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EN NUEVA IMPERIAL CONVERSÓ CON
AZKINTUWE |
PARTE I |
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Rosendo Huenuman: El último
parlamentario mapuche |
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Profesor rural, dirigente
sindical campesino, vocero del movimiento mapuche en los 60' y
70', en mayo de 1973 llegó al Congreso Nacional como diputado
para estar cara a cara con los latifundistas. Su atrevimiento
casi le costó la vida. Rosendo Huenuman, el último de una
estirpe de grandes líderes mapuches y a quien los militares
declararon muerto tras el golpe, compartió con Azkintuwe parte
de su increible historia. |
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Por
Pedro CAYUQUEO*
I
Lunes 28 de Julio de 2008 |
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Rosendo
Huenuman Garcia. |
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Foto de P. Cayuqueo. |
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Parte II |
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DISPONIBLE A PARTIR DEL MARTES 29 DE
JULIO DE 2008 |
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NUEVA IMPERIAL
/ La vida de Rosendo Huenuman Garcia (1935) forma parte de la
HISTORIA mapuche. Así, con mayúsculas. Nacido en Hueñalihuén, comuna de
Puerto Saavedra, a los 12 años llegó a trabajar a Temuko como mozo de un
magnate local. Cursó primaria en una escuela nocturna y emigró a
Concepción para seguir estudios universitarios. Trabajar como minero del
carbón en Lota no solo le permitió titularse de profesor, también
conocer lo brutal de la “explotación del hombre por el hombre”,
reconoce. Al regreso, fue su comunidad natal una de las primeras en
iniciar un proceso de recuperación de tierras previo a la Reforma
Agraria. Corría el año 1961 y fueron duramente reprimidos por el
gobierno de Jorge Alessandri. Pese a ello salieron airosos y mostraron
ante sus pares un camino.
Huenuman participó activamente en la sindicalización de los campesinos
bajo el gobierno de Frei Montalva, transformándose en un carismático y
respetado dirigente mapuche. Ya en la Unidad Popular fue elegido
Presidente de la Federación Campesina Luis Emilio Recabarren y dirigente
nacional de la Federación Campesina e Indígena Ranquil. El año 1973,
aliado con el Partido Comunista, fue elegido diputado con primera
mayoria individual, participando en la Comisión de Agricultura y
Colonización hasta la disolución del Parlamento. Su atrevimiento lo pagó
con largos años de exilio en la ex RDA, salvando incluso de la muerte,
tras asesinar los militares –equivocádamente- a otro mapuche con su
mismo apellido tras el golpe.
Protagonista excepcional de la
historia mapuche del siglo XX, Huenumán aceptó compartir algunos pasajes
de su extenso camino recorrido. Visitamos al ex parlamentario en el
Centro de Salud Mapuche de Nueva Imperial, establecimiento del cual es
hoy uno de sus responsables. En dos entregas, Azkintuwe pondrá a
disposición de sus lectores los inicios de Huenuman en la vida política,
su rol como dirigente social, la Reforma Agraria, su admiración por
Salvador Allende, su llegada al Congreso Nacional y posterior exilio en
Alemania, entre otros tópicos.
- Peñi Rosendo, ¿cómo surge en
usted el interés por la política?
Este interés surge siendo yo muy joven. Una de las situaciones que me
hizo cambiar positivamente mi pensamiento fue haber estado en Lota. Allí
se me aclaró bastante lo que era la explotación del hombre por el
hombre, la injusticia de aquellos años y que todavia sigue existiendo.
Yo de niño salí de mi comunidad, la "José Painecura" de Hueñalihuen. Me
fui a Temuko a terminar mi educación básica y luego partí a Concepción,
a la recien creada Universidad Técnica del Estado, para ser profesor. En
esos años era gratis estudiar, habia que hacerle empeño nomás, teniamos
comida, teniamos harto apoyo del estado. Y yo era un mapuche que queria
mucho más, no quedarme solo con tener humanidades, tenía la ambición de
superarme y me propuse saber más. Eso me pasó a mi.

