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MUJERES MAPUCHES DE LA FERIA
PINTO |
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Cada mañana, cientos de mujeres mapuches
del sector Truf Truf arriban hasta la Feria Pinto de Temuko esperando no
ser detenidas y sus canastos con productos agrícolas confiscados.
Víctimas de una millonaria remodelación que no las contempló, luchan hoy
por mantener su principal y a ratos única fuente laboral. En proceso de
organización como gremio de productores, advierten darán dura batalla al
municipio local. He aquí parte de su historia. |
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PEDRO CAYUQUEO
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TEMUKO - 24 / 03 / 09 |
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Magdalena
Cabral, dirigenta. |
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Foto de Pedro Cayuqueo. |
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Por décadas han comercializado sus
productos agrícolas y hortalizas en la tradicional Feria Pinto de
Temuko, capital del País Mapuche. Al por mayor y al detalle, ya sea
abasteciendo a los feriantes “establecidos” o instalándose ellos mismos
en alguna vereda con sus productos. Hoy, más de 100 pequeños productores
mapuches, en su mayoría mujeres campesinas de la comuna de Padre Las
Casas, ven peligrar su principal fuente de trabajo por disposición
municipal. Son ellas quienes cada mañana nutren a la popular Feria de
lechugas, tomates, cilantros, zanahorias, choclos y repollos de
temporada. También de quesos, huevos, nalcas, miel, mote, tortillas e
infinidad de otros productos típicos de la zona. Sin embargo, víctimas
de una millonaria remodelación que no las contempló, cada mañana deben
lidiar también con inspectores malhumorados y comerciantes
inescrupulosos que, celosos de su clientela, las denuncian sin pudor a
Carabineros.
Por estos días, verlas corriendo con sus canastos al hombro se ha vuelto
escena habitual. Muy pocas logran escapar de la fuerza pública. En las
últimas semanas, al menos cinco veces las han desalojado, denuncia
Magdalena Cabral (35 años), dirigenta de la Agrupación de Pequeños
Productores Mapuche de Truf Truf, instancia en formación y por medio de
la cual advierten darán dura batalla al municipio. “Nosotros por años
nos hemos instalado en la Feria Pinto, temporalmente entre septiembre y
abril, abastecemos a los feriantes y también, el resto que nos queda,
una o dos docenas de huevo o verduras, por ejemplo, las vendemos en la
calle. Esto lo hemos hecho por años, décadas, incluso algunas lamgenes (hermanas,
en mapuzugun) cuando eran niñas acompañaban a sus mayores desde el campo
y ahora ellas continuan esta labor para criar sus hijos. El otro día
muchas vendedoras recibimos insultos, nos botaron la mercaderia y luego
se la repartían los comerciantes de los locales como buitres”, señala a
Azkintuwe.
Magdalena siente rabia. No entiende las razones del municipio local para
decretar la expulsión de los mal llamados “feriantes ambulantes”. Culpa
al municipio y, principalmente, al actual edil Miguel Becker, del
derechista partido Renovación Nacional. “Nosotros el año pasado fuimos a
dejar una lista de más de 500 personas al anterior alcalde, don
Francisco Huenchumilla, quien al menos dejó libre para que vendieramos
nuestros productos. Todo cambió con la llegada del señor Becker, desde
entonces no nos han dejado en paz los inspectores y los Carabineros.
Hemos pedido conversar con él, pero no hemos tenido respuesta. Queremos
que se regularice nuestra situación, si hay que pagar diariamente,
estamos dispuestas a hacerlo, pero no nos quieren escuchar. Nos dicen
que Truf Truf es parte de la comuna de Padre Las Casas y que debieramos
ir a vender nuestros productos a ese municipio. ¡Pero si por años hemos
trabajado en esta Feria! Es una falta de respeto lo que pasa”, subraya
molesta.
Sitio histórico
La Feria Pinto es el principal mercado al aire libre de Temuko y la
región. Ubicada en el populoso sector de Ferrocarriles, fue construida
el año 1945 como centro de acopio y comercialización de productos
agrícolas generados en la zona. En ese entonces, el objetivo fue
facilitar el traslado tanto de personas como de productos a otros
lugares de La Araucanía, por el impulso que se generó a raíz de la
Estación de ferrocarriles emplazada en el sector. La componen más de 600
locales, distribuidos en los bandejones centrales de las populosas
calles Aníbal Pinto, Balmaceda y Lautaro.
