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Obama, cambios en el Imperio |
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Las consecuencias de ese hecho para el
futuro son impredecibles, ya que si un negro puede gobernar ¿por qué
no un “latino”, un indio, una mujer, un asiático? Un país
pluriétnico, pluricultural y multilingüístico no se hace solo en
bonitos discursos, sino también y sobre todo con hechos. Y los
hechos determinaron que en esta elección se exhibieran
representantes de las minorías en sus boletas. |
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JOSÉ MARIMAN*
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desde DENVER, EE.UU - 17 / 11 / 08 |
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Barack
Obama Presidente. |
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Foto de Agencias. |
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Al
igual que la noche en que las fuerzas democráticas ganaron las
elecciones que marcaron el término de la dictadura en Chile
(05/Oct/1988), la noche del 04/Nov/2008 me la pasé pegado al televisor,
mirando las proyecciones de voto y los cómputos parciales. Y es qué, de
alguna manera, los EE.UU. de estos años Busch, se me presentaron cada
vez más parecido a la dictadura en Chile (abuso de autoridad, incremento
de los sentimientos anti-inmigrantes, vigilancia de todo tipo, gobierno
por el miedo…), que de alguna forma en mí subconsciente, la
contradicción arbitrariedad vs. justicia marcaba el evento eleccionario
(aunque para otros votantes lo que pesaba más en su decisión, era la
debacle económica en que el país está sumido).
En fin, mi espera no fue tan larga como aquella noche en Chile.
Alrededor de las 21 hrs. (23 hrs. en la costa este), McCain concedía la
victoria a Obama. Entonces, comencé a recibir e-mails de amigos y
parientes-políticos, expresando su júbilo por el triunfo y su confianza
en que un nuevo capítulo de la historia se abría para EE.UU. La gente no
podía ni quería ocultar su satisfacción, contra todas mis
manifestaciones de duda en el cambio. Dudas como, por ejemplo,
¿renunciará EE.UU. bajo la administración Obama a sus políticas
imperiales? Y es que, debo reconocerlo, aunque Obama fue mi candidato
desde el comienzo de la campaña, mi voto fue en primera instancia un
voto contra Bush y el bushismo, representado en el continuismo que
proponía McCain.
Mi voto junto al de otros millones de personas, por las razones que
fueran, hizo la diferencia, y logró el milagro de colocar por primera
vez en la historia de EE.UU., a un presidente afro-americano (palabra
“políticamente correcta” en substitución de negro). Y he aquí un primer
momento para sentirme satisfecho conmigo mismo en esta jornada
democrática, ya que la hegemonía absoluta de los blancos –varones- en el
ejecutivo estadounidense, se ha puesto en cuestión por primera vez en la
historia del país (otros poderes habían avanzado antes en la integración
de las minorías). Las consecuencias de ese hecho para el futuro son
impredecibles, ya que si un negro puede gobernar ¿por qué no un
“latino”, un indio, una mujer, un asiático? Un país pluriétnico,
pluricultural y multilingüístico no se hace solo en bonitos discursos,
sino también y sobre todo con hechos. Y los hechos determinaron que en
esta elección, por ambas fuerzas en contienda, se exhibieran
representantes de las minorías en sus boletas (un negro y una mujer),
pasando a transformarse así en una contienda de carácter histórico para
el país.

La gente no podía ni quería no ocultar su
satisfacción, contra todas mis manifestaciones de duda en el cambio.
Dudas como, por ejemplo, ¿renunciará EE.UU. bajo la administración Obama
a sus políticas imperiales? Y es que, debo reconocerlo, aunque Obama fue
mi candidato desde el comienzo de la campaña, mi voto fue en primera
instancia un voto contra Bush. |
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Es cierto que al razonamiento que
adelanto en el párrafo anterior, han salido voces en EE.UU. -y
replicadas en Chile-, que buscan atenuar ese factor midiendo la negritud
de Obama, y recordándonos que la contraparte de su padre
keniano-africano, fue su madre blanca anglo-americana. En consecuencia
Obama en realidad es un mulato, y por ello más aceptable para votantes
blancos, que un negro-negro o “negro genuino” (agregarle a eso que es
egresado Harvard). Pues contra esa idea se impone la masividad del voto
afro-americano a favor de Obama (más del 95%), y el no disimulado
sentido de orgullo, que sintió la comunidad afro-americana
estadounidense con la elección de Obama. Ellos no vieron a un mulato en
Obama sino a un negro o afro-americano. Esto es, vieron a uno de los
suyos llegar a la cima del poder del Imperio.
