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Una característica
argentina |
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La campaña del desierto costó muy caro
a pesar de haber sido solo un paseo –como lo calificó en esa época
Leandro N. Alem–, quien señaló “fue un paseo del ejército argentino
por el desierto mientras su general iba cómodamente entre los
almohadones de su carruaje”. El mismo Roca lo atestigua en una carta. |
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Por Osvaldo BAYER*
I
Lunes 12 de Noviembre de 2007 |
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El
juicio al ex presidente De la Rúa
nos hace recordar a que en todo tiempo
argentino se practicó aquello de la “coimisión”. Desde
los tiempos de Roca, con el nuevo verbo “atalivar”. |
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Al presidente de la
Sociedad Rural de aquellos tiempos se le entregaron
dos millones y medio de hectáreas. Un apellido
–Martínez de Hoz, nada menos– conocido en todas las
épocas argentinas. |
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De
“aquí tenés el sobre” ahora hemos pasado al “ojo, que te pueden
pontaquartar”, sinónimo de “te pueden ‘buchonear’” después de que el
negocio esté listo. El léxico muy argentino en torno de la “coimisión”
ha ganado otro vocablo. Ahora existe la advertencia redonda. Sí, en
estos días, el juicio al ex presidente De la Rúa, mandatario catapultado
en helicóptero nuevamente al llano, nos hace recordar a que en todo
tiempo argentino se practicó aquello de la “coimisión”. Desde los
tiempos de Roca, con el nuevo verbo “atalivar”, pasando por la década
infame de las tierras de El Palomar, después a enfermeros que se
convirtieron en multimillonarios, y las épocas de la pizza con champán y
ahora lo de la complicación del pontaquartismo. Estas tierras ubérrimas
dan para todo, pero no para todos. Pero no vamos a hablar ahora del
nivel de pobreza y de la desnutrición de niños argentinos.
El punto más estridente de la historia de las coimisiones argentinas fue
sin duda alguna la venta de las tierras de El Palomar, que manchan tanto
al poder militar como al mundo político de la Década Infame. La cosa fue
simple. Dos empresarios compraron para el ejército 222 hectáreas de El
Palomar, a 0,65 centavos el metro cuadrado, y en la misma acción se la
vendieron al Estado a 1,10 peso. En ese negociado estaban involucrados
legisladores de la Comisión de Defensa del Congreso y el mismo ministro
de Guerra, general Márquez, que pasó a llamarse para la picardía popular
como “general Palomárquez”. Pero la estafa quedó en descubierto y
terminó con el suicidio del legislador radical Guillot y la prisión de
otros implicados. El escándalo provocó la renuncia del propio presidente
de la Nación, doctor Ortiz, la que finalmente no fue aceptada.
La llamada Década Infame dejó tras de sí el “affaire” de la Chade, el de
los colectivos, el de la lotería nacional llamado “de los niños
cantores”, donde a los menores que sacaban las bolillas premiadas les
hacían leer otras cifras. La doble moral fue
invadiendo todos los sectores y llegó también al fútbol, con varios
casos de soborno, “coimisiones” en la compraventa de jugadores, y, en la
vida diaria, aquello de “conversar” las multas y “ponerse”.
Pero digamos que fue la picardía de Sarmiento la que dejó al descubierto
este método argentino de resolver los problemas. Fue cuando desde sus
páginas de El Censor empleó por primera vez el verbo “atalivar”. Decía
el sanjuanino que el presidente Julio Argentino Roca “hace los negocios
y su hermano ‘ataliva’”. Y ahí ponía punto. Hasta que los lectores
adivinaron de por sí lo que quería decir. Sí, Roca, el presidente tenía
un hermano llamado Ataliva Roca. Y “atalivar” era usado por Sarmiento
como verbo para significar que cobraba la coimisión. Pero de allí,
Sarmiento pasa a la acusación directa en el artículo del periódico El
Censor, del 18 de diciembre de 1885. Dice sin pelos en la lengua acerca
del gran negociado de las tierras del “desierto” conquistadas por Roca:
“El general Roca, educado en el Colegio del Uruguay, no ha traído a su
gobierno otra idea sobre el reparto de la tierra pública que en la
práctica en aquellos tiempos (de Urquiza) –la voluntad sin límites de
aquel que ejerce el poder– adoptándolo como sistema”.