Patrimonio
Histórico de la ciudad, para muchos es además el principal centro
turístico de la capital regional. Lo atestiguan los miles de turistas,
chilenos y principalmente extranjeros, que cada año maravillados
recorren sus locales plagados de colores, sabores y aromas de los campos
de la región. Y es que la Feria Pinto es mucho más que una simple
alternativa a las grandes cadenas de supermercados o de retail. Es, por
esencia, el principal centro intercultural de la ciudad, el verdadero
“rostro mapuche” de una urbe que a comienzos de la década ostentaba una
de las tasas de crecimiento más grandes de Sudamerica y que, poco a
poco, se ha ido blanqueando hasta volverse casi irreconocible.
La Feria Pinto representa uno de los últimos bastiones de un Temuko
mestizo, multicultural y bilingue de antaño. Y son precisamente las
pequeñas productoras mapuches, hoy expulsadas del sector, las
responsables de que así sea. Pero ello poco pareciera importar al
municipio, que acaba de cerrar con bombos y platillos la última étapa de
la remodelación del histórico recinto. Esta se acordó el año 2001
durante la administración del alcalde democratacristiano, René Saffirio,
y comprendía el mejoramiento de los tres bandejones que componen la
tradicional Feria. Con un costo estimado en 2 mil millones de pesos, el
proyecto buscaba además garantizar mejores condiciones de trabajo “para
todos los pequeños productores mapuches”. Una absoluta falsedad, según
denuncian hoy los afectados.
“Aca siempre las autoridades se llenan la boca hablando de los mapuches
y de como la Feria es un ejemplo de integración cultural. Eso es
completamente falso. Si usted va a la Feria, gran parte de los
locatarios son comerciantes winkas (no mapuches) que jamás han producido
nada. Son comerciantes, solo compran y venden”, puntualiza Magdalena
Cabral. En los hechos, razón tiene Magdalena. Cifras extraoficiales del
municipio local estiman en solo un 20% los comerciantes mapuches que
tienen “locales con permiso” en la Feria. Para la remodelación, cada
locatario con patente debió pagar 100 mil pesos, una cifra inalcanzable
para los pequeños productores, reconoce la dirigenta gremial. Si a ello
se suman otros 45 mil pesos semestrales por ocupar un espacio de venta,
el bajo porcentaje de locatarios mapuches se explica por si solo.
“Parar la olla”
Miembro de la Comunidad Mapuche “Mateo Anton”, del sector Itinento en
Padre las Casas, tres días a la semana Sonia Cordova (30 años, en la
Foto) madruga con sus hortalizas para instalarse -literalmente- en la
cuneta oriente de calle Pinto con sus canastos de mimbre cargados de
ofertas. No es la única, nos cuenta. Cerca de 100 campesinos de su
sector realizan el mismo periplo desde hace décadas, llueva o truene, en
invierno y verano, con el frio calando los huesos o con el sol hirviendo
sobre el asfalto. No queda otra. Para la mayoría, es la única forma de
generar dinero extra para sus familias. Más aún cuando la agricultura de
subsistencia que practican apenas da para “parar la olla”, reconoce. “Yo
soy dueña de casa, no tengo profesión como para cambiar de trabajo, vivo
de la agricultura, de mi pequeño negocio de hortalizas y necesito un
lugar para vender mis productos. Yo tengo tres hijos y cada temporada
compro sus cositas con esta plata que me gano. Utiles escolares,
uniforme de colegio, todo lo que mis hijos necesitan lo compramos con
esta platita”, señala a Azkintuwe.
“Las
autoridades dicen que los mapuches son flojos, borrachos, que les dan
tierras y no la trabajan, eso dicen siempre. Pero aquí se ve que es
mentira, nosotros somos cientos de familias a quienes se nos está
quitando la posibilidad de surgir”, reclama Sonia. “Yo salgo a las 3 de
la madrugada hacia Temuko, para poder vender a primera hora a los
comerciantes y luego encontrar un lugarcito donde instalarme en la Feria
para vender otro tanto a la gente. No es un trabajo fácil, es
sacrificado para nosotras”, subraya. “Es un trabajo familiar, nuestros
maridos son quienes producen en la comunidad, cultivan las hortalizas y
nosotras venimos al pueblo a vender, asi lo hemos hecho por años”,
agrega Sonia. Los últimos acontecimientos, sin embargo, han modificado
en parte esta rutina familiar. “Ahora muchas vendedoras vienen con sus
maridos, ellas se instalan en la vereda y ellos se ubican cerquita,
caminando por ahi, vigilando que no vengan los inspectores o
Carabineros. Parecen leones los caballeros caminando de allá para acá...
de repente nos da risa en la situación que estamos, pero también da
pena, mucha pena andar así, arrancando una con sus cositas al hombro”,
se lamenta.
