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Participación política indígena v/s
participación política mapuche |
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La presente valoración política está
orientada para el conocimiento y distribución en el seno de nuestra
militancia, pero además busca llegar a las demás organizaciones y
distintas expresiones sociopolíticas mapuche. Creemos que la coyuntura
abierta por el Gobierno abre una oportunidad importante para debatir
fraternalmente respecto del futuro político de nuestra nación. |
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RODRIGO MARILAF *
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TEMUKO - 11 / 03 / 09 |
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Wallmapuwen, Partido Nacionalista
Mapuche, entrega a sus militantes y ciudadanos del País Mapuche en su
conjunto, la siguiente valoración política respecto de la “Propuesta de
Participación Política Indígena” sometida a reciente Consulta por parte
del Gobierno. Hemos querido redactar este documento para precisar
nuestro pensamiento y colocar en un marco político más amplio nuestra
contrapropuesta de “Participación Política Mapuche” en Wallmapu.
Buscamos, asimismo, contribuir a un debate ideológico cada día más
necesario en el seno de nuestro pueblo.
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Contexto
El año 2009 trae consigo nuevas elecciones presidenciales y de
renovación del Parlamento chileno. No es casualidad que sea
este el momento en que se decide “hacer un gesto” hacia los “pueblos
indígenas” por parte de la actual administración de gobierno. Esta
decisión del Ejecutivo de abrir un proceso de Consulta “indígena”
para la participación política se enmarca específicamente en los
compromisos asumidos por Michelle Bachelet en su denominada política
del “Re-Conocer”, pero más ampliamente en las coordenadas
ideológicas del Estado en su conjunto.
En este marco se hizo llegar en el mes de enero, mediante correo
postal, a
todas las comunidades y organizaciones “indígenas” de Chile, una
propuesta del gobierno sobre “participación política indígena”. Esta
propuesta incluye varias reformas legislativas, tales como cuotas al
Parlamento para representantes de “pueblos indígenas”, cuotas en los
Consejos Regionales, así como la consecuente creación de un
“Registro Electoral indígena” separado para ambas elecciones. De
igual forma la mencionada iniciativa contempla la creación de un
“Consejo Nacional Indígena” como órgano de representación propia
para los denominados “pueblos indígenas”.
Más allá de la supuesta “voluntad del ejecutivo”, desde una
perspectiva de realismo político, estas reformas son prácticamente
inviables en el actual escenario de fuerzas parlamentarias y más
bien representan un tipo de arma electoral. Pese a ello, y dado el
carácter de los planteamientos elaborados por el Gobierno, así como
la importancia que estos temas tienen para nuestro pueblo,
Wallmapuwen decidió no mantenerse al margen de esta coyuntura. Parte
de este ejercicio se hizo en el comunicado público de fecha 02 de
Marzo. El presente documento ofrece un análisis más acabado de las
propuestas del Ejecutivo, así como de nuestra contrapropuesta de
participación política, orientada específicamente hacia la realidad
mapuche en Wallmapu.
La presente valoración política está orientada para el conocimiento
y distribución en el seno de nuestra militancia, pero además busca
llegar a las demás organizaciones y distintas expresiones
sociopolíticas mapuche. Creemos que la coyuntura abierta por el
Gobierno abre una oportunidad importante para debatir fraternalmente
respecto del futuro político de nuestra nación, el real alcance de
las propuestas del Ejecutivo y el trasfondo ideológico de las
construcciones políticas impulsadas por unos y otros en Wallmapu.
Creemos igualmente que estos aspectos deben ser debatidos con
alturas de miras y visión de futuro por el conjunto de nuestro
pueblo.
Wallmapuwen, como fuerza política democrática y progresista, no cree
en los dogmas ni en las descalificaciones como mecanismos para
abordar temas de índole político, sino en la apertura y debate de
ideas, práctica que hemos mantenido desde nuestra primera aparición
pública en Octubre del año 2005. Esperamos que este sea el sano
espíritu que cada día predomine en nuestra sociedad nacional. No
solo se trata de una apropiada norma de conducta. A nivel político,
su ejercicio constituye además condición necesaria para alcanzar los
grandes consensos internos que nuestra sociedad requiere para
reconquistar y reconstruir el País de nuestros kuyfikeche.
