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FOTO DE ALEJANDRA BARTOLICHE. |
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Adrián Moyano, licenciado en Ciencia
Política y periodista, no es descendiente de mapuche, pero su familia
paterna tiene esa mezcla que Atahualpa Yupanqui definía como “criollo de
pata en el suelo con indio ilustrado”. Desde 1991 reside en Bariloche
(Furilofche) y hace más de quince años que acompaña las reivindicaciones
del pueblo mapuche con su trabajo periodístico. “Crónicas de la
resistencia mapuche” es un libro ineludible que viene a reparar una
omisión que a esta altura del partido nos interpela a todos. No existía,
hasta la publicación del texto de Moyano, una historia del pueblo
mapuche en la Argentina. Quizá más de uno pensará, acaso para tirar la
pelota fuera de la cancha, que el problema es que el sujeto de la
historia a reconstruir es un pueblo indígena que en su momento eligió no
expresarse a través de la escritura.
Los investigadores se refugiaron cómodamente en los archivos y en los
relatos que escribieron sacerdotes, viajeros, militares y funcionarios
–reales o republicanos– y repitieron viejos prejuicios: el religioso
siempre consideró que su misión por estos pagos era “salvar las almas”
de los “infieles”. El viajero que transitó por el territorio mapuche
libre fue partícipe del etnocentrismo de aquellas épocas y rara vez
intentó relacionarse con sus anfitriones o compañeros de travesía en un
plano de igualdad. Pero si hace más de dos décadas que empezó un proceso
sostenido de revalorización de la narración oral como fuente tan válida
como los documentos o los testimonios escritos, la pregunta que cae de
maduro y avergüenza es por qué nadie reparó en consultar a los
interesados directos, los mapuches, cuando aún hoy, a pesar de la
usurpación de sus tierras y de su exclusión sistemática de la “historia
oficial”, existen cerca de 50 comunidades en la provincia de Neuquén, 40
en Río Negro y 30 en Chubut.
Como Moyano vive en “los suburbios del Wallmapu” (territorio ancestral
mapuche), le interesó confrontar dos de las afirmaciones predominantes y
repetidas hasta el hartazgo: que los mapuches vinieron de Chile y que
recién hubo mapuches al sur del río Limay después de la “Campaña al
Desierto”. Las aseveraciones, plantea el autor, no son inocentes. “La
primera procura quitarle el carácter de originario al pueblo mapuche en
la Argentina y la segunda sirve para negarles derechos territoriales a
las comunidades que habitan en las provincias de Río Negro y Chubut”,
aclara el periodista. Los mapuches se desarrollaron como pueblo a uno y
otro lado de la cordillera antes de la llegada de los españoles. Las
comunidades ya tenían como espacios territoriales campos al sur del
Limay por lo menos hacia fines del siglo XVIII. Hay crónicas históricas
e inclusive estudios arqueológicos que refuerzan esta hipótesis. “El
proyecto político que triunfó en la Argentina no sólo negó nuestra
matriz indígena sino también la matriz negra y la mestiza”, dice Moyano
a Página/12.
“Según el mitrismo triunfante y el
proyecto de Roca, los argentinos éramos todos blancos que bajamos de los
barcos; no sólo el pueblo mapuche sino otros pueblos indígenas fueron
excluidos de esta narración. Y todavía no son del todo considerados”. El
libro de Moyano incluye los relatos tradicionales del Treg Treg y Kay
Kay, dos fuerzas opuestas que se dicen que son como hermanas –la primera
asociada a la protección de las especies, entre ellas el che (humano), y
la segunda encargada de proteger las aguas–, los combates de Lautaro
(gran estratega militar que el pueblo recuerda porque enseñó a combinar
la acción de las diferentes armas en el campo de batalla e inventó armas
como el garrote arrojadizo) hasta el más reciente conflicto con la
trasnacional Benetton y la larga lucha por la recuperación de Pulmarí,
entre otros episodios que demuestran cómo el pueblo mapuche sigue
peleando. Y resistiendo, desde que llegó el primer contingente de
españoles que capitaneaba Diego de Almagro.
Aunque Moyano subraya el valor enunciativo de la Constitución Nacional
de 1994, advierte que “a la hora de poner en marcha uno de los recursos
que prevé la ley que está en vigencia, que es consultar a las
comunidades sobre qué quieren que pase dentro de su territorio, me
refiero a las explotaciones petroleras, mineras, turísticas, eso se
soslaya olímpicamente”. El reclamo mapuche de máxima en la actualidad en
toda la cordillera es la autonomía y la recuperación de la
autodeterminación. “Estamos a años luz de discutir estos reclamos frente
al Estado argentino. El pueblo mapuche se reparte entre las provincias
de Río Negro, Neuquén, Chubut, minoritariamente en Santa Cruz, un poco
en La Pampa y en la provincia de Buenos Aires, y cada provincia es un
mundo aparte”, señala el periodista.
– ¿Esa nación mapuche incluiría a todos o sería una autonomía por cada
una de las provincias en las que viven las comunidades?
– Algunas cuestiones no están aún resueltas. No se trata del concepto
jurídico de nación sino de encontrar fórmulas que permitan recuperar la
autodeterminación en cuestiones como por ejemplo que sean las
comunidades las que decidan de qué manera explotar sus recursos
naturales, si es que lo deciden, y ver de qué manera se establecen
resortes institucionales para que haya mecanismos de diálogo entre los
estados provinciales y nacional con representación de las comunidades.