El hecho anterior, plantea un problema a futuro para el partido
republicano, cual es que ha quedado convertido en el partido de los
blancos. Y sobre todo de los blancos varones, ultra-conservadores y
racistas). En cierto sentido, esta elección más allá de una elección
política, tomó el carácter de una confrontación racial (perdonando la
expresión). Al menos, esa podría ser una forma de entender lo enunciado
al New York Times, por el viejo líder de las luchas por los derechos
civiles para los negros en los 1960s, reverendo Jesse Jackson, cuando
afirmó que es probable que muchos votantes blancos que votaron Obama, lo
hicieron porque era negro. En otras palabras, esos blancos habrían visto
en votar Obama una suerte de redención. Así ellos podrán decir a futuro
que han sido mejor de lo que fueron sus ancestros en el pasado.
Pero también Obama es negro no solo por lo anterior, sino también por el
hecho de que todos aquellos que no son blancos en sociedades racistas,
son negros (son el dominado, el colonizado como el indio). La etnicidad
e identidad étnica de una persona no tiene relación puramente con una
cuestión biológica (aunque al centro de toda discusión sobre etnicidad e
identidad el parentesco juegue un rol). Obama no es más o menos negro
por los padres que tuvo, sino porque las identidades se forman en un
contexto de comunidades humanas en interacción, que crean fronteras. Y
en la creación de fronteras entre grupos humanos, unos son incluidos
dando lugar al “nosotros”, así como otros son excluidos como: “ellos” o
“los otros”. Los blancos europeos de distintas naciones, no sin bemoles,
en general fueron incluidos en la sociedad blanca estadounidense, que se
sintió así construyendo la sociedad plural del futuro, que no existía en
una Europa atomizada en naciones, que se enfrentaban unas con otras.
Pero al mismo tiempo rechazó a otros, a los esclavos africanos, así como
a indios, “latinos” y asiáticos (al menos hasta toda la primera mitad
del siglo XX). Todos los rechazados en algún momento pasaron a ser los
otros, los negros, los indios (y los excluidos, a su vez, crearon sus
propias fronteras, excluyéndose entre ellos mismos sobre la base de la
etnicidad que privilegiaron). En ese contexto Obama no ha sido nunca
excluido por los afro-americanos. Y es más, él mismo se ubicó e
identificó en ese grupo y su etnicidad, al punto que terminado sus
estudios de leyes en Harvard, en vez de ir a trabajar a un bufete de
abogados para hacer dinero o al servicio de algún político importante
para hacer carrera, se fue a Chicago a trabajar como líder comunitario
en barrios negros. La negritud de Obama es entonces una discusión
baladí.
Y un par de cosas más sobre este triunfo que vale la pena comentar. Los
análisis del voto “latino” muestran que dos de cada tres “latinos”
votaron Obama. Esa figura no es tan distinta a lo que ya había ocurrido
en elecciones previas. Pero las implicaciones de ese voto son
importantes en otro sentido. La comunidad humana que más rápido crece en
población en los EE.UU. son los “latinos”, que ya a comienzos del 2000
demográficamente dejó atrás a los afro-americanos en importancia
demográfica y política. Se calcula que ellos hacia el 2050 serán tres
veces más grande de lo son hoy, alcanzando la mitad del grupo blanco (si
el buró de censo estadounidense estima que para el 2050 habrá 207
millones de blancos, para los “latinos” la cifra alcanzará a los 127
millones, el doble de los afro-americanos y el triple de los asiáticos
para la misma fecha). En consecuencia, la proclividad del voto hispano
comienza a constituirse en capital además de esta elección en las
futuras. Si Obama hace un buen trabajo con los hispanos (mejora las
políticas anti-inmigrante de Bush, les da espacio en su gobierno y les
favorece en otros aspectos), los demócratas podrán seguir capitalizando
este voto (que se parece más, por su dispersión, al voto mapuche). Y lo
que es curioso dentro de este voto, es que entre los votantes “latinos”
más fieles al partido republicano (los cubanos de Miami), también
comienza a experimentarse un cambio a favor de los demócratas. Los
descendientes jóvenes de cubanos, más estadounidense que cubanos, han
hecho la diferencia en Miami votando Obama en esta elección.

