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FOTO DE ARCHIVO. |
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Entre cuatro hombres tiran a Rosa
Guaiquilao Pichún al suelo y la inmovilizan pisándole el cuello, luego
la arrastran por la calle, varias vecinas ven la agresión, una joven, la
compañera del hijo de Rosa –al que están deteniendo policías de
Investigaciones de Chile- intenta defenderla mientras sostiene a su wawa
en los brazos, la wawa llora a gritos, los agresores amenazan y tironean
a la joven, le fracturan el pulgar. No es 1973 –época del terror
fascista de Pinochet y sus allanamientos- si no, 2009, Concertación de
Bachelet. La familia allanada es mapuche.
Al pequeño departamento de una Villa pobre de Padre de las Casas, en
Temuko –Wallmapu (territorio mapuche)- entran a empujones unos 20
civiles –hombres y mujeres-… Son las 4 de la tarde, los desconocidos no
se identifican, están deteniendo con insultos y golpes al hijo de la
dueña de casa, Rosa, él acaba de llegar del trabajo. Los winkas (en
mapudungun: ladrones, asesinos, violadores) destrozan el departamento
que la mujer ha pagado por 20 años para lograr un techo. Rompen loza,
colchones, ropa de cama.
- ¡Esta es mi casa! - les grita ella -¡Y ustedes no tienen derecho…!...
El “más perro de todos”, la mira con ojos vengativos (“En cualquier
parte lo reconozco por esa mirada tan agresiva”) y le responde muy
seguro de su poder institucional: - ¡Yo hago lo que quiero en tu casa!
¡Ahora es mi casa!- y la aparta con violencia, luego grita: ¡Dónde están
las armas!…
Rosa, su nuera (también llamada Rosa), su hijo, Mauricio Guaiquilao
Guaiquilao (el detenido) no tienen armas. Unos tipos en la cocina,
rompen paquetes de arroz, fideos, azúcar, abren el refrigerador y van
destrozando todo lo que hay dentro. Otros van a una pieza y sacan
papeles que van tirando al suelo. Algunos son documentos médicos de la
mujer, en los que consta que ella está enferma, que postula a una
pensión de gracias porque se encuentra impedida de trabajar, que
necesita tratamiento constante... Los violentos rompen órdenes para
exámenes, recetas, diagnósticos… buscan desesperados lo que no van a
encontrar… Van a la otra pieza y sacan de los estantes: libros, hojas,
cuadernos. Los colocan sobre la cama y los fotografían… Son libros de
Historia, documentos sociales, poemas que Mauricio escribió a su pueblo
y a su compañera…
- ¡Por qué se llevan a mi hijo, no hemos hecho nada!... ¡No tenemos
armas!- Rosa oye su propia voz gritando, está nerviosa, aterrada, entre
cuatro la tiran al suelo y la agreden… Fue el 2 de febrero recién
pasado.
“¡SI NO FIRMAS, TE QUITAMOS LA WAWA!”
Los agresores se quedaron mucho rato, Rosa no sabe decir cuánto, cuando
ella quiso ir al baño, la obligaron a hacerlo delante de uno de los
hombres. Sustrajeron de su casa: dinero, libros y videos, “películas
familiares del cumpleaños de mi nieto de 1 año y tres meses”. Antes de
llevarse a su hijo, obligaron a Rosa a firmar unos documentos, ¡Si no
firmas nos llevamos a tu nieto también! Rosa firma.
Rosa, mujer mapuche de 49 años, vende ropa usada en la feria cuando se
siente con fuerzas para hacerlo ya que está bastante enferma. El
sustento del hogar era su hijo Mauricio, quien ahora se encuentra
encarcelado en Temuko desde el 2 de febrero. Durante estos casi 4 meses,
ella ha sufrido constante persecución, llamados telefónicos de números
no identificables, que de madrugada le dicen “cosas terribles: “Una vez
una voz de hombre me dijo: ¡Vamos a podrir a tu hijo en la cárcel! Otra
vez me dijeron que mi hijo estaba muy mal y que tenía que ir a buscarlo
urgente, eran las 3 de la mañana, no era cierto… ¡Hasta dónde llega la
maldad!… Sé que todas las veces que hemos conversado, usted y yo por
teléfono, nos han grabado, sé que nos han cortado las llamadas”, me dice
Rosa… “¡A nosotros nos persiguen, sólo por ser mapuche!”.
