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FOTO DE AGENCIAS |
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A diez días de su
muerte, y mientras se prepara un funeral que tendrá tanto
de espectáculo como la mayor parte de su vida, Michael
Jackson está más presente en la vida de todo el planeta
que en los últimos quince años. Sin tener los números
reales a mano, bien se puede especular con que hoy el
portal de chismes TMZ acredita más entradas diarias que la
mayor parte de las páginas web que existen. Y todo gracias
al constante flujo de datos sobre los avatares del legado
Jackson, que empezó con el anticipo del fallecimiento seis
minutos antes de que fuera pronunciado muerto de manera
oficial. Las cifras que sí se conocen son las de las
ventas de los discos del artista, que en Estados Unidos se
multiplicaron por veinte desde su último suspiro.
La disparada en la facturación fue tal que, por una vez,
el chart principal de Billboard careció de sentido. El que
aparecía en el tope era el nuevo trabajo de los Black Eyed
Peas, The E.N.D., que había despachado 88 mil copias. Sin
embargo, en realidad ése fue el cuarto álbum en ventas:
Number Ones, HIStory y Thriller, en ese orden, superaron
las 100 mil unidades, pero no fueron incluidos en el
ranking porque allí sólo pueden entrar discos publicados
en los últimos 18 meses. Un nuevo record post mortem para
un tipo que pasó buena parte de su vida quebrándolos.
Así las cosas, la vorágine está lejos de detenerse,
alimentada especialmente por aquellos que buscan el último
chisme, el jirón de dato escandaloso que haga ruido. El
tabloide inglés The Sun se lleva los laureles en ese
sentido, con su publicación de supuestos datos de la
autopsia, con un Jackson pelado y demacrado, que luego
fueron desmentidos. Pero, ¿cómo vencer la compulsión por
entrar una vez más a TMZ, para ver qué hay de nuevo? ¿O,
con un poco más de serenidad y foco, leer los análisis que
los medios “serios” han hecho sobre la historia de ascenso
y caída del Rey del Pop, acaso lo más cercano al mito de
Icaro en haber tomado carne en el último medio siglo? No
hay información sobre la gripe porcina que evite que el
lector se detenga sobre cualquier encabezado donde figuren
las palabras “Michael” y “Jackson”, cosa que a esta altura
debería reconocer cualquiera que esté leyendo estas
líneas.
¿Siente que lo atraparon con evidencia incriminatoria en
las manos? Pues no debería: más allá de que sea fogoneado
por los alimentadores de morbo de turno, el interés por
todo lo que tenga que ver con Jackson es genuino. Sucede
que, mucho antes de que se convirtiera en “Jacko Wacko”,
el freak que se creía Peter Pan, que se vestía como un
soldadito de juguete y que se rodeaba de niños con
intenciones siempre puestas en dudas, Michael Jackson fue
un artista único. Fue, por ejemplo, el que derribó
barreras raciales en unos Estados Unidos que ni soñaban
con votar a un Barack Obama; el que introdujo cambios
musicales cuyos efectos todavía resuenan en el pop, el hip
hop y el rock; el que imaginó una pista en la que se
pudiera bailar como si se tratara de la superficie lunar.
Y eso más allá de las cifras de venta, que de tan
espectaculares a veces hacen olvidar que, en su momento,
Jackson fue tan importante como Elvis o Los Beatles. A él
le encantaba que lo llamaran Rey del Pop porque alimentaba
su megalomanía, pero, ¿existe alguna duda de que Jackson
era precisamente eso? Dado que la pregunta parece tener
una sola respuesta, entonces cabe otro cuestionamiento:
¿cómo fue que todo salió tan mal?
