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El general que entregó todas esas tierras
inmensas a los Martínez de Hoz, los Anchorena y los Miguens y que
repartió como esclavos a los indios prisioneros, a sus mujeres como
sirvientas y a sus niños como mandaderos, fue quitado de las calles
de Rojas. La música del conjunto Arbolito sonó en las calles de esa
ciudad de la llanura. Arbolito, el nombre del ranquel que hizo
justicia y vengó a sus hermanos. |
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Por
Osvaldo BAYER*
I
Azkintuwe |
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Comunidad Mapuche Santa Rosa. |
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Foto de Alejandra Bartoliche. |
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El
jueves pasado, en Rojas, plena llanura central bonaerense, la Historia
pegó un brinco. El pueblo, volcado en la calle, en una verdadera fiesta
popular, le dijo basta a la historia oficial y procedió a cambiar el
nombre de una de las calles céntricas denominada por los señores de la
tierra como calle General Julio Argentino Roca por el justo nombre de
Pueblos Originarios. Todo resuelto en la forma más democrática, con
ribetes hasta diríamos poéticos, sin exagerar. Porque como lo dijimos en
estas contratapas con las que paseo por todos los rincones del país, la
ordenanza municipal estuvo basada en un proyecto presentado por los
adolescentes alumnos del colegio nacional local y aprobado por amplia
mayoría por los concejales de la ciudad de Rojas. Más democrático,
imposible. El mismo intendente local acompañó el acto con su presencia y
su aplauso.
Llegaron representantes de los
pueblos originarios de todos los puntos cardinales bonaerenses, con sus
atuendos y sus instrumentos. El general que entregó todas esas tierras
inmensas a los Martínez de Hoz, los Anchorena y los Miguens y que
repartió como esclavos a los indios prisioneros, a sus mujeres como
sirvientas y a sus niños como mandaderos, fue quitado de las calles de
Rojas. La música del conjunto Arbolito sonó en las calles de esa ciudad
de la llanura. Arbolito, el nombre del ranquel que hizo justicia y vengó
a sus hermanos al terminar con la vida del coronel Rauch, el mercenario
europeo contratado por Rivadavia para “exterminar a los indios
ranqueles”, como decía su decreto, olvidándose ese “liberal positivista”
de la estrofa del Himno Nacional que se cantaba ya en todos los rincones
argentinos: el “Ved en trono a la noble igualdad, libertad, libertad,
libertad”, verso embebido en el pensamiento liberador de Mayo. Una vez
más comprobamos que a veces la Historia tarda, pero finalmente triunfan
la Etica y el concepto de Vida.

La pregunta que siempre quedó sin
respuesta ante el genocidio de Roca es la siguiente: en esas extensas
regiones había tierra para todos, ¿por qué el genocidio de los pueblos
originarios, por qué no se les respetó ni siquiera sus tierras
comunitarias, ya que ellos nunca tuvieron concepto de la propiedad? |
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Ese general genocida que en sus
palabras finales, después de su campaña contra los pueblos nativos del
sur, dijo ante el Congreso que había exterminado para siempre al indio
para abrir esos “vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de
deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”. Y poco
después, ya presidente, por la concesión Grunbein, entregará más de dos
millones y medio de hectáreas en la Patagonia a 137 estancieros
británicos. La pregunta que siempre quedó sin respuesta ante el
genocidio de Roca es la siguiente: en esas extensas regiones había
tierra para todos, ¿por qué el genocidio de los pueblos originarios, por
qué no se les respetó ni siquiera sus tierras comunitarias, ya que ellos
nunca tuvieron concepto de la propiedad?
Pero ahora parece que ha comenzado a
verterse de nuevo la savia inagotable de la Etica. Este acto con el
pueblo de Rojas lo demostró.Y en esto de las tierras comunitarias parece
que, en el presente, los poderes provinciales de la Argentina no tienen
el menor respeto por ellas. Todas las semanas una nueva usurpación. Lo
vemos en el caso ocurrido en Formosa, denunciado por el Mocafor, el
Movimiento Campesino Formoseño. Acaban de ser detenidos cinco campesinos
criollos –cuatro hombres y una mujer– porque se opusieron a que se
desalojara a los wichís de sus tierras, compradas contra todo derecho
por el empresario Jorge Bellsolá Ferrer, para sembrar soja y jatropha,
que produce aceite para biodiésel y es un monocultivo que deja muy
pronto árida a la tierra. El Mocafor ha llamado en su ayuda a todos los
movimientos de los campesinos del país, bajo la consigna “Todas las
luchas son importantes, pero la lucha más importante es unir todas
nuestras luchas”. Es increíble, la campaña del desierto continúa, no ya
por las armas, sino a través de los negociados y la ayuda de una
Justicia permisiva. Pero la protesta popular de la gente de la tierra
irá avanzando. La savia inagotable de la esperanza surge otra vez en
esas tierras que quieren pertenecer a las manos que la trabajan y no a
quienes manejan los fondos de la injuria.
