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FOTO DE SEBASTIAN HACHER. |
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En el siglo XIX, mucho años antes de
consolidarse el proyecto de la Generación del ’80, Domingo Faustino
Sarmiento planteaba trasladar el modelo de desarrollo norteamericano a
la Argentina, no sólo con la educación pública sino especialmente con
una mejor distribución de la tierra, a través de la radicación de miles
de colonos, con un proceso similar al de los farmers yanquis, sin
embargo terminó imponiéndose en el país el latifundio.
Terratenientes argentinos en la Pampa
Húmeda e ingleses en el sur, que es el caso de la historia de la
Compañía de Tierras del Sud Argentino –cuyo nombre ni siquiera estaba
castellanizado, sino que legalmente aparecía como The Argentine Southern
Land Co- que se recrea a través de una rigurosa investigación en ”Ese
ajeno sur”, de Ramón Minieri. Entrevistamos al autor aprovechando la
presentación que hizo del libro recientemente en la Biblioteca de la
Legislatura en Viedma.
- ¿Cómo surge este libro?
Surge de un feliz azar, que me permitió tener no tanto los archivos
públicos de La Compañía, llamada así por antonomasia, así como en el
norte se hablaba de La Forestal, sino la correspondencia interna. Me
invitaron a acompañar a un grupo a la estancia de El Maitén –de los
Bennetton que son los que compraron las tierras que hasta el ’74 fueron
de La Compañía y que después por unos años estuvieron en manos de
capitales argentinos- en función de un contrato para sacar fotos, tomar
imágenes, planos y demás de los edificios de las estancias para hacer un
libro de bello formato para publicitar un poco cómo la empresa
propietaria estaba tratando bien el patrimonio arquitectónico. Me
invitaron a hacer un cuadrito cronológico, y eso que debía haber tenido
dos páginas se transformó, andando el tiempo, en un libro de 444
páginas. Alguien había tenido la idea de recorrer todas las estancias y
juntar todos los biblioratos que estaban en El Maitén, biblioratos con
distintos tipos de correspondencias, no las transacciones comerciales
que están en el Museo de Leleque, sino la correpondencia entre gerentes
y subgerentes encargados de estancia y la central en Buenos Aires como
centro de gestión de la empresa.
- La Compañía surge a partir de una graciosa concesión de tierras
del Estado argentino, malversando lo que establecía la Ley Avellaneda.
¿Por qué no lo explicás?
Había dos modelos de país, el de Sarmiento y el de Alberdi. Alberdi
transige con los latifundios, con el caudillismo del interior, con una
dosis de realismo. Mientras que Sarmiento termina siendo un permanente
crítico de todo este proceso de expropiación y privatización de la
tierra pública. Él decía que los favores políticos se pagan con tierras,
cuando se quiere conquistar a un adversario se le regalan tierras o
cuando el nombre del hermano de Julio Argentino Roca lo transforma en un
sobrenombre, al decir que ‘Argentino conquista las tierras y el hermano
las ataliva’, por Ataliva Roca (hermano del presidente Roca), que es el
que hacía los negocios no limpios. La Ley Avellaneda era muy generosa
para convocar colonos a la Argentina, realmente en Avellaneda todo su
ideario es congruente con esta ley. El lema ‘el país se va a salvar por
el trabajo de los argentinos’, una visión no financiera de la cuestión
tierras. Era una ley por la cual se le regalaba tierra a cada colono,
hasta 100 hectáreas, las hectáreas adicionales estaban a un peso por
hectárea, se le da al colono gratis el pasaje desde su país de origen a
la Argentina, se lo aloja gratis durante tantos días en el Hotel de
Inmigrantes, se lo lleva también en forma gratuita a su lugar de
destino. Le daba bastantes condiciones favorables, como no pagar derecho
aduanero alguno por traer sus herramientas de trabajo. Y el artículo 3
de la ley establece que a las empresas que quieran traer colonos se les
puede dar hasta 80 mil hectáreas, en forma de concesión.
- Es lo que se utilizó para que se terminara en el latifundio de
La Compañía.
