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FOTO DE PEDRO CAYUQUEO. |
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Marcial Colin es dirigente del
Consejo Territorial Mapuche Mallolafken, con asiento en la zona lacustre
del País Mapuche. El año pasado, polémica generó una solicitud realizada
por su organización ante el alcalde de Villarrica, Pablo Astete (RN),
referida a izar la bandera mapuche junto con el emblema chileno en el
municipio local. La solicitud hacía referencia a la entrada en vigencia
en Chile del Convenio 169 de la OIT, pero pese a ello fue desechada por
el edil.
Todo cambió el pasado 28 de abril,
cuando un fallo de la Contraloría
General de la República determinó la “legalidad” de la petición,
abriendo con ello un inédito escenario de visibilización para el popular
emblema nacional mapuche. Para conocer de primera fuente lo acontecido
en Villarrica y las implicancias de la medida administrativa del órgano
contralor, Azkintuwe conversó con Marcial Colin.
- ¿Cuál es el origen de la consulta realizada por el municipio de
Villarrica ante la Contraloría?
El origen fue una petición que realizamos como organización el año
pasado. Nosotros siempre hemos buscado fórmulas que nos permitan
instalar temas en la opinión pública. En el caso de la bandera, se
decidió exigir al Municipio izar la bandera mapuche en el edificio
comunal a partir del día 15 de Septiembre, como reconocimiento a la
diversidad cultural y a los derechos colectivos de nuestro pueblo.
- ¿La fecha tiene relación con la entrada en vigencia del Convenio
169 de la OIT?
Así es, transcurrido un año desde su promulgación por parte del Estado.
Sabíamos del debate y rechazo que se generaría ante nuestra petición,
pero preveíamos que la respuesta no dependía directamente de las
autoridades municipales. La idea nuestra era causar un hecho político y
dejar en evidencia el verdadero rostro de aquellos que se niegan ha
tocar los temas de fondo cuando se enfrenta el tema mapuche.
- Sin embargo, derivó en un fallo de suma trascendencia.
Efectivamente. Tal como ya lo han señalado otros dirigentes, este
dictamen establece jurisprudencia en todo el territorio nacional. Por
otro lado, la argumentación del fallo, basándose en el Convenio 169 de
la OIT, nos abre un frente de lucha que no siempre hemos discutido a
fondo como mapuches. Y esto tiene relación con las facultades y
decisiones que se toman en los Municipios en donde no existe la más
mínima participación mapuche. Se ha abordado el tema de lograr cargos
vía elección popular ya sea como alcaldes o concejales, pero según
nuestro análisis este fallo abre la puerta además para instalar
instancias y mecanismos propios de decisión al interior de esta
repartición administrativa del Estado. Temas como educación, salud,
medio ambiente, etc., deben tener su contraparte mapuche, no como
programas sino como política pública y bajo control y administración de
los propios mapuches.
- ¿Se abre, a su juicio, una puerta para tratar aspectos de fondo de la
lucha de nuestro pueblo?
Creo que el dictamen de la Contraloría es claramente un reconocimiento
de derechos fundamentales. El tema es como los mapuches estamos a la
altura de este momento histórico y empezamos a generar alianzas que nos
permitan - en virtud de derechos reconocidos en instrumentos jurídicos
internacionales ratificados por Chile- definir libremente nuestro
desarrollo social, cultural, político y económico. El derecho a usar
nuestra bandera existe, ha sido reconocido y su ejercicio ahora
dependerá en gran medida de nuestras propias capacidades.
- ¿Cómo Consejo Mallolafken ustedes asumen como bandera nacional mapuche
el emblema creado por el Consejo de Todas las Tierras en los años 90’?
Siempre la hemos asumido. Además discutir sobre si es representativa o
no, carece de sentido. La verdadera discusión debe apuntar a que es un
símbolo identitario de pueblo en tanto somos sujetos de derecho
colectivo.
- ¿Hay quienes plantean, desde una visión culturalista, que los mapuches
jamás hemos tenido una bandera nacional?