“El día de ayer mis hijos y sobrino revisaban unos libros para hacer sus
tareas. En uno de ellos, les llamó la atención, por su leve grosor, un
código de barra. El número de este código no coincidía con el número del
código que estaba impreso en la tapa trasera del libro, lo miraron a
trasluz y en él se reflejaban unos circuitos rojos con un centro. Al
extraerlo, era como una especie de estiket (pegatina), y por el reverso
los circuitos eran metálicos o plateados. Su tamaño es de 4 centímetros
cuadrados aproximadamente. Este supuesto código de barra estaba
firmemente adherido y costó extraerlo. Efectivamente, era un micrófono
de alta tecnología. Luego revisamos todos los libros de la casa, en
total encontramos 3 de los mismos. No sabemos si los pusieron durante el
allanamiento o antes”.
Esta es parte de una entrevista de
Richard Curinao a Pamela Pesoa, esposa de Héctor Llaitúl, ex preso
político mapuche hoy en la clandestinidad, liberado hace un año por
haberse descubierto el burdo montaje contra este líder mapuche de la
CAM, Coordinadora Arauco Malleco.
Comunidades allanadas
A la comunidad mapuche Juan Cole, en Yeupeko, cerca de Padre de las
Casas, llegaron a la 1 de la tarde del mismo día 2 de febrero, entraron
a una casa, apuntaron con metralleta a la cabeza de los hombres,
desparramaron las yerbas medicinales por el suelo, y la Machi Sonia
Cheuque –sanadora y autoridad mapuche-, preguntó por qué destrozaban sus
instrumentos de sanación. Los ignorantes agresores calificaron las
yerbas de pasto y ella defendió que “son yerbas medicinales que cuesta
mucho encontrar”. Los policías entonces la golpearon. Luego siguieron
camino a otra casa de la comunidad, donde hicieron exactamente lo mismo:
apuntaron a los hombres, desparramaron las yerbas y golpearon a una
segunda Machi, María Huentelen.
“No llevaban orden de allanamiento y
mi hermana y mi cuñada, ambas Machis, la exigieron y recibieron
cachetadas, mi cuñada incluso está embarazada y se le nota… Recién al
final, uno de ellos mostró un papel…”, cuenta Rosa Cheuque Aedo, esposa
de Mauricio Guaiquilao Guaiquilao, prisionero en Temuco. En la Comunidad
Juan Cole, vive la familia de origen de Rosa Cheuque, los policías
buscaban a Mauricio y al no encontrarlo en la comunidad de su esposa,
siguieron camino a Padre de las Casas, sector urbano en el que vive Rosa
Guaquilao Pichun, madre de Mauricio y cuyo relato inicia este artículo.
En Choque, según el relato de personas de redes de apoyo al pueblo
mapuche: Han allanado ya varias veces diversas comunidades, cuando lo
hacen, apuntan a la cabeza, desarman las casas, rompen todo, muchas
cosas materiales que serán muy difíciles de recuperar. Ingresan con
pasamontañas, con fuerzas especiales, con GOPE. Entran por montones a
las casas, muchos otros se quedan afuera vigilando. Los que entran
vienen dando golpizas e insultando. Se llevan a cualquiera, golpean sin
distinción de edad, no les importa si las víctimas son ñañas (mujeres
mayores), ancianos o wawas. A los niños y niñas, les rompen los
cuadernos, no tienen lástima del llanto de las wawas, aterrorizan con
ensañamiento a toda la gente...
Choque es un sector de comunidades mapuche, ubicado en una pequeña
porción de la rivera del Lago LLeu Lleu. Del 75 al 80 por ciento de toda
la rivera del Lleu Lleu, corresponde a empresas depredadoras, forestales
entre otras (por ejemplo Forestal Mininco y Volterra). También en ese
sector domina ENDESA España, que controla el 80 por ciento de las aguas
dulces. Como si eso fuera poco, el Lleu Lleu está al pie de la
cordillera Nahuelbuta, donde se ubica el proyecto minero “Manto Rojo”
creado para la “exploración” y “explotación” de escandio, uranio y otros
minerales.
En $hile, uno de los pocos
grupos y/o movimientos sociales que se oponen y hacen frente a este
comercio con aguas, tierras y naturaleza, son organizaciones mapuche
como por ejemplo la CAM que reivindica la recuperación del territorio
ancestralmente mapuche, y también comunidades que sin ser parte de la
CAM, han decidido persistir en su empeño de denunciar la depredación y
asumir una manera no neoliberal de concebir la economía y el cotidiano
vivir. Todo ello amenaza las inversiones y los proyectos trasnacionales,
que –por lo que se ve- consideran que necesitan una zona limpia de
resistencia mapuche para extenderse y extraer hasta el último recurso
natural… Por su parte, el Estado $hileno, siempre diligente con el
invasor, parece colocar al servicio del capital neoliberal, sus fuerzas
represivas, ¿para una razzia?