Exacto. Esta entrega estaba condicionada a que se trajeran colonos en el
plazo de dos años y hacer inversiones mínimas. Aparecen once personeros,
hombre de paja, ante la Oficina de Tierras y Colonias a pedir cada uno
80 mil hectáreas, con un garante. Son los mismos apellidos mezclados, de
argentinos, ya que de los once sólo una concesión la solicita un inglés.
A estos once en tiempo récord se les aprueba la concesión. En un caso el
trámite tardó solo catorce días desde presentar la notita en Tierras y
Colonias hasta el decreto de Juarez Celman, el cuñado de Roca que estaba
de presidente. Si algún trámite tardó mucho fue de un mes y medio. Pero
todos estos transfieren las tierras a otros y piden el cambio de lugar.
Las habían pedido en Formosa, Chaco, Neuquén, y rápidamente pasan a
formar un damero de cuadros diagonales entre la Cordillera (El Maitén,
Leleque, Cholila) y la costa atlántica y Puerto Madryn, con parte en la
llamada Línea Sur rionegrina (Maquinchao, Sierra Colorada).
- Los ingleses sabían perfectamente que tener información era tener
poder y por eso vos marcaste que los lugares nuevos que piden coinciden
punto por punto con los lugares más favorables para la ganadería
descriptos por George Musters.
Sí, cuando uno relee sus crónicas menciona las excelentes aguadas de
Maquinchao, excelentes pastos para invernada, aparece Leleque, todos
estos lugares. Yo marcaba la importancia de la inteligencia geográfica
británica. Todos los descubrimientos, los viajes del aparente turista
(por Musters) van a parar a la Royal Geographic Society y de allí a los
‘inversores’. Los mapas británicos eran mucho más exactos que los
argentinos. Yo comparé un mapa argentino de 1890, que se hace con vistas
de vender en Europa de apuro, porque era el ’90, el año de la crisis
financiera con Celman, tres millones de hectáreas. Algo que critica
Pellegrini en carta Juarez Celman y Celman le dice que era preferible
que se cree una Irlanda en la Patagonia y no que estén sometidas a la
incuria del tehuelche. Este mapa para vender 3 millones de hectáreas de
la Patagonia en Europa tiene claros enormes, descampados, y estamos en
1890, ya han pasado años de la campaña de Roca. Además se come dos ríos,
ubica montañas donde no las hay, es una cosa de locos. Y el Perito
Moreno se cela con este mapa, le pega con todo. En cambio si vos vas a
los mapas británicos, tenían una información de primera y de calidad.
- ¿Cuántas tierras llegó a tener La Compañía?
Arriba del millón de hectáreas, un millón cien mil hectáreas.
- Sin haber puesto un peso.
Nada.
- Y después esa apropiación o regalo digamos del Estado argentino
se formaliza por otra ley.
En 1892 se presentan una cantidad de concesionarios y dicen que no han
podido cumplir con las condiciones de estas concesiones porque las
tierras son áridas, lejanas, no hay medios de transporte, los colonos no
quieren venir. En los informes que hace el directorio a los accionistas
se cuidan cada año, del ’89 al ’92, de decir que han buscado traer
colonos pero no pueden. Querían traer colonos alemanes, pero no hay
caso, también chilenos, pero tampoco, dando pie al argumento que no se
pudo colonizar. Y el Estado argentino siempre apurado y siempre
endeudado, dice que más vale llegar a un remedio y cosechar unos pesos,
recuperar algunas tierras, a través de la ley que se llama De
Liquidación.
- El gobierno inglés seguro ha incidido para esto.
Sí, sin dudas, además era el árbitro del litigio fronterizo ante Chile,
así que se suma como herramienta de presión. Estaban los galeses
también, era también muy difícil aquí ‘encontrar un manso para acollar a
un arisco’, porque estaban planteando conflictos serios con el tema del
reclutamiento de la educación en idioma castellano y habían llegado a
pedir el protectorado inglés.
- Hay que recordar que con los galeses de la zona cordillerana
incluso se llegó a un plebiscito para que definan si querían ser
argentinos o chilenos, es decir, la Patagonia planteaba varios
conflictos.