Además del de Icaro, hay otro mito griego con el que se ha
identificado a Jackson: Orfeo, el artista que fue
asesinado por sus propios seguidores (otra versión lo da
muerto a manos de las mujeres, de quienes había renegado
para dedicarse a los jovencitos). Y no, en esa época no
existían TMZ ni The Sun. En 1982, en el pico de su fama –y
de su talento–, el cantante se sentía atrapado por su
fama. “Ellos (por los fans) creen que son tus dueños,
creen que te hicieron”, le dijo en una entrevista a Gerri
Hirshey, autora de Nowhere to Run: The Story of Soul
Music. “Ser asediado lastima. Te sentís como un
espagueti... En cualquier momento podés quebrarte.” Como
tantos otros, con Diego Maradona como ejemplo más cercano,
Jackson no podía simplemente renegar de su fama, apartarse
de eso que le causaba dolor, porque renunciar a ella
habría significado también deshacerse de lo que lo
constituía como ser humano: desde que su vocecita de ángel
lo ubicó en el centro de los Jackson 5, Michael fue
estrella. En ese sentido, todas sus bizarreadas
posteriores –incluidos sus matrimonios, la modificación de
su aspecto, su paternidad cuestionada y las acusaciones de
pedofilia– deberían obrar como una señal de alerta más
grande que el cartel de Hollywood para aquellos padres
que, por ejemplo, se desgañitan porque sus hijos bailen en
cámara. Esa desesperación por encontrar validación en la
masa deja heridas imborrables, como bien pueden
certificarlo estrellas infantiles como Britney Spears,
Macaulay Culkin o Gary Coleman.
A Joseph Jackson hay que agradecerle por haberle mostrado
al mundo todo el talento de su hijo. Sin embargo, el
propio Michael no se lo agradecía, precisamente. En la
época en la que se lo acusó por primera vez de pedófilo,
el cantante reveló los abusos físicos y verbales a los que
lo sometía su padre. El objetivo de Joseph era convertir a
cinco de sus nueve vástagos en objetos de adoración masiva
y lo consiguió, especialmente con Michael. Pero, ¿a qué
precio? Apenas se conoció la noticia de su muerte, también
se supo que el padre había querido internarlo para que se
recuperara de su adicción a los calmantes. Tarde. Un par
de días después, el titular era que el padre no figuraba
en el reparto de la herencia millonaria, y que la custodia
de los tres hijos de Michael pasaba temporalmente a la
madre de éste, Katherine. El mensaje post mortem es
clarísimo: las decisiones sobre los chicos no las toman
los abuelos, sólo la abuela.
En 2003, cuando se lo llevó a juicio por abuso de menores,
uno de los psicólogos que lo analizaron concluyó que
Jackson tenía la mentalidad de un niño de 10 años (a esa
edad, el cantante hizo su primera audición para el célebre
sello Motown). El comportamiento público de Michael avala
los dichos del profesional. Por ejemplo su fijación con
los personajes de Disney: Héctor Cavallero, que lo trajo a
Buenos Aires en 1993, recordó hace poco que Jackson sacaba
los cuadros de la mansión del hotel Hyatt y los
reemplazaba por posters de Mickey y Donald. O su
compulsión por gastar su fortuna, tan patente en el
documental Living with Michael Jackson, del mismo modo
desenfrenado que lo haría un chico que acaba de romper el
chanchito. O su relación extraña con sus mascotas: tuvo un
chimpancé llamado Bubbles (Burbujas) al que vestía igual
que él y que lo acompañaba a todos lados hasta que creció
demasiado (¡!), una boa constrictora llamada Muscles
(Músculos), y hasta una llama.
Sin embargo, tal vez el ejemplo más claro de lo antedicho
sea el lugar en el que Michael se encerró durante más de
una década: Neverland, un País del Nunca Jamás inspirado
en el de Peter Pan (nada menos). Allí tenía zoológico y
parque de diversiones propio, para recuperar el tiempo
perdido en cuestiones tales como convertirse en una
megaestrella cuando debería estar jugando con sus
coetáneos. En esa mansión de Santa Barbara, California,
fue retratado por Martin Bashir en Living..., el
documental donde Jackson admitió que compartía su cama con
chicos. En cámara, el cantante se horrorizaba de que
alguien pudiera pensar en que eso no era algo
absolutamente inocente. Dieter Weisner, ex manager de
Jackson, acusó hace poco a esa película de haber “matado”
a su otrora empleador. “Creo que a partir de allí Michael
comenzó a morir –dijo–. (El documental) lo mostraba como
un pedófilo a través de una edición astuta que dejaba
afuera las partes en las que el periodista halagaba a
Michael por ser tan buen padre.”
Entre los entrevistados para Living... estaba Gavin
Arvizo, de 12 años, que luego le inició a Jackson el
célebre juicio por abuso. El cantante ya había hecho un
arreglo fuera de la Corte en 1993, que le habría costado
20 millones de dólares, para evitar acusaciones similares.
