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DERECHOS HUMANOS EN CHILE |
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Ciudadanía: ¿Prioridad gubernamental? |
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Contradiciendo sus propias palabras,
los hechos demuestran que su gobierno no ha confiado hasta ahora en
los ciudadanos, sino que más bien hemos sido tratados en forma
reiterada como menores de edad bajo su administración. Un hecho que
a la ciudadanía excluida ha llamado profundamente la atención ha
sido la reacción de las autoridades, y de la propia presidenta, a
raíz de la muerte del General Bernales. |
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Por José
AYLWIN*
I
Azkintuwe |
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Presidenta
Michelle Bachelet. |
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Foto de Agencias |
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Párrafo |
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Llama
la atención el duelo y homenajes rendidos por la presidenta al
general Bernales luego de su fallecimiento. Sin perjuicio de
los méritos que dicho general haya tenido en otros ámbitos de
su quehacer, un comportamiento tan reñido con los derechos
humanos como el que fue característico en carabineros durante
su conducción institucional, debería haber llevado a su
gobierno a abstenerse del duelo y de los homenajes que se le
rindieron. |
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Diversos
hechos ocurridos en los últimos días nos obligan a reflexionar sobre la
situación de la ciudadanía en Chile, así como sobre la prioridad que
ella y sus derechos tienen para quienes gobiernan. En su mensaje al
Congreso el 21 de mayo pasado Bachelet, ya en la mitad de su mandato
presidencial, reiteró su compromiso con la ciudadanía, tal como lo hizo
al asumir el mando, ocasión en que definió su gobierno como el de “los
ciudadanos”.
Junto con anunciar el envío de una serie de proyectos relativos a temas
que incumben a los ciudadanos (partidos políticos, derechos humanos,
pueblos originarios, reforma previsional), la presidenta manifestó su
voluntad de avanzar en la construcción de una ciudadanía más inclusiva.
Refiriéndose a la limitación del derecho a la libre elección, cercenado
por el Tribunal Constitucional en su fallo relativo a la píldora del día
después, la presidenta fue categórica en su respaldo a los ciudadanos al
afirmar que: “Chile tiene dos caminos: o confiamos en la responsabilidad
de cada ciudadano o creemos que es mejor tratarlos como menores de edad
y que es mejor que alguien decida por ellos”.
En lo retórico, su
discurso es convincente. La realidad, como cotidianamente constatan
numerosos sectores de la población, en particular los más excluidos, es
diferente. Es claro para estos sectores a estas alturas que su gobierno
no ha sido el de los ciudadanos. Ello no solo porque no contamos con un
marco institucional que permita su participación activa en aspectos
centrales de la vida del país, como la misma presidenta reconoce, sino
también porque los ciudadanos definitivamente no hemos sido el eje de su
política.
Pensemos en las comunidades locales e indígenas afectadas por grandes
proyectos de inversión forestales, mineros, hidroeléctricos, entre
otros, que privados han promovido en sus territorios bajo su gobierno, y
que han sido impuestos con el aval del Estado, en mucha ocasiones en
contra de su voluntad. Pensemos en los trabajadores, cuyos derechos
sindicales siguen siendo desconocidos, cuyas remuneraciones no alcanzan
a sustentar la vida digna – en contraste con las crecientes utilidades
de la empresas para las que laboran-, y cuyo precario status laboral
(subcontratación) es avalado hasta por empresas públicas como Codelco.
Pensemos en la exclusión de nuestras voces de la televisión pública, la
que a pesar de pertenecernos a todos, solo abre sus espacios a los dos
grandes conglomerados políticos que, al amparo de una constitución
excluyente, monopolizan la representación parlamentaria, o al
empresariado y la farándula. Pensemos en las dificultades que los
ciudadanos hemos encontrado bajo su administración para ejercer un
derecho humano tan básico como el de la manifestación pacífica. Muestra
de ello son las detenciones de estudiantes a lo largo del país y de
mapuche en el sur, que se han transformado en rutinarias en los últimos
años, ocurriendo incluso con posterioridad a su mensaje, y que son
justificadas por voceros gubernamentales, como Vidal o Harboe, con
argumentos y estilos que en nada se diferencian de las de los voceros de
la dictadura.
Contradiciendo sus propias palabras, los hechos demuestran que su
gobierno no ha confiado hasta ahora en los ciudadanos, sino que más bien
hemos sido tratados en forma reiterada como menores de edad bajo su
administración. Un hecho que a la ciudadanía excluida ha llamado
profundamente la atención ha sido la reacción de las autoridades, y de
la propia presidenta, a raíz de la muerte del General Bernales. "El país
ha perdido servidores públicos que dedicaron su vida a trabajar por la
nación, velando por la seguridad de nuestras familias, nuestros hijos e
hijas y de la ciudadanía", sostuvo la Presidenta al declarar un duelo
nacional de tres días por su fallecimiento. El Subsecretario del
Interior fue aún más lejos al señalar que el general Bernales fue “por
lejos” el mejor general director de la institución en los últimos 20
años.
Lamentando su muerte, la de su esposa y comitiva en tan trágico
accidente, a las máximas autoridades de un “gobierno ciudadano” no se
les puede escapar las múltiples y reiteradas denuncias que pesan sobre
la policía de carabineros por abusos y malos tratos a los ciudadanos, en
particular a ciudadanos mapuche en el sur del país, durante el período
en que Bernales fue general de zona en la Araucanía y más tarde bajo su
dirección general de carabineros a nivel nacional.
Fue bajo su jefatura en la Araucanía que el 2001 fue asesinado un niño
mapuche, Alex Lemún, a manos de un coronel de carabineros que sigue en
servicio activo, crimen que a la fecha se mantiene en la impunidad. Fue
también bajo su conducción nacional de la institución que en julio del
año pasado fue asesinado por carabineros en Arauco el trabajador
forestal Rodrigo Cisternas. Fue en enero de este año, también bajo su
jefatura de carabineros, que fue asesinado por la espalda por un cabo de
carabinero el joven mapuche Matías Catrileo, sin que hasta la fecha el
autor de este homicidio haya sido removido de la institución.
También bajo la
jefatura institucional del general Bernales durante el 2007 se
cometieron más de veinte hechos de violencia policial en contra de
personas mapuche, muchas de ellas menores de edad o ancianos indefensos,
en varias ocasiones sin ordenes judiciales, hechos que le fueron
comunicados, y que la institución que condujo, no investigó o sancionó
administrativamente. Se trata de hechos que fueron comunicados
reiteradamente al gobierno no solo por los propios afectados e
instancias nacionales de derechos humanos, sino también por instancias
de tratados de los que el Estado chileno es parte, como el Comité de
Derechos Humanos de la ONU. Por lo mismo, no podían ser ignorados por la
presidenta y su gabinete.
Es por ello que llama la atención el duelo y homenajes rendidos por la
presidenta al general Bernales luego de su fallecimiento. Sin perjuicio
de los méritos que dicho general haya tenido en otros ámbitos de su
quehacer, un comportamiento tan reñido con los derechos humanos como el
que fue característico en carabineros durante su conducción
institucional, debería haber llevado a su gobierno a abstenerse del
duelo y de los homenajes que se le rindieron. La reacción de la
presidenta y de su gobierno frente a este hecho demuestra, una vez más,
que el respeto a los ciudadanos, y a sus derechos, no tiene en realidad
la prioridad que se le asigna en el discurso /
AZ
* Gentileza
www.observatorio.cl
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