Wallmapuwen y la propuesta del Ejecutivo
Desde su fundación, Wallmapuwen se ha definido como una fuerza política
con claros principios democráticos y nacionalistas mapuche. En este
marco, nuestra colectividad ha estado siempre abierta al diálogo con
todas las fuerzas y actores políticos con las cuales crea necesario y
oportuno conversar para el avance de un proyecto nacional, sean estos
miembros del movimiento mapuche o contrapartes del Estado. Lejos de
pretensiones anti sistémicas o vanguardistas, esta es una actitud propia
y normal de cualquier fuerza política democrática que, utilizando la via
institucional, desea avanzar en su proyecto político de cara a nuestro
pueblo.
En este marco, si bien Wallmapuwen
valoró la iniciativa gubernamental de abrir una Consulta en torno a temas de participación política, rechazamos
en su oportunidad tanto la forma -completamente descuidada y torpe- como
gran parte del contenido de las propuestas del Ejecutivo. Pese a ello, en un
ánimo constructivo y de avance en estas materias, Wallmapuwen decidió
elaborar una contrapropuesta de participación mapuche, posisionando en
este ámbito las iniciativas emanadas de nuestro programa
político y referidas a reformas democratizadoras de la vida política del
país y otras tendientes a la descentralización del Estado.
Las propuestas del gobierno, a juicio
de nuestra colectividad, pueden
definirse como simple comunitarismo político. Históricamente, lo que han
aplicado los gobiernos de la Concertación es una forma de comunitarismo
a secas, a través de leyes y normas especiales dirigidas a las personas
que la propia ley reconoce como miembros de un colectivo particular de
la sociedad: “los indígenas” (los indígenas en la ley). Este “estatus
particular”, paradójicamente muy arraigado en algunos sectores del
movimiento mapuche, comprende la existencia de espacios sociales
propios, garantizados legalmente en consonancia con determinadas
corrientes del derecho internacional humanitario.
Este comunitarismo a secas, con la
Consulta el actual Ejecutivo ha tomado la iniciativa de ampliarlo a un
comunitarismo político. Esto es consustancial a la perspectiva de
“democracia multicultural” que está empezando a incubarse en un sector
de la elite concertacionista, fundamentalmente socialdemócrata. El
comunitarismo político es una forma de gestión de minorías en el seno de
un Estado. Este consiste en otorgar, por parte del Estado, mecanismos de
representación política institucional –que en ningún caso hay que
confundir con el autogobierno– a un grupo minoritario diferenciado de la
mayoría, cualquiera sea la naturaleza de este grupo o “comunidad”:
étnica, religiosa u otra.
Estos mecanismos de representación,
que no tienen base territorial puesto que se refieren a una categoría de
la población del Estado -“los indígenas”- y no a una parte de su
territorio, son básicamente de dos tipos: cuotas en las instancias
representativas estatonacionales, regionales, locales u otras, por una
parte, y órganos de representación propia, por otra. La creación de una
institución gubernamental para la gestión de las políticas públicas
relativas al grupo minoritario, es otra medida que acompaña –y por lo
general precede– la implementación de mecanismos de representación
política comunitaristas.
Para el caso chileno un buen ejemplo
lo constituye la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI);
de la misma naturaleza serían también la Subsecretaría Indígena e
incluso un hipotético Ministerio Indígena, como en ciertos momentos
algunas organizaciones han demandado. En los hechos, la actual propuesta
del gobierno sometida a Consulta comprende ambos tipos de mecanismos de
representación: por cuotas y órganos de representación propia (el
denominado “Consejo Nacional Indígenas”). A continuación analizaremos,
desde nuestra perspectiva política nacionalista, las tres propuestas
gubernamentales ya citadas.
Sistema de Cuotas para Elección de Diputados
En lo referido a la elección de diputados, el sistema de cuotas
elaborado por el gobierno da en la práctica 5 escaños mapuche de un
total de 6 reservados a los “indígenas”. En coherencia con la lógica
comunitarista de la propuesta gubernamental, los representantes
políticos del pueblo mapuche serían entonces elegidos en base a un
registro electoral separado (“Registro Electoral Indígena”). Más allá
del aspecto matemático de su representación (siempre mejorable por lo
mezquina de su representación) y del sistema electoral a emplear (asunto
con abundante materia de discusión), lo cierto es que la representación
mapuche propia en el Parlamento chileno constituye una vieja y reiterada
demanda del movimiento mapuche.
