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  CRONICA

   

nacional

La discriminación de los derechos indígenas en Chile

"Me parece que en este momento estamos viviendo un momento bisagra. Se abre una nueva etapa y el Estado de Chile está obligado a dar cumplimiento a los convenios internacionales que firmó. Por primera vez se abre una gran discusión: ¿qué quieren estos mapuches? ¿no quieren ser chilenos? Y los mapuches dirán: 'Por supuesto, en estas condiciones no queremos ser chilenos, no somos chilenos, somos mapuches", señala Samaniego.

MIRNA ECHAVE  -  LA PAZ, BOLIVIA  - 08 / 10 / 09


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FOTO DE ALEJANDRO ÁLVAREZ.

 

 

“Los temas reales del día a día ponen en evidencia de que la extrema discriminación de las comunidades mapuche sigue existiendo. No es exactamente igual a lo que pasaba en el siglo XX, pero en muchos aspectos es aún más grave que cuando los mapuches eran discriminados bajo otras formas”, señala el profesor Augusto Samaniego, entrevistado en La Paz, Bolivia.

- ¿Cuál es la situación indígena en Chile?

En Chile existen aymaras en el norte, pero son minoría. Pero, el pueblo mapuche es conocido porque debido a circunstancias históricas en los últimos cinco siglos resistió hasta el final de la colonización española. Mantuvo una territorialidad sobre la cual ejerció prácticamente una soberanía completa y luego sucumbió ante la república. Sucumbió ante el ejército chileno, el desarrollo capitalista incipiente del Estado. Su ejército era el que se estaba preparando o que había hecho una parte de la Guerra del Pacífico. Ese mismo ejército es el que luego volvió al sur de Chile, con armamento moderno y con técnicas militares y con un Estado mucho más poderoso, así logró la derrota militar del pueblo mapuche.

Ese pueblo mapuche, con una organización social muy fragmentada, sin ningún aparato estatal similar a lo que fueron los grandes imperios desde Tiwanaku, el Incanatu, se vio despojado de sus territorios y de sus tierras agrícolas de subsistencia. Entonces, el Estado chileno le otorgó las peores tierras y en poca cantidad. Y ese proceso de otorgamiento de tierras bajo el vocabulario de “mercedes de tierras” que entregó el Gobierno culminó recién en 1929.

—¿Cuál es el estado de los mapuches?


En los últimos dos o tres años los conflictos sociales que han tenido mayor violencia, mayor represión armada por parte del aparato policial chileno, con resultado de muerte, han sido conflictos y represión de las demandas de las comunidades agrarias mapuches. Todo en la etapa democrática de Chile. Hace pocos meses murió un joven mapuche en un enfrentamiento con la Policía. Ellos estaban ocupando tierras de subsistencia, pero al mismo tiempo se hacía valer todo lo que se ha progresado en el plano de las relaciones políticas y jurídicas internacionales. Por ejemplo, la lucha durante los últimos 17 años o más del pueblo mapuche ya terminada la dictadura de Augusto Pinochet, en estos gobiernos democráticos o en transición consiguió, recién hace menos de un año, que el Estado chileno ratificara el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Es el instrumento del sistema de organizaciones de Naciones Unidas que hasta hace poco era el único en el que se establecían los derechos autonómicos básicos de todos los pueblos originarios. Exige a los Estados que generen fórmulas políticas de reconocimiento constitucional, de interculturalidad. Se empieza por el hecho de reconocer como pueblo, cosa que la derecha chilena y la empresa vinculada a la derecha política se negaron siempre, porque les producía pánico que se usara la palabra pueblo. Porque un pueblo, si volvemos al sistema jurídico de Naciones Unidas, tiene ciertos derechos a la autodeterminación. Entonces ellos resistieron y dijeron que no existen pueblos indígenas; existen etnias, grupos. Bueno, se ha logrado eso.