Quienes plantean eso caen en una visión reduccionista de lo que son las
culturas y justifican la visión colonialista del dominador, del
oligarca, de aquellos que siempre han intentado asimilar a nuestro
pueblo a la cultura dominante. Reflejan por lo demás un gran
desconocimiento de parte de nuestra historia, refugiándose en una
marginalidad a la que han tratado de acostumbrarnos. Todo pueblo que no
asume que su cultura es dinámica, corre el riesgo de ser parte de un
pasado remoto o de un museo. Los símbolos son necesarios y van de la
mano de la cultura como el pensamiento y el lenguaje. Se retroalimentan
y proyectan, además permiten representar una identidad y son capaces
incluso de generarla. Por otro lado, el tener símbolos identitarios da
cuenta de un proceso de maduración política y cultural que sólo tienen
los pueblos que se proyectan históricamente. Esto es luchar no desde una
marginalidad social, cuyo sustento se basa en la necesidad, sino desde
una postura que se enfoca desde los derechos.
- ¿Considera que un pueblo necesita forjar sus propios símbolos de
identidad nacional?
Es más que necesario. Un pueblo que aspira a proyectar su personalidad
histórica debe ser capaz de crear símbolos identitarios, y no cualquiera
lo hace, sino sólo aquellos pueblos que han superado la “timidez”
cultural y política. Estos símbolos, además son el reflejo de la
capacidad de abstracción de un pueblo vivo en permanente movimiento. En
el caso de la bandera, creemos que ésta ya se instaló y aunque muchos de
nuestros hermanos mapuches que la critican, molestos en su legítimo
orgullo de dominados sin remedio hablen desde el miedo a su propio ser,
deberá ser respetada tal cual lo ha reconocido la Contraloría.
- Sabemos que participó del proceso que gestó esta bandera en los años
90’. Qué nos podría contar al respecto.
Independiente de quien protagonizó esta iniciativa, creo que la
definición de una bandera nacional mapuche fue uno de los pocos procesos
que contó con una amplia participación mapuche. Incluso participaron
estudiantes secundarios y unas cuatrocientas comunidades. Lo digo,
porque en esos años me tocó asesorar a estudiantes secundarios de
Galvarino en el tema de su diseño.
- ¿Cuál es su evaluación de la lucha mapuche actual?
Está estancada en la fase inicial de los verdaderos procesos de
transformación. Somos demasiado elementales en nuestra reivindicación
basada en la tierra, lo cual considero legítimo, pero hemos olvidado el
concepto de territorio, de poder político, de decisión propia, de
establecer metas mínimas en tiempos acotados. Un neumático quemado no es
más que eso. No hemos hecho estrategia política ni análisis que
consideren todas las variables. Muchos jóvenes se arriesgan
innecesariamente respondiendo sólo a su biología, pero no a un objetivo
político consistente.
- ¿Mucha reacción ante escenarios que otros nos imponen?
Basamos nuestras proclamas en coyunturas que no creamos, no tenemos
agenda común y somos especialistas en deslegitimarnos entre nosotros
mismos. Hagámonos una autocrítica, ese es mi llamado. De todos los
mapuches que han recuperado tierras, ¿cuántos son un aporte a un
proyecto político colectivo? ¿cuántas comunidades sostienen a sus
propias organizaciones? Tal vez existan algunas, pero las demás se
olvidan del proceso de lucha. Creo que ni la sola intención del
dirigente ni la decisión de movilización permanente de las comunidades,
por sí solas, lograrán mayores espacios de participación en la toma de
decisiones políticas. Falta un pacto de honor entre dirigentes y
organizaciones para avanzar en una agenda. Falta entender la dinámica de
lo que es la política.
- Ante este escenario, ¿modificará el cuadro la entrante administración
de derecha?
La figura y naturaleza del Estado no ha cambiado. Pero creo que tenemos
un escenario político que deberíamos aprovechar. Tenemos un Convenio
Internacional en vigencia, tenemos la Declaración de Naciones Unidas
Sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, tenemos organizaciones y
entre todos quienes en el discurso coincidimos, tenemos gente a la que
representamos.
- Finalmente, ¿cuál es la realidad de los mapuches en Villarrica?
La misma que en otros territorios, con un contexto nada favorable para
el despegue y relevamiento cultural y político. Aún así llevamos más de
diez años de organización en donde el esfuerzo de nuestra generación ha
logrado recuperar más de 1.000 hás. de tierras, ha instalado un convenio
con la Universidad Bolivariana para formar nuestros propios
profesionales en el área de la Educación Intercultural Bilingüe, ha
opinado en foros internacionales de derechos indígenas, incluida nuestra
participación en la OEA, ha patrocinado a jóvenes para que estudien
Medicina en Cuba y hemos sentado las bases para la creación de nuestra
propia Universidad Mapuche. Junto a ello hemos instalado el tema del
ejercicio de derechos y la participación política en una zona en que el
mapuche no era más que parte de una colorida y pintoresca postal.
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