Pero una década más tarde el juicio se llevó a cabo y
durante cinco meses hubo un bizarro espectáculo
amplificado por la prensa sensacionalista. Sin embargo, el
propio Michael entregó mucha tela para cortar: hizo pasos
de baile en la puerta de la corte, un día llegó vestido
con pantalones de pijama y varias veces se lo vio ido,
como si estuviera empastillado. Jackson salió absuelto,
pero cascoteado para siempre. Después se fue a Barhein,
donde convenció a un jeque de que pagara por un disco que
nunca llegó, y en el que supuestamente iba a incluir
canciones compuestas por su benefactor. Mientras tanto,
Neverland era puesta en venta para tratar de tapar
agujeros negros financieros. La transacción no llegó a
hacerse y Neverland es parte de la herencia de Jackson,
por eso los fans soñaban con que el funeral se hiciera
allí, donde su ídolo se creía un personaje de ficción que
jamás envejecía.
En este repaso quedan afuera demasiados aspectos de la
vida de Jackson (y también de su obra monumental), lo cual
es lógico si se tiene en cuenta la estatura del artista y
la celebridad (que no es lo mismo) de la que se habla. Con
el mercado musical como está hoy, cifras como las que él
generó en la primera parte de los ’80 son inalcanzables, y
es altamente improbable que otro cantante llegue a
producir un impacto generacional y hasta racial como el
que estampó Michael Jackson. Pero también cuesta imaginar
una debacle tan inmensa como la que protagonizó a la vista
de todo el planeta, mientras las sucesivas cirugías lo
tornaban irreconocible. Tal vez esto sirva de advertencia
para otros que sueñan con volar hasta el sol. Sin embargo,
también es muy probable que ya sea tarde, que haya
demasiados dispuestos a dejarse asesinar por esos mismos
que los filman con sus celulares y después arreglan la
publicación del videíto en TMZ.
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Trastienda de un funeral monumental
Un total de 17.500 entradas gratis serán sorteadas
para asistir al funeral en honor de Michael Jackson,
el próximo martes en dos recintos de Los Angeles: el
Staples Center y el teatro Nokia. Los receptores de
los boletos serán escogidos al azar a través de una
lotería en la que sólo podrán participar personas
residentes en Estados Unidos, según explico Tim
Leiweke, director ejecutivo de AEG Live, empresa
propietaria de ambos pabellones y promotora de los
conciertos que Jacko iba a ofrecer a partir de julio
en Londres. En resumen, se seleccionarán 8750
personas que recibirán dos entradas sin cargo cada
una. Luego, se les informará dónde recoger los
boletos y se les proporcionará una muñequera oficial
del evento, especificó Leiweke. “El que intente
aprovecharse de este sistema no tiene vergüenza”,
dijo el directivo de AEG Live en alusión a la
posibilidad de que algunas personas intenten vender
esos pases. Sin embargo, la gran mayoría de fans
verá el funeral desde el sillón de su living: la
familia Jackson ha decidido que sea transmitido de
forma gratuita a todo el mundo, por lo que la única
señal del acto será distribuida entre las
televisoras que la requieran.
Ken Sunshine, portavoz de la familia, pidió “respeto
y consideración para los Jackson” y aclaró que “aún
se trabaja en los detalles del homenaje” a Michael.
Por su parte, Jan Perry, representante del
ayuntamiento de la ciudad de Los Angeles, animó a
aquellos que se queden sin pase a seguir el homenaje
a Jackson desde sus casas. “Quienes no obtengan
entradas para acudir a este evento especial deben
considerar verlo desde sus hogares”, explicó. Si
bien Los Angeles se encuentra en su peor crisis
fiscal en décadas, la funcionaria no eludió el tema
del dinero para la ceremonia: según aseguró, existe
una dotación económica del presupuesto de la ciudad
reservada para asegurar la protección de los
ciudadanos frente a “eventos extraordinarios”. “He
solicitado la ayuda de donaciones privadas para este
funeral pero aún no he tenido respuesta. Cualquiera
que esté interesado en contribuir económicamente
será bienvenido”, invitó. |
* Gentileza
www.pagina12.com.ar
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