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DOCUMENTALISTA
ENCARCELADA |
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El honor perdido de Elena Varela |
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Si los propios
periodistas reivindican su derecho a proteger sus fuentes (algo que
ya no se discute en los países más desarrollados del mundo), ¿por
qué nadie pregunta sobre el derecho de Varela a proteger a sus
entrevistados? ¿Por qué ni siquiera ha dicho una sola palabra el
Colegio de Periodistas sobre el asunto? ¿Qué está pasando con el
llamado mundo cultural? |
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Por
Pablo AZOCAR*
I
Azkintuwe |
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Cárcel de Rancagua. |
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Foto de Agencias. |
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Párrafos |
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Los
cargos contra ella son graves: entre otras cosas, se la acusa
de ser financista y autora intelectual de dos asaltos –uno de
ellos con víctimas fatales- como parte de una célula mirista.
La jueza Andrea Urbina decretó increíblemente que ella debe
estar en "prisión preventiva" durante seis meses. "Para que la
fiscalía investigue", dijo". |
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Los
documentalistas chilenos sacaron la voz este fin de semana,
alarmados por la suerte de Elena Varela y por la requisición
de sus filmaciones. Ignacio Agüero, Francisco Gedda, Viviana
Erpel y Martín Rodríguez convocaron a una conferencia de
prensa en la que estuvieron varios de los principales
cineastas del país. |
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No
la conozco, nunca había oído hablar de ella, he tenido que hacer
esfuerzos para adivinar cómo es su cara en la única borrosa foto que
apareció en la prensa, pero es difícil no pensar hoy en Elena Varela,
cineasta, productora y guionista, compositora y gestora cultural,
directora de Ojo Film, fundadora de la Escuela de Todas las Artes y de
la Orquesta Sinfónica de Niños de Panguipulli. En este momento ella está
encerrada en una celda helada y sin luz, sin comunicación con el
exterior, sin derecho a leer o ver las noticias. Ha sido interrogada con
virulencia. Amigos, colaboradores y familiares fueron amenazados. Su
productora fue destrozada en un allanamiento.
Los cargos contra ella son graves: entre otras cosas, se la acusa de ser
financista y autora intelectual de dos asaltos –uno de ellos con
víctimas fatales- como parte de una célula mirista. La jueza Andrea
Urbina decretó increíblemente que ella debe estar en "prisión
preventiva" durante seis meses. "Para que la fiscalía investigue", dijo.
Todavía no es posible saber de la seriedad o sustento de las
acusaciones, pero sí se sabe ya que el escarnio fue brutal. La Policía
de Investigaciones requisó todo el material fílmico que ella había
acumulado durante cuatro años de trabajo como parte del documental Newen
Mapuche.
Lo primero que asombra es el comportamiento de la prensa y la
televisión: sin que medie juicio o sentencia alguna, Varela ya fue
condenada. En la prensa chilena el caso ha sido confinado a escuetas
notas en las páginas policiales. Nadie ha investigado el caso, nadie ha
averiguado sobre la cineasta, nadie ha preguntado quién es ni qué estaba
haciendo realmente allí. Se han limitado a lapidarla. No es forzado el
paralelo con la novela del Premio Nobel alemán Heinrich Böll, El honor
perdido de Katharina Blum, que relata un caso real: cómo la prensa hizo
pedazos la vida privada de una mujer.
En las páginas culturales el tema de Elena Varela no ha sido tratado ni
por asomo. Los periodistas se limitaron a inquirir a las autoridades
cómo es posible que se le haya otorgado financiamiento del Fondart a una
terrorista. El reportero que cubrió el caso para Televisión Nacional
acusó a la cineasta, textualmente, del crimen de "vinculación con la
etnia mapuche". El estereofónico ministro Vidal y la propia Presidenta
Bachelet avalaron implícitamente esta sentencia a priori cuando
esbozaron disculpas por el asunto del Fondart.