Por esta razón, y separándola
claramente de la propuesta de cuotas para elección de CORES como dos
discusiones distintas, Wallmapuwen respalda una posible concreción de
esta iniciativa específica. Esta propuesta –extendida al establecimiento
de cuotas para la elección de senadores- se encuentra también contenida
en nuestro programa político. La propia experiencia mapuche -rica en
representación parlamentaria en las décadas del 20', 30', 40' y 50'- asi
como aquellas recogidas del ámbito internacional, nos enseñan que
parlamentarios propios, puestos al servicio de un movimiento nacional, constituyen potentes portavoces del sentir de un
pueblo. Con este razonamiento estratégico actuaron nuestros abuelos y lo
hacen hasta nuestros días irlandeses, inuit, vascos, maories y
catalanes, por citar algunas naciones hermanas.
Sistema de Cuotas para la Elección de CORES
Para nuestra colectividad, asunto totalmente distinto es el referido al
establecimiento de cuotas para la elección de Consejeros Regionales
(CORES) en Wallmapu. Según la propuesta del Ejecutivo, esta cuota se
establecería igualmente mediante la creación de un Registro Electoral
Indígena, separado a nivel regional. Si bien la propuesta de un Registro
Electoral Indígena es tolerable y útil en lo referido a la elección de
diputados, e incluso ampliable a la natural elección de senadores en el
Congreso chileno, este no nos parece aceptable si se aplica para la
elección de los Consejeros Regionales. Lo explicamos a continuación.
A nivel del Wallmapu o País Mapuche, la existencia de dos registros
electorales distintos es particularmente grave y va en contra del
objetivo estratégico de creación de un espacio político regional
mapuche. Según esta propuesta, el CORE sería una Asamblea Regional, pero
basada en dos comunidades distintas. Ello no es aceptable para
Wallmapuwen que concibe a la región de la Araucanía y comunas adyacentes
como parte sustancial de su territorio histórico: el Wallmapu, nuestro
espacio nacional mapuche, independiente hasta fines del siglo XIX.
Una medida de este tipo arrastraría
al pueblo mapuche a un nefasto repliegue comunitarista en su acción
política. En vez de desarrollar una política regional mapuche -con
claras pretensiones nacionales en nuestro propio territorio-, tendríamos
un accionar político restringido exclusivamente a la población mapuche,
accionar con tintes claramente étnicos y de “apartheid”. Por el
contrario, como pueblo que aspira a su reconstrucción nacional,
consideramos urgente ampliar nuestro espacio de acción e incidencia
política más allá de lo étnicamente mapuche, a objeto de construir una
noción cívica de lo mapuche en un País propio, autónomo y democrático,
en el cual deberemos gobernar para todos sus ciudadanos, universalizando
nuestros intereses nacionales.
Por otro lado, la propuesta de crear
un “Registro Electoral Indígena” en Wallmapu para la elección separada
de CORES, al contrario de lo que ocurre con el sistema electoral común,
en que el peso de los partidos políticos es decisivo, conlleva a
prescindir de fuerzas políticas propias mapuche y de un proyecto
colectivo como pueblo, estimulándose aún más aquel nefasto caudillismo
tan presente en nuestra sociedad. Sabemos que el nacionalismo en pueblos
oprimidos implica siempre la existencia de fuerzas políticas propias,
que impulsan a su vez el proyecto nacional del pueblo concernido. Por el
contrario, el comunitarismo político que promueve el Estado puede y
busca prescindir de estas fuerzas, impidiendo así la cristalización de
un proyecto colectivo común.
En términos prácticos, la citada propuesta del gobierno referida a los
CORES implicaría la inscripción de la población mapuche regional en un
registro electoral separado. De esta forma se reduce y confina nuestra
existencia e incidencia política; de esta forma se nos arreducciona
políticamente en un ámbito estrictamente étnico; de esta forma el Estado
impide la cristalización de un espacio político regional como espacio
político nacional mapuche en Wallmapu y consolida nuestra posición
política de “minoría indígena” en el Estado y, lo que es peor, en
nuestro propio país. Mismo razonamiento geopolítico sería aplicable a un
eventual establecimiento de cuotas para la elección de Concejales en las
comunas de Wallmapu.