Huenuman participó activamente en la
sindicalización de los campesinos bajo el gobierno de Frei Montalva,
transformándose en un carismático y respetado dirigente mapuche. Ya en
la Unidad Popular fue elegido Presidente de la Federación Campesina Luis
Emilio Recabarren y dirigente nacional de la Federación Campesina e
Indígena Ranquil. |
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Yo estudie los seis años en
Concepción, tuve buenos apoyos, habia un director de apellido Meza que
me tomó confianza y apoyó bastante. Por la noche estudiaba y mediodia
trabajaba, en lo que fuera, para financiar mis gastos. Cuando me faltaba
un año para terminar me trasladé a Lota, fue por razones económicas. Yo
tenía un primo hermano que era minero. Fui a pedirle apoyo para terminar
el año que me quedaba, "si -me dice-, ningún problema". El habló con la
señora donde pagaba su pensión, pero el problema fue que más tarde yo vi
que mi primo estaba metido en el vicio del alcohol. Tres meses cumplió
bien, pagó la pensión por mi, pero después ya no y tuve que apechugar
solo. Yo tenia 19 años en ese entonces, lolito era.
- ¿Cómo se transformó en
minero?
Fue por lo que pasó con mi primo, su
vicio por el acohol y la necesidad que yo tenía de trabajar. Yo veía
todos los dias como lo hacian otros muchachos a orilla del mar, en el
tumbaero que le decian, donde botaban piedras de la mina. Allí iban los
muchachos y muchachas a recoger carbón y lo vendian ahi mismo a los
compradores. Vi que resultaba la cosa y me puse a hacer lo mismo. Todos
los dias, trabajando mediodia, me daba dinero para pagar la pensión y
algo más, asi que a mi primo no lo molesté nunca mas. La misma señora de
la pensión me dejó de cobrar porque todos los dias yo recogia leña desde
la playa y le llevaba a la pensión. Todos los dias acarreaba leña, iba a
almorzar con una carga de leña y a la señora se le juntaba un buen poco.
Un dia me dijo: "Con todo lo que tu me ayudas Rosendo, tení la pieza y
la comida gratis. Tu me ayudai mucho, me apoyai con los mandados, más
que mi propio hijo". Bueno, dije yo, mire un poquito pa' arriba y pensé:
'Chao ngenechen está conmigo'. Me quedé en esa casa hasta que terminé mis
estudios.
- ¿En qué año regresó usted a
su tierra?
Regresé a mi comunidad el año 1959,
pero yo vine solamente a saludar a mi madre. Mi proyecto en ese tiempo
era irme a la Argentina. Recuerdo que llegué a la casa amaneciendo, a
Hueñalihuen, al lado del mar. Atravesé la cordillera de Nahuelbuta en
aquella época que solo habian huellas, nada de caminos y a lo que tenia
miedo recuerdo era al león. Pero me compré una linterna de esas de
cuatro pilas en Carahue y con esa linterna atrevesé la cordillera de
noche, por Trovolhue, cuatro horas caminando hasta Hueñalihuen. Cuando
le pregunto a la finada de mi madre cómo estaban mis familiares, mis
tios, la primera noticia fue como si me tiraran un balde de agua. "A tu
tio lo van a lanzar de su tierra, lo vinieron a citar del pueblo", me
dice mi madre. Resulta que cuando yo era muchacho, cuando vivia con mi
abuelito, el tenia un juicio con un gringo que era vecino, luchando por
restituir campo.
Esa misma situación estaba todavia
pendiente, pero ahora involucraba al gringo, a otros winkas que
colindaban y también a ocho miembros de la comunidad, uno de ellos mi
tio. Lo primero que recordé fue lo que dijo una vez Allende en
Concepción: "El Pueblo Mapuche no puede ser exterminado ni erradicado de
su territorio". Ese discurso me caló profundo en el pivke (corazón) y en
el lonko (cabeza). Jamás se me salió. Allende siempre fue mi guia, con
esa famosa oratoria que tenía. Cuando escuché ese discurso yo estaba
terminando mis estudios en Concepción, tenía 21 años y de inmediato me
inscribí para votar. Ese año era la segunda candidatura de Allende. Voté
por el, pero no salió. Y fíjese como es la vida, yo no sabia, pero
pronto me tocaría recordar y repetir sus palabras en la comunidad, para
organizar a mi gente y parar el lanzamiento que se queria realizar.
- En esos años usted fue
candidato a regidor. Háblenos de esa experiencia.
