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Anahí Rayen Mariluan (32), licenciada
en folklore, cantautora y documentalista, es una destacada artista
mapuche que hace historia en Puelmapu. La encontramos visitando Neuquén,
su ciudad natal y compartiendo con sus familiares luego de finalizar un
año repleto de actividades y presentaciones por todo el país. Nos trae
de regalo los discos de “Tamborelá”, grupo del cual forma parte y con el
cual inicia una serie de giras no solo por Argentina, sino también por
otros países de la región.
Nos conocimos en el “Wefkületuyiñ; Primer Encuentro de Arte y
Pensamiento Mapuche”, efectuado en el verano de 2002 en Furilofche. En
ese encuentro confluyeron jóvenes dirigentes de hogares universitarios y
estudiantes de enseñanza media de Temuko, organizaciones culturales y
artistas mapuche de la ciudad anfitriona y de Neuquén. En este último
grupo se encontraba Anahí.
En la época, dicho evento se interpretó como un renovado impulso al por
entonces olvidado objetivo de unir ambos territorios, más allá de las
fronteras impuestas por los estados chileno y argentino. Muchos de los
participantes del “Wefkületuyiñ” - que se extendió en sucesivos
encuentros hasta el año 2004- forman parte hoy de importantes
iniciativas que persisten en este esfuerzo, ya sea en el ámbito
comunicacional, las artes, la educación y por cierto la política.
Para conocer de su evolución
artística, sus nuevos proyectos musicales y su visión del arte mapuche
contemporáneo y tradicional, Azkintuwe la entrevistó en la ciudad de
Neuquén.
- Anahi, queremos conocer tu origen familiar. ¿De dónde proviene
tu familia?
Me llamo Anahí Rayen Mariluan Peucon, mi padre viene de “Pikun Leufu”
ubicado en Zapala, de esa zona geográfica y mi mama del norte neuquino,
de “El Weku”. Yo nací acá en Neuquén capital, provengo de estas dos
familias y me dedico a la música.
Cuando tengo que definirme digo que soy “música”, porque en mi familia
son todos músicos. Mis hermanos, mi papa y mi mama que es cantora por
parte de la línea materna. Todas las mujeres de mi familia por línea
materna han sido cantoras, tanto de ceremonias como de música criolla.
Música criolla digo para animar fiestas en ese entonces, en el momento
que no existían aparatos tecnológicos. Por el lado de mi papa han sido
todos músicos y guitarreros. La música es lo que identifica a las dos
vertientes de las que yo vengo. Es la forma en que nos expresamos,
siempre a través de la música. La única diferencia y con la cual me
identifico personalmente, es que yo empecé a hacer música propia desde
los 11 años más o menos. Las canciones de “El Eco” son canciones que
hacia cuando era niña, quizás por eso tienen esa raíz media lúdica y son
las canciones con las que participé en el “Wefkületuyiñ” en aquel
momento. Las canciones del “El Eco” son canciones de la edad que tengo.
Y bueno esa es la historia de mi familia, ligada a la música, siempre
trasmitiéndola. Es difícil identificarse individualmente. Por eso cuando
yo hablo en forma personal es ineludible hablar de la familia.
- ¿Qué haces hoy, en qué estás
participando?
Hoy estoy participando de músico fusionista, como músico independiente y
llevo adelante un par de proyectos que trabajo en Buenos Aires. Uno de
ellos es “Tamborelá”, tambores en manos de mujeres, que es un proyecto
de constitución femenina y de tambores y para mi evoca la fuerza natural
y primaria de expresión. Ese grupo se desempeña en canto, percusión y
danza y para mi representa la fuerza elemental o primordial. Después “El
Eco” sigue trabajando en composiciones más delicadas. Por otro lado yo
desarrollé la constitución física de “Arteadentro”, que es una
asociación civil que busca visibilizar aspectos poco difundidos de las
culturas folklóricas y antropológicas de América Latina, en especial de
Argentina y Patagonia. Después producto de mi tesis de grado desarrollé
el documental “Cantoras Neuquinas”, que son una expresión folklórica del
norte de la provincia. Yo nací aquí en Puelmapu y en la actualidad
trabajo sobre el desarrollo de la organología patagónica, es decir el
estudio de la música, de los instrumentos ancestrales de esta tierra.