Pero un día antes de Rojas, Lanús.
Sí, en el Gran Buenos Aires. La escuela de ciegos Nº 506. Allí aprendí
el martes pasado de lo que es capaz el ser humano: no rendirse jamás.
Los adolescentes ciegos me esperaban para hacerme un reportaje para la
radio. Ellos atendieron el sonido, dieron la orden de empezar y
Federico, Tamara, Rubén, Julieta, Pablo, Max, Dimara y Lautaro
comenzaron las preguntas. Una tras otra, breves, concisas, y mis
respuestas eran interrumpidas por nuevas preguntas acerca del mismo
tema, para ampliar los textos y que todo quedara claro para el oyente.
Nunca me enfrenté con un periodismo así, de “precisión” mezclado con
humor y también ironías. Una verdadera fiesta. Ciegos, de un barrio
humilde, que sonríen porque aman la vida, ya que ven mucho más allá que
los que tienen vista. Las preguntas son acerca de la identidad de los
pueblos, de cómo fue posible la dictadura de la desaparición de
personas, de cómo terminar la violencia en nuestras ciudades. Todo se
termina cuando se levantan todos, los que preguntaron y los que
escucharon en absoluto silencio y cantan la hermosa canción de Arbolito
acompañándola con guitarras y bombos. Los docentes sonríen. Para ellos
es ver el fruto de tantas horas de enseñanza. Una enseñanza muy
sacrificada y nada reconocida.
Pero en ellos está el espíritu
solidario. Se nota cuando estallan en aplausos por la creación de sus
alumnos. Ciegos pero ya con la semilla de la sabiduría. Los jóvenes
ciegos se abrazan y ríen como si hubieran llegado al paraíso.Me despido
de ellos, docentes, alumnos y los agradecidos padres de éstos. Miro de
nuevo esa escuela, mejor dicho, esa escuelita de Lanús que trabaja con
tanta responsabilidad y sacrificio. Y pienso, ¿por qué la sociedad
argentina es tan egoísta?, ¿por qué a estos docentes y a estos alumnos
ciegos que aprenden allí el arte de la vida y la esperanza sin fronteras
no se les habilita una escuela bien amplia, con jardines y árboles donde
puedan posar los pájaros con sus trinos y sentir las flores con sus
aromas? ¿Por qué esos recintos estrechos y cerrados y la pobreza de sus
muebles y enseres? ¿Por qué no hacer una escuela amplia, una especie de
templo del saber, para nuestros queridísimos niños y adolescentes no
videntes y para que esos docentes admirables puedan mostrarles los otros
aspectos de la vida?
Me despiden con rostros sonrientes de
oreja a oreja. Pienso: si la humanidad en vez de gastar en armas y en
guerras invirtiera todo ese dinero en la ciencia tal vez ya no
existirían ciegos en el mundo.Y marchemos ahora al Arte. Se trata de
comprender la justa lucha de los jóvenes alumnos de la Escuela de Arte
Manuel Belgrano de la Capital, a la cual, por una resolución del jefe de
Gobierno de la ciudad, se le ha quitado el nivel terciario. En vez de
apoyar al Arte, esa verdadera ciencia del espíritu que nos ayuda a vivir
y a pensar en grandes ilusiones, sueños y a meternos en el laberinto de
las formas, líneas, colores, y a penetrar y llenar vacíos, quieren
reducir, cortarle las alas. Por eso, los jóvenes estudiantes de la
Manuel Belgrano –sí, fundada por el gran patriota– han comenzado a
luchar en su misma escuela en defensa del Arte, con mayúscula, la
sagrada palabra.
Quitarle capacidad, marcarle
fronteras a esa institución es como quemar libros, es como cortarle las
alas a una golondrina, es como negarle alimento a una mujer encinta, es
como querer encerrar al arco iris en un calabozo militar y ponerle un
uniforme marrón terroso. Esperamos que las diversas fracciones políticas
que componen el Legislativo metropolitano vayan a visitar la Manuel
Belgrano y conversen con los alumnos, dispuestos a defender el Arte,
nada menos. Democracia es escuchar a quienes defienden la vida. En este
caso esa vida se llama Arte. Más policía no salva a la sociedad sino más
Arte.Tenemos que inyectarnos la savia inagotable del Arte / AZ
* Periodista y escritor argentino. Gentileza
www.pagina12.com.ar
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