Fue el año 1963, yo estuve cuatro
años trabajando de profesor en una escuela del Calof, en Puerto Saavedra
y decidí lanzarme a la política. Fui candidato a regidor por la comuna
de Puerto Saavedra. En ese tiempo Saavedra era una comuna bastante
grande. Recuerdo que me compré una yegua, ese fue mi vehículo y recorrí
hasta Tirua por el norte. Como habia sido profesor, tenia gente ganada
ya, que me reconocía bien. Me faltaron 15 votos para meterme como
regidor en la alcaldia de Saavedra. No gané, pero desarmé todo el
castillo de naipes en la comuna. Antes de eso habia un gringo, Miguel
Larraulet, un gringo latifundista que parecia alcalde vitalicio, siempre
sacaba primera mayoria, pero el 63' las vio negra conmigo. Y salió otro,
un tal Ulloa. Le desarmé todo el castillo a los winka. Recuerdo que me
perdí una de las reuniones que tenía en Matisanche y luego pensé, !ahi
estaban los 15 votos y quizás cuantos más¡. Pero no me dio más el
vehículo, si la yegua se cansaba y caminaba lento (risas).

Hice campaña como mapuche y mi fuerza
estaba en Calof, donde habia sido profesor. Después empezaron a pololear
conmigo por políticos. Decian ellos: "Y de donde salió este cabro...
este no se veía antes por aquí" (risas), si se sorprendieron todos.
Primero fueron los radicales. Cuando niño yo me eduqué en Temuko, era
mocito, servidor de una familia de magnates, los Rivera, pura gente
acaudalada. |
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- ¿En esa campaña usted
militaba en algún partido?
No militaba en ningun partido, fue
por las mias. Hice campaña como mapuche y mi fuerza estaba en Calof,
donde habia sido profesor. Después empezaron a pololear conmigo por
políticos. Decian ellos: "Y de donde salió este cabro... este no se veía
antes por aquí" (risas), si se sorprendieron todos. Primero fueron los
radicales. Cuando niño yo me eduqué en Temuko, era mocito, servidor de
una familia de magnates, los Rivera, que controlaban la producción de
cerveza, pura gente acaudalada. Recuerdo que el patrón era un viejo
soberbio, que no creia en Dios,"me cago en Dios", decia y sacaba de su
chaleco un monton de billetes y me decia: "¡Este es Dios chico, este es
Dios!". Ese era don José Rivera, yo nunca lo contradeci al viejo pero lo
miraba feo a veces.
- ¿Cómo era el trato que le
daban en esa familia?
Eran abusadores con uno de repente,
uno se daba cuenta de eso, pero tuve paciencia, porque me daban la
comida y con esa paciencia terminé mi educación básica. Recuerdo que
salí mejor alumno incluso y como premio me llevaron donde un sastre que
me tomó las medidas y me regalaron mi primer terno, azul marino, fue el
color que elegí. Me regalaron también entradas para el teatro y fui con
una empleada que era como la niñera de la casa. Después cuando me fui a
Concepción tambien me ayudaron, los hijos del viejo me dieron plata,
como 5 pesos, que me sirvió para pagar la pensión varios meses. La
voluntad a veces es un tésoro dicen, yo creo que si, cuando se sabe
manejar y no se confunde con la sumisión. Yo era voluntarioso y eso lo
valoraba el viejo.
- Nos contaba del pololeo de
los radicales con usted...
Bueno, volviendo al pololeo político.
Cuando fui candidato a regidor y salgo en la lista del diario Austral,
el viejo Rivera me manda a buscar, "donde está este Rosendo", dijo.
Fijese que los carabineros me fueron a buscar hasta Hueñalihuen para
conversar con el viejo en Temuko, me llevaron como quien se lleva un
detenido, todo para que fuera a hablar con él. Mire el poder del viejo
Rivera, que mandaba a los pacos como si fueran sus mosos también. Y
llegué hasta Temuko, a juntarme con los radicales que también eran
masones, como el viejo Rivera, buenos pa la fiesta todos ellos. Conversé
con ellos, pero uno rápidamente comienza a ver que los políticos
tradicionales eran re buenos pa la mentira, para hacer promesas falsas.
Mejor me fue con el viejo Juan Tuma Masso, quien era por entonces
parlamentario en ejercicio.
- ¿Se refiere al padre del
actual diputado PPD Eugenio Tuma?