Sobre este proyecto a futuro quiero realizar un documental donde se
refleje la música que sigue trasmitiéndose. Y bueno me falta encontrar
el por qué, para qué podría servir transmitir algo que sea tradicional y
que siga reformulándose en esta época.
- Además de tener un az (carácter) dado por el lado familiar, ¿cómo
aparece lo mapuche en tu trabajo? ¿cómo lo podrías definir e
identificar?
Yo calculo que todo lo que hago es mapuche, viste, porque hay como una
forma de pararse en la vida. O sobre todo pararse frente la naturaleza
de las cosas, que para mi es indiscutiblemente la identidad de la
familia de la que yo provengo y fundamentalmente un carácter muy fuerte
o muy tenaz. Observando las características de familia, de mi papá o de
mi mamá, yo veo que hay como una forma de resolver las cosas, de
expresarla a través de la música. De resolverla en ponerse tenaz o en
ciertas épocas ser como más permisible. No creo que hoy por hoy la
identidad mapuche pase por algo netamente visible, parece que hay algo
mucho más importante que es justamente lo que no se ve. Estoy como
prácticamente convencida de eso, que todo nuestro pueblo ha quedado
disfrazado, pero está muy presente si vivís en Patagonia. En cualquier
barrio te das cuenta, en cualquier gesto está más presente que nunca.
- ¿Cómo aparece la idea de introducir palabras en mapuzugun en tus
canciones?
Ah, eso es desde siempre. Por ejemplo ahora de grande me entero que la
mayoría de las mujeres de mi familia hablan pero no hablan. ¡Ah! ¡y vos
estás entendiendo todo y cómo que entendes todo! “Pero es que a mi me
enseño mi mama, mi abuela”, te responden. ¿Y por qué a mi no me enseñó
mi mama? Y ahí le paso la factura a mi mamá, ella entiende que en la
escuela la obligaron a des-aprender con marcas de reglas en sus manos,
en sus dedos, secuelas que tiene hasta hoy no solamente en el cuerpo
sino también en el alma. Entonces esa es la razón por la cual esa
discontinuidad espiritual, porque dejó de transmitirse verbalmente. Pero
yo creo que está trasmitida mediante otras acciones, en el canto
principalmente y en otra serie de ritos.
- Sigue resistiendo en las
ceremonias.
Por ejemplo mi mamá todos los 24 de junio nos hacia salir al patio a
tomar agua y yo nunca entendí eso. No es que yo dije ¡este es We Xipantu!
no le ponía esas palabras, pero estaba presente. Entonces cuando empiezo
a componer hay ciertas palabras que me salen en lengua, me salen porque
las oigo y con el tiempo está la decisión bien fuerte de volver a hablar
mi lengua y de practicar con mis tíos y todo eso. Yo de mi familia de
tres hermanos soy la única mujer; me pareció que siempre esa delicadeza
que proporciona la feminidad o el costado femenino de las personas me
vincula con la tierra en forma directa. Entonces las mayoría de las
canciones que compongo está en miti miti, en mapuñol.
- Hay otro aspecto interesante como es el uso de instrumentos que no
necesariamente pertenecen a la cultura mapuche pero que se usan con una
intencionalidad. Hoy estás trabajando con el grupo “Tamborelá” con todo
lo que es percusión. Con esa incorporación de instrumentos ¿deja de ser
mapuche tu producción?
No, nunca deja de serlo. De hecho en “Tamborelá” está muy presente la
composición en lengua y también el uso de pifilka, kultrug. Ahí hay un
tema que es bastante polémico que es de desacralizar el instrumento. Yo
no lo utilizo como se utiliza en una ceremonia, ni representa en el
grupo lo que representa dentro de una ceremonia tradicional. Pero el
instrumento tiene un sonido tan particular, una resonancia tan
especifica que lo que hace es complementar a la mayoría de los tambores.
