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FOTO DE ALEJANDRO ÁLVAREZ. |
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“Los temas reales del día a día ponen
en evidencia de que la extrema discriminación de las comunidades mapuche
sigue existiendo. No es exactamente igual a lo que pasaba en el siglo XX,
pero en muchos aspectos es aún más grave que cuando los mapuches eran
discriminados bajo otras formas”, señala el profesor Augusto Samaniego,
entrevistado en La Paz, Bolivia.
- ¿Cuál es la situación
indígena en Chile?
En Chile existen aymaras en el norte,
pero son minoría. Pero, el pueblo mapuche es conocido porque debido a
circunstancias históricas en los últimos cinco siglos resistió hasta el
final de la colonización española. Mantuvo una territorialidad sobre la
cual ejerció prácticamente una soberanía completa y luego sucumbió ante
la república. Sucumbió ante el ejército chileno, el desarrollo
capitalista incipiente del Estado. Su ejército era el que se estaba
preparando o que había hecho una parte de la Guerra del Pacífico. Ese
mismo ejército es el que luego volvió al sur de Chile, con armamento
moderno y con técnicas militares y con un Estado mucho más poderoso, así
logró la derrota militar del pueblo mapuche.
Ese pueblo mapuche, con una organización social muy fragmentada, sin
ningún aparato estatal similar a lo que fueron los grandes imperios
desde Tiwanaku, el Incanatu, se vio despojado de sus territorios y de
sus tierras agrícolas de subsistencia. Entonces, el Estado chileno le
otorgó las peores tierras y en poca cantidad. Y ese proceso de
otorgamiento de tierras bajo el vocabulario de “mercedes de tierras” que
entregó el Gobierno culminó recién en 1929.
—¿Cuál es el estado de los mapuches?
En los últimos dos o tres años los conflictos sociales que han tenido
mayor violencia, mayor represión armada por parte del aparato policial
chileno, con resultado de muerte, han sido conflictos y represión de las
demandas de las comunidades agrarias mapuches. Todo en la etapa
democrática de Chile. Hace pocos meses murió un joven mapuche en un
enfrentamiento con la Policía. Ellos estaban ocupando tierras de
subsistencia, pero al mismo tiempo se hacía valer todo lo que se ha
progresado en el plano de las relaciones políticas y jurídicas
internacionales. Por ejemplo, la lucha durante los últimos 17 años o más
del pueblo mapuche ya terminada la dictadura de Augusto Pinochet, en
estos gobiernos democráticos o en transición consiguió, recién hace
menos de un año, que el Estado chileno ratificara el Convenio 169 de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Es el instrumento del sistema de organizaciones de Naciones Unidas que
hasta hace poco era el único en el que se establecían los derechos
autonómicos básicos de todos los pueblos originarios. Exige a los
Estados que generen fórmulas políticas de reconocimiento constitucional,
de interculturalidad. Se empieza por el hecho de reconocer como pueblo,
cosa que la derecha chilena y la empresa vinculada a la derecha política
se negaron siempre, porque les producía pánico que se usara la palabra
pueblo. Porque un pueblo, si volvemos al sistema jurídico de Naciones
Unidas, tiene ciertos derechos a la autodeterminación. Entonces ellos
resistieron y dijeron que no existen pueblos indígenas; existen etnias,
grupos. Bueno, se ha logrado eso.
Se abre ahora una nueva etapa, que creo va a ser larga, de grandes
luchas de las organizaciones sociales, étnicas, mapuches. Todo para ver
cómo se logra tejer, digamos, un aparato jurídico que permita que se
apliquen las obligaciones que impone ese Convenio 169 de la OIT.
— ¿Hay un reconocimiento directo del Estado a este pueblo indígena?
Solamente hay reconocimiento a nivel de la ratificación del Convenio 169
de la OIT. Ése es el único instrumento político porque Chile firmó la
declaración universal de derechos colectivos de los pueblos indígenas
que hace un año aprobó la Asamblea General de Naciones Unidas. El
convenio obliga a ir generando un sistema político y jurídico para la
toma de decisiones acerca de los recursos naturales, de las inversiones
en territorialidades indígenas. Que las comunidades sean consultadas y
tengan una real de participación en la resolución final que se tome, por
ejemplo, acerca del funcionamiento de las empresas hidroeléctricas que
se quieren crear. Que las comunidades sean consultadas a la hora de
cambiar el curso a los ríos, de seguir entregando licencia a la gran
pesca costera. Esto también está dirigido a las empresas forestales,
empresas mineras, la contaminación.
Son los temas reales del día a día y ponen en evidencia de que la
extrema discriminación de las comunidades mapuche sigue existiendo. No
es exactamente igual a lo que pasaba en el siglo XX, pero en muchos
aspectos es aún más grave que cuando los mapuches eran discriminados
bajo otras formas. Hablo de un capitalismo mucho más atrasado que el que
hoy día está tratando de agotar lo más rápidamente posible los recursos
naturales en el sur de Chile.
— ¿Se han empezado a generar políticas específicas sobre los indígenas?
Sólo las que mencioné. Se acaba de ratificar ese convenio y ahora la
pregunta es cómo se aplica el mandato de Naciones Unidas. El Estado
chileno se comprometió a esta norma, ¿cómo lo va a cumplir?, cumplirlo
significa hacer grandes reformas al código de minas, grandes
transformaciones al código de aguas. Chile es uno de los pocos países en
América, y no es que la situación sea muy buena en América Latina, que
han privatizado completamente el agua. Entonces, no puede haber solución
sin grandes transformaciones que afectan a un Estado tal cual lo armó la
dictadura de Pinochet durante 17 años, al servicio de las grandes
empresas transnacionales.