Y luego Sarmiento se ríe de la
llamada “conquista del desierto de Roca diciendo que sólo fue un paseo
en carruaje”. Dice textual: “El pensamiento de un paseo en carruaje a
través de La Pampa cuando no había en ella un solo indio fue un pretexto
para levantar un empréstito enajenando la tierra fiscal a razón de 400
nacionales la legua, en cuya operación la Nación ha perdido 250 millones
de pesos oro, ganados por los Atalivas, Goyos y otras estrellas del
cielo del presidente Roca. Pero si se puede explicar, aun cuando no se
justifique, esta medida antieconómica y ruinosa para el Estado, por la
famosa Expedición al Desierto, después de que ésta se realizó sin
batallas ni pérdidas de ningún género para el gobierno, no hay razón, no
hay motivo alguno para que tal empréstito continúe hoy abierto... para
los amigos del general Roca, máxime cuando la suscripción se cerró hace
ya mucho tiempo. Es necesario llamar a cuentas al presidente y a sus
cómplices en estos fraudes inauditos. ¿En virtud de qué ley, el general
Roca, clandestinamente, sigue enajenando la tierra pública a razón de
400 nacionales la legua que vale 3000? El presidente Roca, haciendo caso
omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del
Crédito Público órdenes directas, sin expedientes, ni tramitaciones
‘inútiles’ (sistema Urquiza), para que suscriba a los agraciados, que
son siempre los mismos, centenares de leguas. Allí están los libros del
Crédito Público que cantan y en alta voz para todo el que quiera hacer
la denuncia al fiscal... Al paso que vamos, dentro de poco no nos
quedará un palmo de tierra en condiciones de dar al inmigrante y nos
vemos obligados a expropiar lo que necesitamos, por el doble de su
valor, a los Atalivas”.
Así se repartió la tierra de las enormes pampas sureñas. Al presidente
de la Sociedad Rural de aquellos tiempos se le entregaron dos millones y
medio de hectáreas. Un apellido –Martínez de Hoz, nada menos– conocido
en todas las épocas argentinas. El bisnieto, en 1976 estará sentado al
lado del dictador Videla, en la Casa Rosada. Todo en carroza. Aunque en
el billete de cien pesos nos muestren al general Roca, a caballo, para
hacerlo más marcial y heroico. El investigador
René Orsi, en su libro Alem y Roca señala que “Julio A. Roca integraba
una sociedad de hecho con su hermano mayor, Ataliva, a quien endilgaban
el neologismo de ‘atalivar’ y era ‘il padrone’ mientras que Julio
Argentino oficiaba como ‘gerente de la casa de comercio’”. Y añade:
“Ataliva Roca, habiendo iniciado su vida carente de bienes como sus
hermanos, al morir dejó una cuantiosa fortuna compuesta por importantes
fracciones de campo en la provincia de Buenos Aires y La Pampa, de más
de diez propiedades urbanas en Capital Federal, acciones de capital de
diversas sociedades comerciales, varias chacras y loteos en Morón, La
Matanza, Bahía Blanca, Junín y La Plata”. Al morir dejó tres estancias
de enorme extensión.
Por eso, nosotros los argentinos hemos bautizado una ciudad en La Pampa
como Ataliva Roca y también una calle en Morón.
Su hermano, Julio Argentino, el “conquistador del desierto”, fue su
socio comercial permanente. La campaña del
desierto costó muy caro a pesar de haber sido solo un paseo –como lo
calificó en esa época Leandro N. Alem–, quien señaló “fue un paseo del
ejército argentino por el desierto mientras su general iba cómodamente
entre los almohadones de su carruaje”. El mismo Roca lo atestigua en una
carta a su hermano Ataliva: a quien escribe que han llegado ya al Río
Negro “sin que nos haya costado más sacrificios que comer carne de
yegua. Si no hubiera sido por el pequeño contratiempo de los proveedores
esta campaña hubiera tenido los aires de un paseo”.
Un paseo que le salió muy caro el Estado argentino –se puede ver en el
presupuesto de la época– y enriqueció a los poderosos de siempre (basta
ver la lista oficial de los que recibieron las tierras). Por eso al
monumento más grande de Buenos Aires, el bronce a Roca, no lo mueve
nadie. Valió la pena “atalivar”. En cambio sí, al
colegio secundario de la ciudad bonaerense de Moreno se le ha quitado el
nombre de Roca y llevará en el futuro el de un docente desaparecido. Y
la plaza Julio Argentino Roca, de Rosario, se llama ya Pueblos
Originarios. La Etica avanza a veces muy lenta, pero triunfa finalmente
/
Azkintuwe
* Gentileza
www.pagina12.com.ar
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