Los tambores siempre han sido rituales entonces, ¿por qué no va estar
presente el tambor de la cultura a la que yo pertenezco?, eso me parece
fundamental. Y es polémico digo porque por ahí, visto desde una visión
romántica, de ciertas representaciones o significados de las cosas, el
kultrug no debiera salir de ahí y yo en ese aspecto no coincido. Para mi
tiene que salir mediante la expresión que le sale a cada uno y con el
respeto debido. No estamos haciendo nada tradicional y nada que evoque o
que despierte algún newen y que alguien no pueda entender. Se trata de
música y me parece que el lenguaje de la música es universal. En ese
sentido los instrumentos mapuche tiene que complementar al panteón
simbólico de todos los instrumentos musicales de América.
En esta zona geográfica del mundo el tambor está atribuido a la mujer.
En el caso de nuestro pueblo una mujer o el lado femenino de una persona
se hace cargo del parche del kultrug y en el norte de Argentina la caja
con la coplera también, pero siempre es una mujer la que lleva el tambor
a diferencia de otras raíces afro en donde el tambor está atribuido al
hombre.
- Otro aspecto que uno puede reconocer en el trabajo que realizaban en
“El Eco” y lo siguen haciendo hoy es la prolijidad y la calidad de su
música. Qué nos puede decir al respecto, al parecer hay un intento de
mostrar que al hacer algo desde lo mapuche no implica dejarlo a la
ligera, sino que implica un trabajo y una dedicación muy fuerte.
La música ritual goza de una rusticidad que cuando uno trata de hacer
una canción dista años luz de un canto por ejemplo. Y en el caso del “El
Eco” yo me he dedicado a componer canciones. Igual con el tiempo he
recuperado un poco de esa rusticidad y la calidad infinita de un canto
que son para mi morfológicamente cosas distintas. Pero esa estética de
lo que habla principalmente, capaz que es de una identidad muy personal
que en mi caso significa considerarme como una buscadora de la belleza.
Si yo me tengo que definir, yo busco la belleza. Creo que la cultura
mapuche goza de una belleza única y siempre se le ha tratado de
estereotipar mediante otras cosas, mediante un arma un gesto o una
representación visual atribuida a los telares o algo muy estereotipado.
En la actualidad no es realmente así o no es mayoritariamente así. Para
mi la belleza de la cordillera o de estos paisajes busco reflejarla en
la armonía que proporciona la música. Parece que es una belleza única
del mundo.
Otra cosa que cuando se refiere a mujeres de nuestro pueblo casi nunca
se nota la edad, como que el paso del tiempo no fuera tan cruel con
nuestro rasgos y para mi la música tiene que ser así, como gozar de un
no-tiempo y ese no-tiempo y esa belleza ayuda a situarla.
- Te hacia esa pregunta de la calidad pues a veces queda la impresión
que en muchos casos se le da mas importancia al mensaje, al contenido.
Una especie de militancia en términos de lo que se quiere mostrar. Pero
al parecer no hay una dicotomía tan fuerte en crear algo de calidad e
introducir ciertos mensajes en la música.
Por ejemplo, en ese encuentro de arte yo me encontré con expresiones de
música Punk. Y yo sentía que tenia la misma energía dentro, solamente
que no me sale representarla así, tan furiosa, esa es la palabra. Mucho
tiempo busqué encontrar esa lírica, la denuncia puesta en la palabra,
pero en lo personal nunca la encontré, mi energía no es tan grande. Yo
creo que la desarrollo más bien en el poder de una sola palabra en mi
lengua. Más buscadora de la magia, que es como que en el presente tan
terrenal o tan material o tan crudo, uno por ahí no conecta y para mi la
música que me sale hacer me vincula con eso, con lo excesivamente
femenino que la realidad no nos deja ver. De ahí la delicadeza o la
parsimonia en mi música. Igual esto que vas a escuchar no es tan
romántico, es como más herido, en esa herida eterna que tiene la
historia de nuestro pueblo también hay una belleza descomunal,
representa la fidelidad, un sentimiento que por más que pasen los años
está intocable.
