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FOTO DE ARCHIVO. |
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Verónica Azpiroz Cleñán preside la
Organización Mapuche Epu Bafkeh, que se traduce como “Dos ojos de agua”.
Como miembro de la Red de Salud Mapuche en Puelmapu, “Territorio del
Este”, pelea porque su cosmovisión sea legalizada por el Estado
argentino. Pretende que la concepción de la salud Mapuche, sus
medicinas, sus agentes, sus terapéuticas, no sean perseguidas como si su
práctica y uso fueran delito, “cosa de brujas”, como quisieron la
Civilización de Sarmiento y el Progreso de Roca.
Hoy, los mapuches padecen lo mismo en
diferentes territorios: diabetes, complicaciones de presión y vesícula
por cambio de alimentación, suicidios, alcoholismo, desalojos y las
derivadas de la contaminación del suelo y el aire que producen mineras o
petroleras. La salud, en la concepción del español como lengua latina,
no es una palabra que pueda traducirse en la lengua de los mapuches.
En esta cultura, se habla del buen
vivir, del küme felem, algo similar al término alli kawsay, o suma
kawsay, vigente en la Constitución de Bolivia y en la de Ecuador. “Hay
un concepto de reciprocidad –especifica Cleñán-, porque el vivir bien no
significa que yo no tenga enfermedad, sino que tenga buenos vínculos a
nivel familiar, comunitario y con el espacio vital donde habito”.
– ¿Cómo se vinculan el territorio y la salud?
Si el espacio territorial donde habito está contaminado, invadido,
transgredido, eso repercute en la vida de la comunidad y en la salud de
las personas, porque todas las familias tienen origen en un elemento de
la naturaleza, de donde proviene su linaje. Hay familias que tienen
origen en el río, en el leüfu; hay otras que tienen origen en el aire o
en el ñamkü, que son las águilas, como la mía por parte materna. Por eso
para nosotros es importante mantener en equilibrio todas las vidas que
viven en el planeta, de eso depende que estemos enfermos o saludables.
No es que defendamos el territorio porque queremos la propiedad
comunitaria, sino que lo defendemos porque nos hace estar vivos.
– ¿Qué diferencia la concepción Mapuche de la salud a la
científico-moderna?
–Una de las grandes diferencias entre el modelo de salud occidental
biomédico y la medicina indígena es que durante el proceso de
recuperación de la enfermedad, la medicina occidental plantea un proceso
individual en el que delega la curación a otra persona, que puede o no
ser de familia, y en el que el ejercicio de poder del médico impide la
elección de la terapia.
– ¿La elección es del paciente?
Por la persona que padece la enfermedad. O sea, a la medicina curativa o
biomédica no le interesa por qué se enfermó, sino los síntomas que
padece. Entonces los trata y los cura como si fuera una persona sin
espíritu, psicología o historia. En cambio en la medicina tradicional
mapuche, primero hay un diagnóstico sobre el origen de la enfermedad, se
analizan la vida familiar y la comunitaria. Luego se establece si esa
enfermedad tiene que ver con un desequilibrio propio de la persona o fue
una enfermedad pensada por otros para generar algún mal. La cultura
Mapuche diferencia tres orígenes de la enfermedad: la trasgresión
individual, la comunitaria-familiar y la del espacio territorial.
– ¿La comunidad y la familia pueden ser causantes de la enfermedad de
una persona?
Sí. Ésa es una gran diferencia con la medicina biomédica, que pone
énfasis en una cuestión curativa. Para nosotros, la medicina es
preventiva porque hay muchísimas pautas de autocuidado en la salud. Las
ceremonias espirituales sirven para proteger lo comunitario. Todos
participan en el restablecimiento de la salud de esa persona. No es que
derivan a alguien que no se conoce para que le restablezca su salud. Es
una gran diferencia: la sociedad mapuche es una sociedad de amparo que
se apropia del enfermo y no lo expulsa. No manda al viejo al geriátrico,
lo incluye, es parte. Además, se sabe responsable de la enfermedad que
generó, si es que fuera de origen comunitario.
La Universidad es de los laboratorios.
Del 10 al 12 de septiembre de 2009, en Quito (Ecuador), Verónica Azpiroz
Cleñán participó como asesora del 2º Encuentro de Salud Intercultural de
la Universidad Indígena Intercultural, una iniciativa del Fondo
Indígena, la Organización Panamericana de la Salud y la Universidad de
las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense-Universidad
Comunitaria Intercultural (Uraccan). Fue para evaluación de la Maestría
en Gestión de la Salud Intercultural, que tendrá un régimen
semipresencial y se aplicará para toda América Latina.