Millaray Garrido Paillalef, hija de Juana Paillalef, directora del Museo
mapuche de Cañete relata: “Llegaron a las 6:30 de la mañana, eran de
Investigaciones de Santiago y de Concepción. Unos 15 policías entraron a
la casa y cerca de 5 autos, se quedaron afuera. Estaban todos armados
–eran hombres y mujeres- nos apuntaron a las cabezas, rompieron las
puertas, quebraron los vidrios, tenían ametralladoras. Mi mamá estaba
con permiso laboral por enfermedad y ellos llegaron y la empujaron a
puros garabatos. A José –pareja de Millaray, José Huenuche Reiman- lo
sacaron esposado, sin ropa. Mi mamá les gritó que lo dejaran vestirse y
gracias a eso nos permitieron tirarle la ropa desde el 2º piso. Buscaban
armas y no encontraron. Vi entrar a unos tipos con un bolso lleno, luego
dijeron que habían encontrado evidencia… Yo digo que la colocaron.
También se llevaron un computador personal pequeño, sacaron el disco
duro del computador de la casa, sustrajeron varios CD de música”…
Millaray tiene un embarazo de cuidado y también recibió agresiones. Jose
Huenuche, su pareja, que hoy se encuentra encarcelado en Concepción,
cuenta que a él, un policía le gritó: ¡No estoy ni ahí con que tu señora
este embarazada y tu suegra enferma!”.
José Huenuche y cuatro presos políticos mapuche detenidos el mismo día,
estuvieron incomunicados durante 4 días, dicha incomunicación no se
informó por parte de los organismos estatales pertinentes, ni a las
familias ni a los abogados. José relata que lo presionaron para la
delación compensada, que le ofrecieron “cambio de identidad, una casa,
una auto, traslado de ciudad”… una vida nueva con su familia a cambio de
delatar a otros supuestos “líderes mapuche”. Fueron 4 días de una sola
comida al día, completa oscuridad en las celdas, interrogatorios, golpes
y duras presiones psicológicas.
Luis Menares Chanilao, de 22 años, también fue incomunicado los primeros
días y se encuentra en la misma cárcel (Concepción). En los
interrogatorios, los policías le aseguraron que tenían pruebas de sus
“vinculaciones con la CAM”. Lo hicieron oír unas grabaciones de
supuestas llamadas a celulares y un comisario le enrostró: “¡Te tengo de
los cocos! ¡Ahí está tu voz y la de Llaitúl!”. Luis asegura que “no se
entiende nada en la grabación” que le hicieron escuchar y que “ni
siquiera reconoce” su propia voz, por lo que él muchas veces respondió
que esa no es voz y que no puede reconocer la de Llaitúl porque ni
siquiera lo conoce. Cada vez que eso pasó lo volvieron a presionar: “¡Te
vamos a hacer mierda!”, le gritaba el comisario, y él joven les
respondió que se iba a matar si seguían con esos interrogatorios. Luego
de eso, comenzaron a tratarlos “mejor”, cuenta… Por esos días el preso
político no mapuche, de la “democracia” concertacionista, Eduardo
Vivian, se quemó a lo bonzo, abrumado por el aislamiento y la falta de
respuestas de la justicia $hilena.
Ex torturador en Choque
Actualmente las mujeres y hombres mapuche encarcelados, entre Concepción
y Valdivia o con alguna medida de privación de libertad superan los 50,
y hay cerca de 10 procesados a la espera de juicio. Otros líderes son
buscados y se encuentran en la clandestinidad… (Igual que en tiempo de
Pinochet cuando tantas y tantos dirigentes debieron vivir largas
temporadas escondidos). A la mayoría de la gente mapuche encarcelada o
buscada, se la acusa de “atentados” en el territorio que históricamente
ha sido de su pueblo. En general, en los juicios llevados a cabo contra
mapuche, las pruebas no se sostienen, se desintegran ante los ojos de
los mismísimos fiscales que a menudo fabrican testigos sin rostro o
protegidos. A muchos presos y presas políticas mapuche se les ha
aplicado la Ley antiterrorista de Pinochet.