- Qué impresiones nos puedes compartir respecto de la idea de transmitir
mensajes a través de la emoción que provoca el arte. Este al parecer fue
uno de los fuertes de aquel encuentro de Bariloche, quizás alejado de
los discursos políticos y militantes.
Y el arte no puede dejar de ser político para mi, va completamente
ligado. Pero a propósito de este mensaje yo creo que hay un condimento
sanador en la música. Me acuerdo de Bariloche y como mucha gente estaba
llorando, completamente sensibilizada con una palabra, con una canción,
con un poema, me acuerdo que estaba Liliana Ancalao también. Y por ahí
es como mucho más efectivo hacer un trabajo con uno mismo, uno exponerse
a esa fragilidad que apoya el discurso político, que va como
complementando. Me parece que cada uno de nosotros tenemos que hacer un
trabajo muy personal o interno que fortalezca el colectivo.
- ¿Qué rol cumple el arte en este proceso de construcción de nación?
Toda la gente que trabajamos en arte tenemos una visión de una
importancia muy pesada, porque implica provocar una convulsión de
sentimientos que necesariamente tiene que llegar a la sanación, a la
expresión, a recordar lo de antes. Pero fundamentalmente la música es
como una refrescada emocional de lo aquello y de lo de ahora. La música
sensibiliza a un punto en la que cada uno recuerda lo que es. Esa música
no tiene que ser necesariamente tradicional para seguir fortaleciendo lo
tradicional. Lo tradicional siempre va a ser una inspiración, pero la
forma que permite el arte nunca coincide con lo tradicional, siempre es
novedosa, es revolucionaria por sobre todas las cosas y esa revolución
es lo que nos provoca una convulsión de sentimientos de que algo bueno
tiene que salir.
- ¿Como llegaste al encuentro de arte de Furilofche?
Yo fui participada por Miriam Álvarez y el grupo de teatro y fui
invitada en calidad de cantora urbana. Yo tenía miedo porque creía que
me iban a sacar volando, porque tenía como instrumentos muy raros en ese
momento. Me acuerdo que me acompañaba de un instrumento de base
norteamericano súper enchufado, una mezcla de guitarra y piano, una cosa
extrañísima. Y a eso yo le mezclaba cantando con charango, con kultrug y
también me acompañaba de una percusionista. Entonces yo me imaginaba que
era completamente extraño, como esas cosas que se forman solamente en la
ciudades producto de la ciudades y sentía que me iba a encontrar con
personas que estaban participando activamente en lo social y yo solo
podía aportar del lado musical, entonces me sentía con una propuesta muy
flaquita. Pero después me acuerdo que nos fuimos a un gejipun y esa
noche me terminé de dar cuenta que los miedos son solamente internos,
que estábamos todos fundidos. Fue una experiencia muy linda y aparte
tengo el recuerdo de ese momento de un germinero, porque todas las
personas que me encontré o que conocí ahí siguen en el mismo camino y
eso es fabuloso. Fue una experiencia muy intensa.
- ¿Qué huellas dejó ese
encuentro en ti?
Ese encuentro dejó una fortaleza en nuestra identidad. Tengo recuerdos
como numerosos, de que somos mucho más de lo que creemos y que lo hemos
ido corroborando en el tiempo. Nos dejó que cada uno de nosotros tiene
en su apellido o en su energía, una misión distinta, y entonces que
tiene que existir lo fuerte, lo suave, lo enérgico, tiene que existir el
discurso, el teatro, como que cada uno se tiene que dedicar a cosas
distintas. Es más, con mi energía tan delicada ya me siento poderosa.
- ¿Conocías entonces la realidad de Gulumapu?
Conocía porque mi familia está ligada a los procesos que ocurren a un
lado u otro de la cordillera. Pero nunca pensé que estaba tan
fortalecido, que el pueblo mapuche era de los dos lados, de que la
cordillera era solamente un accidente geográfico, que de un lado y de
otro todos éramos lo mismo. Y existen aspectos que tienen continuidad,
como la violencia con la que actúa el estado chileno y que no ha dejado
de fortalecerse y siento que sigue la misma crueldad que en otros
tiempos.