Bolivia, Ecuador y Cuba están a la vanguardia del reconocimiento de
modelos de salud alternativos. Argentina, a pesar de la extendida praxis
de medicinas ancestrales y de las que provienen del Lejano Oriente, como
la acupuntura, todavía es tierra árida. Los laboratorios internacionales
están interesados en que los Estados no legitimen ni legalicen nada que
salga de la propia esfera de sus negocios.
– ¿Es exportable el modelo de salud mapuche a una megalópolis como
Buenos Aires, donde la comunidad muchas veces es sólo la familia?
Creo que sí. El mayor problema de Occidente es la “individuación”, la
falta del sentido de pertenencia a lo comunitario, es decir que puedo
ser sin los otros. En el documento que presentamos en la Feria Mundial
de Salud (Buenos Aires, 18-21 de agosto de 2009) hicimos un documento
que llamamos “La salud en tiempos de pandemia”. Decíamos que la causa de
las patologías que padecemos hoy, mapuches y no mapuches, es el mismo
sistema capitalista, que está destinado a producir la acumulación y
conservar el poder del consumo, y no el bienestar para todos.
– ¿Propusieron una explicación diferente para la última supuesta
pandemia, la Gripe A?
Claro. Nosotros lo vemos como una etapa del fin del propio ciclo del
capitalismo. ¿Qué contestaron los países de Unasur con respecto a la
pandemia? ¿Apoyó la estrategia de la atención primaria de la salud, de
mejorar los espacios territoriales en donde se estaba degradando el
ambiente, apostó al autocuidado de la sociedad? No, reprodujo el
sistema, comprando las patentes para producir medicamentos al interior
de los Estados. La industria farmacéutica utiliza tres o cuatro plantas
medicinales que son probablemente tóxicas para diabolizar los procesos
de autocuidado que pueden tener las familias.
– ¿Y cuáles son?
Anís estrellado, yerba del pollo y otras. En realidad, Argentina aprobó
150 plantas de uso no tóxico. Las plantas tienen muchísimos principios
activos. Los laboratorios los desagregan, utilizan un solo proceso
activo y producen el medicamento que te hace bien para una cosa, pero te
hace mal para otras. ¿Y qué es lo que hace la universidad argentina o
las farmacéuticas? Pagan a los estudiantes o egresados de la Facultad de
Medicina para que receten sus medicamentos. Aparte, tienen una materia
de Toxicología y no una materia de Preparados y Uso de Plantas
Medicinales que habilitaría un conocimiento directo de la construcción
de la praxis de ciertas poblaciones. La Universidad argentina funciona
como un insumo para la industria farmacéutica.
– ¿Podrías ejemplificar con un caso concreto?
–La de Antropología de la UBA y la del Comahue ahora están financiadas
por (la minera) Alumbrera. ¿Por qué les interesa financiar estudios de
posgrado o tesis de investigación en Antropología? Porque en Argentina
los conflictos ambientales se van dirimir básicamente por estudios de
impacto ambiental; y si esos estudiantes que van a dar cuenta del
impacto fueron financiados, ¿quién va a ser el pelotudo que dirá que el
cianuro contamina, que la minería a cielo abierto tal cosa, o que los
agroquímicos con el Roundup en la soja, tal otra?... ¿Por qué el Estado
argentino no incorporó la legalización de otras medicinas, como la
asiática, la acupuntura o la digitopuntura? ¿Por qué Cuba lo incorporó
en su sistema público de salud?
El Bicentenario multicolor
El territorio ancestral mapuche comprende Río Negro, Neuquén, norte de
Chubut, noroeste de la provincia de Buenos Aires y parte de La Pampa.
Durante la Campaña del Desierto del presidente Roca, el Ejército
Argentino mató a los longko –la “cabeza” de la comunidad–, y los curas
estigmatizaron a los y las machis –los guías espirituales, los que
restablecen la salud de la comunidad– como brujos, y en un gesto
inquisitorial fueron incendiados vivos.
“Pensémoslo así: aquellos que se
encargaban de restablecer la salud en su pueblo son las primeras
víctimas de la Conquista”, puntúa Cleñán. “Por eso el sistema de salud
mapuche está en decadencia y recién hace diez años está tratando de
resurgir. Pero se podrá hasta un punto, porque se necesita alguien que
tenga manifestación del espíritu de machi; no puede convertirse si no
hay otro que le dé ese proceso y la comunidad lo levante. Eso no pasa
desde hace 30 años de este lado de la Cordillera; del otro lado sí”.
– ¿Los machis cruzan la frontera?
–Venir acá está prohibido. Los machis tienen que pasar en forma
clandestina, con las plantas y animales escondidos. Si bien la Argentina
firmó el Convenio 169 de la OIT que garantiza el derecho de la
continuidad cultural, nosotros no podemos ejercer ese derecho porque
tanto del lado argentino como del chileno está prohibido que los médicos
tradicionales pasen la frontera para curar.
– ¿La festejada pluriculturalidad es una utopía?