El mismo. Con el viejo Tuma conversé
lo que estaba pasando en mi comunidad cuando regresé de Concepción, que
habian ocho mapuches listos para ser lanzados de su tierra, incluido un
tio. Organicé a mi gente y paramos el lanzamiento en Temuko, en eso nos
ayudó el viejo Tuma. Yo siempre me matriculé con Tuma, porque lo vi en
los Juzgados de Indios defendiendo al mapuche. Era turco, pero hablaba
en contra de la injusticia, hasta sacaba a los presos mapuches de la
cárcel cuando podía. Bueno, como paramos el lanzamiento y nos habiamos
transformado en un poder, nos planteamos entonces la recuperación de
nuestra tierra. Justo en esa época me encuentro a un peñi que era
abogado, Pedro Leñan, que llegó a ser presidente de la Corte en Osorno,
hoy jubilado. Fuimos amigos, muy amigos. El asumió la defensa legal de
la recuperación de tierras. Luego de largos años ganamos el juicio y
recuperamos al gringo y otros winkas las 357 hectareas que nos tenían
usurpadas.
- Imaginamos no se trató de una
victoria fácil.
Costó mucho sacrificio, los jueces en
ese tiempo demoraban y demoraban los juicios. Nosotros rapidito nos
aburrimos de esperar, un año pasó y entramos al campo para apurar el
juicio. El año 62' , en vísperas del año nuevo, entramos con todo, hasta
con los perros y los gatos. Estabamos decididos a que no nos sacaran de
la tierra, aunque tres veces fueron los carabineros a destruir nuestras
rukas. A la cuarta intentona de ellos organizamos la resistencia.
Llegaron los milicos, como 70 en unos jeep y más de 40 carabineros a
caballo, para efectuar el "lanzamiento", hablaban ellos entonces de
efectuar un "lanzamiento". Los esperamos, fue en abril, como a las tres
de la tarde. Iban a cargo de un capitán de apellido Quintana, de
Imperial, un weon alto, rubio, de dos metros que me miraba para abajo.
Llegó preguntando: "¿Quién es el caciquillo aquí?". Yo le dije, "aqui no
hay ningún caciquillo, hay dirigentes y yo estoy a cargo, soy de aqui,
me llamó Rosendo Huenuman y soy profesor". "Traemos una orden, contigo
vamos a arreglar", me dice prepotente. Comienza a leer la orden y en una
parte dice "Alto Yupehue".
Pucha, nosotros paramos la oreja
porque estabamos en Bajo Yupehue. Le pido entonces que me pase la orden,
de mala gana lo hace y por ninguna parte decia "lanzamiento". Hablaba de
la destrucción de unas casas en Alto Yupehue. Le dijimos que Alto
Yupehue quedaba a varios kilómetros. Entonces el capitán consulta por el
enredo a uno de los gringos que andaban con ellos y este les dice:
"estos son los indios que me destruyeron el cerco". "Mentira - le digo
yo- aqui estamos en tierras de una comunidad legalmente constituida". Se
armó la grande, varios carabineros destruyeron una ruka que habiamos
parado, actuaron como perros y las mujeres se lanzaron contra el
capitán, con unos podones y llenas de furia. Les hizo el quite el
capitán, pero se fue al suelo recibiendo palos y como pudo se paró, en
cuatro patas salió arrancando, como un zorro (risas). Cuando cayeron
otros tres carabineros al suelo la cosa se puso fea para ellos. Sonó el
kull kull y comenzaron a salir los grupos de mapuches, de veinte,
treinta, acordonando el lugar. El capitán no tuvo más remedio y pegó el
menso grito: "¡retirada! ¡retirada!", gritaba desaforado.
- ¿Qué sucedió después?...
Se retiraron, se fueron a la casa de
los gringos donde les hicieron un tremendo banquete. Después decian que
se comieron como dos animales, estuvieron allí tres dias y dos noches de
banquete. Yo esa misma noche salí para Temuko, llegando al dia siguiente
a las 10 de la mañana. Lo primero que hago es ir al correo para llamar a
la Cámara de Diputados para dar la información. Luego fui a la radio La
Frontera y ellos dieron la noticia al instante. Fui también a la
Prefectura de Carabineros a preguntar por la orden y no habia nada.
