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FOTO DE ARCHIVO. |
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Pascual Pichún Collonao es un joven
mapuche de 27 años, reconocido militante y comunicador del movimiento
mapuche. Tiene un rol activo en la defensa de los derechos de los
pueblos indígenas. Este 2010 debía cursar cuarto año de la carrera de
Periodismo en la Universidad Nacional de La Plata, donde se destacaba
por su buen rendimiento y férreo compromiso con la labor que exige la
profesión en esta sociedad hoy en día. Además, forma parte del equipo de
redactores del periódico Azkintuwe, medio en cual firma sus artículos
con el seudónimo de “Manuel Lonkopan” e integra el equipo del programa
radial La Flecha de la ciudad de La Plata, que trasmite Radio Estación
Sur. A ello se suma su reciente incorporación como encargado de la
página web informativa del Encuentro de Comunicadores Indígenas de
Argentina.
La situación de Pascual no ha sido color de rosa como algunos quieren
pensar. El hecho de haber logrado salir del país sin que agentes de
seguridad del Estado chileno pudieran detectarlo, no implicaba seguridad
emocional para soportar estos largos años de destierro. Vivir el
autoexilio obligado para nadie resulta fácil ni mucho menos asumirlo
como tal, más aún sí se piensa que al momento de determinar su salida él
sólo tenía 20 años y jamás pensó en alejarse tan violentamente de su
lugar de origen.
El irse teniendo que evadir una condena injusta que involucró intereses
forestales, significó un duro golpe en su vida. El caso de Pascual y
Rafael Pichún, su hermano, constituye uno de los episodios más
emblemáticos de persecución judicial y política por parte del Estado
chileno en el mal llamado “conflicto mapuche”. Ambos fueron acusados el
2002 de incendiar un camión forestal en las cercanías de su comunidad,
Antonio Ñirripil, de Temulemu, en la comuna de Traiguén. Pese a que
negaron tajantemente su participación en los hechos que se les imputaban
y a no existir pruebas concretas que acreditaran la intervención de los
hermanos, fueron de igual modo condenados por la justicia a 5 años de
cárcel por el Tribunal Oral en lo Penal de Angol.
Y como es costumbre en causas que
involucran a comuneros mapuche que se oponen al avance de las empresas
forestales en sus territorios, el proceso estuvo plagado de
irregularidades, siendo esta última jugada la coronación del proceso
judicial para calificarlos como "autores del delito de incendio" en el
que resultó destruido un camión forestal que prestaba servicios al Fundo
Nancahue, de propiedad del abogado, latifundista y ex ministro de Estado
de Patricio Aylwin, Juan Agustín Figueroa Yávar. Es así que a fines del
año 2003, Pascual y Rafael fueron declarados “prófugos” por la justicia
chilena y se dictaron órdenes de búsqueda y captura inmediata.
Disposición que obligó a Rafael a cumplir condena en prisión mientras
que Pascual optó por cruzar la frontera para solicitar refugio político
en Argentina.
Pero no sólo los hermanos Pichún han sido víctimas de una severa
persecución judicial y política sino también otros miembros de su
familia, entre ellos su padre, un reconocido lonko de la comunidad.
Pascual Pichún Paillalao se han visto envuelto en esta casería comandada
por el entonces Presidente Ricardo Lagos. No por nada este ex mandatario
se ganó el apodo de ser “el padre de la criminalización mapuche”.
La experiencia de privación de libertad de su padre y hermano, sumada a
su repentina lejanía para no ser víctima de la misma persecución
política, no significó una de las mejores pruebas que este joven
comunicador mapuche debió afrontar estos últimos años en un país que no
era el suyo. Al referirse a este tema Pascual no duda en señalar lo
complicado del proceso que debió afrontar, el hecho de tener que vivir
el autoexilio no es fácil, alejarse de la familia, de la comunidad y del
país no es algo que se lo hubiera planteado.
Este último año lo calificó como el
más complejo de todos. Pasó por una fuerte crisis existencial y ya no le
encontraba sentido al permanecer en Argentina pese a estar estudiando
una carrera profesional, a estar desarrollándose como comunicador y
futuro periodista y a tener varios proyectos a futuro. Nada de ello era
suficiente para él. Sentía la necesidad de saber y vivir lo que estaba
sucediendo acá, de experimentar en carne propia los procesos que se
venían sucediendo en su comunidad.