La jugada estratégica de McCain y sus
asesores en cuanto colocar como acompañante de boleta del presidenciable
republicano a una mujer, no surtió efecto. La apuesta por capitalizar el
descontento que dejó en las mujeres demócratas, las confrontaciones
duras en las primarias, entre los partidarios de Obama y de Hilary
Clinton, no prosperó. |
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Y ya que hablamos de jóvenes no se
puede dejar de mencionar el reencantamiento de los jóvenes con el
discurso y retórica de Obama. Se estima que en esta elección como en
ninguna otra, los jóvenes se registraron para votar y votaron Obama.
Bajo los 30 años de edad el voto estadounidense fue para Obama. Ahora,
ésto para algunos periodistas y politólogos, plantea una “revolución” al
revés de los años Reagan (1980-1988), en que ese presidente capturó el
voto de los jóvenes, que siguieron hacia el futuro votando republicano.
Si Obama puede mantener ese reencantamiento de los jóvenes con la
política y los valores de los demócratas, los demócratas podrían
asegurarse el voto fiel de esos jóvenes a futuro y mantener una ventaja
respecto de los republicaron, que por lo demás pasan a ser el partido
representante de los viejos.
Por último, las mujeres blancas también ayudaron a hacer la diferencia
en esta elección, votando Obama. La jugada estratégica de McCain y sus
asesores en cuanto colocar como acompañante de boleta del presidenciable
republicano a una mujer, no surtió efecto. La apuesta por capitalizar el
descontento que dejó en las mujeres demócratas, las confrontaciones
duras en las primarias, entre los partidarios de Obama y de Hilary
Clinton, no prosperó. La premisa de que “a río revuelto ganancia de
pescador”, no produjo los dividendos que esperaban los republicanos. En
el desarrollo de la campaña Sarah Palin no mostró tener dotes
suficientes de estadista y no logró capitalizar el descontento inicial
de las mujeres demócratas. Éstas terminaron estrechando filas con Obama,
en el entendido de que la contienda era por valores, como lo expuso en
la convención demócrata la propia Hilary. Lo anterior redujo a los
republicanos, además de lo que ya he dicho, a un partido apoyado
mayoritariamente por hombres blancos. Esto es, un partido de hombres
blancos, viejos, ultra conservadores y racistas.
Con todo, Obama ganó las elecciones 2008 en EE.UU. logrando interpretar
las esperanzas de cambio de la mayoría de la población. No obstante, mi
optimismo respecto de su gobierno no es incondicional. Los problemas que
enfrentará en el terreno económico son enormes, además de otros planos.
Y los republicanos, aunque derrotados, no dejan de haber tenido una
votación importante: 46% (56 millones de votos). En esta sociedad
política culturalmente bipolar, aunque el voto se cargó transitoriamente
a la “izquierda”, no queda claro que haya mayorías aplastantes de un
lado hacia el otro (los demócratas ganaron más bancas en las cámaras,
pero no una mayoría para imponer cambios por si solos), que faciliten
llevar adelante un programa de reformas radical. El consenso se impone y
en esas negociaciones, de común, el contenido original de las demandas y
promesas se diluye. Queda por ver entonces que ocurrirá en un gobierno
Obama y esperar que no sea otro gobierno Lagos o Bachelet. Solo hacia el
final de su mandato seremos lo suficientemente sabios para evaluar su
trabajo, y para decir con plena convicción éste si fue o no fue un buen
presidente / AZ
* Cientista político radicado en EE.UU. Colaborador de Azkintuwe.
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