Si los propios periodistas reivindican su derecho a proteger sus fuentes
(algo que ya no se discute en los países más desarrollados del mundo),
¿por qué nadie pregunta sobre el derecho de Varela a proteger a sus
entrevistados? ¿Por qué ni siquiera ha dicho una sola palabra el Colegio
de Periodistas sobre el asunto? ¿Qué está pasando con el llamado mundo
cultural? ¿No es este, acaso, un tema que involucra o debiera preocupar
a la cultura en su totalidad, sino a toda la sociedad? ¿Por qué ni uno
solo de los actores de cine o "rostros" de teleseries, que tanto hablan
en la prensa y a quienes el tema vaya si les concierne, ha dicho ni mu?
¿No es impresionante que en un caso de esta naturaleza la única fuente,
para los periodistas de los principales medios de comunicación del país,
sea en definitiva el Ministerio del Interior?
El caso de Elena Varela es paradigmático. Habla de una sociedad
ensimismada, egótica, adolescente, presa del individualismo, el consumo
y el sálvese quién pueda. Todos miran hacia otro lado. Hace tres años un
estudio científico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile
–encabezado por el doctor Francisco Rothhammer- planteó que los chilenos
tenemos un promedio de 84% de ascendencia originaria indígena, y que
esto incluye a los estratos económicos más altos, aunque no les guste,
pero en el próspero y arrogante Chile sólo se quieren recordar los
presuntos orígenes vascos o franceses o alemanes y el tema mapuche
sencillamente no existe. Se niega. Es invisible.
De esa invisibilidad está siendo víctima Elena Varela. Durante cuatro
años recorrió la Araucanía hablando con lonkos y recogiendo testimonios
mapuches y, en el contexto de un conflicto feroz del que nadie habla,
acabó enfrentada a un sector productivo muy poderoso: el forestal. Y así
no más le fue. Como así les fue este 17 de marzo a dos periodistas
franceses, Christopher Cyril Harrison y Paul Rossj, que también tuvieron
la mala idea de meter sus narices en el conflicto mapuche y filmaron un
incendio. Fueron detenidos, vejados y maltratados en Collipulli. "Nos
trataron como a delincuentes, nos acusaron de provocar el fuego y de
pertenecer a la ETA", declaró Harrison, todavía en estado de shock. El
cónsul francés logró que quedaran en libertad, pero al día siguiente un
grupo de civiles –una docena de individuos armados con linchacos y
cuchillos- atacó a los dos periodistas en la calle: la paliza fue
tremenda. Huyeron del país.
Y hace sólo dos de semanas, el 3 de mayo, el guión se repitió con dos
documentalistas italianos, Giuseppe Gabriele y Dario Ioseffi, que
estaban filmando una movilización mapuche en un predio de la Forestal
Mininco cuando fueron detenidos. "Nos trataron como terroristas, con la
cara al suelo y las esposas apretadas. Nos acusaron de estar robando
madera en el predio". Al día siguiente la intendenta de la Araucanía,
Gloria Barrientos, incurrió en una barbaridad jurídica y ética: expulsó
sin más a los italianos del territorio.
Los documentalistas chilenos sacaron la voz este fin de semana,
alarmados por la suerte de Elena Varela y por la requisición de sus
filmaciones. Ignacio Agüero, Francisco Gedda, Viviana Erpel y Martín
Rodríguez convocaron a una conferencia de prensa en la que estuvieron
varios de los principales cineastas del país, como Silvio Caiozzi,
Andrés Wood, Pablo Perelman, Andrés Racz y Alicia Scherson, pero de los
medios de comunicación apenas llegaron dos: una radio y un periódico de
provincia. El contraste con la multitudinaria convocatoria de cámaras y
micrófonos que tuvo la fiscalía cuando presentó el caso ante los
reporteros policiales como un tema estrictamente criminal, nos sugiere
que algo está oliendo terriblemente mal en el reino de Chile / AZ
* Periodista y
escritor chileno.
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