Sí. El hecho es que sale una nueva ley para acomodar la situación,
pragmáticamente hacen coincidir las leyes con la realidad. La ley
planteó en algunos casos recuperar el 25% de las superficies, cosa que
pasó en concesiones poco útiles, aunque al poco tiempo se volvían a
pedir. El Estado había concedido en el país 38 millones de hectáreas y
no llega a recuperar un millón de hectáreas. Entre todas, las que había
en Formosa, Chaco, Pampa Central y todos los territorios patagónicos. En
realidad la ley sirvió para justificar una operación de blanqueo y de
escrituración de las tierras. La ley planteó como condición para la
titularización de las tierras que había que invertir tanto por legua.
Entonces cuando viene el inspector, como están avisados, tienen las
vacas y ovejas para que las vea en un campo, después la pasan a otro y
así ‘disfrazaban’ la inversión. Esto aparece en las cartas.
- ¿Cómo era la relación con los indígenas y criollos que
utilizaban como mano de obra?
La peonada, la fuerza de trabajo de la estancia, fue tehuelche-mapuche,
una mezcla, porque por ahí es difícil separar las dos etnias que ya
estaban muy integradas entre sí. Hasta el nivel de capataces y a veces
un poquito más, capataces generales, en quienes reposaba el manejo
quizás de toda una estancia. En Maquinchao, Huanulán y Talcahuala en
distintas épocas estuvieron dirigidas por un hombre que era Tránsito
Painefil, que incluso tiene descendencia creo en Viedma. Es mencionado
en los documentos de La Compañía.
- ¿Me imagino que esto en gran parte era así porque necesitaban
capataces que conocieran la lengua, que pudieran comunicarse de mejor
manera con la mano de obra que necesitaban?
Claro, elegían un mediador.
- Me imagino que el costo laboral era bajísimo y las condiciones
laborales pésimas, como lo han reflejado los libros relacionados con los
fusilamientos por las huelgas de peones del ’20 y ’21 en Santa Cruz, los
libros de José María Borrero y Osvaldo Bayer.
Sí. La pauta me la da cuando veo que se quejan de tener que adecuarse al
Estatuto del Peón con Perón. Porque, dicen, tenían que poner en cada
rancho por lo menos una mesa, dos sillas, algunos tenedores, una olla.
Lo que marca cómo estaban viviendo; dormían arriba del recado. Se
escandalizaban porque había que poner cielo raso a los ranchos. Además,
como pasó en Santa Cruz, la primera reacción de La Compañía cuando se da
una baja de los precios de la lana era bajar salarios. Hay que recordar
que en las guerras, en las dos, las potencias beligerantes acumulaban
lana, porque con la lana se hace lanolina y con lanolina se hace
nitroglicerina, es decir, pasaba a ser un insumo estratégico. Y
almacenaban millones de toneladas de lana, de Australia, Nueva Zelandia
y Argentina. Cuando terminan las guerras y se liberan estos almacenes
entran a vender la lana por dos pesos, bajan los precios y lo primero es
cortar sueldos de los peones y echar gente.
- Y vos decís que hay datos que así como hubo conflictos en Santa
Cruz, los hubo acá, lo que pasa es que no se tiene demasiada
información.
Sí. Hubo huelgas en la zona de Cholila, Leleque, en el oeste de Chubut.
Eso aparece en el diario de Trelew “El avisador comercial”, una breve
noticia, aunque se hablaba de bandoleros no de protesta social. La
óptica de los periódicos de la época era hablar de bandidos rurales no
de reclamos de peones. Únicamente en una carta interna se habla de
huelga de peones, que se resistían a trabajar en al esquila, que pedían
determinadas condiciones. Pero no se habla nunca más. Meses después se
habla que está todo tranquilo, que se hicieron los ajustes. Tampoco hay
nada en los archivos de la policía ni en los del Ministerio del
Interior. Pero uno imagina lo peor.
- ¿Algunos bandoleros yanquis, como Butch Cassidy, en realidad los
trajo La Compañía para reprimir, para garantizar la seguridad de las
estancias?
El abogado norteamericano Arthur Preston era primo de Frank Preston,
gerente general de La Compañía, e hizo de puente para traer a Butch
Cassidy. Los Preston eran mormones y Cassidy también. Además, llega
Butch, desembarca, va a la Oficina de Tierras y Colonias y pide 1600
hectáreas en Cholila. ¿Qué sabía él dónde quedaba Cholila? Y el
expediente sale rápidamente. Aparentemente la relación con La Compañía
se rompe cuando Cassidy les roba 1500 vacas. Eso los ingleses no lo
podían tolerar.