Los últimos encarcelados son 13 todos hombres y con acusaciones como
“asociación ilícita terrorista”, "Homicidio Frustrado" y "Robo con
intimidación"… El cargo de Robo con intimidación, está planteado “en
perjuicio de José Santos Jorquera”. Sobre esto, Ramón Llanquileo,
encarcelado en Concepción relata que ésta acusación surge a raíz de una
(escra che) a un torturador del tiempo de la dictadura: José Santos
Jorquera Rivas, que vive en el camping y predio Los Castaños, en Choque.
Este sujeto ha sido reconocido por víctimas mencionadas en el Informe de
la Tortura en Chile (Informe llamado Valech) que aseguran que en el
predio Los Castaños, José Santos Jorquera en compañía de carabineros y
civiles, les infringió torturas, entre septiembre y octubre del año
1973. Actualmente el ex torturador tiene resguardo constante de
Carabineros de Chile en su fundo.
El “Homicidio frustrado” se les imputa a los encarcelados porque se les
culpa de un atentado contra la comitiva del fiscal Mario Elgueta,
exclusivo en causas contra mapuche. El diario “El Austral” del 14 de
abril, explica que cuando el fiscal y una comitiva del GOPE (Grupo de
Operaciones Policiales Especiales) y de la PDI (Policía de
Investigaciones de Chile) se desplazaban por el sector de Choque,
“fueron emboscados por un grupo de cerca de 15 encapuchados quienes les
dispararon con escopetas y huyeron aprovechando la geografía del lugar”
(Diario La Nación, Jueves 16 de octubre de 2008). ¿Cómo es que se
identifica a encapuchados y se les coloca rostros?... Los presos
políticos mapuche en Concepción explican: “No conocemos al fiscal ni a
los supuestos heridos, y cómo saben que éramos nosotros… no entendemos”.
El Fiscal Elgueta, a quien al tiempo de estas entrevistas –primeros días
de mayo- los acusados aún ni conocían, se ha dado a conocer últimamente
por algunos viajes institucionales. Por ejemplo en marzo recién pasado
estuvo en Virginia, Estados Unidos, con una delegación de carabineros,
policía de investigaciones y otros fiscales chilenos realizando cursos
antisubversivos, facilitados por el FBI (Página Web Kilapan del 8 de
abril de 2009). Por último la acusación de “asociación ilícita
terrorista” a los prisioneros, se basa en presunciones de que éstos
tendrían vínculos con la Coordinadora Arauco-Malleco… ¿Cómo respaldan
estos vínculos?, pareciera que con algunos panfletos encontrados
supuestamente a algunos de los detenidos.
Actualmente de sabe que la investigación está decretada de 9 meses y que
el juicio no sería antes de un año. O sea, se los quiere tener
encarcelados al menos hasta mayo de 2010, antes de definir
procedimientos y la aplicabilidad de leyes como la antiterrorista (de
Pinochet). Para entonces, Michelle Bachelet Jeria ya no será presidenta.
La presidenta actual de Chile, el 1 de abril de este año, sacó de debajo
de su manga concertacionista el llamado “Pacto Social Por la
Multiculturalidad Re-conocer”, con una serie de medidas que contemplan
desde dar dinero a algunos mapuche y a miembros de otros pueblos
indígenas de Chile, hasta algún reconocimiento social como “pueblos
originarios”. Pareciera que esta política no quiere enlodar más su
actuación con leyes pinochetistas. Pero eso no quiere decir que en 2010
no se vaya aplicar dicha ley por el gobierno de turno contra estos
mapuche encarcelados. Entonces se los coloca tras las rejas a esperar.
Mientras la Federación Internacional de Derechos Humanos y el Comité
contra la Tortura de las Naciones Unidas “piden a Chile una señal fuerte
contra la tortura” y denuncian que la definición legal de tortura en la
legislación nacional chilena sigue sin ajustarse a la Convención de las
Naciones Unidas, en este país extraño, en el que ninguna alameda se ha
abierto desde 1973, las noticias nacionales nos alertan de que se ha
dado orden de persecución internacional contra Héctor Llaitul, líder
mapuche de la CAM, en Bolivia, Argentina y Ecuador… ¿Quiénes son los
terroristas?.
(*)
Victoria Aldunate Morales para
COOAMS, Coordinadora de Organizaciones Mapuche Autónomas. Algunas
fuentes -además de las y los entrevistados en cárceles Chilenas y en
territorio mapuche-: Diarios “El Mercurio”, “El Austral”, “La Nación”,
“La Tercera”, “El Mostrador” y Páginas web Werken, Azkintuwe, Kilapan,
País Mapuche. También Blog de Richard Curinao y Grupo Red Pulchetun.
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