Por otro lado, si bien esta propuesta garantizaría una representación
política equivalente a nuestro peso demográfico en las regiones que
constituyen el Wallmapu, ésta constituiría el umbral máximo al cual
nuestro pueblo podría aspirar. Este umbral máximo –aún cuando pudiera
parecer tentador hoy día- bien podría ser un gran obstáculo en el
futuro, ello para alcanzar un mayor nivel de representación y poder
político sobre nuestro propio territorio. En definitiva, este umbral
consolidaría la posición de minoría étnica del pueblo mapuche en su
propio territorio histórico, impidiéndole desarrollar una política con
aspiraciones nacionales, incluyente con la población chilena y con
vocación de ser a futuro mayoría democrática en Wallmapu.
Se podría argumentar que un hipotético “Consejero Regional Mapuche”,
electo por un “Registro Electoral Indígena”, no tendría por qué estar
condenado a practicar una política comunitarista, puesto que tendría la
misma facultad que sus pares no-mapuche para plantear iniciativas que
afecten la región y no sólo a la comunidad a la que pertenece y la cual
lo eligió. Sin embargo, el comunitarismo no está determinado por las
facultades que tendrían tales consejeros en una Asamblea Regional común,
sino más bien por su elección a través de un registro electoral
separado. Barack Obama, actual primer mandatario estadounidense,
constituye un buen ejemplo al respecto y veamos por qué.
Un Estados Unidos organizado
políticamente en base a un sistema de comunitarismo étnico, tal como el
Líbano lo es en base a un comunitarismo religioso, jamás habría
posibilitado la llegada de Obama a la presidencia. Dicho puesto sería,
casi obligatoriamente, ocupado por la mayoría demográfica blanca,
mientras que la Vicepresidencia sería reservada a un afroamericano, la
Presidencia de la Cámara de Representantes a un hispano y asi
sucesivamente. Todos los espacios de poder estarían repartidos por
cuotas étnicas, tal como en el Líbano el Parlamento es repartido por
comunidades confesionales. De esta forma, el espacio nacional se diluye
para privilegiar una suma de espacios comunitarios.
En un contexto como este ¿cuáles habrían sido las posibilidades para un
candidato perteneciente a una comunidad minoritaria de ser elegido?
¿Cómo habría hecho Obama para no verse encerrado en su grupo
comunitario, habiendo hecho toda su carrera política al interior -y sólo
al interior- de su grupo étnico? Inscrito en un registro electoral
reservado a los negros, en su carrera política habría sido votado
siempre por electores negros y habría sido elegido senador no por el
Estado de Illinois, sino que por el electorado negro de Illinois. En
este contexto, Obama no habría podido realmente desarrollar un discurso
y una práctica que desbordase su propio grupo étnico. Sin un universo
electoral común, ello es simplemente imposible.
No al apartheid político
El comunitarismo político institucionalizado, al crear universos
electorales separados, arrastra inevitablemente al repliegue
comunitario; ello es inherente al sistema. ¿Por qué un candidato mapuche
tendría que tomar en cuenta los problemas de la población no mapuche, si
aquellos no forman parte de su universo electoral? Por otra parte, ¿de
qué le serviría a la población chilena de Wallmapu que este candidato
mapuche los tomase en cuenta, si de todas maneras no pueden votar por él
llegado el momento de la elección? El sistema encierra y aísla por las
dos puntas. Expresión de esto último lo constituyen las elecciones a
“Consejeros Indígenas” de CONADI, apartheid político en su más pura
expresión.
Es importante tener claro que si se
establecieran dos padrones electorales separados, el pueblo mapuche y
sus organizaciones sociopolíticas interesadas en explorar la via
electoral, no tendrían en la práctica, estén de acuerdo o no, otra
alternativa que inscribirse en el denominado “Registro Electoral
Indígena”. A partir del momento que una parte por lo menos de la
población mapuche se inscribe en éste, ello nos minoriza en la misma
proporción en el padrón común. A la larga, los candidatos mapuche –y no
sólo los de Wallmapuwen– no tendrían ninguna posibilidad de ser elegidos
fuera del padrón “indígena”, reduciéndo y limitándo su acción política.