Se abre ahora una nueva etapa, que creo va a ser larga, de grandes luchas de las organizaciones sociales, étnicas, mapuches. Todo para ver cómo se logra tejer, digamos, un aparato jurídico que permita que se apliquen las obligaciones que impone ese Convenio 169 de la OIT.

— ¿Hay un reconocimiento directo del Estado a este pueblo indígena?


Solamente hay reconocimiento a nivel de la ratificación del Convenio 169 de la OIT. Ése es el único instrumento político porque Chile firmó la declaración universal de derechos colectivos de los pueblos indígenas que hace un año aprobó la Asamblea General de Naciones Unidas. El convenio obliga a ir generando un sistema político y jurídico para la toma de decisiones acerca de los recursos naturales, de las inversiones en territorialidades indígenas. Que las comunidades sean consultadas y tengan una real de participación en la resolución final que se tome, por ejemplo, acerca del funcionamiento de las empresas hidroeléctricas que se quieren crear. Que las comunidades sean consultadas a la hora de cambiar el curso a los ríos, de seguir entregando licencia a la gran pesca costera. Esto también está dirigido a las empresas forestales, empresas mineras, la contaminación.

Son los temas reales del día a día y ponen en evidencia de que la extrema discriminación de las comunidades mapuche sigue existiendo. No es exactamente igual a lo que pasaba en el siglo XX, pero en muchos aspectos es aún más grave que cuando los mapuches eran discriminados bajo otras formas. Hablo de un capitalismo mucho más atrasado que el que hoy día está tratando de agotar lo más rápidamente posible los recursos naturales en el sur de Chile.

— ¿Se han empezado a generar políticas específicas sobre los indígenas?


Sólo las que mencioné. Se acaba de ratificar ese convenio y ahora la pregunta es cómo se aplica el mandato de Naciones Unidas. El Estado chileno se comprometió a esta norma, ¿cómo lo va a cumplir?, cumplirlo significa hacer grandes reformas al código de minas, grandes transformaciones al código de aguas. Chile es uno de los pocos países en América, y no es que la situación sea muy buena en América Latina, que han privatizado completamente el agua. Entonces, no puede haber solución sin grandes transformaciones que afectan a un Estado tal cual lo armó la dictadura de Pinochet durante 17 años, al servicio de las grandes empresas transnacionales.

— ¿Tienen representación política?


Prácticamente cero. Hay un número muy reducido de municipalidades campesinas en que la gran mayoría de la población hace obligatorio que el Alcalde sea mapuche. Pero no existen medidas de discriminación positiva u otros mecanismos para promover la participación política y son resistidos por la derecha y el empresariado.

— Específicamente en el tema de las autonomías ¿qué pasos se han dado?


Me parece que en este momento estamos viviendo un momento bisagra. Se abre una nueva etapa y el Estado de Chile está obligado a dar cumplimiento a los convenios internacionales que firmó. Por primera vez se abre una gran discusión: ¿qué quieren estos mapuches? ¿no quieren ser chilenos? Y los mapuches dirán: “Por supuesto, en estas condiciones no queremos ser chilenos, no somos chilenos, somos mapuches”.

Ahora depende si somos capaces de construir una relación con justicia, que nos dé ganas… o aceptemos ser primero mapuches y en segundo lugar chilenos. Desde el punto de vista del derecho internacional, de todos estos cambios que se han ido dando en el sistema de Naciones Unidas, éstos son problemas teóricos, políticos que están más o menos resueltos. Pero la clase política y la derecha en nuestro país son suficientemente trogloditas como para no darse cuenta de que el mundo ha cambiado. Es bonito tener cierto aspecto folklórico, una o dos fechas en el año, pero eso es sólo para el turismo.