Comparte su indignación Patricio Llaupe (34 años), también miembro de la
Comunidad “Mateo Anton”. “Lo que hacemos solo busca mejorar nuestra
condición de vida como campesinos mapuches. No afectamos a nadie, no le
robamos a nadie, al contrario, somos nosotros quienes proveemos de
productos a la Feria, a los comerciantes establecidos como les llaman.
Por eso trabajamos la hortaliza, las frambuesas y eso lo saben las
autoridades”, nos señala. “Por una parte ellos nos dicen que trabajemos
el campo, que produzcamos hortalizas, INDAP incluso hace una tremenda
inversión en riego en esta zona, más de mil millones de pesos invertidos
en el Canal Itinento, pero resulta que después no nos dejan vender
nuestros productos”, denuncia el comunero. “No es justo que nosotros nos
sacrifiquemos sembrando, con insumos que son caros y despúes termine
todo en la basura en Temuko”, apunta, visiblemente afectado.
Como dirigente del sector, a Llaupe le ha correspondido ir y venir de
las oficinas municipales sin respuesta alguna para su gente. “Nos dicen
que sigamos esperando. Ahora hemos pedido una reunión con los encargados
de la municipalidad, el INDAP y la Intendencia Regional, porque creemos
que es un problema que trasciende el municipio. Es la última gestión que
haremos antes de movilizarnos con nuestras familias en Temuko. No
estamos solos en esto, hay otras familias afectadas de Freire, Quepe,
Lautaro, Vilcún, Chol-Chol... hablamos de 500 a 800 personas que tienen
amenazada su única fuente de trabajo”, subraya. “Estamos aburridos de
pasar de oficina en oficina. Con esto de la cesantia y de la crisis
económica que hablan, es una verguenza que nos quiten nuestro trabajo.
Si nos derivan a otro lado, nos condenan a la pobreza. Hay comunas donde
ni siquiera existen ferias como ésta, entonces, es una burla que el
señor Becker nos diga que volvamos a ellas como solución”, agrega.
“La situación es grave, hablamos de una actividad económica fundamental
para las comunidades periféricas a Temuko”, señala Gustavo Quilaqueo,
presidente de Wallmapuwen, colectividad política que asesora a los
mapuches de Truf Truf. “Ellos generan cientos de plazas de empleo,
venden productos sanos que van en directo beneficio de la ciudadania y
proveen con sus productos a los propios comerciantes establecidos de la
Feria Pinto, de allí que nos parece un contrasentido que en tiempos de
crisis se obstaculice de esta forma una dinámica económica, productiva,
comercial, tan importante”, subraya el timonel a Azkintuwe. “Por
otro lado, aquí se están violando derechos fundamentales, como lo son el
derecho de las comunidades al trabajo y a su desarrollo económico, ambos
contemplados en diversos instrumentos internacionales firmados por
Chile, uno de ellos el Convenio 169 de la OIT”, agrega Quilaqueo, quien
recalca la necesidad de avanzar hacia una solución de fondo y no de
parche.
“Cualquier solución debe ser pensada a largo plazo. De nada sirve hoy
que el municipio entregue autorizaciones y credenciales temporales a un
pequeño grupo para que sigan en la calle. Creemos que esto trasciende
además al municipio de Temuco, de allí que estemos demandando con las
comunidades una reunión con la Intendencia Regional, INDAP y la propia
CONADI. Lo hemos charlado con la gente de Truf Truf: lo que se requiere
es contar con un espacio permanente en la Feria, donde los pequeños
productores puedan comercializar sus productos lejos de cualquier
incertidumbre. Hablamos de infraestructura, de un proyecto de inversión
de recursos públicos, pero sobre de voluntad política”, finaliza
Quilaqueo. Mientras esperan su primer encuentro con las autoridades,
cada mañana las mujeres de Truf Truf arriban hasta la Feria Pinto
esperando no ser detenidas y sus canastos con productos confiscados. Por
décadas el rostro más tradicional de Temuko, hoy luchan por no ser
expulsadas de una urbe que -ante tanta modernidad y crecimiento-
pareciera estar olvidando sus raices / AZ
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