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FOTO DE
ALEJANDRA BARTOLICHE. |
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“En los barrios altos de Bariloche,
donde vive la gente pobre, los niveles de desocupación llegan al 70 por
ciento. Cuando viene la temporada invernal hay mucha expectativa
laboral, pero los empresarios del sector turístico traen personal de
afuera, de San Juan, de Jujuy, de otras provincias. Apenas un 30 por
ciento de los contratados en Bariloche, para el invierno, son de acá, el
resto viene de afuera”. Juan Carlos Curaqueo, secretario gremial de ATE
Bariloche, en diálogo con Página/12, sostuvo que la precariedad laboral
en esta ciudad de 150 mil habitantes alcanza sobre todo a los que viven
en los barrios del Alto, que concentran alrededor del 60 por ciento del
total de habitantes que tiene Bariloche.
“Los del Alto sólo pueden aspirar a
trabajar en la construcción, actividad que en invierno se paraliza por
las condiciones climáticas de la zona o de lo contrario pueden ser
peones de cocina, valets o cumplir alguna tarea menor, porque el
personal con cierto nivel de capacitación viene de afuera porque a los
de acá los discriminan”. Otro gran tema es el trabajo en negro. Este
año, los gremios que agrupan a los trabajadores de la construcción y a
los gastronómicos denunciaron que, en la provincia, “el 70 por ciento”
de sus afiliados trabaja en negro, cuando se dice a nivel nacional que
las cifras disminuyeron en toda la Patagonia. A eso hay que sumarle el
déficit habitacional, que en la zona del Alto es un problema sin
solución. “Lo que pasa con la tierra es muy cruel. Hay una necesidad
enorme de tierra y de vivienda, pero hay muchos negociados extraños con
la tierra. Hace poco tiempo hubo una persona que hizo una usucapión de
120 lotes en la península de San Pedro”, le explicó a este diario el
defensor del Pueblo de Bariloche, Vicente Raúl Mazzaglia.
La usucapión, como se sabe, es la toma de posesión de un bien una vez
transcurrido el tiempo que marcan las leyes para que pueda reclamarlo su
anterior (y en este caso) supuesto legítimo dueño. “En la península hay
títulos de propiedad muy extraños, que pasan de propiedad en propiedad.
Son sociedades que se disuelven y pasan a convertirse en otras, aparecen
personas que dicen ‘estas tierras son mías’ y a las personas que las
están ocupando sin tener papeles se las venden una vez, dos veces y
desde el gobierno nadie interviene para averiguar cuál es la situación
real de esas tierras”, explicó Mazzaglia, quien desde la defensoría está
haciendo un trabajo para tratar de descifrar el enigma.
En las afueras de Bariloche se han establecido varios asentamientos, en
razón de la falta de planes de vivienda estatales y el alto costo de las
tierras y de los alquileres. “Para los trabajadores, acceder a un
terreno es imposible. Vivimos en una sociedad que está dolarizada por el
turismo internacional y el costo de un terreno de 20 por 40 metros no
baja de los 30 mil dólares, mientras que los alquileres más bajos están
en 1500 pesos, como mínimo, en los barrios altos”, dijo Curaqueo.
“Vivir en Bariloche es muy caro. Acá, por el clima, hay que tener un
buen calzado, una campera de buena calidad y es incluso necesario tener
un auto. No es un lujo, es una necesidad, porque acá, en invierno, en un
solo día podemos tener las cuatro estaciones del año”, insistió el
dirigente de ATE. El trabajo en Bariloche es escaso para los que viven
en los barrios altos, quienes, además, deben disputar puestos laborales
con otros desocupados que llegan de localidades vecinas como Mencue,
Sierra Colorada, Los Menucos, Maquinchao, Ingeniero Jacobacci, Ñorquinco,
Pilcaniyeu, Aguada Guzmán y otros lugares situados en los alrededores de
la ciudad.
“En muchas localidades de Río Negro, e incluso de Neuquén, tampoco
tienen salida laboral y por eso deciden migrar a Bariloche, encandilados
con el turismo, pensando que abre posibilidades de trabajo para todos.
Es muy poco lo que ofrece la región, salvo ser empleado público,
trabajar en el área de la educación, en el hospital o entrar a la
policía”, definió Curaqueo. “Además de los argentinos, vienen también
muchos chilenos, muchos bolivianos o paraguayos, lo que hace que se
dificulte todavía más la posibilidad de conseguir empleo.”
La mayoría termina viviendo de planes sociales que no superan los 250
pesos mensuales. Un empleado público con más de diez años de antigüedad
no supera los 1945 pesos mensuales. “Eso es lo que gano yo con 13 años
de servicio. Para vivir acá necesitás 5 mil pesos por mes, como mínimo,
pero nadie gana eso. Nosotros, con mi mujer, que es empleada doméstica,
tenemos que trabajar los dos porque alquilamos y eso te quiebra el
presupuesto”, especificó Curaqueo.
En la zona hay dos universidades nacionales, una privada y varias
propuestas de estudio para los jóvenes, pero “cuando terminan el
secundario, las carreras cortas, como Administración de empresas o
Contaduría, no abren posibilidades laborales concretas en Bariloche.
Entonces, aunque puedan estudiar, los pibes terminan como gondoleros en
un supermercado o trabajando en verano en una obra en construcción”. Los
jóvenes “no tienen futuro, aunque puedan llegar a estudiar. Terminan
engrosando los 13 mil empleados públicos que hay en toda la provincia” o
se tienen que ir. “Tampoco hay espacios verdes, de recreación, ni
canchas de fútbol. Todo se ha vendido a la gente de afuera, todo se ha
cerrado y se ha convertido en un negocio privado, en grandes complejos
turísticos a los que los pobres de Bariloche no tienen acceso. Hay
chicos del Alto que no conocen el lago (Nahuel Huapi). Eso es una
realidad.”
“Cuando Argentina le ganó a México, los chicos del Alto bajaron al
centro a festejar y la policía los reprimió en el Centro Cívico. En
Bariloche tuvimos tres muertes y no pasó nada. En 2001 tuvimos cinco
presidentes en una semana, acá están todos atornillados en su despacho y
nadie asume su responsabilidad.”
Para Nadina Moreda, abogada del Inadi, Bariloche es “una sociedad
sesgada, con franjas de exclusión como cualquier ciudad del país, pero
que aquí están muy marcadas y que se acrecentaron después de los sucesos
de junio. Fui profesora de un colegio nocturno, en el Alto, y los chicos
tenían internalizado que el centro no era para ellos. ‘Profe, nosotros
no vamos, porque la policía nos remonta para arriba, no nos deja
pasar’.” Alejandra Aguerre, de la Multisectorial contra la Represión,
opinó que las diferencias sociales “se han profundizado desde 2001. Por
eso es común que la policía, en la temporada de invierno, haga
operativos ‘tenaza’ para evitar que los chicos del Alto lleguen al
centro. Los gobiernos radicales, instalados en la provincia desde hace
más de 25 años, no han encontrado solución. Acá tenemos turistas que
gastan 20 mil dólares en tres días y pobladores que tienen que vivir con
200 pesos al mes”.
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Gentileza
www.pagina12.com.ar
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