- ¿Cuáles eran las actividades de La Compañía, además de la lana,
y y se se puede estimar las ganancias que tuvieron?
Manejaban 1.500.000 de kilos de lana por año. Tenían también vacas que
engordaban en una estancia que tenían en Córdoba. Y muchos caballos que
se exportaron en gran medida para su uso en la Primera Guerra Mundial.
Hay un documento que habla de 400 caballos que se enviaron a la guerra.
También producían mulares, que se utilizaban mucho como carga antes del
ferrocarril. Y estaba el negocio de almacenes, porque se traían
mercaderías importadas sin pagar tasas aduaneras, por la franquicia
patagónica que existió. Prácticamente traían todos los materiales de
construcción, salvo la madera que traían de Epuyén, pero sí las chapas,
armazones de hierro, varillas de hierro. Y mercadería de consumo, como
licores, té, hasta pañuelos para cuello y vestimenta. Que se vendían a
los peones de la estancia y a gente de poblaciones cercanas. Y por eso
perseguían con saña a los bolicheros, sobre todo a los bolicheros
turcos; no querían competencia y menos que les vendieran licor a los
indígenas, porque los recitaban para trabajar. Tenía múltiples
actividades, un centenar de empresas. La Compañía en sus primeros
balances manifiesta como capital las tierras que le había regalado el
Estado argentino. Tenía 300 mil libras esterlinas de capital, de las
cuales 240 mil compuesto por tantas leguas de tierra. En base a eso se
integra su capital accionaria. Lo que se puede haber traído cash fueron
60 mil libras esterlinas. Si uno entra a sacar la cuenta cuánto ingresó
cada año por utilidades, no sólo lo que se declara para pagar a los
accionistas porque los honorarios al Directorio son muy grandes, cada
libra esterlina que trajeron les rindió 1,30 libras por año, era como
decir que percibo el 130% anual. Estamos acostumbrados a llamarlos
inversores, pero en realidad quien invirtió fue la Argentina. El Estado
argentino invirtió en la empresa británica y no a la inversa como nos
cuentan el cuento.
- ¿Qué pasa con La Compañía después que la venden?
En 1974 pasa La Compañía a una sociedad trucha que se llamaba Grade
Western Company Limited, con sede en Luxemburgo, de tres capitalistas
argentinos, Menéndez, Ochoa y Paz, representantes de la oligarquía
argentina. Duramte un tiempo todo sigue aparentemente sin cambios, La
Compañía sigue con su nombre inglés, controlada por una compañía con
sede en Luxemburgo. Menéndez, Ochoa y paz recorren cada tanto los
campos, hay que mandarles a ellos los romaneos de la lana. En el ’82 con
la Guerra de las Malvinas, Galtieri tira un decreto por el cual incauta
o congela las cuentas bancarias de las empresas británicas y las
empresas mismas quedan en observación. Entonces allí Menéndez, Ochoa y
Paz ante un escribano transparentan que desde hace tantos años son
dueños de La Compañía, es decir, que era argentina, no británica. Y ahí
cambia el nombre del inglés al castellano y se llama Compañía Argentina
de Tierras del Sud.
- ¿Y Benetton compra luego exactamente las mismas tierras que tenía La
Compañía?
Benetton compra las mismas tierras. No estaban ya las estancias La
Patagonia y Los Alfalfares, de Santa Cruz y Córdoba, respectivamente.
Pero después las compra también. El tipo es como que se hace cargo de la
historia de la empresa; ha comprado el capital simbólico e histórico
también y por eso tiene como lema que esta empresa ha estado cien años
desarrollando la Patagonia. Y en los conflictos con las comunidades
mapuches salen a alegar que son los legítimos ocupantes y propietarios
de estas tierras desde 1889. Obviamente que se oculta la verdadera
historia así como los ‘corrimientos de alambrado’ de 1937 que avaló el
presidente Agustín P. Justo.
* Entrevista realizada por
Claudio García en su programa cultural "El perseguidor", viernes 11.30
en Radio Nativa (101.1) de Viedma, y ya publicada en la revista "La
regional sureña" Nro. XV
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