— ¿Tienen representación política?
Prácticamente cero. Hay un número muy reducido de municipalidades
campesinas en que la gran mayoría de la población hace obligatorio que
el Alcalde sea mapuche. Pero no existen medidas de discriminación
positiva u otros mecanismos para promover la participación política y
son resistidos por la derecha y el empresariado.
— Específicamente en el tema de las autonomías ¿qué pasos se han dado?
Me parece que en este momento estamos viviendo un momento bisagra. Se
abre una nueva etapa y el Estado de Chile está obligado a dar
cumplimiento a los convenios internacionales que firmó. Por primera vez
se abre una gran discusión: ¿qué quieren estos mapuches? ¿no quieren ser
chilenos? Y los mapuches dirán: “Por supuesto, en estas condiciones no
queremos ser chilenos, no somos chilenos, somos mapuches”.
Ahora depende si somos capaces de construir una relación con justicia,
que nos dé ganas… o aceptemos ser primero mapuches y en segundo lugar
chilenos. Desde el punto de vista del derecho internacional, de todos
estos cambios que se han ido dando en el sistema de Naciones Unidas,
éstos son problemas teóricos, políticos que están más o menos resueltos.
Pero la clase política y la derecha en nuestro país son suficientemente
trogloditas como para no darse cuenta de que el mundo ha cambiado. Es
bonito tener cierto aspecto folklórico, una o dos fechas en el año, pero
eso es sólo para el turismo.
Una exigencia es el reconocimiento constitucional, o sea que se cambie
la Constitución chilena como para reconocer un Estado plurinacional en
el fondo, pero en ese sentido estamos muy atrasados respecto de Bolivia.
Uno de los puntos que ustedes han sabido aprovechar es que son un país
con una mayoría de población que se autoidentifica con las naciones
indígenas originarias y ha podido conservar gran parte de la lengua, de
la identidad real y reconstruirla al paso de la historia. Eso lo han
hecho los mapuches pero peleando, cada día consiguieron algo para no
desaparecer, para no ser asimilados, chilenizados a la fuerza. Eso
demandó una fuerza, una dedicación enorme.
— ¿Se podría comparar el proceso indígena chileno con el de Bolivia?
En una palabra, las diferencias entre Chile y Bolivia son enormes.
Ustedes son, probablemente, el primero de dos países, el segundo podría
ser Guatemala, en América Latina, con una población mayoritariamente
indígena. En Chile, el reciente censo dice que menos de un 5 por ciento
de la población se autoidentifica como indígena, y fundamentalmente como
mapuche. Pero la situación se hace más complicada porque no hay ningún
territorio, salvo localidades a nivel de municipios, en que exista una
mayoría demográfica de población que se identifique como mapuche. Sin
embargo, los mapuches en Chile y también en parte de Argentina son
suficientemente numerosos y son una realidad histórica suficientemente
potente como para haber resistido cinco siglos de tremendas presiones de
colonialismo español y el colonialismo interno ejercido por la
República.
Todo el mundo sabe que eso no va a desaparecer como por arte de magia.
Se sabe que es un gran problema, que el movimiento social mapuche es en
este momento uno de los sujetos más activos, en términos de
conflictividad social, de reclamo de identidad y de derechos
autonómicos. Por último, casi todo el mundo se da cuenta de que el
verdadero enemigo del pueblo mapuche, el más duro de los enemigos, es el
gran capital transnacional global, porque la industria forestal en un
país como Chile ha atraído importantísimos capitales que son globales.
La minería es importante, concentra tal afluencia de capitales
transnacionales globales y luego genera problemas de contaminación del
borde costero. Hay problemas de contaminación de las aguas, de
contaminación de los suelos agrícolas, entonces el pueblo mapuche está a
la vanguardia chocando con estos grandes poderes de la economía global
del capitalismo contemporáneo. La parte positiva de esto es que cada vez
más no mapuches, movimientos sindicales, otras expresiones de los
movimientos campesinos, los movimientos ambientalistas, los jóvenes
tienden a seguir esta lucha. Es la lucha de todos.
Tengo una tesis: lo que pasa en Bolivia y que se desarrolla como proceso
social y político va a ser siempre muy inspirador, cada vez más
inspirador. Cada vez tenemos más conciencia de que debemos mirar, que
debemos aprender, que debemos estar al tanto de lo que pasa en Bolivia.
Eso no significa decir “Bolivia es el modelo”, porque las diferencias
son muy grandes, son evidentes.
A mí lo que me parece más importante es que Bolivia demuestra la
viabilidad de un Estado plurinacional, la posibilidad de que convivan,
en este caso, una mayoría nacional con autoidentidad indígena con una
minoría que no tiene esa identidad indígena. Lo que pasa es que va a ser
necesaria una reeducación de los no indígenas, que es una gran mayoría
en la sociedad chilena, pero esa reeducación creo que es posible porque
cada vez es más evidente que el enemigo común es el gran capital
contemporáneo. Este enemigo amenaza con el exterminio, la integración,
la asimilación a la fuerza, la ruptura, la eliminación de esa identidad
indígena; pero al mismo tiempo está amenazando la vida de los chilenos
no indígenas, en términos de salario, en términos de puestos de trabajo,
de contaminación, entre otras cosas.
DE PERFIL
Profesor de Historia y Geografía de la Universidad de Chile. Maestría y
Diplome d’Etudes Aproffondies de la Universidad de París Sorbonne
Nouvelle. Doctorado en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos– Historia de
la Universidad de París. Participó a fines de septiembre en el IX
Encuentro Boliviano-Chileno de Cientistas Sociales, Historiadores e
Intelectuales, organizado por la Fundación Huascar Cajías.
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