En Ecuador y Bolivia es mucho mejor. En Nicaragua está oficializada la
medicina: las prestaciones se pagan tanto a los médicos como a los
curadores profesionales. En Chile, está penalizado que una mujer sea
atendida por una matrona quechua o mapuche. ¿Nosotras, mujeres mapuches
que parimos en las casas, no tenemos el derecho? Las políticas de salud
que aplica Argentina para los pueblos originarios son políticas
asimilacionistas, integracionistas, y no de reconocimiento de la
diversidad cultural lingüística y religiosa indígena. Lo que se sostiene
es que “ustedes tienen tanto derecho como nosotros a acceder al sistema
público de salud”, pero nosotros respondemos que aquél no nos cura
nuestras enfermedades, que queremos nuestros propios curadores.
– ¿Y cuáles son esas enfermedades?
Cada cultura produce su enfermedad. Por ejemplo, en nuestro caso, la
imposibilidad de hablar la propia lengua. Cuando vos dejaste o te
prohibieron hablarla, o a tus hijos en la escuela les prohibieron
hablarla, les producen una cosa como que se le va el espíritu del
cuerpo, deja de ser persona, no se puede manifestar. Eso le produce
problemas de aprendizaje, de autoestima, enfermedades en el cuerpo. La
misma enfermedad aparece cuando hay desalojo o desarraigo, cuando te
pasaste de un territorio a otro porque te desalojaron, te quitaron el
territorio o te invadieron y tus animales ya no pueden ir al río. El
mapuche es en el territorio, si no, no es. Te sacaron del lugar y ya no
podés ser por más que te manden al Hyatt.
– ¿Eso pone en riesgo la vida?
Sí. De hecho están los problemas de alcoholismo y de presión. Hay pila
de suicidios entre mapuches. Mapuches viejos de 60 y pico de años que
empiezan a ser alcohólicos de grandes o se suicidan. El año pasado, un
tipo se ahorcó en una comunidad en Villa Pehuenia. Habían venido ya tres
veces a desalojarlos. No lo soportó. Además en esos lugares están sus
ancestros. Si te sacan de la tierra ni siquiera podés cuidar a tus
padres, que es un mandato. Y la otra enfermedad típicamente mapuche es
la enfermedad del espíritu, de necesitar una autoridad del sistema de
salud tradicional, machi, yerbatero o matrona, y como no hay nadie que
te guíe empezás a enloquecer. Eso pasó en Carmen de Patagones. Atinaron
a mandarlos a psiquiatras; pensaban que sufrían de esquizofrenia…
– Que no resolvió el problema…
Los categorizan como “vulnerables”, pobres, indios, negros, vagos,
borrachos, alcohólicos. En realidad es un racismo constitucionalizado a
nivel del Estado, donde se dice que algunos son “carentes” y que hay que
darles cosas para que se parezcan a los otros, a los blanquitos,
perfumados, rubios y profesionales que hablan bien inglés.
– Pareciera una contradicción con el espíritu del Bicentenario.
Lo único que hacen es ratificar una política de despojo del territorio.
Lo que sucede es que si el Estado monocultural y monolingüe reconociera
a esos otros culturales de hecho, tendría que hacer un proceso de
revisión histórica acerca de qué pasó por esos territorios donde
habitaban esos pobres; revisar por qué están tan pobres. En este
Bicentenario, donde supuestamente hay que revisar el proceso de
formación del Estado nacional, ¿qué hacemos los argentinos? Con el
“conflicto del campo” volvemos a ratificar que este país es
agroexportador. La escuela incorporó el portugués como lengua oficial.
¿Por qué no hemos incorporado una lengua indígena de las 14 que se
hablan en nuestro territorio, como aymara, quechua o toba?
– ¿Qué tiene entonces de diferente el Bicentenario?
Nada. Canal 7 plantea una política de ratificación cultural, donde no
hay otra diversidad que celeste y blanco, “y todos somos argentinos”.
Nosotros, para ser argentinos hubo un par de millones que murieron. ¿Esa
bandera argentina no tendrá una manchita de sangre? Bueno, nosotros
tenemos memoria de que tiene varias, y no es que nos lo contaron, lo
vivimos con nuestras propias familias, que tienen que ocultarse, no
decir que son mapuches, teñirse de rubio para no parecer indios,
vestirse como un occidental. Nosotros ya pasamos ese estadio del
indígena llorón que pide al Estado que le tire unas migajas. A mí lo que
me interesa es que me reconozcan como una cultura portadora de
conocimiento, experiencia, riqueza, belleza. Estamos haciendo una
propuesta para que este Estado se vista de todos los colores. Además
siguen los mismos problemas con los malditos sojeros de la generación
del ’80 que le hacen himnos a Roca y matan gente en nombre de la
Patagonia. ¿No será la oportunidad de cambiar?.
* Gentileza Crítica de la
Argentina.
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