El comunitarismo indígena aísla y excluye, mientras que un proyecto
nacional debe ser amplio e incluyente. A juicio de Wallmapuwen, se debe
avanzar como pueblo hacia un proyecto político inclusivo, con propuestas
que no se restringan a la población étnicamente mapuche sino que
representen las necesidades de toda la población de la región, a todos
los ciudadanos de Wallmapu, permitiéndonos con ello acumulación de
fuerzas y generación de alianzas. Asimismo, debemos trabajar para
permitir la emergencia de líderes regionales mapuche, con un respaldo
que desborde la frontera de lo “estrictamente mapuche”, líderes con
visión de País, capaces de dar respuestas a los problemas de todos y no
solo a aquellos que aquejan a su colectivo de pertenencia.
Sólo de esta forma podremos llegar a
ser algún día mayoría política en nuestro territorio. No nos cabe duda:
el proyecto nacional mapuche de autonomía territorial y política debe
estar centrado geopolíticamente en Wallmapu y tener un carácter
incluyente con todos sus ciudadanos. Sin embargo, lo que el gobierno
chileno propone es un proyecto comunitarista que nos encierra en una
realidad estrictamente “indígena” y sin base territorial. Ante esta
propuesta decimos NO al comunitarismo político en Wallmapu; NO a un
Registro Electoral separado para la elección de Consejeros Regionales;
SI a un Proyecto Nacional en nuestro territorio histórico.
Consejo de Pueblos Indígenas ¿Órgano de representación propia?
La propuesta del gobierno de un “Consejo de Pueblos Indígenas”, tiene
como base comunitaria, como su propio nombre lo indica, a los
“indígenas” y no al pueblo mapuche, por lo cual la propuesta es
claramente contraria a nuestros objetivos estratégicos como colectividad
nacionalista. No se trata por lo tanto de un órgano de representación
propia mapuche, sino de un “órgano indígena”, una expresión más acabada
del actual “Consejo Indígena” de la CONADI, el mismo que a sus
reconocidas falencias en materia de toma de decisiones pone en un mismo
nivel, sin base histórica ni política, la situación de nuestro pueblo
con otras colectividades preexistentes al Estado.
No hay que perder de vista que
incluso si la propuesta del gobierno fuera crear un “Parlamento
Mapuche”, ella solo sería otra expresión más acabada del mismo
comunitarismo político graficado anteriormente. Un Parlamento Mapuche,
aun si se concibe en Wallmapu, tendría las mismas consecuencias de
confinamiento de nuestro accionar político, puesto que –al estar
compuesto sólo por mapuche y votado por electores mapuche- tendría
atribuciones sólo sobre los “asuntos propios mapuche”, cuando nuestra
vida nacional como pueblo corresponde a todo el Wallmapu y sus
ciudadanos.
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Comunitarismo Indigenista v/s
Nacionalismo Mapuche
Wallmapuwen asume desde ya que muchos de los planteamientos
contenidos en este documento pueden parecer polémicos a otros
referentes sociopolíticos de nuestro pueblo. Señalamos al respecto
que como colectividad no tememos al debate ideológico, menos cuando
éste es abordado con altura de miras. El pueblo mapuche, como
cualquier otro pueblo del mundo, contiene en su seno diversas
sensibilidades políticas e ideológicas. Esto es normal y legítimo, y
por ello respetamos otras propuestas y formas de entender nuestra
realidad como pueblo. Sin embargo, no es normal ni legítimo que como
pueblo no podamos canalizar estas diferencias políticas en nuestra
propia vida institucional. He allí un verdadero desafío.
En este contexto, lo que en la actualidad existe en el seno de
nuestra nación no es un debate entre los que están “dentro” del
sistema winka y los que se “oponen” a éste. O entre quienes siguen
las “reglas del juego” y los que están en posiciones
“antisistémicas”. Lo que realmente existe es un debate ideológico
entre quienes sostienen unas posiciones políticas comunitaristas e
indigenistas en todas sus vertientes (la mayoria institucionales,
por cierto) y quienes sostenemos posiciones claramente nacionalistas
mapuche. El verdadero debate ideológico hoy es entre quienes han
asumido el comunitarismo en su discurso y accionar político, y
quienes han quebrado con esa forma de interpretar la realidad de
nuestro pueblo, asumiendo nuestra situación como una “cuestión
nacional”.
