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La muerte del general de la
Concertación |
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Bajo su mando, las fuerzas de carabineros
han disparado y reprimido sin contemplación. No han respetado ni los
derechos humanos ni las libertades de expresión, ni de reunión. Las
balas de goma, las palizas, violaciones y torturas no denunciadas
siguen siendo plato común en Chile. Los carabineros han sido
acusados de tener “el gatillo fácil” y actuar sin compasión cuando
se trata del pueblo mapuche, por ejemplo. |
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Por
Marcos ROITMAN
I
Azkintuwe |
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Fallecido
Gral. José Bernales. |
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Foto de Agencias |
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Párrafos |
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No
hay nada equiparable entre los generales del pueblo y José
Bernales. Bernales realiza su carrera durante la dictadura y
asciende desde sus entrañas, muriendo en un desgraciado
accidente. Los generales del Pueblo son asesinados y
torturados. Dan su vida por la democracia. El nombre de José
Bernales está asociado a quienes obedecen ciegamente al poder
y son incapaces de cuestionar una orden. |
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En
el acto de homenaje a los degollados en el cual participa la
presidenta Bachelet en 2006, el jefe de carabineros José
Bernales no asiste ni manda delegados. El gobierno de la
concertación, prefiere guardar los secretos en los crímenes de
lesa humanidad compartidos con José Bernales. Ahora, al darle
en las exequias el nombramiento de “general del pueblo”,
carabineros se siente más seguro, el nuevo jefe descansa en
paz. |
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El
gobierno chileno adjetiva el accidente que cuesta la vida al jefe de
carabineros José Bernales, en Panamá, como la muerte del “general del
pueblo”. En contraposición, pintadas anónimas muestran otra perspectiva
del suceso: “Bernales: la justicia mapuche existe”. Lapidaria frase para
expresar el sentimiento hacia Bernales y la manera de ejercer el mando.
Sus oficiales y subordinados le temen, cumplen a rajatabla. Dispararon
por la espalda al estudiante de agronomía Matías Catrileo Quezada,
causándole la muerte en diciembre de 2007.
Desde su nombramiento por el ex-presidente Ricardo Lagos en noviembre de
2005, la lista de detenciones ilegales, torturas y violaciones de
derechos humanos contra la población mapuche se elevó de forma
exponencial. Todo con el consentimiento del gobierno bajo la aplicación
de la ley antiterrorista creada en 1984 bajo la tiranía. José Bernales
seguía a pies juntillas los designios de la concertación, y antes la de
sus jefes en tiempos de Pinochet.
Son dos maneras de enfocar un hecho. Para el poder político, la frase
que comienza a generalizarse en las fachadas de edificios deshonra la
figura de un general a todas luces “demócrata”, situándolo como un
verdugo frente a víctimas. Circunstancia nada agradable para un gobierno
que no quiere verse manchado de sangre ni menos aún ver cuestionado el
nombramiento de sus generales. Para evitar esta canalla, los partidos de
la concertación desarrollan una estrategia. Mandan blanquear las tapias,
modo y manera de silenciar la voz del pueblo. Declaran duelo nacional y
despiden con honores de estado al general.
La presidenta de la república asiste
de riguroso negro, absorbiendo el dolor en un ritual fúnebre, mientras
el féretro es levantado por los compañeros de armas dando vivas,
mientras carabineros con traje de húsares disparan salvas. Ministros,
ex-presidentes, oposición, iglesia, instituciones y cuerpo diplomático
lloran al servidor de la patria. Las lágrimas se vierten para lavar la
imagen de un cómplice de crímenes de lesa humanidad.
Así, se busca transformar, mediante un entierro fastuoso y un acto de
Estado, a un general vulgar en un general del pueblo. Una muestra de
oprobio a la memoria de los generales que han luchado por la democracia
en Chile. Se trata de igualar en categoría humana y talla política a un
criminal con auténticos defensores de las libertades públicas
republicanas y de los derechos civiles ciudadanos. Nadie puede olvidar
el gesto noble de René Schneider, General en jefe de las Fuerzas
Armadas, quien dio su vida por evitar un golpe de Estado previo al
nombramiento de Salvador Allende como Presidente en octubre de 1970.
Tampoco se puede soslayar el asesinato del general Carlos Prats y su
mujer, en septiembre de 1974 por orden de Pinochet, en Buenos Aires, y
menos aún podemos borrar de la memoria al general Bachelet, ministro de
Salvador Allende, quien será detenido y torturado hasta la muerte por
sus camaradas de armas, tras el golpe de estado, por defender el orden
constitucional.
No hay nada equiparable entre los generales del pueblo y José Bernales.
Bernales realiza su carrera durante la dictadura y asciende desde sus
entrañas, muriendo en un desgraciado accidente. Los generales del Pueblo
son asesinados y torturados. Dan su vida por la democracia. El nombre de
José Bernales está asociado a quienes obedecen ciegamente al poder y son
incapaces de cuestionar una orden. Hombres oscuros. Así lo sienten
estudiantes, trabajadores, y quienes han protestado durante los años de
la dictadura primero y de la concertación ahora. Son el brazo ejecutor
de las políticas represivas, cómplices amparados en la ley de amnistía y
un gobierno que les protege.
Bajo su mando, las fuerzas de carabineros han disparado y reprimido sin
contemplación. No han respetado ni los derechos humanos ni las
libertades de expresión, ni de reunión. Las balas de goma, las palizas,
violaciones y torturas no denunciadas siguen siendo plato común en
Chile. Los carabineros han sido acusados de tener “el gatillo fácil” y
actuar sin compasión cuando se trata del pueblo mapuche, por ejemplo.
La hoja de servicios de José Bernales, jefe de carabineros de Chile, es
falseada para dar la imagen de un hombre cabal. Se crea una carrera
impoluta. Sin vínculos con la tiranía militar durante diecisiete años.
Muertes, desapariciones y torturas cometidas por carabineros son
deslindadas de la vida del personaje. Su ruta ha sido gestionada de
manera tal que no existe relación entre las actuaciones de la
institución y su identidad. Desde su entrada a la academia en 1970 hasta
el fin de la dictadura no se conoce su itinerario, se desvanece en los
años negros de la represión y en la cual Bernales participaba, escalaba
puestos y ganaba puntos. Así, como premio a su eficiente labor el 11 de
septiembre de 1973, recibe el nombramiento de teniente ese mismo año.
Mientras otros compañeros de armas son fusilados, detenidos y
desaparecidos. Sólo sabemos que fue un católico practicante, vinculado a
los sectores más tradicionalistas y un paladín del proyecto
pinochetista.
Si bien no se le conoce participación directa en las matanzas de
carabineros, protege a los correligionarios en el caso Lonquén y en el
secuestro de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino
conocido como el caso de los degollados perpetrado por la Dirección de
Comunicación de Carabineros (DICOMCAR) el 29 de marzo de 1985 y que
supuso la dimisión del jefe de carabineros César Mendoza. También es
sabedor de los asesinos de los hermanos Vergara Toledo cometido en 1985.
En el acto de homenaje a los degollados en el cual participa la
presidenta Bachelet en 2006, el jefe de carabineros José Bernales no
asiste ni manda delegados. El gobierno de la concertación, prefiere
guardar los secretos en los crímenes de lesa humanidad compartidos con
José Bernales. Ahora, al darle en las exequias el nombramiento de
“general del pueblo”, carabineros se siente más seguro, el nuevo jefe
descansa en paz por la senda de José Bernales /
AZ
* Escritor.
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