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CHILE AL CONSEJO DE
DERECHOS HUMANOS |
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Este 21 de Mayo, ante
manifestaciones muy menores de grupos de ciudadanos, se pudo
presenciar un inusitado despliegue policial y la misma actitud
represiva, junto al debut de nuevos gases tóxicos para ser rociados
sobre los manifestantes, que no se sabe si cuentan con autorización
sanitaria y cuyo resultado sobre la salud se ignora. |
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Por
Santiago ESCOBAR*
I
Azkintuwe |
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Represión policial en Santiago. |
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Foto de Archivo |
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Párrafos |
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El
gobierno ha recibido con regocijo la designación de Chile, por
una amplia votación, para ocupar un puesto en la Comisión de
Derechos Humanos de la ONU. Según el canciller Alejandro
Foxley, ello constituye un reconocimiento a la labor
desempeñada en este campo por el país luego de recuperada la
democracia. |
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El
talante autoritario y violento que crecientemente muestra
Carabineros en cada ocasión que le toca intervenir en
situaciones de orden público, es una noticia en sí mismo, y va
en un sentido totalmente contrario a la buena doctrina de un
Estado de Derecho. |
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El
gobierno ha recibido con regocijo la designación de Chile, por una
amplia votación, para ocupar un puesto en la Comisión de Derechos
Humanos de la ONU. Según el canciller Alejandro Foxley, ello constituye
un reconocimiento a la labor desempeñada en este campo por el país luego
de recuperada la democracia.
Es indudable que los derechos humanos como un tema de prioridad pública
nacional, a veces injustificadamente postergado o relativizado en la
agenda política, ha terminado por imponerse como un mínimo ético de
nuestro Estado de derecho, lo que ha sido internacionalmente reconocido.
Ello es atribuible en gran medida a la recuperación de la justicia como
un poder independiente en nuestra institucionalidad. Pero principalmente
a la acción inclaudicable de las víctimas o de sus familiares que,
agrupados en diferentes organizaciones cívicas, han mantenido viva la
demanda por verdad y justicia.
Por lo mismo, es justo decir que el reconocimiento hecho al país al
elegirlo para tal puesto, tiene un sello no solamente diplomático y
gubernamental sino también social, lo que es una clave importante de su
legitimidad política.
De ahí que resulte no solo contradictorio sino lesivo para esa
legitimidad la impronta brutal con que viene desempeñándose la policía
de carabineros desde hace un par de años en su labor de velar por el
orden público. Lo que implica un retroceso injustificable a prácticas
que debieran estar erradicadas en nuestras fuerzas de policía y
seguridad, características de una ecología política en que se violaron
sistemáticamente los derechos humanos. Ya son demasiadas las
oportunidades en que el despliegue policial transita desde un estado de
observación a uno de represión violenta que termina con lesionados
graves. Y en los que se aplica una pedagogía de la violencia que no
discrimina entre lo que es legal y legítimo, de aquello que no lo es.
Tal conducta, que normalmente caracteriza a las policías más atrasadas y
con menos desarrollo profesional del mundo, lesiona físicamente a los
ciudadanos de una manera indiscriminada, pero también bienes jurídicos
sustantivos garantizados por la Constitución. Y no puede justificarse
por el hecho de que grupos vandálicos infiltren las manifestaciones
ciudadanas y provoquen disturbios graves. Es precisamente un buen
desarrollo profesional el que permite que tales hechos puedan ser
controlados con un mínimo de daños colaterales y siempre con respecto a
los derechos de las personas.
El talante autoritario y violento que crecientemente muestra Carabineros
en cada ocasión que le toca intervenir en situaciones de orden público,
es una noticia en sí mismo, y va en un sentido totalmente contrario a la
buena doctrina de un Estado de Derecho. Ya durante la huelga de
estudiantes secundarios el año 2006, el uso desproporcionado de la
fuerza terminó con el jefe de Orden y Seguridad fuera de su cargo y la
promesa de autoridades políticas e institucionales de que tales hechos
de brutalidad policial no volverían a repetirse.
Este 21 de Mayo, ante manifestaciones muy menores de grupos de
ciudadanos, se pudo presenciar un inusitado despliegue policial y la
misma actitud represiva, junto al debut de nuevos gases tóxicos para ser
rociados sobre los manifestantes, que no se sabe si cuentan con
autorización sanitaria y cuyo resultado sobre la salud se ignora. La
cobertura periodística de tales hechos fue también reprimida con el
resultado de un periodista gráfico gravemente lesionado por un
carabinero.
Seguramente habrá un sumario institucional y una nueva promesa de que
tales hechos no volverán a repetirse. Lo más probable es que el agresor
sea sancionado pero que también el agredido pierda parte de su visión,
lo que le implicará un grave daño laboral. Pero lo más importante es que
no se advierte una voluntad política efectiva de que ello no vuelva a
ocurrir. Porque en términos reales, las autoridades no dan señales de
que tal tema les preocupe, e incluso tienen sesgos justificativos en sus
declaraciones que sirven para crear una atmósfera de rejas, ambientes
cerrados y represión en los espacios públicos / AZ
* Profesor de
Historia y Geografía. Dirigente de Wallmapuwen.
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