– Usted recuerda que los mapuches jamás constituyeron un Estado y que su
organización política, que nada tenía de monárquica, es más bien
horizontal. ¿Hasta qué punto estas características contribuyeron a la
resistencia?
– Históricamente lo que pasaba es que llegaba determinado expedicionario
español y negociaba u acordaba con determinada parcialidad del pueblo
mapuche, pero las demás parcialidades no estaban sujetas a ese acuerdo.
Y eso generó equívocos muy importantes. Pero también me parece que esta
es una de las claves por las que el pueblo mapuche alcanzó a resistir en
libertad hasta fines del siglo XIX. En otros lugares de América fue “más
fácil” o rápido descabezar el movimiento, en cambio esa horizontalidad
que tiene el pueblo mapuche dificultó la conquista por parte del español
y facilitó la resistencia. Lo que trato de poner de relieve en el libro
es la supervivencia de una cultura que está vigente en la actualidad.
Los mapuches celebran el año nuevo, depende el año, entre el 20 y el 24
de junio, y en todos los puntos del territorio mapuche cada vez es más
la gente que recupera la práctica del año nuevo. Recuerdo que una
religiosa me dijo que la noción de Dios entre los mapuches era igual que
entre los cristianos, pero en la religión mapuche no existe la idea del
Dios trascendente, omnipresente, señor de todo lo creado, sino que hay
una circularidad de las distintas fuerzas de la naturaleza frente a la
cual el mapuche tiene el compromiso de preservar el equilibrio. Esta
espiritualidad que está viva también fue una forma de resistencia.
Ninguno de los conflictos actuales abordados en el libro está resuelto.
En los últimos diez años, Benetton ha adquirido aproximadamente 900 mil
hectáreas de tierra en las provincias patagónicas de Neuquén, Río Negro,
Chubut y Santa Cruz. Desde entonces procedió a cercar territorios y a
expulsar a sus habitantes, con el objeto de dar paso a la crianza de
ovinos y satisfacer así la demanda de lana que necesita para su
industria textil, producción a bajo costo, con mano de obra barata, pero
a altas ganancias. Benetton compró los terrenos de la Compañía de
Tierras del Sud Argentino S. A., cuya legalidad de los títulos siempre
ha sido cuestionada por los mapuches y los abogados que defienden a las
familias afectadas, acusadas de usurpación de tierras. “La comunidad
está de hecho en la zona sin que nadie le reconozca su título de
propiedad comunitaria. Hace pocos meses los jueces negaron el desalojo
solicitado por los abogados de Benetton, pero tampoco les dan el título
de propiedad. Hay una indefinición en la que se apuesta al desgaste”,
repasa Moyano.
“En el conjunto de la sociedad argentina hay una naturalización de un
hecho que no es natural, que la Patagonia y La Pampa no era Argentina
hasta 1885 –explica el autor–. La Argentina construyó su actual
integridad territorial pisoteando los derechos de otra gente que no
estaba incluida en su jurisdicción. Con varios compañeros venimos
charlando de hacer un libro conjunto sobre la historia de todos los
pueblos indígenas para el Bicentenario. Porque el 25 de mayo de 1810
para los mapuches no pasó nada. No había ningún mapuche en las
Provincias Unidas del Río de la Plata. Esto estaba formalizado
jurídicamente por los tratados. Cuando uno plantea que Bariloche es
producto de un genocidio, la gente salta de su silla, pero es así. Me da
la impresión de que todavía en términos generales no hay conciencia
sobre estos temas.”
La memoria de los olvidados
En Crónicas de la resistencia mapuche, Moyano recuerda especialmente a
dos escritores argentinos que se han interrogado por la negación y
exclusión de los pueblos indígenas en la historia del país: Susana
Rotker y David Viñas. En Cautivas, olvidos y memoria en la Argentina,
Rotker subraya que el pasado deber ser articulado para ser memoria.
“Toda articulación (todo relato)
tiene que ver con la identidad (con lo que se quiere o cree de la
identidad) y por eso, ya llevada a un nivel sociohistórico, se hilvana
con los discursos de la raza, el etnocentrismo, el autoritarismo, el
progreso, la modernidad, la doctrina liberal. Corrijo: el pasado debe
ser articulado por el presente para ser memoria. Peor: toda imagen del
pasado que no se reconozca activamente en el presente amenaza con
desaparecer irreparablemente, como lo advirtió Walter Benjamin”.
Viñas, otro de los pocos que se ocupó
del tema con espíritu crítico en Indios, ejército y frontera, lanza una
ráfaga de interrogantes: “Si en otros países de América latina la ‘voz
de los indios vencidos’ ha sido puesta en evidencia, ¿por qué no en la
Argentina? ¿La Argentina no tiene nada que ver con los indios? ¿Y con
las indias? ¿O nada que ver con América latina? Y sigo preguntando: ¿no
hubo violadas?... ¿Y qué significa ‘integrarse’? Pero me animo a
insistir: ¿por qué no se habla de los indios en la Argentina?”.
* Gentileza
www.pagina12.com.ar
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