A diferencia del comunitarismo, que tiene por objetivo una
representación política institucionalizada y que tiene como única
base, como su nombre lo indica, una “comunidad” en el aire, el
nacionalismo mapuche tienen por objetivo el autogobierno en el
Wallmapu o País Mapuche. El territorialismo, por lo tanto, es
consustancial al nacionalismo que Wallmapuwen representa. Para
nosotros no hay autogobierno sin “País Mapuche”, entendiendo País
Mapuche no como una simple noción paisajística o romántica, sino
geopolítica en todas sus letras. Debemos agregar que el nacionalismo
integra la contradicción “centro-periferia”, cosa que no hace el
comunitarismo, que se apoya exclusivamente en la fisura “grupo
étnico-Estado”. Por ello nuestra política nacionalista se articula
además en torno a una reivindicación política de descentralización
estatal y no en la mera demanda de representación política.
El nacionalismo es siempre una estrategia territorialista, que
afirma la centralidad del país propio, mientras que el comunitarismo
no. Wallmapuwen ha afirmado una definición de País Mapuche por
medio, además, de un nombre propio: el Wallmapu. Nuestra
colectividad busca autocentrar y materializar la vida política de
nuestra nación en el Wallmapu, a través de un Estatuto de Autonomía
Territorial y Político. Por su parte el comunitarismo indigenista se
restringe a demandar leyes especiales para un grupo determinado. El
comunitarismo y el nacionalismo pueden tener similares puntos de
partida, compartir algunos de sus caminos, pero se distanciarán
siempre en el punto de llegada.
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La diferencia del nacionalismo
mapuche del comunitarismo indigenista es su referencia al Wallmapu
como espacio político de construcción propia para el pueblo mapuche.
Por el contrario el comunitarismo llevado a nuestro propio
territorio, es un confinamiento político, que da por supuesto que
los mapuche tenemos nuestros propios problemas y los chilenos los
suyos, y que los mapuche (como “indígenas”) somos sólo un sector más
dentro de la sociedad chilena. Esta visión le quita espacios de
decisión al pueblo mapuche y constituye un obstáculo para su
acumulación de fuerzas.
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El comunitarismo tiene su base
objetiva en la principal “anomalía” de nuestra existencia como
pueblo, esto es nuestra minorización en nuestro propio país. Se
trata aquí de una condición estructural de nuestra existencia
nacional. Pero, salvo a renunciar a toda existencia nacional, el
movimiento mapuche existe y debe existir para transformar esas
condiciones estructurales, enfrentar las “anomalías” propias de toda
situación de dominación colonial y alcanzar el autogobierno en
Wallmapu. Un paralelo es lo que ocurre con la lengua: si el
mapuzugun no rompe su confinamiento y amplia su espacio social a la
región, está condenado a desaparecer. Del mismo modo, si no
ampliamos nuestro espacio político a escala de todo Wallmapu, no hay
viabilidad real para nuestra nación.
Comunitarismo y nacionalismo no son dos tácticas posibles dentro de
una misma estrategia nacional, que se podrían alternar o combinar
según las oportunidades políticas o las coyunturas, sino dos
estrategias distintas, con objetivos claramente diferentes. Ambas no
desembocan, por vías diferentes, en lo mismo, sino que van en
direcciones opuestas. Como Wallmapuwen lo hemos señalado claramente
al gobierno: Nos opemos a cualquier confinamiento político en
nuestro territorio histórico. No queremos ser perpetuamente una
minoria étnica en el seno del Estado chileno, sino una Nación en el
Wallmapu, el Pais Mapuche. Hacia allá apuntan nuestros objetivos y
hacia allá apuntan nuestros combates políticos actuales y futuros.
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Nuestra Propuesta
Como pueblo debemos tener claro que nuestra representación política
no pasa por cuotas en los “Consejos Regionales”, menos aún a través
de un “Consejo de Pueblos Indígenas”, sino por el pleno ejercicio de
nuestros derechos ciudadanos y nacionales en el marco de nuestro
propio e histórico territorio, el País de nuestros antepasados. Es
por ello que desde nuestra fundación, hemos asumido como
colectividad una política de centralidad y compromiso con el
Wallmapu. Sin embargo, entendemos claramente que el autogobierno que
aspiramos está estrechamente ligado a la profundización de la vida
democrática del Estado y su descentralización.