Una exigencia es el reconocimiento constitucional, o sea que se cambie la Constitución chilena como para reconocer un Estado plurinacional en el fondo, pero en ese sentido estamos muy atrasados respecto de Bolivia. Uno de los puntos que ustedes han sabido aprovechar es que son un país con una mayoría de población que se autoidentifica con las naciones indígenas originarias y ha podido conservar gran parte de la lengua, de la identidad real y reconstruirla al paso de la historia. Eso lo han hecho los mapuches pero peleando, cada día consiguieron algo para no desaparecer, para no ser asimilados, chilenizados a la fuerza. Eso demandó una fuerza, una dedicación enorme.

— ¿Se podría comparar el proceso indígena chileno con el de Bolivia?


En una palabra, las diferencias entre Chile y Bolivia son enormes. Ustedes son, probablemente, el primero de dos países, el segundo podría ser Guatemala, en América Latina, con una población mayoritariamente indígena. En Chile, el reciente censo dice que menos de un 5 por ciento de la población se autoidentifica como indígena, y fundamentalmente como mapuche. Pero la situación se hace más complicada porque no hay ningún territorio, salvo localidades a nivel de municipios, en que exista una mayoría demográfica de población que se identifique como mapuche. Sin embargo, los mapuches en Chile y también en parte de Argentina son suficientemente numerosos y son una realidad histórica suficientemente potente como para haber resistido cinco siglos de tremendas presiones de colonialismo español y el colonialismo interno ejercido por la República.

Todo el mundo sabe que eso no va a desaparecer como por arte de magia. Se sabe que es un gran problema, que el movimiento social mapuche es en este momento uno de los sujetos más activos, en términos de conflictividad social, de reclamo de identidad y de derechos autonómicos. Por último, casi todo el mundo se da cuenta de que el verdadero enemigo del pueblo mapuche, el más duro de los enemigos, es el gran capital transnacional global, porque la industria forestal en un país como Chile ha atraído importantísimos capitales que son globales.

La minería es importante, concentra tal afluencia de capitales transnacionales globales y luego genera problemas de contaminación del borde costero. Hay problemas de contaminación de las aguas, de contaminación de los suelos agrícolas, entonces el pueblo mapuche está a la vanguardia chocando con estos grandes poderes de la economía global del capitalismo contemporáneo. La parte positiva de esto es que cada vez más no mapuches, movimientos sindicales, otras expresiones de los movimientos campesinos, los movimientos ambientalistas, los jóvenes tienden a seguir esta lucha. Es la lucha de todos.

Tengo una tesis: lo que pasa en Bolivia y que se desarrolla como proceso social y político va a ser siempre muy inspirador, cada vez más inspirador. Cada vez tenemos más conciencia de que debemos mirar, que debemos aprender, que debemos estar al tanto de lo que pasa en Bolivia. Eso no significa decir “Bolivia es el modelo”, porque las diferencias son muy grandes, son evidentes.

A mí lo que me parece más importante es que Bolivia demuestra la viabilidad de un Estado plurinacional, la posibilidad de que convivan, en este caso, una mayoría nacional con autoidentidad indígena con una minoría que no tiene esa identidad indígena. Lo que pasa es que va a ser necesaria una reeducación de los no indígenas, que es una gran mayoría en la sociedad chilena, pero esa reeducación creo que es posible porque cada vez es más evidente que el enemigo común es el gran capital contemporáneo. Este enemigo amenaza con el exterminio, la integración, la asimilación a la fuerza, la ruptura, la eliminación de esa identidad indígena; pero al mismo tiempo está amenazando la vida de los chilenos no indígenas, en términos de salario, en términos de puestos de trabajo, de contaminación, entre otras cosas.

DE PERFIL

Profesor de Historia y Geografía de la Universidad de Chile. Maestría y Diplome d’Etudes Aproffondies de la Universidad de París Sorbonne Nouvelle. Doctorado en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos– Historia de la Universidad de París. Participó a fines de septiembre en el IX Encuentro Boliviano-Chileno de Cientistas Sociales, Historiadores e Intelectuales, organizado por la Fundación Huascar Cajías.

 


 

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