- ¿Cuáles son tus planes para el futuro, como una artista mapuche
abriéndose camino en Buenos Aires?
Eso esta buenísimo, porque al estar en una ciudad la gente como que ve
en uno algo que no existe. Si yo hubiese seguido viviendo en Neuquén
nadie me hubiese tomado en cuenta por cuanto casi todos somos mapuche.
Quiero seguir haciendo música inspirada en Patagonia, ese es mi camino y
ese desarrollo de la música está inspirada en lo tradicional. Y para
alimentar el costado tradicional es que estoy haciendo esta
investigación sobre mujeres que cantan en el territorio. En esas
investigaciones he encontrado mucho dolor que se expresa en lo musical.
Cuando uno canta revela su alma. He encontrado mucho dolor y mucha
riqueza musical. Por ahí desde la profesión que tengo que es una
licenciatura en folclore hay una visión muy romántica o muy
setentista de las cosas. Uno siempre busca que la cosa no se pierda
así exhaustivamente, y para mi la naturaleza de las cosas hay que
respetarlas y si se pierde es porque se tiene que perder, pero en algún
otro momento va a volver a emerger y así lo dice la naturaleza de esta
zona geográfica. Cuando los ríos desaparecen y vuelven a aparecer de
pronto, como la memoria del agua, me parece que nosotros también tenemos
esa memoria. De hecho yo soy una cantora, me reconozco como una cantora
urbana, utilizo las herramientas urbanas, pero sigo una tradición de la
familia de que todas las mujeres sean cantoras.
- ¿Nuevo disco en el horizonte?
Paralelamente a esta investigación preparo nuevas canciones para editar
el disco “Deje mi corazón a la orilla de un río” que pronto ojala estaré
sacando, esta vez de manera solista o por primera vez la formación
solista mientras seguimos trabajando arduo con “Tamborelá”. Buscando
además herramientas para conocer más de las expresiones populares, es lo
que practico ahora, sumado a tantos viajes que a veces corroboran y
otras no lo que nos cuentan los libros respecto de la música pionera.
Una buscadora de tradiciones que inspiren nuevas cosas, nuevas músicas.
En ese mundo nado. Esa es la razón de sostener el espacio “Arteadentro”,
de donde nace el documental “Cantos de la memoria-cantos de sentido”, un
documental sobre las cantoras populares en Patagonia, el primero –ojala-
de las tantas expresiones que tenemos los sureños.
- Tú apuesta es entonces romper con los estereotipos identitarios
inamovibles.
A veces me pregunto frente a los estereotipos, ¿Qué se espera encontrar?
¿por qué queremos encontrar el pasado en el presente? Abunda por ahí una
visión demasiado romántica de lo que somos. Me parece más interesante
ver como se ha insertado esa identidad mapuche en la actualidad, eso me
parece ineludible. Y en Buenos Aires pasa eso de que alguien busca a
otro. Y yo les digo ¡soy india y soy de ahora!, ¿qué esperas ver, qué me
comunique en mi lengua y que este prácticamente envuelta en un cuero?
¿por qué si está sociedad me volvió en lo que soy ahora? Sí quieres
verme como soy yo, entonces devuelvan toda Patagonia y ahí, si lo
decidimos así, desarrollamos o volvemos a la continuidad que otros
se encargaron de destruir. Yo respeto la tradición, pero no me sale
imitarla y desde ese punto de vista yo participé de aquel
“Wefkületuayiñ” como una cantora urbana y así me sigo identificando por
suerte. Ese encuentro me fortaleció en cuanto a dónde esta uno y para
qué esta. La música folklórica históricamente siempre ha puesto nuestra
lengua, nuestra cultura, en un lugar romántico describiendo o aludiendo
a un pasado hermoso que ha dejado de existir, lo ha hecho con todas las
expresiones, de manera que uno se siente des-sitiado, relacionando el
campo con algo que ya no es. En esa mentira crecemos.
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