Llamaron entonces a Imperial y les dicen que el capitán anda cumpliendo
una orden en Alto Yupehue. Como la radio ya habia informado y los habian
telefoneado también desde el Congreso, los jefes tuvieron que partir
para la costa. Comprobaron allí que todos los funcionarios de Carahue,
Imperial, Puerto Saavedra, Nehuentue andaban metidos en el cuento. Una
semana tardaron en salir el capitan Quintana y su gente, si caminos no
habia.

Muchos (partidos) me quisieron utilizar,
ahi le debo la orientación a mi amigo Renato Maturana, abogado, por esos
años un lolito que habia llegado a hacer su práctica y nos ayudaba. "Ten
cuidado chico, estos weones son re' sinverguenzas", me decia. Y tenía
razón. ¡Si hasta el día de hoy siguen siendo sinverguenzas!. El hecho es
que le hice caso a Renato y no me entregué a ningún partido winka. |
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Recuerdo que en un puente llamado
Rebolledo quedó la grande. Ese era un puente para carretas y ellos se
tiraron no más con los jeep y cuando iba cruzando el primero, ¡pa abajo!
Luego el segundo jeep y un tercero, ¡pa abajo, también! Ahi se constató
lo que sabiamos. Bien que el primer jeep se hubiera ido abajo, pero ¿por
qué el segundo y el tercero? Se comprobó que venían curados los weones,
venian de fiesta, se comprueba todo eso. Quedó la cantada, el capitan de
baja, los jefes de retenes tambien, me hice famoso. El diario Austral me
puso en primera página. Pero tambien habia un diario re copuchento que
se llamaba El Gong, que tituló, sin saber lo que habia pasado: "Rosendo
Huenuman está preparando la guerrilla en Nahuelbuta". ¡Chuta!, dije yo,
ahora soy guerrillero (risas).
- Se había transformado en un
peligro público...
La hazaña fue buena... Y todos
creyeron que yo políticamente era peligroso, pero yo recien estaba
empezando (risas). Para mi la injusticia contra nuestra gente mapuche
estaba clarita y no me iba a quedar callado. Incluso cuando fui a
declarar hice un discurso, primero hablé de la injusticia. "¿Por qué los
tribunales avalan estos atropellos? ¿es creible un juez? ¿quién controla
al juez?, ¿a qué clase social responde el juez?", pregunté. Pucha que me
encontraron choro, les hable fuerte, pero no en forma insolente, siempre
fui moderado, sin faltar el respeto a nadie. Al final se aclaró toda la
cosa, fueron destituidos todos los jefes de Carabineros, incluso el
gobernador también se fue volando, ya que habia firmado la orden. Este
proceso me marcó mucho, tambien hizo que todos los partidos políticos se
acercaran. Muchos me quisieron utilizar, ahi le debo la orientación a mi
amigo Renato Maturana, abogado, por esos años un lolito que habia
llegado a hacer su práctica y nos ayudaba. "Ten cuidado chico, estos
weones son re' sinverguenzas", me decia. Y tenía razón. ¡Si hasta el día
de hoy siguen siendo sinverguenzas!. El hecho es que le hice caso a
Renato y no me entregué a ningún partido winka.
- ¿Cómo fue su relación con el
Partido Comunista? El propio Volodia Teitelboim lo menciona a usted en
sus memorias.
Conocí a Volodia, hablé con el muchas
veces... Lo que hice con los comunistas fue firmar un pacto el año 1963.
Yo pensé, si me presenté de manera independiente a regidor y me faltaron
15 votos, ahora con más apoyo capaz que resulte algo. Pero con ese pacto
me dediqué a trabajar para la cuarta campaña de Allende, cuando
finalmente ganó el compañero. Esa fue una gran satisfacción para mi. Mi
relación con los comunistas fue de alianza solamente. Yo firmé un pacto
con ellos, y trabajé políticamente en la campaña presidencial,
recorriendo el campo, armando organización, donde iba armaba
organización. Estuve incluso en el Cerro Ñielol cuando se firmó el pacto
de Allende con los mapuches, en el marco de su campaña presidencial.
Parte II:
"Siempre he pensado que me faltó un
partido político mapuche"
* Una versión preliminar de esta entrevista fue
publicada por Revista Punto Final - Edición 667.
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