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Dada esta realidad, los
nacionalistas mapuche no podemos mantenernos al margen de la vida
política del Estado chileno, menos aún en aquellos temas claves para
nuestros intereses. Consideramos que muchas de las reformas
democratizadoras que requerimos para avanzar en nuestros objetivos,
suponen intervenir en la vida política del Estado. Por tanto,
aspiramos como fuerza política a la transformación del Estado para
que reconozca y valore su realidad plurinacional. Un Estado y una
sociedad respetuosa del derecho del Pueblo Mapuche a su
autodeterminación como derecho humano democrático, reconocido por
organismos internacionales de primer orden.
En este marco, y entendiendo que en el camino hacia el autogobierno
existen también objetivos tácticos intermedios, resulta coherente
nuestra preocupación política por promover e impulsar un movimiento
hacia la profundización democrática del Estado y su respectiva
descentralización. Consideramos que los ciudadanos de Wallmapu deben
tener el poder para defender su región frente al centralismo
político del Estado, de oponerse a los megaproyectos impuestos que
contaminan el medioambiente y desfiguran el paisaje social, de
cuestionar aquellos intereses económicos foraneos que explotan
indiscriminadamente los recursos naturales y la fuerza laboral de
nuestra población.
En este sentido, Wallmapuwen considera que si el Ejecutivo realmente
busca fomentar la participación mapuche, las medidas más efectivas y
pertinentes para que ello ocurra a nivel de Wallmapu parten por la
elección popular del Intendente y los Consejeros Regionales, dotando
a estas autoridades de mayores facultades y atribuciones para
avanzar hacia verdaderos gobiernos regionales. Toda
descentralización en favor de Wallmapu debe considerar además el
particularismo histórico de la región de la Araucanía. Esta región,
para nuestra colectividad, engloba la mayor parte de nuestro
territorio independiente hasta la ocupación chilena.
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Es en esta región donde se
concentra la mayor parte de nuestra población, aquí nuestro peso
demográfico y político en relación al conjunto de la población es
más relevante. Por ello señalamos que en la Araucanía el Consejo
Regional debe comprender un número significativamente mayor de
consejeros que el actual y ser elegido por un sistema proporcional
en base a una circunscripción única, que garantice la representación
más justa de la sociedad regional. Asimismo, el Estado debe
reconocer la especificidad mapuche de esta región, lo que significa
el reconocimiento en ella de nuestros derechos como pueblo, en
particular a la tierra, a nuestra cultura y lengua nacional.
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La democratización del Estado debe
contemplar igualmente el reemplazo de la actual ley de partidos
políticos por una legislación acorde a las normas usuales en los
países democráticos. La ley debe permitir la formación de partidos
regionales con base puramente local. Ello es un requisito democrático
para una efectiva participación política de nuestro pueblo, en el
espacio público de su propio territorio. Es un imperativo democrático
y estratégico eliminar a su vez el Sistema Electoral Binominal por un
Sistema Electoral Proporcional. De esta forma se contribuye a aumentar
las posibilidades propias de representación política mapuche en el
Parlamento chileno y se contribuye a profundizar la democratización
del Estado.
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Reafirmamos, de la misma manera,
que si la voluntad del Gobierno es diálogar con los mapuche, abrir
espacios de participación y avanzar hacia la resolución del conflicto,
debe cesar la represión existente contra el movimiento social y la
militarización de Wallmapu. En democracia, los Estados tienen el deber
de buscar salidas políticas a las reivindicaciones de minorias
nacionales como los mapuche. De allí que el Estado no pueda proponer
seria y sinceramente una Consulta y al mismo tiempo encarcelar a los
hijos de nuestra nación bajo acusaciones de “terrorismo”. Esta es una
condición mínima, demandada por diversas organizaciones y cuya
satisfacción a futuro depende de la voluntad política del Ejecutivo.
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Estas son sólo parte de las
propuestas políticas que Wallmapuwen planteó al gobierno en el marco
de la Primera Etapa de la denominada Consulta Indígena. Como partido
consideramos urgente y necesario que el Gobierno chileno abra un
verdadero proceso de diálogo político y democrático. Como Wallmapuwen
proponemos una Mesa Única, de carácter Multipartito, con el conjunto
de las expresiones organizativas mapuche interesadas en arribar a
propuestas políticas con el Estado. Creemos que este es el camino para
el efectivo fomento de la participación política mapuche y la
paulatina superación de la situación colonial que afecta al Wallmapu,
telon de fondo del conflicto político actual / AZ
* Su autor es militante de
Wallmapuwen, Responsable de Organización y ex miembro de su Comisión
Política.
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