“Había un sentimiento latente que no podía pasar por alto, un tema de
conciencia, la necesidad de aportar en algún sentido a esta lucha desde
el lugar que me corresponde y no desde la distancia”. Sí bien en
Argentina hay instancias de reivindicación -dice-, son otros los
procesos que se viven allá, argumentando: “Con esto no quiere decir que
no me identifico con la lucha que se da en Puelmapu (Argentina), el tema
es que no me sentía tan comprometido como pudiera sentirme con la
situación de demanda que vive el pueblo mapuche en Chile”.
Aunque la meta inicial -dice- era terminar sus estudios de Periodismo,
que inició en la Universidad Nacional de La Plata, con el correr del
tiempo la situación se volvía cada año más dificultosa, señalando:
“Fueron siete años muy duros en términos afectivos, emocionales y sobre
todo en el plano familiar. Esto último acabó por convencerme que debía
regresar, y con ello dar por cerrado un ciclo y a la vez sentía que
debía darle un giro a mi vida”.
El día de la detención
Llevaba una semana en el país antes de su detención, tiempo que estuvo
refugiado en su comunidad en Temulemu de la comuna de Traiguén. Según
nos relata Pascual fueron días tranquilos que aprovechó para compartir
con el círculo más cercano de la familia. Sin embargo, lograron
percatarse de movimientos y la presencia de personas extrañas en las
cercanías del lugar. Pese a ello, no significó mayor riesgo su estadía
en el sector. Decidieron, en días posteriores, bajar a Temuco con su
hermano Rafael, con la idea de adquirir una manta (makuñ) para Pascual.
Se venía la celebración del gijatun en la comunidad y como no contaba
con su makuñ optaron por ir a adquirir uno al mercado de Temuco.
Fue en ese momento, al salir del mercado en pleno centro, que dos
carabineros se acercaron a detenerlo. No fue un “control de identidad
rutinario” como informó la prensa chilena. Con esto se descarta
automáticamente la hipótesis de que su detención se realizó mientras
Pascual participaba de una manifestación en las afueras de la
Subdirección Nacional Sur de CONADI en dicha ciudad. Según nos relata:
“Personal de la policía llegó directo a mí”. No obstante, era una
situación para la cual estaba preparado, porque sabía que algo así podía
suceder en cualquier momento, por la misma razón guardaba consigo la
cédula de identidad de su hermano Rafael. En el caso de necesitar
identificarme ante carabineros, tenía claro qué es lo que debía hacer.
El escenario vivido por ambos hermanos ese viernes 26 de marzo, según
nos precisa Pascual, fue el siguiente: “Se acercaron directo a mí dos
carabineros de servicio, cuando salía del mercado, y la primera reacción
de ellos fue llamarme Pascual. Seguido, solicitaron mi identificación y
les facilité el carnet que portaba. Ellos lo miraban y me miraban a mí y
no se convencían de que yo era Rafael. Tanto así, que en reiteradas
ocasiones, mientras me interrogaban, se referían a mi llamándome
Pascual, con la idea de que reconociera de que era Pascual y no Rafael
como les quise hacer entender. Con ese diálogo estuvimos por horas en la
2ª Comisaría de Temuco, hasta que llegó personal de Criminalística quien
realizó la verificación de huellas dactilares y determinó finalmente que
yo sí era Pascual”.
“A esas alturas ya no había nada que hacer, sólo reconocer quién era”.
Pese a la compleja situación en la que se encontraba, siempre se mantuvo
tranquilo y muy firme en sus declaraciones, según nos relata el
comunicador. En un escenario tan complejo para un denominado “prófugo”
de la justicia chilena, era de esperarse que algo así pudiera ocurrir.
Tanto así que al tomar la decisión de volver, Pascual lo hace asumiendo
todos los riesgos que ello significaba, como el ser detenido una vez que
cruzara la frontera o en cualquier momento o lugar. Dejando en claro que
su intención jamás fue mantenerse oculto si decidió retornar era con la
idea de poder transitar tranquilo, por lo mismo, jamás asumió el hecho
de ser tildado como un prófugo de la justicia.
Solidaridad anula fronteras
Una vez que la detención de Pascual Pichún fue noticia en los medios
alternativos y circuló por todas la redes mapuche, despertó de inmediato
las muestra de solidaridad en ambos lados de la cordillera. Los
numerosos gestos de apoyo desde Argentina no se hicieron esperar
surgiendo iniciativas en plataformas virtuales como facebook, en donde
se creo el grupo
“Pascual Pichún estamos con vos”, para solicitar adhesiones las que
ya suman cerca de mil 500. A ello se integra la creación del blog
http://pascuallibre.blogspot.com que hasta la fecha cuenta con
alrededor de 4 mil visitas.
Al comentarle a Pascual los gestos de solidaridad que generó su
situación se muestra sorprendido, guardando unos minutos de silencio.
