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La música del jarro de agua |
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A los dueños del país no les gusta que
les digan las cosas por su nombre: que aquí poco ha cambiado, que
persisten la pobreza y la exclusión, que los ricos son cada vez más
ricos, que una salud y educación de calidad son inalcanzables para
la inmensa mayoría; que medio Chile está endeudado, es decir son
pobres a corto plazo, mientras los ricos lo son a largo plazo. |
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Por
Tito TRICOT*
I
Azkintuwe |
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Maria
Música Sepúlveda. |
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Foto de Agencias |
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Cuando
con toda la ternura de su furia, Música arrojó un jarro de agua a la
ministra de educación, un coro de luciérnagas refulgió en el centro de
su dignidad. Y esa tormenta de cristales iluminó para siempre la
sofocante oscuridad de un gobierno que no escucha a nadie y que ha
transformado la esperanza de la democracia en una carcaza vacía. Que
había que llenar con agua clara para horadar la conciencia de un estado
represor, ciego y sordo a la demanda social.
Así lo pensó y así lo
hizo la estudiante del liceo Darío Salas que con un simple gesto logró
irisar de profunda nobleza aquella insoportable mañana en que una vez
más la ministra hablaba sin escuchar y escuchaba sin oír desde el
alcázar del poder. Porque la democracia que tenemos no es ni democracia
ni la tenemos, porque el gobierno ciudadano fue una efímera ilusión para
algunos, también ilusos, que creyeron en él; porque las prácticas
dictatoriales aún subsisten, porque – digamos las cosas por su nombre –
a los dueños del país no les gusta que les digan las cosas por su
nombre: que aquí poco ha cambiado, que persisten la pobreza y la
exclusión, que los ricos son cada vez más ricos, que una salud y
educación de calidad son inalcanzables para la inmensa mayoría; que
medio Chile está endeudado, es decir son pobres a corto plazo, mientras
los ricos lo son a largo plazo. Porque eso es este país del fin del
mundo que limita al norte con la incertidumbre de no saber como pagar
las cuentas cada mes, y al sur con la represión por tratar de reclamar
por aquella asfixiante incertidumbre.

Son los jóvenes de
Chile reprimidos por tener la osadía, la valentía y la inteligencia
para organizarse y bregar por sus derechos. Porque en esta
democracia nuestra de cada día la mayoría son humanos sin derechos
que, además, por el peso de la noche, de las deudas, de la
precariedad laboral, del temor a quedarse sin trabajo, han caído en
una peligrosa pasividad que tiende a aceptar los abusos. |
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Entonces, cuando con
toda la ternura de su furia, Música arrojó un jarro de agua a la
ministra de educación, todas las bandurrias del sur detuvieron su vuelo
inclinando sus alas ante el coraje de aquella aparentemente frágil niña
que en un instante cambió las complacientes sonrisas del poder por una
inusitada cólera que convirtió a Música en el enemigo interno de la
época de la dictadura militar y en la encarnación de Satanás. Para el
senador democratacristiano, Eduardo Frei, lo acaecido simboliza la
pérdida de respeto, afirmando que se estaría entrando en “un espiral de
descalificaciones que sólo pueden llevar al caos y a la anarquía” ¿No es
lo mismo que argumentaba su padre cuando dirigía la oposición al
gobierno de la Unidad Popular y que, por cierto, culminó con el
derrocamiento de Salvador Allende?
El derechista alcalde de Santiago, Raúl Alcaíno, pidió la expulsión
inmediata de la alumna de su colegio y, por supuesto, Carabineros
interpuso una denuncia ante el Juzgado de Familia por atentado contra la
autoridad. Y una de esas autoridades, el ministro secretario general de
gobierno, Francisco Vidal, iracundo expresó que “no es tolerable ni
vamos a tolerar que la respuesta, en vez de ser un argumento, sea un
jarro de agua. Eso no es para Chile” rubricando sin vergüenza alguna lo
señalado sosteniendo que “tú puedes enfrentarte con una persona que
opina distinto a ti, pero con argumentos, con conversación, con
fundamento, no con una agresión”. Sin vergüenza alguna, pues son miles
los estudiantes que cada vez que salen a la calle a manifestar su sentir
y sus demandas no se enfrentan a las idílicas conversaciones que parecen
existir sólo en la fértil mente del ministro, sino que a la violencia
policial, a los carros lanzaguas, a las bombas lacrimógenas y a los
golpes y detenciones masivas.
Son los jóvenes de
Chile reprimidos por tener la osadía, la valentía y la inteligencia para
organizarse y bregar por sus derechos. Porque en esta democracia nuestra
de cada día la mayoría son humanos sin derechos que, además, por el peso
de la noche, de las deudas, de la precariedad laboral, del temor a
quedarse sin trabajo, han caído en una peligrosa pasividad que tiende a
aceptar los abusos del alza de precios, de los planes de salud, del
combustible, de los alimentos, de la represión policial, sin reclamar.
Entonces, cuando con toda la ternura de su furia, Música arrojó un jarro
de agua a la ministra de educación, fue una pequeña tormenta de
estrellas azules que remeció el alma dormida de muchos y dibujó una
sonrisa solidaria en los rostros de hombres y mujeres que, a pesar de
todo, se niegan a ser meros sobrevivientes en un país donde la felicidad
es sólo para quienes pueden comprarla /
AZ
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