendo lo tradicional. Lo tradicional siempre va a ser una inspiración, pero la forma que permite el arte nunca coincide con lo tradicional, siempre es novedosa, es revolucionaria por sobre todas las cosas y esa revolución es lo que nos provoca una convulsión de sentimientos de que algo bueno tiene que salir.

- ¿Como llegaste al encuentro de arte de Furilofche?


Yo fui participada por Miriam Álvarez y el grupo de teatro y fui invitada en calidad de cantora urbana. Yo tenía miedo porque creía que me iban a sacar volando, porque tenía como instrumentos muy raros en ese momento. Me acuerdo que me acompañaba de un instrumento de base norteamericano súper enchufado, una mezcla de guitarra y piano, una cosa extrañísima. Y a eso yo le mezclaba cantando con charango, con kultrug y también me acompañaba de una percusionista. Entonces yo me imaginaba que era completamente extraño, como esas cosas que se forman solamente en la ciudades producto de la ciudades y sentía que me iba a encontrar con personas que estaban participando activamente en lo social y yo solo podía aportar del lado musical, entonces me sentía con una propuesta muy flaquita. Pero después me acuerdo que nos fuimos a un gejipun y esa noche me terminé de dar cuenta que los miedos son solamente internos, que estábamos todos fundidos. Fue una experiencia muy linda y aparte tengo el recuerdo de ese momento de un germinero, porque todas las personas que me encontré o que conocí ahí siguen en el mismo camino y eso es fabuloso. Fue una experiencia muy intensa.

- ¿Qué huellas dejó ese encuentro en ti?

Ese encuentro dejó una fortaleza en nuestra identidad. Tengo recuerdos como numerosos, de que somos mucho más de lo que creemos y que lo hemos ido corroborando en el tiempo. Nos dejó que cada uno de nosotros tiene en su apellido o en su energía, una misión distinta, y entonces que tiene que existir lo fuerte, lo suave, lo enérgico, tiene que existir el discurso, el teatro, como que cada uno se tiene que dedicar a cosas distintas. Es más, con mi energía tan delicada ya me siento poderosa.

- ¿Conocías entonces la realidad de Gulumapu?


Conocía porque mi familia está ligada a los procesos que ocurren a un lado u otro de la cordillera. Pero nunca pensé que estaba tan fortalecido, que el pueblo mapuche era de los dos lados, de que la cordillera era solamente un accidente geográfico, que de un lado y de otro todos éramos lo mismo. Y existen aspectos que tienen continuidad, como la violencia con la que actúa el estado chileno y que no ha dejado de fortalecerse y siento que sigue la misma crueldad que en otros tiempos.

- ¿Cuáles son tus planes para el futuro, como una artista mapuche abriéndose camino en Buenos Aires?


Eso esta buenísimo, porque al estar en una ciudad la gente como que ve en uno algo que no existe. Si yo hubiese seguido viviendo en Neuquén nadie me hubiese tomado en cuenta por cuanto casi todos somos mapuche. Quiero seguir haciendo música inspirada en Patagonia, ese es mi camino y ese desarrollo de la música está inspirada en lo tradicional. Y para alimentar el costado tradicional es que estoy haciendo esta investigación sobre mujeres que cantan en el territorio. En esas investigaciones he encontrado mucho dolor que se expresa en lo musical. Cuando uno canta revela su alma. He encontrado mucho dolor y mucha riqueza musical. Por ahí desde la profesión que tengo que es una licenciatura en folclore hay una visión muy romántica o muy setentista de las cosas. Uno siempre busca que la cosa no se pierda así exhaustivamente, y para mi la naturaleza de las cosas hay que respetarlas y si se pierde es porque se tiene que perder, pero en algún otro momento va a volver a emerger y así lo dice la naturaleza de esta zona geográfica. Cuando los ríos desaparecen y vuelven a aparecer de pronto, como la memoria del agua, me parece que nosotros también tenemos esa memoria. De hecho yo soy una cantora, me reconozco como una cantora urbana, utilizo las herramientas urbanas, pero sigo una tradición de la familia de que todas las mujeres sean cantoras.

- ¿Nuevo disco en el horizonte?

Paralelamente a esta investigación preparo nuevas canciones para editar el disco “Deje mi corazón a la orilla de un río” que pronto ojala estaré sacando, esta vez de manera solista o por primera vez la formación solista mientras seguimos trabajando arduo con “Tamborelá”. Buscando además herramientas para conocer más de las expresiones populares, es lo que practico ahora, sumado a tantos viajes que a veces corroboran y otras no lo que nos cuentan los libros respecto de la música pionera. Una buscadora de tradiciones que inspiren nuevas cosas, nuevas músicas. En ese mundo nado. Esa es la razón de sostener el espacio “Arteadentro”, de donde nace el documental “Cantos de la memoria-cantos de sentido”, un documental sobre las cantoras populares en Patagonia, el primero –ojala- de las tantas expresiones que tenemos los sureños.

- Tú apuesta es entonces romper con los estereotipos identitarios inamovibles.


A veces me pregunto frente a los estereotipos, ¿Qué se espera encontrar? ¿por qué queremos encontrar el pasado en el presente? Abunda por ahí una visión demasiado romántica de lo que somos. Me parece más interesante ver como se ha insertado esa identidad mapuche en la actualidad, eso me parece ineludible. Y en Buenos Aires pasa eso de que alguien busca a otro. Y yo les digo ¡soy india y soy de ahora!, ¿qué esperas ver, qué me comunique en mi lengua y que este prácticamente envuelta en un cuero? ¿por qué si está sociedad me volvió en lo que soy ahora? Sí quieres verme como soy yo, entonces devuelvan toda Patagonia y ahí, si lo decidimos así,  desarrollamos o volvemos a la continuidad que otros se encargaron de destruir. Yo respeto la tradición, pero no me sale imitarla y desde ese punto de vista yo participé de aquel “Wefkületuayiñ” como una cantora urbana y así me sigo identificando por suerte. Ese encuentro me fortaleció en cuanto a dónde esta uno y para qué esta. La música folklórica históricamente siempre ha puesto nuestra lengua, nuestra cultura, en un lugar romántico describiendo o aludiendo a un pasado hermoso que ha dejado de existir, lo ha hecho con todas las expresiones, de manera que uno se siente des-sitiado, relacionando el campo con algo que ya no es. En esa mentira crecemos.

 

 

< VOLVER

 

 

 

 

 

 


Quiénes Somos     I     Reportajes     I      Entrevistas      I      Opinión     I     Edición Impresa    I      Publicaciones      I     Humor Gráfico      I      ARCHIVO     I     CONTACTO