Pascual contra pregunta “¿Es mucho el apoyo?”, sin poder dimensionar las
demostraciones de cariño que despertó su detención en Chile. Lo
sorprende porque no se esperaba que después de tantos años fuera su
regreso y posterior prisión generara tal revuelo. Pese a sentirse
agradecido por el apoyo que está recibiendo hace hincapié que más que un
respaldo hacía él, lo que espera es que exista una real toma de
conciencia de la situación que enfrenta el pueblo mapuche hoy en día.
Más allá de su caso en particular él espera que exista un compromiso
efectivo, no tan sólo desde la sociedad civil sino también desde el
mismo movimiento mapuche con el pueblo en su conjunto.
Lo que sí reconoce y que no le sorprendió saber fue el respaldo generado
desde Argentina porque de alguna forma se lo esperaba. Los lazos de
amistad y compañerismo que logró establecer durante su estadía en el
vecino país eran su carta más segura. Lo que jamás pasó por su cabeza es
que se estableciera una especie de coordinación desde ambos lados de la
cordillera para lograr su libertad.
Hoy Pascual Pichún se encuentra recluido en la cárcel de Traiguén,
cumpliendo condena, de cinco años, por un caso ya juzgado. Según el
abogado del Observatorio Ciudadano, Ernando Silva, mientras no se pueda
acceder al expediente no pueden tomarse medidas en términos de su
condena y las posibles salidas administrativas a las que pudiera
acogerse, ya que no existe claridad de la situación actual de Pichún. No
obstante, no se descarta la posibilidad de solicitar por medio del
abogado que lleve el caso la prescripción parcial de la pena.
En el caso se ser acogida la petición de prescripción parcial este joven
comunicador no desecha la intención de volver a Argentina. Aunque en
estos momentos le resulte difícil pensar en esta posibilidad,
argumentando que aunque no lo descarta tampoco podría asegurarlo. “Soy
una persona que necesita estar en movimiento, si volviera no sé sí lo
haría para quedarme”. Fueron siete años de exilio, un tiempo no menor y
que sirvió para establecer lazos de amistad, afecto y comprometerse con
causas comunes, como es la lucha del movimiento indígena en Argentina.
Si bien no existen puntos de comparación entre la persecución que puedan
sufrir algunos integrantes del pueblo mapuche por parte de los Estados
tanto en Chile como en Argentina, es posible apreciar que el clima de
hostigamiento en Argentina en términos de lucha no llega al grado de
tensión generado en Chile desde el punto de vista de la criminalización
y judicialización que debe enfrentar el movimiento mapuche por la
exigencia de sus derechos y reivindicación de sus territorios ante el
gobierno. Según la percepción de Pascual en el país vecino existe más
apertura desde el Estado para tratar los temas relacionados con los
pueblos indígenas que habitan la región, además de contar con un
ambiente de solidaridad desde los más variados sectores de la sociedad
argentina que no dudan en ir en apoyo de los movimientos indígenas del
país.
En cambio en Chile el escenario es muy distinto: “Acá no existe un real
compromiso social, pareciera que la sociedad chilena quedó moldeada al
sistema dictatorial y les cuesta desmarcarse de esa parte de la
historia. Sin embargo, no se puede ignorar que día a día son más los
mapuche que adquieren un grado de conciencia, de convicción y buscan
comprometerse con esta lucha. El que sean jóvenes los que asuman y toman
conciencia de lo que significa ser parte del pueblo mapuche más allá de
llevar un apellido no deja de ser gratificante”, enfatiza Pichún.
Pese a asumir las consecuencias que acarreó su reingreso al país este
joven comunicador mapuche no deja de sentir desconfianza pues sabe que
seguirá siendo perseguido en un futuro por ser quién es. Más que miedo
es preocupación la que él siente. “Mal que mal la cárcel es difícil, no
es una escuela como se dice irresponsablemente por ahí. Mi aprensión
parte por no poder realizarme como persona en el ámbito profesional,
laboral y familiar”, señala.
El no tener pareja, en estos momento
es de gran ayuda porque no hay familia de por medio, si la hubiera
-señala- que habría pensando mejor la posibilidad de volver. Sin
embargo, es de los que piensan que se deben tomar todos los caminos que
se presentan en la vida, tanto así que las decisiones que elige las hace
por lo que siente, piensa y cree. Siempre con la idea de ser un aporte,
pensando en un futuro, para no lamentarse ni mucho menos avergonzarse de
no haberse comprometido cuando tuvo la oportunidad.
* Gentileza
www.mapuexpress.net
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